Noticias

El Banco Central está alimentado la presión cambiaria que desencadenó la corrida. Tasa altas, Lebac y desregulación financiera
Dormir con el enemigo
La suba del dólar fue muy intensa en pocos días. Existen razones coyunturales que la impulsaron, pero la principal es una serie de medidas dispuesta por el Banco Central. El peligro de una corrida sigue latente.

Por Alfredo Zaiat

La corrida cambiaria que disparó la cotización del dólar de 16,15 a 17,40 pesos en apenas quince jornadas hábiles, marcando una variación de 7,7 por ciento desde el 14 de junio pasado hasta el pico del miércoles último, tuvo su origen en el propio Banco Central. Los períodos preelectorales siempre han sumado tensión al mercado cambiario. En diferentes momentos, la menor liquidación de divisas del complejo agroexportador también ha alterado la plaza. En algunas ocasiones, el dinero adicional del aguinaldo corre hacia el dólar. Otro factor de inestabilidad cambiaria pudo haber sido la decisión de Morgan Stanley de mantener el mercado argentino como “fronterizo”. El incremento de la demanda de dólares por turismo por las vacaciones de invierno y el alza de la tasa de interés en Estados Unidos agregaron impulso. Todos esos elementos presionaron sobre la cotización. Pero todos ellos se desplegaron sobre una situación de inestabilidad previa generada por tres columnas principales desde donde se erige la política del Banco Central:

  1. La fijación de tasas de interés muy altas, al estar guiada por la idea de que la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario. 
  2. La promoción de una inmensa bicicleta especulativa con las Lebac.
  3. La aplicación de una amplia desregulación financiera y cambiaria.
  4. El auxilio de la banca pública pudo frenar la última corrida. Pero esa forma de administrar un área sensible de la economía por parte del Banco Central seguirá estando presente y, por lo tanto, será un factor de inestabilidad permanente. Tasas elevadas alimentado la bicicleta de las Lebac son un  potente perturbador del mercado cambiario y financiero. Especulación desatada a una velocidad impactante en el gobierno de Cambiemos, en un marco donde el Banco Central ha desarticulado todos los mecanismos de control del mercado. 
  5. A la tradicional centralidad que tiene el tipo de cambio en la economía argentina se le ha sumado un Banco Central que, en lugar de poner esfuerzos para disminuir la volatilidad de la paridad, ha rifado las principales herramientas de intervención en el mercado. La propia entidad monetaria se ha convertido así en uno de los principales factores de inestabilidad cambiaria. El constante endeudamiento público es el único freno verdadero a la corrida porque abastece de dólares a una demanda creciente. Pero la colocación de deuda tiene límites.

    Lebac 

    La última edición de las Lebac fue la orden de largada. El 19 de junio vencieron esos títulos de deuda de cortísimo plazo emitidos a una tasa de interés elevada. El monto era de 547.042 millones de pesos, equivalente al 60 por ciento de la Base Monetaria. No pocos decidieron dejar de pedalear para realizar la ganancia financiera facilitada por el titular del BC, Federico Sturzenegger. Uno de cada cinco pesos de ese megavencimiento no fue renovado, lo que sumó 122.770 millones de pesos (unos 7200 millones de dólares a una cotización de 17 pesos) volcados al mercado. 

    Ese dinero o una parte fueron a comprar dólares para consolidar la utilidad en moneda dura acumulada. Esta fue la primera estación de la bicicleta conocida como currency carry trade, lo que no significa que pierda impulso si se estabiliza el tipo de cambio a un valor más alto debido a que la tasa de interés seguirá siendo muy atractiva y porque continuará el ingreso de dólares por el vertiginoso endeudamiento externo público y privado. 

    El martes 18 de julio, cuando haya otra vuelta de vencimientos y renovación de Lebac, se podrá identificar si la bicicleta retoma velocidad o se precipita otra vuelta de la corrida (ver aparte).

    Los voceros oficiosos de Sturzenegger dicen que esta suba del dólar es un golpe a la bicicleta financiera. Quienes avalan esta idea de que los especuladores perdieron con esta corrida no conocen la dinámica del negocio. Algunos operadores realizan el carry trade cubriéndose con seguros de cambio, con lo que un alza del tipo de cambio no los afecta, aunque la renta es un poco menor por el costo de ese contrato de cobertura. Otros arriesgados no lo hacen pero cuando se lanzan a esa apuesta saben que no se retirarán del negocio con la utilidad plena del 25,5 por ciento anual en dólares. Cuando empieza a correr la conversión a dólares se va reduciendo esa ganancia por el alza del tipo de cambio y, mientras no haya una estampida, la bicicleta sigue siendo atractiva. 

    Pese al alza del 7,7 por ciento de la paridad cambiaria en pocos días, la rentabilidad especulativa en dólares con las Lebac sigue manteniéndose muy elevada en comparación a otras opciones financieras en el mercado internacional. En lo que va del año, con el alza de la paridad, igual siguen acumulando rentas del 5 al 8 por ciento anual en moneda dura. Es una ganancia muy importante para fondos de inversión extranjeros en un contexto donde la tasa internacional de cortísimo plazo está muy cercana a cero.

    Es ingenuo estimar que todos quienes participan de este juego especulativo se anotarán un retorno en dólares del 25 por ciento anual. Los últimos que ingresan antes del estallido o lo que no salen a tiempo serán los perdedores de este juego, como en el conocido Esquema Ponzi, y lo más probable es que sean entidades públicas que han acumulado Lebac (Banco Nación, FGS-Anses). Por lo pronto, como se mencionó, grandes operadores no renovaron el 20 por ciento del monto de Lebac en la últkima vuelta de la bicicleta. 

    Inflación

    La actual inestabilidad cambiaria impactará en aumentos de precios de bienes y servicios, aunque tecnócratas del Banco Central y funcionarios del área económica los desestimen. Deberían haber aprendido del papelón de Alfonso Prat-Gay cuando, con la humildad que lo caracteriza, había asegurado que la megadevaluación que aplicó apenas asumió el gobierno de Macri no se trasladaría a precios. No fue así. La inflación de 2016 fue de 41 por ciento, la más elevada desde 2002. 

    El economista Mariano Kestelboim indicó que esta devaluación es la quinta más importante en los últimos 15 años, y se sorprendía “del notable cambio en el tratamiento mediático”. El secretario de Hacienda con cargo de ministro, Nicolás Dujovne, llegó al absurdo de considerar ese ocultamiento en la red de medios oficialistas con que “el dólar salió de la tapa de los diarios y dejó de ser una preocupación”. En el rol de vocero oficial de generación de expectativas, la principal tarea que se le conoce de su gestión, Dujovne no se inhibió en seguir comentando la inestabilidad cambiaria diciendo que no hay motivo para preocuparse cuando el dólar se mueve o que en el gobierno están muy tranquilos con ese movimiento. Hasta afirmó que la suba del dólar no va a generar inflación.

    Es una sentencia insólita. La estructura de producción de bienes de la economía argentina brinda la información necesaria para saber que una parte de la devaluación se traslada necesariamente a precios por el componente importado, a lo que se agrega la habitual especulación empresaria, lo que termina impactando en precios el ciento por ciento del ajuste cambiario.  

    La devaluación de comienzos de 2014 y la de fines de 2015 fue una decisión deliberada de política económica. Un elemento distintivo de esta corrida y que la diferencia de las dos anteriores es que el ajuste fue decidido por el mercado. La pasividad del Banco Central a los movimientos del dólar no es solamente una decisión a partir de postular como política la “flotación libre del tipo de cambio”, sino que es la consecuencia de una desarticulación total de las regulaciones financieras y cambiarias. 

    Desregulación

    La plaza local está más vulnerable por la sucesión de medidas que suprimieron mecanismos de administración de una variable tan sensible como el tipo de cambio. Con la colaboración del periodista Federico Kucher precisaremos cada una de las iniciativas de desregulación del mercado cambiario, disminución de los controles a los bancos y eliminación de barreras al ingreso y salida de capitales especulativos.

    - Compra de dólares y flexibilización del mercado cambiario. 

    La comunicación 5850 del Banco Central, del 17 de diciembre de 2015, dejó sin efecto los controles a la adquisición de moneda extranjera aplicados a partir de noviembre de 2011. Autorizó a comprar hasta 2 millones de dólares por mes sin ningún tipo de permiso de la autoridad monetaria. Además se desarmó el Programa de Consultas de Operaciones Cambiarias de la AFIP. En mayo de 2016 se aumentó el límite de compra mensual de 2 a 5 millones de dólares y a comienzos de agosto del año pasado se eliminó definitivamente ese tope si se realiza vía trasferencias bancarias (para las operaciones en efectivo se subió el límite de 500 a 2500 dólares mensuales). En agosto de ese año también se flexibilizó el negocio de las casas de cambio y se permitió que las operaciones de adquisición de divisas se pudieran hacer las 24 horas del día por Internet. El Banco Central eliminó controles no sólo sobre la compra de divisas para ahorro, sino que avanzó en desregular otros rubros de compra de moneda extranjera en el mercado único y libre de cambios (turismo, importaciones, giro de dividendos al exterior, entre otros).

    - Salida de capitales financieros de corto plazo.

    En diciembre de 2015, el Banco Central redujo la permanencia obligatoria de los capitales financieros que ingresan al país de 365 a 120 días. A comienzo de enero de 2017, la llevó a cero. Esta medida fue clave para estimular el ingreso de capitales especulativos que apostaron por las altas tasas de interés de las Lebac. En los primeros cinco meses de este año 3 de cada 4 dólares que ingresaron a la economía para invertir fueron orientados a negocios financieros y el restante a actividades productivas.

    - Ingreso de divisas por exportaciones de bienes y servicios.

    En abril de 2016, el Gobierno comenzó a extender los plazos para que los exportadores liquiden sus divisas en el país, al subirlo de 30 a 180 días. En mayo de ese año lo llevó a 365 días (un año), en agosto lo aumentó a 1825 días (5 años) y, finalmente, en enero de 2017 autorizó un plazo para liquidar exportaciones hasta 10 años. En diciembre de 2016, las exportaciones de servicios dejaron de tener la obligación de liquidar las divisas. A partir de mayo de 2016 se permitió a las empresas dejar de presentar declaración jurada previa a la recepción del cobro de exportaciones (y otros conceptos) cuando los montos de venta sean inferiores a 100 mil dólares mensuales.

    - Actividad de los bancos.

    Las entidades financieras se beneficiaron de las medidas de desregulación dispuestas por el Banco Central. Una de las más importantes fue la flexibilización en la cantidad de activos dolarizados que pueden tener en su patrimonio. A fines de diciembre de 2016 se les autorizó elevar la posición general de cambios del 15 al 25 por ciento de su patrimonio, en abril de este año se aumentó al 30 por ciento y en mayo directamente se decidió liberar la cantidad de dólares y activos dolarizados que pueden mantener en cartera. En enero de 2017 fueron autorizados a prestar los dólares de los depósitos ya no sólo a las empresas que exportan. De ese modo, los bancos quedaron libres para comprar bonos de la emisión de deuda en moneda extranjera del Tesoro. Se rompió así con una regla de solvencia del sistema financiero, que regía desde 2002, de asegurar la capacidad de repago de los préstamos en dólares.

    La eliminación de controles sobre el spread bancario en diciembre de 2015 (es decir, la diferencia entre la tasa de interés que pagan por los depósitos y la que cobran por los préstamos) fue otra iniciativa de desregulación clave. Hasta ese momento las entidades financieras tenían que pagar por los plazos fijos una tasa atada al rendimiento de las Lebac y que no podían prestar en líneas prendarias, personales y de tarjeta de crédito a una tasa superior a la fijada en base a las Lebac.

    Las corridas cambiarias son un clásico de la economía argentina. La cuestión pasa por cómo minimizar sus costos y, en especial, en cómo estar preparados a lo ineludible. El Banco Central hizo todo lo que no hay que hacer para estar en peligro permanente.

    alfredozaiat@gmail.com

 


17 de mayo de 2017

EL BANCO CENTRAL SUBIÓ LA TASA DE LAS LEBAC AL 25,5 POR CIENTO EN UNA EMISIÓN RECORD DE 448 MIL MILLONES DE PESOS

Una bicicleta financiera con neumáticos muy inflados

El Banco Central insiste en su política de contener la inflación por vía de altas tasas con crecientes costos y sin el resultado prometido.

Por Federico Kucher

El Banco Central subió la tasa de las Lebacs del 24,25 al 25,50 por ciento, un aumento de 1,25 puntos porcentuales. La entidad emitió nuevas letras por 448 mil millones de pesos y pudo renovar una gran parte de los vencimientos. La licitación de ayer fue una prueba de fuego para el organismo. Consiguió convencer al mercado de continuar apostando por el negocio de la tasa de interés en pesos y, por el momento, pone un freno a la dolarización de las inversiones financieras. La maniobra de la entidad de volver a subir el rendimiento de las Lebacs implica un nuevo impulso para el negocio de la bicicleta financiera y promociona el ingreso de capitales especulativos del exterior. La contracara es el avance del endeudamiento del Central con el mercado y una fuerte disminución de su patrimonio neto, el cual en los primeros cuatro meses de este año ya registró un retroceso del 58 por ciento. 

La tasa de interés de las Lebacs se convirtió en una referencia para la mayoría de los inversores. Los grandes y los pequeños. Los locales y los extranjeros. La tasa ya venía en alza en el mercado secundario y el Central convalidó ayer esta suba en la suscripción primaria que realiza una vez al mes. Del vencimiento de 476 mil millones de pesos, el organismo renovó unos 448 mil millones, monto que representa la mitad de la base monetaria. La mayor parte de las nuevas letras que compró por el mercado vencen en 35 y 63 días, lo que implica que en los próximos dos meses el Central volverá a poner a prueba su capacidad para mantener el atractivo de los pesos. 

El dólar planchado y tasas de interés en pesos 8,5 puntos por encima de la meta de inflación mantienen por ahora conforme al mercado apostando por el negocio de las Lebacs. Pero las distorsiones son cada vez mayores para el Central en la medida que crece la bicicleta financiera. Este diario accedió a la evolución de los activos y pasivos de la autoridad monetaria en las primeras 19 semanas del año. El patrimonio neto del organismo sumaba 8 mil millones de dólares el 7 de enero, monto que se redujo a 3 mil millones el 7 de mayo. Es decir, se redujo a menos de la mitad.

El desequilibrio del balance de la autoridad moentaria se explicó principalmente por la emisión de Lebacs. Las deudas del Central por la emisión de estas letras subió en el equivalente a 16 mil millones de dólares a partir de enero, es decir que el organismo se endeudó a un ritmo de 4 mil millones de dólares por mes este año. La entidad ya acumuló en 2017 nuevos pasivos en Lebacs por 3 puntos del PBI.

