• viernes 06 diciembre 2019

    06-05-2014

    "La violencia de género como un problema de todos: por un feminismo no guetificado", por la Dra. Rita Segato



    Muy buenos días. Me dejó muy emocionada el documental y me emociona también estar aquí en mi país, en mi barrio, tengo raíces muy hondas en estas calles de los alrededores donde estamos en este momento y acabo de llegar.

    Estaba pensando también, después de escuchar al Secretario General este ambiente sindical, tan poderoso en Argentina, que es una de las vértebras de este país, cómo hablar, porque no es así en todas partes. La organización sindical es un poder importantísimo en nuestro país y en otros países no tiene el significado que tiene en el nuestro que trasciende otras facciones. Estoy muy impresionada por lo que escuché hablar al Secretario General que me gustaría ser del gremio. Pensaba cómo hablarles de mi trabajo, de mi esfuerzo, de mis temas, que a veces son muy duros y que puedan ser de interés y de utilidad para Uds. que son personas que tienen un trabajo particular, cotidiano, en organizaciones o instituciones tan estables como son los bancos. Voy a hablar un poco, hacer un abanico o pantalla de las cosas que he tratado, he pensado y después abrimos un debate, una conversación entre todas.

    Mujer y trabajo, el tema de la violencia en sus varias formas. Como es posible, a partir de la exposición del Secretario del sindicato que las mujeres tenemos más escolaridad y sin embargo tienen en todos los trabajos menos sueldos. Las mujeres terminan más el secundario, van más a la universidad, son más asiduas, más cumplidoras en sus obligaciones escolares que los hombres y a medida que vamos viendo la pirámide en la vida laboral ellas van quedando en los pisos inferiores. El Secretario General dijo aquí que se ha llamado el techo de vidrio y una estudiante mía en su tesis lo denominó, el laberinto de cristal porque en realidad no es un techo localizable que la mujer atraviese a posiciones donde se toman decisiones políticas, las políticas científicas, las políticas gremiales. Los gremios son estructuras profundamente patriarcales, casi como familias, donde por encima de todo hay una estructura paterna y funciona así. Eso es en todos los países, tengo estudiantes sindicalistas que hablan de este patriarcado.
    ¿Dónde se origina ese laberinto de cristal que transitamos y que tiene diversas mamparas que impiden a la mujer ir más allá, a las posiciones donde se toman las decisiones? Cuando hablamos de género todo es violencia. Ahí también existe una violencia, pero es una violencia que es como el aire que respiramos, lo que he llamado en mi libro las estructuras elementales de la violencia. La violencia cotidiana que pasa a construir el laberinto que no nos deja traspasar determinadas posiciones es violencia también. No solamente es violencia la violencia física, la violencia sexual, el femicidio, los varios tipos de femicidio, que son tangibles que se pueden ver. También hay formas invisibles de la violencia que impiden a las mujeres atravesar la frontera, determinados límites.
    Lo he llamado en mi libro masa jerárquica. Es como decir que el pez no ve el agua nosotros no vemos el aire que respiramos. Ese aire es jerárquico y ese aire es violento. Pero es una violencia tan arraigada, es una violencia como la atmósfera que vivimos y no la vemos ni la sentimos, se ha vuelto una violencia indolora. Es una violencia de la mirada moral, de la sospecha moral, de la violencia moral, de la violencia psicológica, que es el ojo de la sociedad, no es otra cosa que el ojo de los hombres, sobre nosotras.
    Hoy cuando venía hacia acá, sabía que tenía estos aros que es del mismo color del vestido, son de pompones norteños porque la gente va a pensar: a esta hora y va con unos aros tan grandes. Eso es violencia. Ese miedo que tenemos ya inculcado a los ojos que nos miran y a los ojos que nos valoran y nos juzgan. Eso que van a decir es pura violencia, violencia psicológica, violencia moral cuando se trata de francas sospechas sobre nuestras intenciones. Qué intenciones tendrá al vestirse de esa forma. Es violencia, sólo que no lo percibimos como violencia y lo percibimos como costumbre.