La suba de los activos del Central por el incremento de las reservas internacionales gracias a la llegada de dólares financieros no consiguió compensar el avance del pasivo y, por tanto, el patrimonio neto del organismo marcó una fuerte baja. Sturzenegger afirmó cuando asumió su gestión que recibía una autoridad monetaria quebrada. Pero los datos duros indican que el patrimonio del Central era de 14 mil millones de dólares a finales de 2015, cifra que bajo a 3 mil millones este mes.

La autoridad monetaria también muestra importantes contradicciones cuando pretende convencer a la población que en la Argentina no se privilegia la especulación ni existe un proceso de bicicleta financiera. El organismo hizo público a principio de mayo dos trabajos en los que intentó demostrar que los inversores de Lebacs no embolsaron ganancias extraordinarios en el último año y medio. “Desde la unificación cambiaria hubo momentos de ganancias y otros de pérdidas, en igual magnitud hacia un lado y hacia otro. No puede concluirse que el resultado del carry trade (vender dólares para comprar Lebacs y tras cobrar los intereses en pesos volver a comprar dólares) haya sido únicamente positivo”, planteó la entidad.

 

Los argumentos del Central resultan insólitos cuando se revisa el ingreso de dólares del exterior destinados a la especulación financiera con las Lebacs. En abril se registró una entrada record de 1262 millones de dólares por inversiones de portafolio, cifra que había sido de 222 millones de dólares en igual mes de 2016 y de 1 millón de dólares en 2015. Por cada dólar que ingresó al país el mes pasado para inversiones productivas llegaron otros 5 dólares para especular en el sistema financiero. Los gestores de fondos que operan en el mercado local comentan en sus reuniones con clientes premium que los inversores de afuera sienten un optimismo con la Argentina difícil de explicar y que no se condice con los resultados de las cuentas macroeconomías. La rentabilidad del 40 por ciento en dólares que ofrecieron las Lebacs el año pasado y el 10 por ciento que dieron en lo que va de 2017 es una explicación. Pero así como los capitales entran, puede salir, y ya no quedan regulaciones para limitar la fuga de corto plazo.


14 de mayo de 2017  |  Cash

LOS CRÉDITOS HIPOTECARIOS AJUSTADOS POR LA INFLACIÓN

Una trampa

El riesgo principal deriva del distanciamiento entre el avance del nivel general de precios y los ingresos de los asalariados. Ganancias para los bancos e incertidumbre para los tomadores de los préstamos hipotecarios.

Por Sergio Chouza y Sergio Soloaga *

El problema de acceso a la vivienda digna es una problemática intrínseca a los países en desarrollo. El caso argentino no queda al margen, ya que se estima un déficit habitacional de entre 3 y 4 millones de viviendas. El presidente Macri expuso un sobredimensionado énfasis en la presentación de los créditos hipotecarios con cuotas variables, ajustables por UVA. Esta modalidad, viene a suplir un segmento carente en el mercado, ya que los créditos a tasa fija convencionales tienen esquemas de devolución del préstamo muy exigentes en sus primeros años, lo cual conlleva una barrera a la entrada alta para familias de clase media y baja. No obstante, los créditos indexables, no dejan de estar viciados de contraindicaciones. En contextos de alta inflación, el ajuste de la cuota a pagar se puede volver muy oneroso para las familias, en los meses previos a los aumentos paritarios. Más aún, en casos de pérdida de poder adquisitivo -como el experimentado en 2016- la separación entre las cuotas y el salario puede ser sustantiva, y el peso total de los pagos del crédito puede crecer peligrosamente, en tanto porcentaje del ingreso familiar.

Para clarificar la operatoria, los créditos hipotecarios recientemente lanzados, a diferencia de los tradicionales a tasa fija, tienen un mecanismo de ajuste mensual. El monto prestable no se establece en pesos, sino en una unidad de valor alternativa, llamada UVA, la cual se corrige mensualmente en función al avance de los precios (por el momento, según el índice de inflación de CABA). Este mecanismo permite cuotas iniciales más bajas, relativamente acordes al valor de los precios de los alquileres actuales. Ahora bien, la contracara de este “beneficio” es un crecimiento permanente de las cuotas, acorde al ritmo de la inflación. Para poner en concreto, conviene problematizar en números los dos escenarios más polémicos de este esquema:

Si una familia tomó un crédito el 31 de marzo de 2016 (primer día de publicación de las UVA) por un millón de pesos a 20 años, entonces pactó pagar cuotas mensuales de 549,68 UVAs. Ese volumen se tradujo a pesos en un valor de cuota mensual de 7723,04 pesos al momento inicial de aprobación del préstamo. No obstante, finalizado el 2016 y producto del ajuste inflacionario, el monto de la cuota ya escalaba a 9481,93 pesos, mientras que en marzo de este año representó 10.158,03 pesos. Es dable destacar que, medido en función a la evolución de los ingresos laborales (tomando el coeficiente de variación salarial que publica el Indec), la cuota pasó a representar desde el 25 por ciento del salario en marzo de 2016 al 30,26 por ciento en diciembre del mismo año (último dato disponible). En resumen, producto de la pérdida de poder adquisitivo experimentada el año pasado, en nueve meses la cuota pasó a tener un peso 5 puntos mayor en el salario de las familias que se comprometieron en esta modalidad de créditos.

El otro análisis relevante surge de pensar un escenario proyectado sobre el desarrollo de crédito a lo largo de los 20 años. Sin necesidad de establecer una hipótesis de separación entre la inflación y los salarios, es interesante remarcar que el mero entorno inflacionario, implica una notable transferencia de recursos de las familias asalariadas a los bancos con estos esquemas indexables. Ocurre que las cuotas se ajustan mensualmente, mientras los salarios de la gran mayoría de los trabajadores, una única vez por año. Por tanto, todo el peso “excedente” de cuotas nuevas con salarios viejos, se acumula a lo largo de la vida del préstamo, implicando un pesado “ticket extra” para las familias. Por ejemplo, suponiendo una inflación del 28,5 por ciento (la variación de las UVA entre marzo 2016 y marzo 2017) para los futuros 20 años, y ajustes salariales anuales en la misma proporción, el excedente pagado al final del préstamo asciende a un 12,6 por ciento. En otros términos, los tomadores de préstamos en UVA pagan más tan sólo por el hecho de que su salario no ajusta a la misma velocidad que las cuotas (mensuales).

Procrear restringido

Por el andarivel de los créditos que deberían orientarse a un segmento no regido por los lineamientos del mercado, el panorama no es tanto más alentador. El nuevo esquema del programa Procrear, bajo la lógica macrista, contiene limitaciones que dificultan el acceso por parte de las familias de estratos salariales más bajos. En primer lugar, se impusieron topes mínimos de ingresos que van desde 2 a 4 Salarios Mínimos Vitales y Móviles para el solicitante del crédito, lo cual deja atrás a todas aquellas familias que perciben menos de 16.120 pesos netos. Por otra parte, se acotó la edad máxima para el tomador del préstamo en diez años (de 65 a 55 años), se limitó el destino del crédito (no pudiendo utilizarse para la compra de un terreno) y se cambió el modo de adjudicación de los mismos (que pasaron de sortearse a través de la Lotería Nacional a un sistema de puntaje “meritocrático” basado en características del solicitante y su grupo familiar). Pero el cambio más trascendente tiene que ver con la modificación del sistema de pagos de capital e intereses. Cabe recordar que el Procrear original se basaba, en general, en tasas fijas y exiguas para los primeros años del crédito y tasas variables para los restantes. Los nuevos créditos, en cambio, ajustan sus cuotas por el índice UVA desde el momento inicial.

Al igual que en las líneas hipotecarias a tasa variable previamente explicadas, también se adiciona una tasa de interés como ganancia de la entidad prestable (la cual va del 3 a 8 por ciento anual, según en qué banco se tramite el préstamo). Las nuevas limitaciones complejizan la situación de los potenciales beneficiarios: se pasó de un programa en el cual el Gobierno subsidiaba la tasa de interés, a un programa indexado a la inflación que, en estos últimos meses, creció por encima del salario nominal de los trabajadores. A diferencia del Procrear original impulsado por la anterior administración, las entidades bancarias tienen asegurada una rentabilidad real positiva.

El riesgo principal de este modelo se deriva del distanciamiento entre el avance del nivel general de precios y los sueldos de los asalariados, además del peso intrínseco de la “pesada mochila inflacionaria” producto de la estructura temporal de los ajustes. Desde lo político, el cambio en el sistema es notorio: se produjo una mutación en la lógica de acceso a la vivienda desde un sistema que buscaba incluir a los sectores de menores recursos, a otro puramente regido por las reglas del sector privado. El corrimiento del Estado como garante principal de la vivienda digna para los millones que aún hoy están fuera de las posibilidades del mercado está lejos de ser un avance en materia de inclusión social.

 

* Economistas Universidad Nacional de Avellaneda (Undav). Integrantes de EPPA.


14 de mayo de 2017  |  Economía

OPINIÓN

El soldado y la desgracia

Por Alfredo Zaiat

En el mundo del escolazo de la quiniela, el 12 es el soldado y el 17, la desgracia. Estas dos cifras son el piso y el techo de una pauta inflacionaria definida por el soldado macrista del Banco Central que está provocando desgracias en la economía real. El titular de la entidad monetaria, Federico Sturzenegger, tuvo un diagnóstico errado acerca de los motores del proceso inflacionario, aplicó entonces una política monetaria y cambiaria equivocada y, montado en el caballo de “cuidar su reputación ante el mercado”, persiste en una estrategia que se ha mostrado fallida. Ahora, cuando los resultados son esquivos, le agregó la cuota infaltable de manipulación y negación de la realidad: utilizará el índice de precios a nivel nacional que difundirá el Indec de Macri, estimando que se moverá por debajo del actual IPC, y además publicita que no existe una bicicleta financiera en el mercado local, fabulosa especulación promovida por la política de tasa de interés elevada y dólar planchado. Hay un límite entre la inoperancia e improvisación de funcionarios, en este caso provocadas por cuestiones ideológicas, y el ridículo. El equipo de Sturzenegger lo ha cruzado.

Los financistas disimulan y los banqueros se hacen los distraídos con los fiascos del Banco Central porque están haciendo unos negocios especulativos extraordinarios. En la city se sienten muy a gusto con el desempeño de la mesa de dinero de la entidad monetaria. Este centro de operaciones está comandado por la dupla Esteban Horacio Bertella, ex HSBC, y Agustín Collazo, ex Morgan Stanley. Los negocios así florecen para los financistas. Economistas del establishment hacen tenues críticas a la administración monetaria y cambiaria porque, además de acumular también ganancias con la bicicleta, comparten la concepción ortodoxa en el manejo del Central pero sin ser tan extremos como Sturzenegger gusta mostrarse.  

Metas

La bicicleta financiera está rodando a toda velocidad  Bancos y grandes operadores nacionales e internacionales pueden dar cuenta de las ganancias en dólares que han acumulado. Siguen muy activos en esa apuesta especulativa pese a que el Central niega la existencia de la bicicleta. Más que describirla resulta más relevante avanzar sobre el esquema analítico que la facilita. El marco es el sistema de “Metas de Inflación”. Este consiste en orientar la política monetaria exclusivamente a cumplir el objetivo de un rango de inflación predeterminado por el Banco Central y que es posteriormente informado a la sociedad.

La principal herramienta para alcanzar la meta es con la tasa de interés, variable que, de acuerdo a esa concepción, debe influir en el ciclo económico y, por lo tanto, en la tasa de inflación. Parece tan sencillo en el laboratorio teórico que puede ser que esa enunciación provocara que el entonces candidato y hoy presidente Mauricio Macri se animara a decir que el problema de la inflación era “fácil de resolver”. No lo fue ni lo está siendo para el gobierno: la inflación 2016 fue de 41 por ciento, duplicando la del último año del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y la del primer cuatrimestre de este año alcanzó el 9,1 por ciento, que anualizada trepa al 29,9 por ciento.

Voceros oficiosos han empezado la tarea de informar que el gobierno ha elevado la pauta inflacionaria al 20 por ciento, descartando el techo del 17 por ciento. Como ya se hizo costumbre en funcionarios de la Alianza macrismo-radicalismo, prometen que en los próximos meses la situación económica mejorará y, en ese contexto, que la inflación descenderá. En varias ocasiones han adelantado sin éxito que el ciclo recesivo iniciaba su reversión, del mismo modo que el descenso de los precios.

Tasa de interés

Postular el régimen de Metas de Inflación colisiona con la realidad de economías como la argentina, donde las presiones de costos por la evolución del tipo de cambio y la intensa puja distributiva constituyen factores centrales de los procesos inflacionarios. Las Metas de Inflación es el ropaje moderno de las tradicionales políticas monetarias ortodoxas para las cuales la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. El Banco Central fija la tasa de interés en las colocaciones de deuda de cortísimo plazo, las famosas Lebac, con el objetivo de que ese nivel de tasas vaya influyendo en las decisiones de consumo e inversión del sector privado para que responda positivamente a las previsiones inflacionarias oficiales. Por eso, quienes promueven las Metas de Inflación dicen que es tan importante la “credibilidad” del Banco Central. Piensan que así van a convencer a los agentes económicos acerca de cuál será el horizonte inflacionario, minimizando el propio funcionamiento de la economía y de la causa-efecto de las medidas que implementan. 

Con tasas de interés elevadas y apreciación del tipo de cambio, en caso de lograr un descenso de la inflación será a costa de afectar la actividad económica por la caída de la demanda. Esto se complementa con la apertura importadora, con un tipo de cambio que se mueve muy detrás de la tasa de inflación, para limitar los aumentos de precios. Es una estrategia que se sostiene con endeudamiento externo creciente y aumento de la vulnerabilidad externa por el movimiento de capitales especulativos.

Expectativas

 

En varias ocasiones la economía argentina fue manejada con políticas de raíz ortodoxa pero es difícil encontrar una con semejante nivel de alienación acerca de la dinámica de la economía, en general, y de la inflación, en particular. Un ejemplo de ese comportamiento es postular que el sistema de Metas de Inflación busca previsibilidad sólo con el anuncio de un rango de variación de los precios. Esta es la enunciación general que el vicepresidente del Banco Central, Lucas Llach, expuso en el 39° aniversario de la Fundación Mediterránea, en septiembre del año pasado. Afirmó que “en la medida en que ese rango o meta sea creíble y los actores económicos incorporen esa expectativa, no hay nada mejor para la actividad económica y el empleo que buscar con la política monetaria validar esas expectativas”. Intentó trasmitir esa idea en forma masiva a través de su cuenta personal en Twitter, aconsejando a fines de enero a los inquilinos que no convaliden una indexación de los contratos superior al 8,9 por ciento de inflación del segundo semestre, puesto que la meta del BCRA es del 12 al 17 por ciento para todo el año. Fue el hazmerreír en esa red social. El usuario @epursito le escribió el 21 de febrero: “Hola @lucasllach estoy buscando depto para alquilar y todos me aumentan entre 30 y 35 por ciento por año. ¿Qué hago? ¿Les muestro tu tuit? pic.twitter.com/ayy9ZCnbsW”. No recibió respuesta.

La teoría Llach sería la siguiente: el Banco Central fija una meta de inflación y como es creíble porque sus autoridades tienen buenos antecedentes académicos y profesionales, los agentes económicos les cree y, por lo tanto, actúan ajustando los precios a ese objetivo planteado. O sea, la cuestión inflacionaria es de ese modo “sencilla” de abordar porque sólo hay que convencer a la población de que la inflación bajará a una cifra determinada por el Banco Central.  Esa estrategia no funcionó. La evolución de los precios en el primer cuatrimestre revela que los agentes económicos no le creen al Banco Central.  El fenómeno de la inflación es un poco más complejo que el manejo de expectativas.

La “reputación” de las autoridades del Banco Central quedó herida. No sólo porque el rango de la inflación anual fue tirado al cesto, sino porque la cualidad que promueven de “independencia” en la gestión fue hecha añicos. Sturzenegger se resistió pero finalmente empezó a comprar dólares en el mercado por presión del Ejecutivo para evitar una mayor apreciación del tipo de cambio. También frenó el impulso de volver a subir la tasa de interés por el rechazo a esa medida del resto del equipo económico. Desde la Jefatura de Gabinete dejaron trascender además que modificaron las previsiones inflacionarias de este año. Ahora el techo de la tasa de inflación dejó de ser el 17 por ciento que fijo el Banco Central para subirla al 20 por ciento. Previsión que es otra muestra del marketing del deseo desarrollado por el oficialismo.

 azaiat@pagina12.com.ar


07 de mayo de 2017 l Cash

La pesada herencia del macrismo

Hubo cuatro períodos históricos con quebrantos de las cuentas públicas: el Rodrigazo, la crisis de la tablita cambiaria en la última dictadura militar, la hiperinflación de Alfonsín y el estallido de la convertibilidad. Para 2017, se proyecta un déficit primario de 6,39 por ciento y un déficit financiero del 8,82 por ciento. Si se suma el déficit cuasifiscal (BCRA) de 1,85 por ciento del PIB, el 2017 terminará con un resultado fiscal total negativo de 10,68 por ciento del PIB. Las anteriores experiencias de estallidos originados por el endeudamiento externo y el creciente déficit de las cuentas públicas fueron provocadas por un monto de intereses impagables. La política económica del gobierno de Macri ya está adelantando en esa cuenta una carga inquietante a futuro.

Por Santiago Mancinelli *

El promedio de Gasto Público total del período 1961 a 2016 fue del 24,95 por ciento. El proyecto político que comenzó en 2003 y culminó en 2015 tuvo un promedio de Gasto Público total sobre PIB corriente de 21,94 por ciento, terminando el último año en 26,46 por ciento. Ese indicador en el período 2003-2015 estuvo por debajo del de la Convertibilidad (1991-2001), que tuvo un promedio de 26,08 por ciento, y que finalizó en 2001 con un ratio de 30,65 por ciento del PIB.

La famosa pesada herencia del kirchnerismo, relacionada con el Gasto Público total sobre el Producto, fue sobrepasada en 16 años durante los últimos 56 y a diferencia de lo ocurrido durante aquellos años, esta vez el mayor GP estuvo explicado por la construcción de un Estado nacional al que se lo dotó de las capacidades productivas, administrativas, sociales y políticas, que habían sido destruidas primero por la dictadura cívico– militar y después por el menemismo.

Logros

Es necesario recordar los logros del kirchnerismo. Según el proyecto de ley de Presupuesto General de la Administración Nacional 2016, aprobado por mayoría del Congreso Nacional, las pensiones no contributivas que incluyen pensiones a la vejez, por invalidez y para madres de siete o más hijos y están especialmente dirigidas a poblaciones en situación de extrema vulnerabilidad que no cuentan con apoyo económico pasaron de poco menos de 340 mil en 2003 a más de un millón y medio (1.543.781) en 2014.

Un hito fundamental en materia de ingresos de la población fue la política previsional que amplió la cobertura mediante la continuidad del otorgamiento de facilidades a los adultos mayores para acceder al beneficio jubilatorio (permitió pasar de menos del 60 por ciento de beneficiarios en relación a la población en edad de jubilarse en 2003 a casi el 97 por ciento) y la actualizó los haberes aplicando la ley de movilidad jubilatoria.

El programa “Incluir Salud” financió la cobertura médico–asistencial a madres de siete o más hijos, personas con discapacidad y adultos mayores de setenta años en situación de pobreza, entre otros; transfirió recursos a las provincias, las cuales brindaron las prestaciones médicas a los titulares de pensiones asistenciales y no contributivas, atendiendo a más de un millón de ciudadanos y ciudadanas.

En Educación y Cultura sobresalen los lineamientos establecidos en la Ley 26.075 de Financiamiento Educativo, en la Ley Nº 26.058 de Educación Técnico Profesional, en la Ley 26.206 de Educación Nacional y en diversos planes nacionales como el Plan Nacional de Educación Obligatoria, el Plan Nacional para la Educación Secundaria y el Plan Nacional de Formación Docente.

En 2015 se realizaron modificaciones al Plan Progresar para poder captar una mayor cantidad de destinatarios para aumentar la cantidad de jóvenes titulares de derecho, pasando de 700.000 a 1.000.000. En marzo se amplió el programa incluyendo a losjóvenes de 18 a 24 años que estudian y cuyas familias cobran menos de tres salarios mínimos.

Intereses pagados

Los estallidos provocados por el endeudamiento externo fueron estimulados por intereses impagables: en 1982 los intereses totales representaron 7,63 por ciento del PIB, explicado fundamentalmente por los intereses pagados en moneda extranjera, que representó para ese año el 3,42 por ciento del PIB. En el año que se precipitó el default (2001), los intereses totales  representaban el 5,07 por ciento del PIB y estuvieron explicados casi en su totalidad por intereses pagados en moneda extranjera, que fueron el 4,8 por ciento del PIB.

En los gobiernos de 2003-2015, los intereses tuvieron un promedio del 1,72 por ciento del Producto, y finalizaron en 2015 con intereses de deuda total del 2,06 por ciento del PIB, siendo los intereses en moneda local del 1,14 por ciento, mayores a los intereses en moneda extranjera del 0,92 por ciento del PIB para ese año.

El endeudamiento comenzado por la dictadura cívico–militar y continuado luego por la Convertibilidad limitaron las posibilidades de política económica de los gobiernos sucesivos, al ubicar el pago de intereses como uno de los rubros de mayor relevancia de la política económica. El desguace del Estado funcionó como parte de las garantías para poder emitir nueva deuda necesaria para refinanciar los compromisos preexistentes. 

Sin la posibilidad de soberanía fiscal ni monetaria, los instrumentos disponibles fueron usados solamente para disciplinar al conjunto de la sociedad y de los trabajadores. No hubo dinero para aumentos de las jubilaciones, ni para los planes de obras públicas necesarios para el crecimiento y desarrollo del país.

Quiebras

Hubo cuatro períodos históricos con quebrantos de las cuentas públicas. El primero fue el Rodrigazo en 1975, cuando se llegó a un déficit primario del 12,67 por ciento y un déficit financiero del 13,84 por ciento del PIB. Las políticas de Celestino Rodrigo de tarifazos, devaluación y ajuste fiscal produjeron una inflación del 335 por ciento y una caída del nivel de actividad.

La crisis de sobreendeudamiento del 1982 impuesta por los militares llevó el déficit primario al 5,37 por ciento y el déficit financiero al 11,27 por ciento del PIB. La inflación fue del 131 por ciento y el nivel de actividad cayó 5,19 por ciento.

La crisis de 1989, originada por la irresuelta deuda de la dictadura, llevó el déficit primario al 3,66 por ciento y el déficit financiero al 7,81 por ciento del PIB. Los pagos de intereses de deuda y los problemas para la refinanciación de los mismos, produjeron una devaluación de la moneda que derivó en hiperinflación del 4923por ciento y a una caída de la economía del 7,16 por ciento.

La crisis del fin de la Convertibilidad en el 2001 registró un déficit primario del 1,96 por ciento y un déficit financiero del 7,03 por ciento del PIB. El ajuste fiscal para sustraer recursos de la economía para el pago de deuda terminó en un estallido social y en la salida anticipada del gobierno.

Déficit

El fin del mandato de Cristina Fernández de Kirchner registró, con el recalculo del PIB corriente del nuevo Indec, un déficit primario del 1,79 por ciento y un déficit financiero del 3,85 por ciento.

En el nuevo gobierno que asumió en diciembre de 2015, computó ingresos extraordinarios del blanqueo de capitales como recursos tributarios corrientes, que por otra parte no se coparticiparon con las provincias, las cuales les correspondería aproximadamente el 30 por ciento de esos recursos. Con esos ingresos extras se presentó, con una nueva metodología de cálculo de los recursos fiscales, que en 1016 el déficit primario había sido del 4,46 por ciento y el déficit financiero del 4,53 por ciento del PIB, cuando en realidad fue un déficit primario del 6,01 por ciento y un déficit financiero del 6,08 por ciento del PIB.

Para el corriente año se proyecta un déficit primario, con el nuevo cambio de metodología de medición, de 6,39 por ciento y un déficit financiero del 8,82 por ciento, que sumados a un déficit cuasifiscal (BCRA) del 1,85 por ciento del PIB, terminará con un resultado fiscal negativo de 10,68 por ciento del PIB.

Sobre esta herencia, realmente pesada, que dejará el gobierno en curso, sus funcionarios no dicen nada.

* Magíster en Finanzas (UNR).


 16 de abril de 2017  |  Economía

LA TASA DE INFLACIÓN MORTIFICA AL GOBIERNO

Desorientados

El Banco Central subió la tasa de interés concretando así el quinto cambio de rumbo de esa variable clave en apenas 16 meses, alimentando una muy costosa bicicleta financiera. Y la inflación no baja

Por Alfredo Zaiat

El Ministerio sin Producción conducido por Francisco Cabrera eliminó el Plan Ahora 12 para reemplazarlo por el fiasco del Plan Precios Transparentes cuyo resultado fue una caída del consumo. El secretario de Hacienda con cargo de ministro, Nicolás Dujovne, anunció que la inflación estaba descendiendo y que existía un programa de reducción del déficit fiscal. Los primeros datos que se conocieron posteriores a esa declaración fueron la suba de la tasa de inflación y el aumento del desequilibrio de las cuentas públicas. El ministro de Energía, Juan José Aranguren, se presentó con el objetivo de dejar atrás la supuesta crisis energética y en lo que va de su gestión se derrumbó la producción de petróleo y la de gas se mantuvo por inversiones realizadas en el anterior gobierno. El de Finanzas a cargo de Luis Caputo, en su momento en la categoría de Secretaría, capituló a los pies de los fondos buitre con la promesa de una baja sustancial de la tasa de interés a pagar en la nueva deuda, objetivo que no consiguió como lo muestra la última emisión en dólares con una leva reducción de la tasa a 5,75 por ciento anual a un plazo de 8 años y a 7,62 por ciento con un bono que vencerá en 2037. Tasas que siguen estando por encima de las que obtienen la mayoría de los países latinoamericanos. El Banco Central bajo el mando de Federico Sturzenegger planteó como su principal meta reducir la tasa de inflación utilizando la tasa de interés, estrategia que no ha entregado ninguna satisfacción al gobierno y sí al mundo de las finanzas que está ganando mucho dinero en forma muy fácil. El recorrido por cada uno de los espacios de decisión de la política económica ofrece un cuadro inquietante. La administración de la economía está a la deriva, sin coordinación y sin el mínimo orden para el manejo de un área muy sensible.

Subir la tasa de interés una semana después de que el gobierno pusiera a funcionar todos los canales de su red de propaganda para fomentar los créditos hipotecarios a 30 años es una muestra más de ese descontrol. La ausencia de una conducción económica centralizada tiene otro factor desestabilizador: el incremento de las peleas entre funcionarios. La troika de coordinación del gobierno (Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui) dice que busca armonizar el funcionamiento del gabinete pero evidentemente no lo logra. Quintana y Lopetegui se deshicieron de Alfonso Prat Gay, Isela Costantini y Carlos Melconian pero las internas siguen siendo furiosas, y no sólo en el área económica. Una de varias quedó expuesta en el Ministerio de Energía, con la renuncia de José Luis Sureda, número dos del CEO-ministro Aranguren, acusando a su ex jefe de “autoritario” y cuestionado su estrategia energética. Otra pelea de la última semana fue el fuerte cuestionamiento de varios funcionarios a la decisión del Banco Central de elevar la tasa de interés.

La principal apuesta económica del gobierno es generar expectativas positivas, a veces forzando la interpretación de los datos y otras directamente alterando las cifras. Por ahora sólo recibe discursos de apoyos del establishment local e internacional en sus viajes al exterior y en encuentros empresarios al estilo Davosito. Esas palabras que entusiasman al presidente no se traducen en inversiones privadas importantes para que esa variable se convierta en el motor del crecimiento económico, como aspira la Alianza contra el choripán. Los empresarios saben diferenciar entre ser liberal y pro mercado, características que comparten con el actual gobierno, y pecar de ingenuos con el capital propio. Las señales contradictorias en la política económica y, en especial, la existencia de una gestión fragmentada que acumula improvisaciones y frustraciones no los incentivan a pasar del respaldo verbal al desembolso de millones de dólares en proyectos productivos, excepto en el campo y en energía.

Bicicleta

El Banco Central es uno de los casos más emblemáticos de la desorientación de la administración económica del gobierno. El mundo de la ortodoxia observaba críticamente la administración heterodoxa del BC durante el segundo gobierno de CFK apuntando a la carencia de profesionalismo y de capacidad de sus máximas autoridades para ejercer ese cargo. No era así. Era una presión política para recuperar espacios de poder perdidos por la ortodoxia y hoy queda demostrado en el silencio -con escasas excepciones- ante el descalabro monetario y financiero que está generando la gestión Sturzenegger. El aspecto perturbador en la actual coyuntura económica es que el presidente Macri privilegia a Sturzenegger entre los integrantes de la fragmentada área de gestión de la economía.