    Ahora el gran paso de la Comisión para la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer tanto cuando hablamos de género como cuando hablamos de raza dice: que algunas costumbres son crímenes. Ahí entramos en un territorio muy interesante sobre el cual necesitamos tomar conciencia. Algunas costumbres, sagradas, que son tradición, son crímenes. A partir de esta Convención muchas maneras de comportarse, como esa misma mirada que me dice cómo me puede vestir, cómo no me puedo vestir, la sospecha de mi manera de presentarme en sociedad, mi manera de ser, mi corporeidad, esa sospecha acostumbrada de la manera que tenemos de ser las mujeres, la manera que graficamos cuando entramos en los cargos, entramos en la profesión, en la carrera. Veo a muchas compañeras muy masculinizadas, yo no quiero masculinizarme, ni mis sentimientos, ni mi manera de fallar, ni mi manera de no poderme comportar de una manera completamente institucional o institucionalizada, es una forma de gramaticar como ser en las instituciones, y lo tengo muy elaborado. Primero creo que hay un defecto hoy intento construir una retórica que lo transforme en una virtud. Puedo colocar mi manera femenina de ser en una institución. Es muy difícil. Los bancos son instituciones masculinas. Ese programa institucional, esa masculinidad, de la propia máquina que son las instituciones es violencia con relación a nuestra forma de ser y de sentir, en nuestra manera que nosotros tenemos, inclusive por ser madres, que construir nuestros vínculos.
    En la mujer hay una cierta falla, no vamos a abdicar, no vamos a funcionar como hombres. Nosotras vamos a feminizar las instituciones. Ese es un proyecto que Uds. están fundando un orden dentro del sindicato bancario. La cuestión no es que las mujeres trabajen igual que los hombres, sino que la institución tendrá que volverse un poco más a la imagen y semejanza de las mujeres. Entonces, cuando no lo es, interpretarlo como violencia. La violencia psicológica y moral sobre nuestro estilo de ser, nuestra historia de mujeres, nuestra sentimentalidad, nuestra cultura femenina. Es muy importante defender que existe una cultura femenina diferente a la cultura masculina. Ese es un tema que podríamos conversar si a Uds. les interesan.
    Dicho esto es muy importante ver la cantidad de modalidades que la violencia tiene. En mi caso he trabajado mucho más en lo que es la violencia propiamente sexual, la violación, los asesinatos de mujeres, tanto en la esfera privada como pública, en un universo donde el crimen organizado, a partir de mi posición y de mi estudio sobre Ciudad Juárez, la juarecización, la extensión de ciertas modalidades mafiosas que se expresan sobre el cuerpo de las mujeres, como se extiende esa forma de violencia en los países de América latina.
    Pensé en una exposición de cómo entiendo la violencia y por qué llamé a esta presentación el problema de todos. El problema de género, el problema patriarcal es una pedagogía elemental de toda la sociedad, y donde toda la sociedad sufre, muy especialmente los hombres. Cada vez más tengo la convicción, que estoy dispuesta a defender, de que esa revolución de género que las mujeres estamos haciendo le ha dado libertad no solamente a las mujeres, sino a los hombres de su maltrato, y sobre todo el mandato de masculinidad, que es un mandato feroz. Defino a la masculinidad como un paquete de seis potencias. La primera es la sexual.
    La masculinidad es un título, un status, la virilidad no. Hay diversas posiciones sobre el tema, pero esta es mi posición. La manera en que lo leo, es una historia ancestral, de la humanidad. La historia de género es una historia que se confunde con la historia de la especie. Posiblemente la primera guerra de la especie humana haya sido una guerra de género, porque muchas especies animales, muy diferente de lo que nuestros perjuicios nos permiten ver, muchas especies de primates, de monos, el líder de la horda puede ser un macho o una hembra. Y tienen estilos diferentes en su liderazgo. La hembra de los saudí de los bonobos, en diferentes tipos de monos que tienen liderazgo político femenino, cuando la hembra está en esa posición de líder distribuye mucho más la comida, tiene otras formas de ocupar ese liderazgo que cuando el líder es el macho. Hay muchos mitos, muchas sociedades que llamamos primitivas, ese recuerdo, transformado en episodio de mito, el momento que los machos toman el poder, el poder político se vuelve definitivo en la historia de la humanidad, excepto en muy breves períodos transicionales, en que las mujeres tienen, en general por herencia, por ser hija, por esposa de un líder que ha muerto, en general, en la historia de la humanidad, la política es masculina. En los animales no. Entonces muy probablemente esa primera guerra de subordinación de la mujer se dio cuando la especie aflora, se afirma en el planeta.
    Lo vemos en una cantidad de mitos este momento del significado de la manutención de la supremacía masculina. En realidad esa manutención depende de formas de sujeción, de subordinación, de apropiación de la voluntad femenina. Formas de una extracción de tributos el hombre se constituye como hombre y como soberano, como detentador de este paquete de potencias que son seis. Como dije la primera es la más frágil, la sexual. Pero los hombres pasan a sustituir por estas otras cinco que dependen más de su voluntad que de su organismo que son: la potencia bélica, el hombre ha sido el guerrero en todas las sociedades, el soldado en la larga historia de la humanidad el entrenamiento guerrero se confunde con el propio entrenamiento militar masculino. Entrenamiento para la masculinidad, entrenamiento para la guerra, en toda la historia de la especie se confunde y se entrelaza. El entrenamiento para la masculinidad, la formación del sujeto masculino es una formación bélica. Eso es así de una forma ancestral.
    La tercera potencia, no es que tienen un orden, son entreveradas, entrelazaadas Es la potencia política. La persona que pasa a representar a todos. Su discurso circula en el espacio público. Esa potencia política también es fuertemente marcada por el género masculino y se confunde con su propia masculinidad.
    La potencia intelectual, el gran profesor. Hacerse oír, que se logra con mucha astucia, así como también con inteligencia.
    La potencia económica. Lo primero que vemos en los magnates o los políticos exitosos es que tendrán sus mujeres, su harem. Muchas veces más para exhibir que para disfrutar.
    La última la potencia moral. El hombre es el juez, el legislador. Las mujeres llegamos, pero al precio de abdicar de lo femenino que tenemos en nosotras. Podemos llegar a ese, de evaluación moral de los otros, esa posición de superioridad moral, que es el mayor poderío. Hay un gran autor, ya fallecido palestino, de la posición cultural que dice que el mayor poder del colonizador, del conquistador no es como se piense el poder tecnológico, militar, científico sino es el poder de la superioridad moral. Entonces cuando nos encontramos con aquellas personas que levantan las banderas de superioridad moral hay que dudar de todos aquellos que se colocan en la superioridad moral, la posición de máximo poderío sobre nosotros. A mí me encanta ese pensamiento. Cuando lo encontré, cuando lo leí me di cuenta que allí hay un extraordinario hallazgo sobre la superioridad, del juicio moral. Entonces el hombre es el que juzga moralmente, el que legisla y es el juez.
    Entonces ese paquete de las seis potencias es necesario mantenerlo. Diferencia entre la posición masculina y femenina en la sociedad. El sujeto masculino o las mujeres que son mascuilinas, Margarete Tatcher, grandes autoridades políticas, han mantenido una genitalidad femenina, pero que no son necesariamente femeninas, que piensan masculinamente, como otras mujeres, dentro del propio feminismo que tienen una aspiración de poder, el ejercicio de esa potencia sobre nosotras. Cómo luchar con esa presión. Independencia, autonomía en el mundo, sin luchar por la potencia, sin que nuestra aspiración sea colocarnos en ese lugar de poder sin una aspiración de sustituir el patriarcado por un matriarcado. La cuestión no es sustituir los personajes o las figuras sino modificar la forma que vemos la realidad y luchar por una consigna que era muy legendaria por los años 70, cuando empiezo a entrar en el feminismo, cuando el feminismo se reconstruye y empiezan en las diferentes disciplinas académicas haber mujeres que pasan a pensar la ciencia a partir de una mirada femenina. Una de las consignas era horizontalizar, como pensamos un mundo más horizontal, sin mandados y mandantes, soberanos y sujetados. Un mundo horizontalizado, donde el “error” femenino sea posible. Donde podamos ser lo que somos, abarcando todas las áreas del conocimiento, del trabajo, etc.