El endeudamiento del Banco Central es explosivo, el balance de la entidad es delicado, la desregulación total del mercado cambiario deja la economía a merced del capital especulativo y el manejo de la tasa de interés es un espanto. Sturzenegger subió y bajó la tasa varias veces en apenas 16 meses de gestión. Esa política errática sólo refleja una conducción de improvisados y muy lejos de lo que el mercado denomina “profesionales”. Hace un mes redujo los encajes bancarios (el dinero que las entidades deben mantener inmovilizado), que implicó una expansión monetaria (aumento de la liquidez), y ahora elevó la tasa de interés, que es una medida de contracción monetaria (disminución de la liquidez). Estas medidas son opuestas. Para algunos observadores de la política del BCRA esto es incompetencia de Sturzenegger y equipo, aunque para otros son ofrendas de rentables negocios a la banca.  

Un Banco Central administrado con mínimos criterios de prudencia no altera el rumbo de la tasa de interés en cinco oportunidades en tan breve período. La secuencia de los movimientos de la tasa de interés fijada por el BC en la colocación de deuda con las Lebac es impactante:

El 15 de diciembre de 2015 la subió de 29 a 38 por ciento anual.

El 22 de diciembre de 2015 empezó una reducción gradual. Ese día la fijó en 36 por ciento y después siguió bajándola hasta el 31,1 por ciento el 23 de febrero de 2016.

El 1° de marzo de 2016 volvió a subirla a 37 por ciento y el 8 de marzo la colocó en 38 por ciento, nivel que mantuvo hasta el 26 de abril.

El 3 de mayo comenzó a bajarla de nuevo. Ese día la marcó en 37,5 por ciento y siguió reduciéndola hasta 24,75 por ciento el 29 de noviembre, rendimiento que se mantuvo hasta el 10 de abril pasado.

El 11 de abril anunció una nueva suba de la tasa al definirla en 26,25 por ciento anual.

Fracaso

El objetivo principal manifestado por el titular del BC, Federico Sturzenegger, es la reducción de la tasa de inflación utilizando exclusivamente la tasa de interés. No lo ha conseguido. En 2016, el aumento de precios promedio fue de 41 por ciento, duplicando el del último año del anterior gobierno y siendo el más elevado desde 2002. En el primer trimestre, el Indec de Macri anotó una inflación acumulada de 6,3 por ciento y el IPC de la Ciudad, 7,1 (a propósito, otros índices privados o vinculados a sindicatos deberían evaluar la metodología de elaboración de sus indicadores de precios porque se ubican por debajo de los oficiales, y en el caso de los trabajadores debilita su posición en la negociación paritaria).  Pese al evidente fracaso en disminuir la tasa de inflación, Sturzenegger defendió la última suba de la tasa desafiando a sus críticos con un tuit desde su cuenta personal: “Es sorprendente la cantidad de defensores que tiene la inflación en nuestro país…”, escribió. El presidente del Banco Central muestra así signos de no entender que quienes lo cuestionan no festejan la inflación, sino que advierten que su política no ha servido para disminuirla.  

Es evidente que la política monetaria no ha tenido efecto para alterar el actual ciclo inflacionario. Pese a ello, el Banco Central insiste con su estrategia. La tasa de interés no baja la inflación; sólo provoca más recesión y ganancias especulativas fabulosas con la bicicleta dólar-pesos-dólar. El BC está tirando municiones a un objetivo que reconoce otras fuentes principales de tensión. No es indiferente en cambio para la producción ni para la especulación. Castiga fuerte a lo primero porque es conveniente desplazar la actividad de producir hacia la especulación financiera, que pasa a desarrollarse en el mejor lugar del mundo.

Como explica el último informe de coyuntura de Miguel Bein, con la suba de la tasa de interés el Banco Central no distingue inflación de demanda (salarios) de inflación de costos (tarifas) y convierte a la Argentina en el campeón mundial del carry trade “en un contexto donde el ingreso de capitales de corto plazo (blanqueo, deuda en dólares para financiar brecha fiscal en pesos nacional y provincial y, ahora, los dólares de la cosecha) y un BCRA que sólo compra una parte del excedente de dólares por sobre la enorme formación de activos externos y demanda por turismo, brindan una especie de seguro de cambio implícito por los próximos dos meses”.

Los bancos han acumulado una ganancia especulativa extraordinaria con la bicicleta que ofrece el BC. Sumaron de 80 a 85 mil millones de pesos entre febrero 2016 y el mismo mes de este año por los intereses cobrados con las Lebac. Fue uno de los negocios más rentables de la banca ofrecido en bandeja por Sturzenegger. La rentabilidad en dólares fue la más elevada del mundo en ese período teniendo en cuenta que en los últimos doce meses el tipo de cambio se mantuvo estable entre 15,50 y 16,00 pesos.

La política monetaria con tasas de interés elevadas no consigue los resultados que postula el Banco Central pero sí va acumulando deudas con las Lebac en forma vertiginosa, debilitando el patrimonio de la entidad. Al 31 de marzo las Lebac sumaban 709 mil millones de pesos, de las cuales 279 mil millones estaban en manos de bancos, y los pases con las entidades eran de 200 mil millones de pesos. En total, pasivos por un total de 909 mil millones de pesos. La base monetaria era de 755 mil millones de pesos. El monto global de esa deuda supera al total del dinero en circulación. Tic tac tic tac…

azaiat@pagina12.com.ar


16 de abril de 2017  |  Cash

Campeones mundiales

Por Claudio Scaletta

El informe de abril de Estudio Bein relata que Argentina se convirtió en el “campeón mundial del carry trade”. A los economistas les encanta mechar, a modo de jerga, los nombres en inglés con los que la prensa financiera internacional rotula procesos específicos. Reconozcamos que queda mejor decir carry trade que, por ejemplo, financial bicycle, término que por supuesto no existe en inglés ya que el influjo cultural corre del dominante al dominado y no al revés. Pero de eso hablamos: bajo la administración de la Alianza PRO Argentina se convirtió en el campeón mundial de la bicicleta financiera. No es nada nuevo, pero la descripción completa de procesos dañinos siempre impresiona. A pesar de la experiencia histórica y de que se conocen los efectos económicos y sociales, otra vez, como en tiempos de José A. Martínez de Hoz, quienes conducen la política económica crearon condiciones seguras para que el capital financiero, internacional y local, consiga inmensos diferenciales de tasa de interés en divisas y, como señaló el hijo de Franco Macri en el “mini Davosito” realizado el pasado 6 de abril, con la tranquilidad de “que aquellos que quieran invertir en el país se puedan llevar el dinero cuando quieran”. Cómo no ser amado por la banca.

¿Pero qué es la “bicicleta financiera”? Juntemos sus componentes. Primero surge que mientras la tasa de interés del Tesoro estadounidense ronda los 2,4 puntos, la tasa que pagan las Letras del Banco Central, Lebac, el instrumento que utiliza la entidad monetaria para fijar la tasa de interés de referencia, saltó en estos días 26,25 por ciento, poco más de 10 veces. Sin embargo, este diferencial por sí sólo no dice nada.

Mirando exclusivamente fronteras adentro, una tasa del 26,25 por ciento cuando se viene de un 2016 con una inflación de más del 40 y se pretende un tope imaginario del 17 con un Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA –elaborado por una cincuentena de consultoras abrumadoramente oficialistas– que se ubicaba en marzo en el 21,3 por ciento, parece, en sus propios términos, el nivel más lógico del planeta. Nótese que, excluida la inflación esperada, en términos reales, la tasa de Lebac está apenas por encima de la tasa de referencia del Tesoro estadounidense.

El pequeño detalle –siempre hay uno– es el segundo componente. La economía local es bimonetaria. Como lo entendió muy bien el presidente del Banco Central que antecedió al actual, la tasa de interés de referencia se puede utilizar para arbitrar entre las expectativas de devaluación y las de inflación, es decir para lograr que los excedentes monetarios se queden en pesos y evitar que se vayan a dólares. La alternativa es clara, si los excedentes se van a dólares presionan sobre la cotización de la divisa y, por esta vía, sobre la inflación.

Ahora bien, en el presente ocurren dos anomalías respecto del arbitraje tradicional. La primera es que no existen expectativas de devaluación debido a la entrada de capitales producto del potente proceso de endeudamiento externo que, desde diciembre de 2015, ya suma alrededor de 80.000 millones de dólares, con una fuga también récord de 16.000. Este ingreso de divisas es el que explica que, luego del shock devaluatorio inicial, pura decisión política, se haya registrado una constante apreciación cambiaria. Hoy el dólar vale 3 por ciento menos que en su pico de febrero de 2016. La segunda es que todas las licitaciones de Lebac que realiza en BCRA resultan sobredemandadas, lo que significa que podría pagarse “siguiendo las reglas de la oferta y la demanda” una tasa de interés mucho más baja si el objetivo fuese solamente evitar que los excedentes busquen la alternativa de refugiarse en divisas. Es más, para evitar que la tasa caiga, el Central también compra Lebacs en el mercado secundario. Dicho de otra manera, existe una voluntad política de mantener la tasa elevada. No es el mercado el que determina la tasa, sino el Estado, lo cual es una obviedad porque es así como los Estados hacen política monetaria, al margen de la valoración que se tenga sobre su calidad.

La razón por la que el Central mantiene la tasa tan elevada debe buscarse en su ideología. Los principales precios relativos de la economía son tres: dólar, salarios y tarifas. El nivel del dólar está controlado vía endeudamiento y el capital viene ganando por varias cabezas la puja distributiva. Quedan las tarifas, el único gran precio relativo que va para arriba porque el gobierno pretende seguir avanzando con la redolarización hasta alcanzar los niveles pre crisis de 2001. El empeño en el ajuste de tarifas sumará este año un piso de 4 puntos a la inflación (que podría ser más si se suma el transporte público), lo que de paso contribuye, si se tiene éxito en contener paritarias, a bajar el costo real del salario. Es en este punto donde ingresa la ideología oficial, la confusión teórica entre inflación de oferta y de demanda. Se mantiene la tasa elevada para sacar circulante del mercado y, supuestamente, compensar por el lado monetario los aumentos de costos. El mecanismo no funcionó en 2016 ni funcionará en 2017, como lo muestran los más de 6 puntos de inflación acumulada del primer trimestre. Dicho de otra manera, lo menor velocidad de la inflación se consiguió bajando salarios y planchando el dólar, es decir; conteniendo dos de los tres principales precios relativos.

Los costos macroeconómicos fueron la recesión por la caída de la demanda y la habilitación de la súper bicicleta financiera. La suma de los componentes uno y dos, tasas del 26 anual en pesos con dólar quieto o apreciándose, significa en la práctica tasas piso del 26 por ciento en dólares. Esto habilita, por ejemplo y como sucede en la realidad, a que un operador con capacidad de hacerlo tome deuda en el exterior al 6 u 8 por ciento, la traiga al país, la convierta a pesos, la coloque el Lebac, espere la valorización y finalmente regrese a dólares habiendo obtenido un diferencial de entre 18 y 20 puntos de tasa. Esta operatoria es posible, además, porque existe un tercer componente: no existen restricciones de entrada y salida gracias a la desregulación completa del mercado cambiario.     

Los costos de transacción son mínimos. Se trata, entonces, de la inversión segura –es decir, sin que se verifique eso de que la tasa es el premio al riesgo– más brillante del mundo. También la más insustentable. No hace falta tener la bola de cristal para saber que el despropósito no puede durar para siempre, aunque ya acumule más de un año largo. Y esto sin ser agorero e imaginar qué ocurriría frente a un freno relativo del ingreso de capitales y un aumento de las expectativas de devaluación. Pero mejor no preocuparse, eso sucederá recién en el futuro. Mientras tanto nadie le quita a la República su cetro de campeón mundial de la rentabilidad financiera en dólares.

  


LOS BANCOS EMBOLSARON 69 MIL MILLONES DE PESOS EN FEBRERO

 13 de abril de 2017

En una economía con resultados opacos, el sistema financiero mantiene niveles de rentabilidad elevados gracias a las altas tasas de interés y el cobro de comisiones.

Por Federico Kucher

Los bancos ganaron 69.655 millones de dólares entre febrero de 2016 y el mismo mes de este año. La cifra equivale a 5000 millones de dólares, es decir 1 punto del Producto Interno Bruto del país. Esta ganancia de las entidades financieras fue similar a la que embolsaron exportadores agropecuarios y mineros en 2016 por la transferencia de ingresos que hizo el Gobierno con la quita de retenciones. El negocio de las Lebacs, los intereses cobrados por préstamos y las comisiones obtenidas por la oferta de distintos servicios financieros fueron los rubros más rentables para los bancos y permitieron ensanchar las ganancias el último año.

El informe de Bancos de la autoridad monetaria, un documento que revisa la evolución de los ingresos del sistema financiero mes a mes, registró que en febrero las entidades sumaron beneficios por 4703 millones de pesos. La cifra fue un 47 por ciento menor a la registrada en el mismo mes del año pasado, cuando los bancos obtuvieron ganancias extraordinarias asociadas con la devaluación y el aumento de las tasas de interés de las Lebacs a picos del 38 por ciento.   

En los últimos doce meses, el sistema financiero acumuló recursos por unos 259.374 millones de pesos gracias a la tasa de interés cobrada en los créditos, con un aumento del 26,6 por ciento interanual. Los ingresos por Lebacs sumaron 110.085 millones, con un incremento del 20,5 por ciento. Este fue uno de los negocios más importantes de la banca si se tiene en cuenta que las letras garantizaron una elevada rentabilidad en pesos y en moneda extranjera, puesto que el tipo de cambio en los últimos 12 meses se mantuvo estable en niveles de entre 15,5 y 16 pesos. En lo que refiere a resultados por servicios, donde se anotan beneficios obtenidos por comisiones de tarjetas y otros productos de la banca, se ubicaron en 82.800 millones de pesos, con un avance del 22,8 por ciento. Los títulos que ajustaron por inflación, si bien por montos menores, implicaron un fuerte aumento de las ganancias el último año. Sumaron 6342 millones de pesos, con un alza del 85,1 por ciento. 

En febrero, mientras tanto, los ingresos por intereses sumaron 20.646 millones de dólares, con un alza del 9,4 por ciento respecto de igual mes del 2015. Los resultados por servicios anotaron 6973 millones, con un alza del 32,5 por ciento. A diferencia de este desempeño, los recursos embolsados por títulos valores (Lebacs) marcaron 8134 millones de pesos, una merma de 25,1 por ciento, en tanto que los ingresos por diferencia de cotización anotaron 70 millones de dólares, con una baja del 98 por ciento, lo que se explica por el estancamiento del tipo de cambio.