    Ese proyecto de horizontalidad es mi proyecto. Cuando volvamos al tema del paquete de la masculinidad, vemos que el hombre cuando hay lugar a algo que agrede ese paquete, como sujeto humano sufre un desmonte, se compromete la propia subjetividad humana en el hombre cuando sus potencias son agredidas. Por ejemplo en la economía. El hombre que no puede proteger económicamente. Es muy atávico. El hombre puede haber leído, estar enterado de esas luchas pero se ve disminuido en su potencia sexual, bélica, intelectual, económica, en la política, cuando está reducido en la potencia y se ve reducido en su humanidad. Es un problema que causa un daño impresionante. Quien de Uds. tenga un marido que gana un salario menor o que a veces esté desempleado, o que le vaya mal en el trabajo sabe la cantidad de agresiones, la cantidad de patadas, la cantidad de malestares, el sufrimiento, el hombre se siente agredido en su humanidad, no en su género, porque género masculino y humanidad están comprometidos, entrelazados. Es muy difícil que un hombre que haya trabajado la cuestión de género, muchos hombres feministas ha visto hasta qué punto es difícil soportar esa agresión económica, desempleo, fracasos, falta de medios. Como es para el hombre deshumanizante ser emasculado, ser deteriorado en su masculinidad, ser deteriorado en ese paquete de potencias. Mucha de la violencia que observamos viene de ahí, se origina en estas condiciones, entre lo humano y lo masculino. En cambio la honra, la dignidad masculina depende del poder, ejercer algún tipo o grado de poder sobre alguien, en general sobre su propia familia. En esa emasculación masculina resulta una violencia de restauración de dominio que es la propia humanidad masculina, Por eso tenemos que libertar a los hombres de eso y vamos a ser mucho más felices.
    En las mujeres no. No existe una honra de esa forma. A lo sumo en algunas sociedades y se ha perdido, por lo menos probar fertilidad, tener hijos. La honra femenina como tal no es un problema. La mujer teniendo que hacer las tareas más bajas, inclusive prostituirse, la mujer esclava, eso no deshace su humanidad. Las mujeres somos por esa razón más fuertes, al revés de lo que pensamos. Porque no somos tan vulnerables a la indignidad como el hombre lo es. Es retórico y es estratégico decirlo así, aunque parece que estuviera invirtiendo mucho de nuestros lemas feministas. He concluido que es más estratégico en nuestras luchas decirlo de esa forma. Los hombres son vulnerables. Por eso necesitan matar, agredir, violar, es por su vulnerabilidad. Si lo decimos así es posible que consigamos cambiar algo. No podemos seguir con el lenguaje de que es un problema femenino, que somos las víctimas. La violación no significa para nosotras lo que la violación significa en una mentalidad patriarcal. Esta afirmación me ha valido muchas horas de debate, cierta antipatía de mujeres, por ejemplo en México donde hubo un debate sobre este tema. La violación física tiene el significado que tiene de agresión moral, de asesinato moral porque la atmósfera que respiramos es una atmósfera patriarcal. Creo que es estratégico decirlo así y pensarlo así, porque así pierde la gracia el acceso sexual. El acceso sexual, esa cosa codiciada por los hombres es así porque hay un mito, una leyenda sobre lo que significa el acceso sexual. Significa que me estoy apropiando de algo.
    En la película holandesa El linaje de Antonia, hay un episodio de violación. Es interpretado como una agresión, pero no como la muerte. En la mentalidad masculina la violación es la muerte moral de la mujer agredida, sus padres, sus hermanos y de todo aquel pueblo que debería haber sido capaz de protegerla.
    El aprisionamiento, el secuestro de la mujer, su violación, su inseminación como territorio, la anexión de la mujer como territorio, todo eso es la atmósfera patriarcal. La visión del cuerpo de la mujer es como apropiable mediante la violación. Si ese patriarcado hay que construirlo pierde la gracia, pierde el sentido del acceso sexual, porque pierde su valor de destrucción moral de los hombres bajo cuya tutela ese cuerpo dentro de un imaginario ancestral debería ser cuidado.
    Estamos en la hora de revisar algunas afirmaciones, algunas de las sentencias que hemos repetido hasta de una manera mecánica sobre el feminismo. El feminismo se ha afirmado como movimiento, las mujeres hemos crecido, algunas, una minoría de mujeres hemos conseguido libertades, cargos, posiciones de autoridad. No hemos conseguido desarmar, desarticular el artefacto violento que mucho depende de una visión patriarcal que nos domina a todos. Deshacer el patriarcado significa poner patas para arriba muchas de las formas que pensamos, inclusive la violación y pensamos la agresión en el cuerpo de las mujeres. En general una contra retórica, donde el hombre sea visto como el débil, que necesita que el mundo cambie para poder liberarse de su mandato de masculinidad que son mandatos siniestros y que lo hacen sufrir. Son mandatos de honra, nosotras estamos libres de eso. Si hay placer la deshonra importa poco.
    Hemos caído un poco en un feminismo pasional, muy acomodado. Hoy el feminismo son carreras, ONG, se ha pasteurizado bastante el feminismo. Si queremos realmente que el mundo cambie no basta con leyes, políticas púbicas, si bien es necesario hacerlo, pero si nos quedamos solamente ahí, en la pelea en el campo estatal vemos que no hemos progresado. Por más que se hayan sancionado leyes, el asesinato de mujeres va en aumento. En Brasil, por ejemplo, se asesina una mujer cada hora y media, acá cada 30 hs. Lo que hay que hacer con esas cifras es poner la población total. Ver cuántas mujeres hay en Brasil, cuántas mujeres en Argentina y ver si son más o menos iguales, como se comparan esas cifras haciendo una ecuación matemática. No ha cedido con las leyes, con un estado que ha incluido la cuestión de género y no está pudiendo proteger a la mujer. Es muy interesante pensar esto. ¿Qué se puede hacer dentro del estado? Y que no se puede hacer dentro del estado. En mi convicción personal sólo la comunidad puede proteger. El sindicato es una especie de comunidad, es un tipo de comunidad. Podríamos pensarlo como una especie de asociación que se relaciona más comunitariamente. Organizaciones que son de tipo comunitario tienen más capacidad de supervisar la vida de sus miembros, vigilar y proteger a sus miembros.
    El estado nacional se relaciona con individuos. Lo que se espera es una protección del estado hacia una ciudadanía compuesta por individuos. Sin embargo no existe una fosa común para las mujeres como el espacio de la familia. Cuando la familia se nuclea en el pasaje a la modernidad vemos en el espacio de esas cuatro paredes el sufrimiento de la mujer, sin alianzas. Cuando la sociedad nuclea a la familia y se pierde el ojo en lo individual, se pierde la capacidad de vigilar lo que pasa en ese encierro, porque la familia nuclear no es otra cosa que el encierro de las mujeres. La transformación del espacio doméstico es eso, y la captura de lo político en todo el espacio púbico y hemos colocado muchas fichas en la esfera pública. Uno ve en la esfera púbica muy poco cambio. Todo enunciado político es secuestrado por la esfera pública. Y la esfera pública es una construcción masculina. Si bien hay mujeres, transexuales, etc. pueden hablar pero con condiciones. La República es una invención masculina. No solamente masculina, sino de un hombre blanco, propietario, letrado, heterosexual. Y no heterosexual porque no tenga prácticas homosexuales, sino porque es padre de familia, funcionalmente él es heterosexual. El crea a principios del siglo XIX la República. Hoy hablan negros, indios, pero hablan condicionados a un formato, a una gramática, a una forma de comportarse, a un vocabulario de un sujeto con prestigio cuya voz va a sonar. En la comunidad no es así. La comunidad va siendo capturada por esta modernidad. Hemos luchado por politizar la sexualidad, politizar la femineidad, hemos luchado por más de cuatro décadas y no hemos conseguido. Por eso cuando hay una víctima mujer no es una víctima política, es permanentemente empujado al ámbito de lo privado, al tema de lo íntimo. Es un esquema muy estabilizado, muy poderoso, lo lejano, lo privado. Como voy a entrar en la casa de ellos, ese dilema.
    Luego tienen un tema muy reciente, por esa misma razón nuestra tendencia ha sido siempre a percibir el asesinato de mujeres, la victimización, el maltrato es una cuestión de la vida sexual y lo sexual como una cuestión de la vida íntima. Es verdad que las mujeres han muerto mucho más en la vida íntima que en las relaciones interpersonales. Lo que estamos viendo en este momento es un aumento de asesinatos, de agresiones, de tortura sexual, que lo estoy llamando nuevos escenarios bélicos, las nuevas formas de la guerra. Cuando vemos en los periódicos todos los días hablar de narcotráfico, de trata, de contrabando, estamos viendo una nueva forma de la guerra que se expande en varios espacios de América Latina. Se habla por ejemplo de las noticias de los policiales, en crímenes, pensamos en gente pobre, humilde, no blanca, inculta. Eso nos obnubila y nos impide ver esa nueva forma de devastar vinculadas a enormes cantidades de capitales que circulan por ahí y que originan diversas formas de contrabando, de tráfico, de trata, varias formas del crimen organizado y su vinculación con la política.