 

Las ganancias equivalentes a 1 punto del PIB de la banca en los últimos doce meses, junto con los ingresos capturados por las firmas exportadoras de materias primas en 2016, implicaron ingresos por al menos unos 10.000 millones de dólares para grupos concentrados de la economía. En contraste, los industriales pymes, las constructoras y comercios dedicados al consumo minorista y mayorista anotaron fuertes retrocesos de actividad y recorte de empleo.


09 de abril de 2017  |  Economía

Crisis laboral

El Gobierno provocó un acelerado deterioro en el mercado de trabajo; el Indec lo subestima y en Macrilandia aumenta el empleo.

Por Alfredo Zaiat 

El desempleo y el subempleo describieron un salto de más de dos puntos. Aumentó la informalidad laboral y la precarización en las condiciones de trabajo. El empleo creado festejado en reportes oficiales son monotributistas y autónomos. El Gobierno empezó un decidido avance sobre derechos laborales con el fomento de contratos de pasantías desde el Ministerio de Trabajo, con la modificación de la ley de accidentes de trabajo, con reducción de beneficios en convenios colectivos (petroleros) y con rebaja de cargas patronales en acuerdos sectoriales. Además persigue a jueces que fallan a favor de sindicatos (bancarios y docentes). El plan Repro de protección estatal del empleo al cubrir parte del salario de empresas en crisis ha disminuido sustancialmente. El Gobierno vetó la ley “antidespidos” y armó una puesta en escena con la firma de un compromiso empresario-sindical para mantener los puestos de trabajo, que no se cumplió. Pocas compañías entregaron un bono de fin de año como se había publicitado desde usinas oficialistas. El salario real de trabajadores formales perdió de 6 a 8 por ciento y el de los informales se estima de 10 a 12 por ciento el año pasado. La disminución del poder adquisitivo ha sido más pronunciada en los estratos de ingresos más bajos. Esta impresionante caída en apenas doce meses no se recuperaría en las negociaciones paritarias de este año. El Gobierno exige y presiona a sindicatos y cámaras empresarias para que cierren paritarias no superiores al 20 por ciento cuando la inflación proyectada es de un piso de 25 por ciento. Lo consiguió con Comercio, lo sigue batallando con docentes además de desconocer la Paritaria Nacional Docente definida por ley y lo intentó con bancarios rechazando el acuerdo entre trabajadores y la patronal, atropello del que tuvo que retroceder. La cláusula gatillo incluida en las paritarias puede amortiguar parte de esa pérdida de poder adquisitivo. Cada uno de estos componentes ha terminado de conformar una crisis laboral que ha tenido una respuesta contundente con el paro nacional de actividades del jueves pasado. 

Existían tensiones relacionados con la heterogeneidad del mercado de trabajo, un núcleo duro de informalidad que no podía romperse, estancamiento del empleo industrial y una fuerte disputa por el alcance del Impuesto a las Ganancias. Esas tensiones no fueron relajadas por el nuevo gobierno sino que las transformó en una crisis de proporciones que promete agudizarse, en especial en los sectores del comercio e industrial vinculados al mercado interno. La industria está transitando hacia una catástrofe como lo refleja la evolución de la utilización de la capacidad instalada que en febrero fue de apenas el 60 por ciento, con varias ramas en el 50 por ciento.

El acelerado deterioro del mundo laboral fue acompañado con el persistente discurso oficial de desprecio a trabajadores y a organizaciones gremiales. Hubo definiciones despectivas del presidente Mauricio Macri y de varios de sus ministros: “ñoquis”, “grasa militante”, “vagos”, “que trabajen sábados y domingos”, “deben ser más flexibles”. Esas y otras (des)calificaciones eran reiteradas en grandes medios de comunicación pero hasta ahora no habían sido expresadas por la máxima autoridad política del país. Esa barrera se rompió ratificando el carácter clasista que exteriorizan sin pudor los integrantes de la Alianza de combate al choripán. El presidente Macri ratificó su posición anti obrera en la tribuna empresaria del World Economic Forum, en Buenos Aires, el mismo día del paro, cuando sentenció que la economía marcha hacia menos trabajadores y más emprendedores. La agresión oficial hacia los trabajadores tuvo su respuesta en movilizaciones masivas y pacíficas y en un contundente paro nacional, reacción que es reconvertida por la red de propaganda pública-privada como una escalada de agresión contra el Gobierno. El agresor se victimiza diciendo que es agredido, conducta que ha sido estudiada en profundidad por la psicología.

El Gobierno diseñó una estrategia que combina avance sobre derechos laborales con transferencia de dinero hacia las obras sociales, la asociación de dirigentes sindicales al negocio del fútbol, la colaboración del Estado para facilitarles otros negocios vinculados a actividades comerciales y la amenaza de habilitar la jauría judicial. De esa forma pensó que lograría un pacto social implícito con jefes sindicales mientras va desplegando una acelerada transferencia de ingresos regresiva y disciplinamiento de las demandas de los trabajadores. Esos acuerdos de cúpulas están siendo desbordados por la magnitud de la crisis laboral provocada por la política económica de ajuste recesivo y apertura comercial.

 

Subestimación

Hasta hace muy poco, el despido de un par de decenas de trabajadores provocaba conmoción política y mediática. Ha habido un cambio considerable en esa reacción teniendo en cuenta que se registraron 241.774 despidos y suspensiones a noviembre pasado, según el relevamiento de economistas agrupados en Economía Política para la Argentina (EEPA). Esto equivale a un promedio de 650 despidos por día y el 69,8 por ciento del total en el sector privado. Tendencia que no ha aminorado en el primer trimestre de este año. Los trabajadores más castigados fueron los de la construcción y de la industria, en especial los metalúrgicos, textiles, de automotrices, de electrónicos, de electrodomésticos y de alimentos y bebidas.

La magnitud de la crisis laboral tiene una atención mediática relativa. Algunos análisis manifiestan cierta subestimación al considerarla como  el tránsito necesario hacia una “economía normalizada luego de la experiencia populista”. En esa tarea de minimizar la destrucción de puestos de trabajo juega un papel clave el Indec de Macri al proporcionar la información para los análisis posteriores de la cuestión laboral. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) salió al cruce de la versión oficial publicando el reporte “Errores y omisiones” donde advierte de la utilización de una metodología estadística que subestima la cantidad de desocupados.

Una decisión controvertida de la administración de Jorge Todesca en el Indec fue la modificación de la proyección poblacional en el primer informe de empleo. La maniobra fue reducir la cantidad de niños y aumentar la de adultos incrementando así la Población Económicamente Activa (PEA). La fórmula de la tasa de desocupación consiste en la división entre el total de desocupados y la PEA. Al inflar el denominador, la tasa de desocupación resulta un número más bajo. Los economistas de CEPA explican que “si la encuesta releva 10 desocupados sobre un total de 100 que conforman la PEA, la tasa de desocupación es del 10 por ciento; pero si esos mismos 10 desocupados son sobre un total de 125 que conforman la PEA, la tasa de desocupación pasa a ser de 8 por ciento”.

Otro “error” del Indec de Macri detectado por el CEPA está vinculado al denominado ‘efecto desaliento’: el trabajador deja de buscar empleo por la crisis económica. Afirman que “este efecto resulta llamativo ya que en momentos de recesión, donde los hogares tienen menos ingresos, suele ocurrir que más miembros del hogar intentan buscar trabajo incrementando consiguientemente la PEA, como detalla el ‘efecto trabajador adicional’ (Lundberg, 1985)”. El Indec de Macri informó que en el cuarto trimestre del año pasado no se creó empleo disminuyendo la PEA y, por consiguiente, bajó el desempleo.

El CEPA sentencia que “tanto la modificación de la proyección poblacional como el ‘efecto desaliento’, conducta improbable en el corto plazo, constituyen variables que impactan en un menor guarismo de desocupación”. Estiman que sin las modificaciones realizadas por el Indec de Macri la tasa de desocupación de fines de 2016 hubiera sido de 2,4 a 3,4 por ciento más elevada.

Conflictos

El Presidente afirmó que la elevada conflictividad social espanta las inversiones. Durante el primer año de gobierno hubo resistencias puntuales, como al tarifazo, pero en general la mayoría de los agentes económicos y políticos ha entregado un nivel de tolerancia elevado pese al rápido deterioro de las condiciones socioeconómicas. A pesar de ello, la inversión doméstica y la del exterior registraron una fuerte caída, con excepción del ingreso de capitales especulativos. El último informe de FIDE señala que datos oficiales confirman que la inversión tuvo una caída interanual del 5,5 por ciento en 2016 y el ingreso de inversión extranjera directa disminuyó del 1,9 por ciento del PIB en 2015 al 1,1 por ciento en 2016.

Como se sabe, la recuperación del salario real es la principal herramienta para impulsar el crecimiento económico local en el corto plazo. Esto también lo saben consultores de la city inquietos con sus proyecciones de crecimiento 2017. Macri y los integrantes de la fragmentada gestión económica aseguran que la recomposición del salario real vendrá por la baja de la inflación –escenario que no se está verificando– y no por aumentos de paritarias por encima del techo impuesto del 20 por ciento. Incluso una eventual mejora de los ingresos reales que impacte en recuperación económica puede estar condicionada por “la persistencia de expectativas negativa por parte de los consumidores, el desplazamiento de la producción nacional por la importación (un caso paradigmático es el de los automóviles) y los incentivos a canalizar ahorro hacia las colocaciones financieras”, explica el informe de FIDE. Estos factores bloquearían la dinámica de la recuperación económica.

La crisis laboral fue generada por una política económica que castiga el empleo formal y el salario real. El primer paro nacional de actividades en el gobierno de Macri fue la expresión de rechazo a ese deterioro acelerado. Conflicto sociolaboral que ha ingresado en un sendero imprevisible para dirigentes sindicales acuerdistas y también para el líder de Macrilandia que asegura que la inflación baja, crece la economía, aumenta el empleo y que no hubo una huelga general.

 

azaiat@pagina12.com.ar



Domingo 8 de enero de 2017

Tarea cumplida

El gobierno de la Alianza macrismo-radicalismo ha cumplido en el 2016 con su principal objetivo en materia económica. Contra lo que muchos pueden suponer no fue disminuir la tasa de inflación, que más que se duplicó con respecto a la recibida del anterior gobierno, ni impulsar el crecimiento económico, que retrocedió casi 3 por ciento el PIB. Pese a la promesa oficial tampoco fue ampliar la frontera de la producción industrial, que se derrumbó 5 por ciento, ni mejorar el consumo en general, que registró fortísimas caídas en casi todos los rubros. La meta central no era conseguir necesariamente mejoras en las variables económicas más relevantes en el primer año de gestión, como puede especularse teniendo en cuenta que cualquier fuerza política busca datos económicos positivos para legitimarse y mantenerse en el poder. Anotar mes a mes cifras interanuales negativas en indicadores económicos, engañando con que son fruto de la herencia recibida a través de un inmenso dispositivo de propaganda público-privado, fue el costo de lo que el gobierno de Mauricio Macri vino a cumplir: “normalizar” la distribución del ingreso. Esa normalización, palabra predilecta de quienes históricamente han liderado política anti populares, consiste en un proceso regresivo en el reparto de la riqueza. La primera etapa fue exitosa como revela el último informe del Indec, pero es una tarea que no ha culminado de acuerdo a lo que se deduce de reclamos al gobierno de economistas macristas y heterodoxos conservadores entusiasmados con la actual restauración neoliberal.

Distribución

El indicador más utilizado para medir la desigualdad de ingresos es el coeficiente de Gini. Es un número entre 0 y 1, en donde 0 representa la perfecta igualdad y 1 implica la perfecta desigualdad. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) estimó, en base a los datos de ingresos por decil publicados por el Indec (utilizando la fórmula de Brown), un incremento de la desigualdad del 7,93 por ciento (pasó de 0,4245 a 0,4582) entre el segundo y tercer trimestre de este año.

La distribución del ingreso empeoró en el tercer trimestre con respecto al período inmediato anterior, y también en relación a los terceros trimestre de cada año de los últimos cinco. Es necesario remontarse al 2010 para encontrar cifras peores.

El Indec no distribuyó la información para comparar con años anteriores. Hay que recorrer con mucha paciencia el portal de internet del Instituto para encontrar la serie histórica de Distribución del Ingreso (EPH). Este desafío a la perseverancia de quienes pretenden realizar un análisis más amplio las autoridades del Indec no lo hacen para ocultar lo que es imposible de esconder, que aumentó la concentración de la riqueza durante el gobierno de Macri. Lo hacen para disimularla escudándose en la crisis de credibilidad de las estadísticas públicas desde el 2007. Lo cierto es que el Indec decretó un apagón estadístico interrumpiendo la difusión de indicadores durante un semestre y además no realizó el empalme de las series cuando volvió a publicarlos.

No había cuestionamientos a las estadísticas de ingresos. La elaboración de los cuadros sigue siendo idéntica y la tendencia que surge de las cifras no permite inducir alteraciones en la carga de datos (la observación a la subdeclaración de ingresos es la misma antes y ahora). En la serie histórica que comienza en 2003, el único dato que no está incluido es el del tercer trimestre de 2015 lo que evita la comparación con el de este año.

Estas irregularidades del Indec de Macri recibe la complicidad de muchos que clamaban por la pureza de las estadísticas y, al mismo tiempo, el silencio culposo de otros que no quisieron o no pudieron encarar la crisis de credibilidad del Indec durante el kirchnerismo.

Volver al 2010

La devaluación y eliminación de las retenciones con el consiguiente shock inflacionario, tarifazos, salarios y jubilaciones que subieron por debajo del aumento promedio de precios y modificaciones impositivas regresivas tuvieron el resultado buscado: la mayoría de la población perdió participación en el reparto de la riqueza. En el tercer trimestre de 2016, el 20 por ciento más rico acumuló el 48,4 por ciento de los ingresos de la economía y el 20 por ciento más pobre se quedó con el 4,3 por ciento. En el trimestre anterior, los dos deciles superiores explicaban el 47,9 por ciento de los ingresos, mientras que el inferior capturaba el 4,8. En lo que refiere al ingreso familiar, en el tercer trimestre de 2016 los hogares más ricos ganaron 25,6 veces más que los hogares de menores recursos. Pese al apagón estadístico del Indec de Macri, del mismo modo que durante el kirchnerismo, centros de estudios e investigadores realizan la tarea que el organismo público elude. La distribución del ingreso del tercer trimestre del año pasado se ha ubicado en niveles del 2010. En ese año, el 20 por ciento más rico embolsaba el 49,0 por ciento de la riqueza, y el 20 por ciento más pobre, apenas el 4,1.

En pocos meses, la alianza macrismo-radicalismo logró retroceder seis años en materia distributiva.

Para el bloque de poder hegemónico que está representado en el gobierno del macrismo-radicalismo no es suficiente. Quieren más. La reforma laboral, la previsional y el ajuste en el gasto público son las exigencias visibles tras ese objetivo principal, que es acentuar la distribución regresiva del ingreso. Es una cuestión que los obsesiona. Aseguran que esa es la condición para iniciar un proceso de crecimiento sostenido, en esa ilusión de regresar a los años dorados de la Argentina agroexportadora. No sólo es una opción que persistentemente pretende ignorar la historia argentina sino que colisiona con una economía internacional que está transitando desde el 2008 con paso persistente hacia el proteccionismo.

La mejora en el reparto de la riqueza que se desplegó durante los gobiernos kirchneristas ha sido resistida por diferentes facciones del poder económico. Ahora quieren poner las cosas en su lugar, como lo fue en cada momento histórico que predominó un gobierno de las elites.

Puja distributiva

Cuando a fines del 2006 los salarios recuperaron la pérdida provocada durante los años de la crisis de los últimos años de la convertibilidad y alcanzaron los niveles de 1998, la puja distributiva empezó a intensificarse. Esto se reflejó en tensiones inflacionarias que comenzaron en 2007 y se mantuvieron en los años siguientes de los gobiernos kirchneristas. Esa puja quedó de manifiesto cuando el establishment reclamó a Néstor Kirchner emprender el ajuste que resistió desplazando a Roberto Lavagna del ministerio de Economía.

Esa disputa adquirió más fuerza en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. La respuesta fue una mayor intervención estatal para mejorar la participación de la base de la pirámide de ingresos. Lo hizo a través de diferentes vías: paritarias libres fortaleciendo desde el Estado la posición de los trabajadores frente a los empresarios, Asignación Universal por Hijo, movilidad jubilatoria, subsidios a las tarifas y regulación de precios de la canasta básica. De ese modo, con años mejores y otros no tanto pero con una innegable tensión orientada hacia la redistribución progresiva del ingreso, trabajadores formales e informales, cuentapropistas, autónomos y jubilados mejoraron su posición relativa en el reparto de la riqueza.

Esto es lo que no era tolerado por el bloque de poder que demoniza ese proceso como “populismo”. Su ejército de voceros no se cansa de repetir que un esquema económico “populista” es insostenible. Este obviamente enfrentaba desafíos y restricciones para su desarrollo que se expresaron con nitidez en el segundo gobierno de CFK, período en el cual la distribución del ingreso se amesetó sin empeorar. El establishment postula la necesidad imperiosa de enterrar el populismo para abrazarse al neoliberalismo, experiencia que ya ha derivado en crisis social, económica y política en décadas pasadas.

En esa campaña de descalificar al populismo se suman con entusiasmo economistas del establishment que, con la impunidad conferida por el poder, dicen sin vergüenza que los salarios en dólares habían alcanzado niveles muy elevados que es lo mismo que proponer una devaluación para pulverizar el salario real; o afirman sin pudor que el consumo de esos años era una fantasía lo que implica que los sectores populares no se merecen tener acceso a un mejor bienestar; o aseguran que el nudo del desarrollo en Argentina es la pasión igualitaria de una parte importante de la población que convirtió la equidad en un valor político prioritario.

Enemigo

La corriente conservadora sostiene que salarios y jubilaciones aumentando en términos reales que derivan en una distribución progresiva del ingreso impiden lanzar a la economía a un sendero de crecimiento. Bajos salarios, apertura comercial e integración pasiva al comercio internacional (proveedora de materia prima) es la propuesta de las elites que el macrismo celebra e implementa. Es la receta del modelo agroexportador, hoy disfrazado como supermercado del mundo cuando en realidad la economía local fue colocada en una góndola del mercado mundial absorbiendo bienes de consumo final importados. Es un modelo que requiere condenar a la industria nacional y deprimir el salario.

La veloz redistribución regresiva del ingreso en el primer año de la alianza macrismo-radicalismo viene a dar respuesta al postulado conservador de que la búsqueda de la equidad con medidas proteccionistas e industrialistas -señaladas como “populistas” porque promueven salarios altos– no es compatible con el crecimiento. Es una tesis falsa para la economía argentina y no corroborada en experiencias de países de desarrollo exitosos.

Como en 1955, en 1976 y ahora después de la experiencia kirchnerista, para el bloque de poder que hoy tiene su representante en la Casa Rosada el nivel de los ingresos de la mayoría de la población tenía que retroceder. En ese proyecto de país el salario sigue siendo el enemigo principal ayer, hoy y mañana. Macri está cumpliendo entonces con el objetivo económico principal: “normalizar” la distribución del ingreso que se había alejado del curso natural dibujado por las elites.

azaiat@pagina12.com.ar


Chocar la calesita

El impresionante endeudamiento en pesos y en dólares, en el mercado local e internacional, no derivó en una fiesta económica. El desmanejo en la gestión económica tiene como saldo recesión, fuga de capitales, mayor desequilibrio externo y aumento del déficit fiscal.Alfonso Prat-Gay y Federico Sturzenegger disputan el liderazgo de endeudador serial.
Imagen: Télam.

La deuda en pesos y en dólares emitida por el gobierno de Mauricio Macri en el mercado local e internacional no suma 44 mil millones de dólares en lo que va del año. Ni serán los 50 mil millones de dólares que calculan analistas para fin de 2016. Hasta el último día de octubre la nueva deuda emitida en once meses de gestión de la dupla Alfonso Prat Gay - Federico Sturzenegger totalizaba 87 mil millones de dólares. Hasta fin de año superaría los 90 mil millones de dólares. Este monto impactante se integra con una cuenta que no se contabiliza en las evaluaciones corrientes pero que debe sumarse para dar cuenta de la magnitud del endeudamiento público: la emisión de Lebac. Es la deuda que está acumulando a mucha velocidad el Banco Central y que es aún más inquietante que la colocada por el Ministerio de Finanzas puesto que es de cortísimo plazo. El actual stock de Lebac está generando pagos de intereses en pesos equivalentes a 1000 millones de dólares mensuales, monto que se acelera a medida que se incrementa esa deuda que se ha convertido en la cadena de la felicidad para el mundo de las finanzas.

Si cualquier analista local o del exterior, ortodoxo o heterodoxo, hubiera planteado antes de las elecciones presidenciales un escenario económico 2016 con la posibilidad de emitir deuda (Nación, provincias, empresas y BCRA), en pesos y en dólares, por un total de 87 mil millones dólares en apenas once meses, no habría dudado de que quien estuviera al frente del gobierno estaría en condiciones de desplegar una fiesta económica y asegurarse el poder por más de un mandato. Pero esa bonanza global no se ha presentado. En lo que va del gobierno de Macri se ha sumado esa inmensa masa de recursos pero la economía se ha sumergido en una recesión fuerte. Y las dudas políticas aparecieron en el amplio dispositivo de propaganda oficial con miras a las elecciones de medio término del año próximo.

En 2017 continuará el festival de la deuda. Un reporte del agente del mercado financiero Research for traders calculó que por el pago de intereses (9217 millones de dólares), el vencimiento de capital (28.520) y el financiamiento del déficit fiscal previsto en el Presupuesto de 4,2 del PIB (23.052) la emisión de deuda será de por lo menos 60.790 millones de dólares.

El saldo en dos años sería entonces de unos 150 mil millones de dólares. El endeudamiento desenfrenado es utilizado por el gobierno para pagar deudas, entregar divisas para la fuga de capitales y para cubrir el déficit gemelo (fiscal y comercial). Respecto al desequilibrio comercial creciente, el endeudamiento facilita el pago del incremento de las importaciones de bienes de consumo final que desplazan a la producción nacional. O sea, los empresarios nacionales que estaban desesperados por comprar dólares sin restricciones ahora lo pueden hacer, pero otros empresarios también lo pueden hacer para comprar en el exterior productos que hunden en la recesión a los empresarios dedicados a la producción nacional. Ambos hoy pueden comprar los dólares que aporta la deuda, aunque sólo pueden estar aliviados los importadores.

La cuenta de APG

Otro informe de Research for traders detalla que el Ministerio de Finanzas a cargo de Alfonso Prat Gay (APG) lleva emitida deuda en pesos por 220.496 millones con Bonos del Tesoro en pesos atados al CER 2020 (Boncer 2020), Bonos del Tesoro en pesos atados al CER 2021 (Boncer 2021), Bonos del Tesoro a tasa fija con vencimiento en 2018, 2021, 2023 y 2026, y Bonar 2018 y 2020 (a tasa Badlar). A un tipo de cambio mayorista de 15,175 pesos representa unos 14.500 millones de dólares.

También colocó deuda en dólares en el mercado local por 5915 millones de dólares en Letras del Tesoro a corto plazo (que ya vencieron cerca de 1200 millones), a tasas de rendimientos en dólares de 3 y 4 por ciento anual.

En plazas financieras del exterior se colocaron papeles de deuda para cancelar la capitulación a los fondos buitre, los bonos para comprar cupones ligados al PIB y los bonos en Euros por un total de 22.080 millones de dólares.

Varias provincias y grandes empresas salieron a buscar dólares luego de que el pago a los buitres abriera las puertas del financiamiento externo. Por esa vía acumulan 12.038 millones de dólares hasta fines de octubre. La orgía del endeudamiento no se detiene. Por primer vez en su historia el Banco Provincia de Buenos Aires salió al mercado local a colocar títulos de deuda en pesos. En primera fila se ubican la ciudad de Rosario, Mendoza, Tierra del Fuego, Entre Ríos y decenas de empresas que están saliendo a buscar financiamiento en el exterior.

El gobierno nacional, provincias y empresas privadas han emitido deuda por 34.118 millones de dólares en el mercado internacional, bajo legislación de Nueva York insistiendo con el pecado de la cesión de la soberanía jurídica a favor de tribunales pro buitres. Hasta fin de año habrá colocaciones por unos 2300 millones más.

De ese modo, la cuenta de deuda de APG (en pesos y en dólares) será de 44.795 millones de dólares en 2016.

La cuenta de FS

Para desalentar la compra de dólares al tiempo que retira pesos del mercado con el esquivo objetivo de bajar la inflación, el Banco Central conducido por Federico Sturzenegger emite Lebac. Al 31 de octubre, el stock de esa deuda de cortísimo plazo era de 685.000 millones de pesos, superior al total de la Base Monetaria de 669.905 millones de pesos (dinero en circulación en manos de público y de los bancos depositados en el BCRA). El monto de esa deuda que crece en forma vertiginoso es equivalente a 45.670 millones de dólares. La cuenta de FS sigue en alza en forma permanente.

Como se adelantó en esta columna en abril pasado, los intereses a pagar en este año por las Lebac serán de unos 200.000 millones de pesos, equivalente a unos 13.500 millones de dólares. En los últimos dos meses de 2016, la autoridad monetaria desembolsará unos 30 mil millones de pesos en intereses de las Lebac, activos que hoy devengan una tasa de 26,75 por ciento anual.

Esas tasas siguen siendo atractivas para bancos e inversores conservadores: poco más de la mitad de las Lebac fue suscripta por empresas y particulares a través de bancos. Las Lebac ofrecen la oportunidad para inversores extranjeros de realizar lo que se denomina carry-trade sobre el peso argentino: ingresar dólares a la plaza local, luego venderlos y con los pesos obtenidos comprar Lebac, para que en un plazo determinado recomprar más dólares con el capital e intereses de esa inversión en pesos. Esta bicicleta es facilitada por la dupla Prat Gay-Sturzenegger porque el primero garantiza la provisión de dólares vía el festival de deuda y el otro asegura la estabilidad del tipo de cambio con una tasa elevada.

Competencia

La disputa por el nivel de la tasa de interés entre Prat Gay y Sturzenegger entretiene a los analistas orientando la cuestión al impacto del elevado costo del dinero sobre la actividad económica. En realidad, la discusión entre ellos oculta detrás de la controversia acerca de la tasa de interés quién de los dos lidera el nuevo gran ciclo de endeudamiento público. Es una pelea que está muy pareja. La competencia además es quién de los dos puede orientar mejor las expectativas de los agentes económicos, tarea en la que ambos no pueden mostrar resultados positivos. El ministro de Finanzas y Deshacienda sólo exhibe una gestión efectiva en emitir deuda y sus declaraciones acerca del repunte de la economía para alentar el consumo y la inversión se derriten ante cada nuevo indicador de actividad. El titular del Banco Central puede mantener el mercado cambiario sin alteraciones por la lluvia de dólares especulativos y la tasa de interés elevada armando una impresionante bola de nieve especulativa. Mientras su estrategia de manipular las expectativas sociales respecto a que la inflación del año próximo tendrá un techo del 17 por ciento no recibe acompañamiento ni de las propias filas del oficialismo.

Esta carrera del endeudamiento seguirá el año próximo de acuerdo al proyecto de Presupuesto 2017 que tuvo media sanción en Diputados.

Carlos Heller (Partido Solidario) argumentó en su rechazo en el debate en el recinto que del total de esa nueva deuda un ínfimo 0,6 por ciento se destinará a Gasto de Capital, el 42 por ciento se dedicará a la amortización de deuda, el 18 por ciento a gastos corrientes (principalmente pago de intereses), un 3 por ciento para aplicaciones financieras y el restante 36 por ciento sin asignación específica. “Algo que ocurre en todos los Presupuestos, aunque en éste llama la atención por su elevado volumen”, indicó Heller. El vertiginoso endeudamiento tiene como contrapartida un incremento muy importante del pago de intereses. La secuencia de ese rubro en el presupuesto nacional es la siguiente:

- 2015: 96.000 millones de pesos

- 2016: 186.500 millones de pesos.

- 2017: 246.629 millones de pesos.

Esta suma equivale al 11,5 por ciento del total de los gastos corrientes y al total del monto de los salarios de la administración nacional del año próximo.

El mejor equipo

Para el mundo de la ortodoxia, el recorrido negativo de la economía en estos meses con elevado endeudamiento es consecuencia de lo que consideraran el error inicial del gobierno de no haber realizado un fuerte ajuste fiscal en el primer año de gestión cuando existía un nuevo liderazgo político. Ahora dicen que el macrismo agudizará aún más el descalabro fiscal con el objetivo conseguir un buen resultado en las elecciones del próximo año. Soportan semejante descalabro de las cuentas públicas sin agudizar críticas por simpatía política apostando a que Macri gane las elecciones de 2017, esperanzados con que luego despliegue un mayor ajuste fiscal en 2018.