    Se está presentando un libro mío el sábado en la Casona de Morón donde voy a republicar en Argentina el ensayo sobre Ciudad Juárez que se llama La escritura en el cuerpo de la mujer asesinada en Ciudad Juárez y una segunda parte es que una entrevista sobre Argentina sobre la criminización de la sociedad y la política, sobre la mafia en la política. Esto no tiene nada que ver con el kirchnerismo, con el no K. No por eso vamos a dejar de hablar de un problema que es real, la expansión de nuevas formas de la guerra. En ese nuevo escenario, muy fuera de las relaciones interpersonales, de las relaciones domésticas existe un tipo de crimen, como el de Ciudad Juárez, con torturas hasta la muerte, con torturas sexuales, una forma de victimización hacia las mujeres, nuevas formas de crueldad sobre la mujer que no son las mismas que las de las guerras tradicionales entre estados. En las guerras tribales hasta la mitad del siglo XX, hasta la guerra de la antigua Yugoslavia era entrar un ejército, tomar un territorio, se toman a las mujeres, concubinas o simplemente como una violación masiva y se empieza a criminalizar ya desde el siglo XVIII esa acción. Y en el momento contemporáneo como en Yugoslavia está pasando algo distinto, en el espacio público por razones que no son racionabilizables, que no son del ámbito interpersonal que tienen que ver con las nuevas formas de la guerra. Son nuevas formas de victimización. Candela, por ejemplo, es un caso clásico, alguien que muere en una situación bélica, de combate entre mafias, de disputa entre territorios, guerras jurisdiccionales que no están marcadas como guerras del estado. Esas son nuevas formas de muerte de las mujeres en el mundo. Son guerras de control jurisdiccional, de soberanía territorial que se expresa, porque no puede expresarse de otra forma en formas de crueldad sobre los cuerpos de las mujeres y en algunos casos de los niños.
    Ese es el gran espacio del sufrimiento de las mujeres y del cuerpo de las mujeres, bastidor donde se inscribe la propiedad, dominio, soberanía masculina. Donde las estructuras mafiosas tienen una organización semejante a la estructura de la propia masculinidad.
    Hemos adquirido una conciencia de género, una manera de reconocernos como entidad política. Si bien no he visto progresos en el campo de la violencia, de las formas de la crueldad que es otra cosa y el ensañamiento con el cuerpo de las mujeres. En las guerras tradicionales las mujeres no morían por un ensañamiento en su cuerpo, lo que sufría la mujer era una especie de subproducto de la propia guerra. La nueva forma de la guerra, lo dicen todos los especialistas, son estas guerras difusas, que no empiezan, no terminan, pero están ahí, en los núcleos, en los lugares de la gente desprotegida, aunque a veces alcanza a alguien que es protegido. Lo que vemos hoy es un ensañamiento, con forma de crueldad específica aplicada al cuerpo de la mujer. Eso es nuevo. Entonces no hemos visto grandes progresos ni en números ni en la forma de la crueldad en el cuerpo de la mujer. No hemos visto tampoco en lo económico, en el trabajo. Pero sí nuestra lucha ha hecho aparecer una especie de conciencia de género, de ética femenina. Un reconocimiento de que la otra mujer está a mi lado porque sufre algo que yo también sufro, sea quien sea. Eso uno lo ve en las familias y se puede transformar en una retórica interesante. Las retóricas, el discurso cambia la sensibilidad, transforma a la persona. El discurso de las mujeres está transformando la manera en que nosotras nos vemos entre sí. Era algo automático darle entrega de autoridad al hombre, la atribución de autoridad a un hombre. Eso está cambiando. Se le está dando prioridad a la interlocutora femenina, eso lo podemos llamar una ética feminista, donde hay gente hablando primero darle el beneficio del crédito a la mujer. Esas son transformaciones sutiles que debemos cultivar y que tenemos que introducir en la sociedad.