Para la heterodoxia, el diagnóstico de la dupla Prat Gay-Sturzenegger acerca de las tensiones que tenía la economía fue equivocado y la estrategia de gestión por consiguiente estuvo desvariada. Indica que la política económica ha estado subordinada a provocar exclusivamente una fuerte transferencia de ingresos hacia grupos concentrados. Para señalar que la recesión, el alza del desempleo y el deterioro social son consecuencia de esa estrategia regresiva en la distribución de la riqueza.

Una y otra lectura analítica acerca del desmanejo económico, que abrió las puertas a una recesión cuya salida por ahora son expresiones de deseos, coincide con un impactante aumento de la deuda que está financiando los desequilibrios provocados y la fuga de capitales. El mejor equipo de los últimos 50 años tiene el mérito de haber chocado la calesita con un endeudamiento record de más de 90 mil millones de dólares en pocos meses.

 


Miércoles 20 de abril de 2016

LA RENTABILIDAD DEL SISTEMA FINANCIERO ES LA MAYOR EN UNA DECADA

La fiesta es para los bancos

Las ganancias de los bancos crecieron casi 80 por ciento en febrero. La bicicleta financiera por el aumento de las tasas de interés y la disparada del dólar favorecieron los negocios del sector, en detrimento de las actividades productivas.

Por Federico Kucher

Las ganancias del sistema financiero fueron en febrero las más elevadas de los últimos diez años, al ascender a 23.158 millones de pesos, con un incremento del 78,1 por ciento respecto del mismo mes de 2015. Las entidades extranjeras, según el informe que entregó anteanoche el Banco Central, registraron el mejor desempeño entre los bancos del sector privado. Embolsaron importantes beneficios por la revaloración de activos en dólares gracias a la suba del tipo de cambio, que alcanzó picos de 16 pesos al cierre del mes. El negocio de la bicicleta financiera con el aumento de la tasa de interés de las Lebac fue otro de los instrumentos centrales para potenciar la rentabilidad de estas instituciones financieras. La banca internacional les sumará a estas ganancias por operar en el mercado local importantes ingresos por cobro de comisiones por la colocación de deuda pública en 2016.

Los bancos de capitales extranjeros anotaron ganancias por 6546 millones de pesos en febrero, cuando la cifra había sido de 3929 millones en el mismo mes del año pasado, lo que equivale a una suba del 66,6 por ciento. De este total, unos 2940 millones de pesos se explicaron por la diferencia (spread) entre la tasa que pidieron por otorgar préstamos y la tasa que pagaron a los clientes que realizaron depósitos. Este negocio tradicional de la banca se vio fomentado en los últimos meses por la desregulación en los intereses que fijan las entidades, permitiendo ensanchar la brecha entre las tasas de préstamos y depósitos. La megadevalución, que implicó una suba del dólar de casi 60 por ciento en febrero respecto de la cotización de noviembre pasado, fue otro de los factores centrales para explicar el aumento de las ganancias. En el informe del Banco Central se detalló que los beneficios por diferencia de cotización sumaron 1136 millones de pesos, con un aumento del 681,7 por ciento interanual. Además la tenencia de títulos valores implicó un beneficio de 2054 millones de pesos, al avanzar 38,8 por ciento. En este último concepto se registraron los ingresos extraordinarios obtenidos por el aumento de más de diez puntos porcentuales en la tasa de interés que devengan las letras Lebac.

Los bancos privados de capital nacional, aunque con variaciones algo más moderadas que las de la banca extranjera, registraron también un avance notable de los negocios en febrero. El Central detalló que las entidades nacionales sumaron beneficios por 5705 millones de pesos, contra los 3693 millones del año pasado (56,8 por ciento). El resultado por prestar caro y recibir depósitos baratos generó una rentabilidad de 2240 millones de pesos, con un alza del 8,9 por ciento, en tanto que la diferencia de cotización no fue provechosa para estas entidades, puesto que les reportó pérdidas por 84 millones de pesos. El principal aumento en las ganancias se generó a través de la bicicleta financiera, con la colocación de Lebac a corto plazo. Los resultados por títulos valores, según lo precisó la autoridad monetaria, sumaron 2940 millones de pesos, cuando fueron 1621 millones el año pasado, es decir, una suba del 81,3 por ciento. El Banco Central insiste en que mantendrá la política de esterilización hasta que retroceda la inflación, lo cual garantiza para los próximos meses beneficios elevados y sin riesgo para estas entidades.

La colocación de deuda externa que arrancó ayer el gobierno de Mauricio Macri funcionará como otra fuente de ingresos extraordinarios para los bancos, particularmente los de capital extranjero. Por caso, el cobro de comisiones por la colocación de los créditos para pagar a los fondos buitre quedó en manos de siete entidades: Deutsche Bank, HSBC, JP Morgan, Santander, BBVA, Citigroup y UBS. Recibirán al menos 23 millones de dólares por participar en esta emisión de deuda. Bancos como el JP Morgan no sólo ganarán con las comisiones, sino que sacarán ventaja por tener acceso prioritario a la compra primaria de los bonos. Esto les posibilita al día siguiente de la colocación revender en el mercado secundario los mismos títulos a un precio más alto respecto del que se adquirió inicialmente.


 

Martes 19 de abril de 2016

POR MEGADEVALUACION Y TASAS DE LAS LEBAC

Ganancias de bancos

Los bancos privados registraron una ganancia de 12.251 millones de pesos en febrero, con un incremento del 61,9 por ciento respecto del mismo mes del año pasado. Así lo registró el último informe sobre bancos del Banco Central. El sistema financiero fue uno de los grandes ganadores de la política económica del nuevo Gobierno, gracias a la suba de la tasa de interés y la devaluación de la moneda. El resultado por diferencia de cotización ascendió a 1225 millones de pesos en febrero, un alza de 372,8 por ciento respecto del mismo mes del año pasado. Los beneficios por tenencia de títulos valores sumaron 4994 millones, al aumentar 61,0 por ciento y los resultados por intereses se ubicaron en 5181 millones (+18,9 por ciento). El negocio de la bicicleta financiera, con el que los bancos colocaron su liquidez a tasas del 38 por ciento anualizadas, fue uno de los negocios más rentables de la banca. El margen financiero (los beneficios) de estas entidades se ubicó en el 13,6 por ciento respecto del activo, la cifra más elevada para un mes de los últimos cinco años.

El incremento de las ganancias del sistema financiero privado fue embolsado por unas pocas entidades. Diez bancos explicaron el 73 por ciento de los negocio. En la lista de entidades con mayor peso en el mercado –medido por patrimonio neto– se destaca el Santander Río, al representar 12,0 por ciento del total, el Banco Macro (11,3 por ciento), Grupo Financiero Galicia (10,4), Banco Francés (10,2), Citibank (6,9) HSBC Bank Argentina (6,3), Banco Patagonia (5,7) e Industrial and Commercial Bank of China ICBC (4,5). En lo que se refiere a la banca privada nacional, las ganancias de febrero sumaron 5705 millones de pesos, con un incremento del 56,7 por ciento.


Viernes 25 de marzo de 2016

ECONOMIA  › LAS ENTIDADES ESTAN GANANDO FORTUNAS CON LA COMPLICIDAD DEL BANCO CENTRAL

Los bancos salen de caza en el zoológico

El Central elevó las tasas de interés hasta el 38 por ciento en las licitaciones de Lebacs, pero los bancos ahora no están obligados a trasladarle esa mejora al ahorrista y le pagan un 27 por ciento por el dinero que después colocan al 38

› Por Cristian Carrillo

La demanda privada de dólares que todavía persiste en el mercado y la alta inflación que se registra en la economía obligó al Banco Central a focalizar su estrategia en mantener elevadas las tasas de interés del sistema financiero. El objetivo detrás de la concepción monetarista de Federico Sturzenegger es que un nivel de tasas elevado estimulará el ahorro en pesos y le quitará presión a la divisa estadounidense. Sin embargo, la suba en la tasa rectora no se trasladó a los rendimientos que ofrecen los bancos al ahorrista. El desmantelamiento de las normas que obligaban a las entidades a acompañar la suba de las tasas de las letras del Central con un ajuste equivalente en los depósitos minoristas impidió ese traslado y hoy un ahorrista no logra por su colocación más de un 27 por ciento anual a treinta días. Por el contrario, los bancos son los más favorecidos por la suba, ya que toman dinero de los depósitos y lo colocan luego en instrumentos del Central a una tasa para los plazos más cortos del 38 por ciento. Esto sólo sirvió para encarecer los créditos, tanto productivos como al consumo, ya que el banco siempre tendrá el incentivo de comprar letras.

El primer movimiento de Sturzenegger al frente del organismo monetario fue una suba de casi diez puntos en la tasa de interés para la colocación de letras, un instrumento utilizado para absorber liquidez de los bancos y reducir la base monetaria. La medida se adelantó a la devaluación que entonces supuso una suba de 42 por ciento en el valor de la divisa estadounidense. Desde ese momento, ya acumula una mejora frente al peso de 51,1 por ciento hasta los 14,74 con que finalizó el miércoles. La idea es que un corredor de tasas más elevado, que promediaba el 37 por ciento, evitaría una corrida contra el peso hacia la divisa norteamericana. Lo cierto es que lo único que evitó una corrida mayor fue que se mantuvieron pisadas a través de distintas reestructuraciones burocráticas las importaciones. El esquema debía haberse completado, según había anunciado el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay con un ingreso de 2000 millones de dólares semanales por parte de aceiteras y cerealeras. El compromiso con el sector no se cumplió.

Con una liquidación levemente mayor a meses previos y con una demanda de los importadores al mínimo, el Central inició en cada licitación semanal una baja paulatina de tasas para evitar un enfriamiento de la economía. No obstante, la estrategia debió verse interrumpida porque la puja de los exportadores –quienes volvieron a retacear la liquidación– por un mayor tipo de cambio estimuló la demanda de dólares y las tasas de interés para los depósitos dejaron de ser atractivas. Fue entonces que en el último mes ajustó al alza los rendimientos para las letras para volver a generar interés en el ahorro en pesos. Pero la estrategia se chocó con una medida que impulsó el propio Sturzenegger, la de eliminar el ajuste de tasas para los depósitos.

En octubre de 2014 se implementó un piso de tasas, el cual se establecía como un porcentaje (que promediaba el 85 por ciento) del rendimiento que el Central ofreció en las Lebac para que los bancos colocaran el exceso de su liquidez. El objetivo era evitar que se ampliara el spread entre ambos valores y estimular el ahorro en pesos. La gestión de Sturzenegger eliminó este piso y también el techo para el costo crediticio. La respuesta fue la esperada: las tasas de los plazos fijos se mantuvo pese a la suba de las lebac y el costo de los préstamos, que compite con la posibilidad de colocar la liquidez en letras, se incrementó fuertemente. En un sondeo por los principales bancos se registran tasas para los depósitos que se ubican en torno al 27 por ciento, lo que les permite una ganancia segura de 10 puntos contra lebac. Para los créditos, la tasa se elevó del 27,5 a 31,7 por ciento para los documentos a sola firma, de 25,2 a 30,5 para los prendarios, de 40,6 a 43,8 para la tarjetas y de 22,2 a 24,3 para los hipotecarios.

El contexto de un dólar indomable y altos niveles de inflación también implicó que se mantuvieran en carpeta algunos proyectos. El Central tenía todo listo para dar a luz una moneda que se indexe por el nivel de precios de la economía, emulando el sistema de Unidad de Fomento que funciona en Chile, cuyo destino sería en un primer momento ofrecer un instrumento para ajustar las tasas de interés para los créditos hipotecarios. Pero con una inflación proyectada para este año cercana a 40 por ciento, este mecanismo sólo generaría una espiral de precios que atentaría contra el objetivo de bajarla. También se mantiene en carpeta la iniciativa de bajar los spread para la compra y venta de dólares. La idea es que un ahorrista pueda comprar desde su homebanking a la entidad que ofrezca el precio más conveniente, pero eso requiere que los valores se estabilicen y de una intervención que la actual administración no parece dispuesta a llevar a cabo.

Rechazan el acuerdo

La Central de Entidades Empresarias Nacionales (CEEN) inició ayer la recolección de firmas en adhesión a la denuncia penal iniciada por el Instituto Arturo Sampay contra el gobierno de Macri por traición a la patria en referencia al acuerdo con los fondos buitre. La presentación judicial fue iniciada por los doctores Jorge Cholvis, Arístides Corti y Eduardo Barcesat. Durante los actos por el 24 de Marzo en conmemoración del último golpe militar, la entidad empresaria dispuso una mesa en la calle Perú, entre Avenida de Mayo e Hipólito Yrigoyen, para reunir adhesiones a la denuncia. Para quienes residan en el Interior podrán enviarla a Casilla de Correo Nº6, Barrio Norte.


“La negociación con los buitres”*

Por Aldo Ferrer

La cuestión central en el conflicto con los buitres es la respuesta al siguiente interrogante: ¿su resolución es indispensable o solo conveniente para el curso futuro de la economía argentina? En el primer caso, se impondrá la demanda de los buitres y la negociación es, en realidad, una ficción. En el segundo, la negociación es real porque puede no haber acuerdo, si el costo de la demanda de la contraparte es mayor que sus beneficios.

La evidencia es abrumadora en el sentido de que los buitres son un problema de segunda importancia y, por lo tanto, que el arreglo es conveniente pero no indispensable. Por las siguientes razones:

1. En los canjes de 2005 y 2010, Argentina logró la reestructuración de deuda soberana más exitosa de la historia, sin pedirle nada a nadie. Es decir, sin la participación del FMI ni el visto bueno de los mercados financieros. La deuda pendiente no alcanza a 3000 millones de dólares, menos del 8 por ciento del total de la declarada en default en la crisis del 2001. El supuesto aumento de la pendiente a 12.000 millones de dólares, por intereses caídos, ignora que el pago a los buitres habría desarmado la reestructuración de la deuda e implicado un premio a la especulación y el castigo, a la inmensa mayoría de los inversores, que facilitaron la recuperación de la economía argentina. Estaríamos, otra vez, como en la crisis del 2001.

2. Hace una década que los fondos buitre, tenedores del 50 por ciento de la deuda pendiente, vienen litigando contra el país. Plantearon el embargo de bienes argentinos, en alrededor de 900 demandas en diversos países. El hecho más sonado fue el de la fragata Libertad. No tuvieron éxito en ningún caso. El país mantiene relaciones económicas normales con todo el mundo. Los buitres son especuladores despreciados en el escenario mundial. Operamos en un orden internacional, dentro del cual la inmunidad soberana de los Estados pone límites a la extrapolación de la jurisdicción de tribunales nacionales sobre terceros países. La razonabilidad de la posición argentina ha sido respaldada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y la opinión de los analistas más destacados en el escenario internacional.

3. Los problemas principales de la economía están en la esfera interna: el déficit del comercio de manufacturas de origen industrial y la consecuente restricción externa, la inflación, el desequilibrio fiscal, entre otros. Ninguno se resuelve por el pago a los buitres.

4. El conflicto obedece a la ausencia de normas internacionales para resolver los default de deudas soberanas. La exitosa reestructuración de más del 92 por ciento de la deuda en default cumple con exceso los límites para la resolución de las quiebras en las jurisdicciones nacionales. Las dificultades de tenedores de deuda reestructurada para recibir los pagos realizados por el gobierno argentino es responsabilidad de quien provoca la interrupción de la cadena de pagos.

5. La suposición de que después del arreglo con los buitres llegarán las inversiones es una ficción. Ningún inversor, argentino o extranjero, que tenga un buen proyecto, deja de realizarlo por el conflicto con los buitres. El buen “clima de inversiones” depende de la gobernabilidad de la economía, la paz social, la seguridad jurídica, los espacios de rentabilidad y el ritmo de transformación de la estructura productiva para incorporar tecnología y agregar valor.

6. El pago a los buitres no es suficiente para que las agencias evaluadoras de riesgo mejoren la calificación de la deuda argentina, con la consecuente baja de la tasa de interés. Es previsible que exigirán, además, un plan económico y financiero respaldado por el FMI.

Es por estas y otras razones que el acuerdo con los buitres no resuelve ningún problema fundamental ni garantiza la baja de la tasa de interés y la entrada de inversiones extranjeras. En resumen, el acuerdo es útil, porque remueve algunos obstáculos, pero no indispensable.

¿Cuáles deberían ser los límites de la oferta argentina? Los mismos que los de los canjes de 2005 y 2010, como lo planteó el gobierno anterior. Es una oferta generosa. Representa una excelente ganancia para los buitres, considerando el precio ínfimo al cual adquirieron sus títulos y los costos y pérdida de tiempo, que soportó el país, por pleitear con los buitres. Cuanto mayor sea el desvío de la próxima oferta del Gobierno respecto de ese límite, peor será la calificación que merecerán los actuales negociadores, en términos de la defensa del desarrollo, los derechos y la soberanía de la Argentina. El contenido del acuerdo revelará la inspiración del actual gobierno respecto de la autonomía de la política económica y la soberanía.

El Gobierno no debe hacerse ilusiones de que un acuerdo satisfactorio es posible por la “razonabilidad” de los buitres. El rechazo de estos al necesario carácter público de las negociaciones es un primer ejemplo. Para defender con eficacia el derecho y los intereses del país es indispensable que el Gobierno asuma la posibilidad de que no se alcance un acuerdo razonable y, los buitres, tomen nota que, en definitiva, no cobrarían nunca.

La negociación con los buitres es un primer paso en la definición de la estrategia de financiamiento internacional. Está planteada, al mismo tiempo, la alternativa de ratificar la soberanía recuperada con la cancelación de la deuda con el FMI o volver a solicitar su asistencia, con las condicionalidades incluidas. Es preciso, por lo tanto, que el Gobierno explicite la totalidad de su política de financiamiento internacional y la procese por las vías institucionales correspondientes.

Durante la Guerra Fría, el presidente Kennedy afirmó: “Nunca hay que tener miedo de negociar y nunca hay que negociar con miedo”. No hay razón alguna para que los negociadores del nuevo gobierno actúen con “miedo”. Es decir, que supongan que el arreglo con los buitres es una cuestión de “vida o muerte”. Existe un nivel de deuda externa pública y privada entre los más bajos del mundo y los bancos están rentables, con carteras sólidas, fondeados en pesos, sin burbujas especulativas ni descalce de monedas. Podríamos estar más fuertes si conserváramos el “superávit gemelo” en el presupuesto y el balance de pagos y aumentaran la reservas internacionales. De todos modos, el país conserva la fortaleza suficiente para negociar sin miedo ni urgencias.

* Texto publicado por Página/12 el 20 de enero de 2016.

El regreso del neoliberalismo por Aldo Ferrer en pdf


Ganó la banca

Martes, 23 de febrero de 2016

 Por Alfredo Zaiat

El Informe de Bancos difundido ayer por el Banco Central ofrece un valioso dato para saber cuánto ganaron las entidades financieras con la primera vuelta de la megadevaluación del gobierno de Mauricio Macri: en diciembre, las utilidades acumuladas sumaron 4847 millones de pesos por esa medida cambiaria. Las ganancias no fueron todavía más abultadas porque la gestión anterior de la autoridad monetaria obligó a los bancos a desprenderse de activos dolarizados. Pese a ello, las ganancias en el rubro “diferencia de cotización” subieron 528 por ciento respecto de noviembre, mes previo al fortísimo ajuste de la paridad cambiaria.

La extraordinaria rentabilidad entregada a los bancos en un solo mes (equivalente al 3,2 por ciento del activo neteado –activo y pasivo se netean de las duplicaciones contables por operaciones de pase, a término y al contado a liquidar–) es una de las consecuencias de lo que algunos califican livianamente como un “éxito” la salida del denominado “cepo”.

La megadevaluación ha provocado una importante redistribución regresiva del ingreso. Una manifestación de esa transferencia a sectores concentrados es la abultada ganancia contabilizada por los bancos. Además de anotar esa utilidad equivalente al 65 por ciento del total registrada en el último mes del año, el sistema financiero fue beneficiado con una batería de medidas que le permite estar tranquilos con que han recuperado el control del Banco Central:

  •  La desarticulación del sistema de administración del mercado cambiario.
  •  La eliminación del control de capitales.
  •  La liberación en la fijación de la tasa de interés y de las comisiones.
  •  La determinación de poner fin a la obligación de ingresar o de liquidar en el mercado de cambios las divisas obtenidas por deudas financieras captadas en el exterior.
  •  La desregulación total para el ingreso y salida de fondos externos.

El sistema financiero consiguió así el marco para desarrollar sus negocios en condiciones aún más favorables que durante el gobierno anterior. Pero eso no es todo. La nueva conducción del Banco Central ha desarmado funcionalmente la superintendencia de entidades financieras y cambiarias, relajando los controles y fiscalización (por caso, despidieron a gran parte del personal que se encargaba de investigar y perseguir las “cuevas”). La banca puede ahora anotar otro triunfo: la Unidad de Información Financiera (UIF) que tiene la misión de combatir el lavado de dinero empezó a ser desarticulada con despidos focalizados en las áreas que se ocupan de investigar ese delito, pecado que los bancos conocen bien de qué se trata.


4 de octubre de 2015

Sin empleo no hay demanda

Alfredo Zait

El saldo entre las exportaciones e importaciones en el período enero-agosto de este año suma apenas 1487 millones de dólares. Es un monto 70 por ciento inferior al contabilizado en el mismo lapso de 2014. Este resultado se explica por

a) la caída abrupta de los precios internacionales de los productos de exportación,

b) la intensa recesión de la economía brasileña que derivó en una menor demanda de bienes argentinos, en especial automotores,

c) el mediocre comportamiento del comercio internacional afectado por la crisis de los países desarrollados, y

d) el menor dinamismo de la economía de China.

Frente a ese escenario externo desfavorable la respuesta convencional aconseja una brusca devaluación para recuperar el superávit del comercio internacional. Sostiene que el ajuste del tipo de cambio mejora la competitividad de la producción nacional y, por lo tanto, aumentarán las exportaciones. A la vez, al subir fuerte la paridad cambiaria descenderán las importaciones porque se encarecerían. Así se lograría contabilizar nuevamente un signo positivo robusto de la balanza comercial. Esta propuesta tradicional de la ortodoxia y de la heterodoxia conservadora posterga en el análisis que esa devaluación provocaría una brutal transferencia de ingresos hacia un sector minoritario de la población: grandes exportadores y grandes acumuladores de dólares. Apenas 25 grandes firmas concentran el 52 por ciento del total de las exportaciones, y las 100 primeras reúnen el 73 por ciento. Además, y lo más relevante, es que el shock inflacionario, caída del nivel de actividad e incremento del desempleo que derivaría de esa medida no tendría como resultado un incremento del volumen de exportación. Existen varios estudios académicos analizando las economías latinoamericanas, incluyendo a la argentina, que demuestra que las exportaciones no crecen inducidas por el nivel de la paridad cambiaria, sino que lo hacen según el dinamismo del comercio internacional.

Es precisamente la actual debilidad del intercambio de bienes y servicios a nivel mundial, en la actual fase de la crisis internacional donde las naciones emergentes están padeciendo los coletazos de la debacle provocada en los países centrales, lo que está afectando el sector externo. La Organización Mundial de Comercio indicó en un reciente informe que el volumen del comercio mundial de mercancías creció ligeramente en 2,8 por ciento en 2014 y estima un 3,3 por ciento en 2015, proyecciones que están siendo revisadas a la baja por la caída de los precios de las materias primas y el menor crecimiento de China. Esa performance del comercio se ubica muy por debajo del promedio anual del 5,1 por ciento registrado desde 1990 hasta el estallido de la crisis en 2008. Entre 2012 y 2014, el comercio creció en promedio apenas el 2,4 por ciento, el ritmo más lento registrado en un trienio en el que hubo expansión del comercio (es decir, excluyendo años como 1975 y 2009, en los cuales el comercio mundial de hecho disminuyó). El Informe de la OMC concluye que “parece que ya no es válida la relación de aproximadamente dos a uno que existió durante muchos años entre el crecimiento del comercio mundial y el crecimiento del PIB mundial, como lo demuestra el hecho de que el comercio y la producción hayan crecido a un ritmo comparable durante los últimos tres años.

Aquí se bifurcan los caminos analíticos y de gestión. Uno propone ingresar en una guerra de monedas con devaluaciones, sendero que han emprendido varios países latinoamericanos. Es una estrategia que se puede resumir “trato de salvarme solo”, concentrando riqueza y afectando las condiciones sociolaborales de la población. Otra vía postula la promoción de una política económica expansiva de fomento de la demanda interna, que si es imitada por la mayoría de los países genera condiciones para incrementar el comercio interregional y, por lo tanto, crecerían las exportaciones.

Para esta segunda opción se requiere de coordinación y vínculos de confianza entre los países de la región, gobiernos que deben vencer la resistencia de las élites locales y alejarse de las recetas de la ortodoxia. Por ese motivo es tan perturbadora la estrategia elegida por Brasil, puesto que siendo la potencia económica latinoamericana su política de ajuste fiscal, monetario y cambiario genera una inquietante desestabilización en el resto de la región.

El informe de la Unctad (Organización para el Comercio y el Desarrollo de las Naciones Unidas) es un buen antídoto para neutralizar las interpretaciones convencionales, y ofrece una respuesta sobre qué hacer frente al contexto externo desfavorable. Dice que el comercio internacional no se ha desacelerado o casi estancado a causa de mayores barreras al comercio o de problemas de la oferta, sino que su lento crecimiento es el resultado de la débil demanda mundial. No ha sido necesario establecer barreras de proteccionismo para blindar a las economías de la inundación de productos importados. El derrumbe del modelo financiero basado en las exportaciones lo hizo en la práctica. Esto demuestra que ya no se trata solo de una crisis financiera, sino que es una crisis estructural que involucra a toda la economía mundial. En ese contexto, señala que estimular las exportaciones mediante reducciones salariales y/o una “devaluación interna” sería inútil o incluso contraproducente, en especial si son varios socios comerciales los que persiguen esa estrategia al mismo tiempo.”La mejor manera de expandir el comercio mundial es mediante una sólida recuperación de la producción a nivel nacional impulsada por la demanda interna”, indica.

El diagnóstico de la Unctad revela que la caída del comercio mundial adelanta el fin del modelo de crecimiento basado en las exportaciones. Antes del estallido de la crisis 2008, se justificaba la adopción de modelos de crecimiento orientados a las exportaciones. Muchos países competían por exportar más y acumular la moneda de reserva (dólares), apostando así a su propio crecimiento. Esta expansión se basaba en la demanda global y el auge del comercio externo, que obedecía a patrones de financiamiento insostenibles, que terminaron colapsando. Ahora, ante esta crisis de paradigma del crecimiento mundial, los países deben introducir cambios fundamentales en sus estrategias de desarrollo, con el fin de adaptarse a este cambio estructural. Las economías se hicieron demasiado dependientes de las exportaciones y ahora deberán dar un paso atrás para permitir un mayor protagonismo de la demanda interna y el comercio regional.

“El cambio estructural debe apelar a una nueva estrategia de crecimiento que favorezca el desarrollo interno y apele al factor más clave y central (y que es el más olvidado en las cumbres, debates y análisis de la situación actual), que es la creación de empleo”, recomienda la Unctad.

El documento destaca que a diferencia del crecimiento impulsado por las exportaciones, las estrategias de demanda dirigidas pueden ser realizadas por todos los países al mismo tiempo y sin efectos de empobrecer al vecino. Si muchos países en desarrollo logran coordinadamente ampliar su demanda interna, sus economías podrían convertirse en los mercados de la otra y estimular el comercio regional. Por lo tanto, cambiar el enfoque de las estrategias de desarrollo de los mercados internos no significa minimizar la importancia del papel de las exportaciones. Indica que el fomento de la capacidad adquisitiva de la población es un elemento clave. Esto se puede lograr a través de una política de ingresos, con transferencias sociales específicas y planes de empleos del sector público. La creación y redistribución de ingresos para las familias de ingresos medios es fundamental además para esta estrategia de desarrollo, ya que los hogares tienden a gastar una mayor proporción de sus ingresos en el consumo, en bienes y servicios producidos en la región.

El aumento de la demanda agregada que generaría este desarrollo interno podría proporcionar un incentivo para invertir en la expansión de la capacidad productiva y en la adaptación a los nuevos patrones de demanda local. Esto requeriría de inversión, lo que podría ser un canal de flujo para el sistema financiero. Pero la Unctad sugiere que sean las bancas centrales de cada país los que abran el horizonte, y no se limiten sólo al control de la inflación, sino que adquieran un rol central en el cuidado del empleo y el financiamiento de la economía real. El cambio de eje en la orientación de la economía que plantea la Unctad es clave y confirma el fin del paradigma monetarista: las bancas centrales deben abandonar como único objetivo de política las metas de inflación y dar importancia al tema del empleo, dado que sin empleo no hay demanda.

azaiat@pagina12.com.ar


18 de junio de 2015

Fugas con banca mundial

La ex funcionaria y denunciante de la UBS Stéphanie Gibaud les explicó a legisladores de la comisión bilateral que investiga la fuga de divisas los mecanismos de captación y evasión.

Por Eduardo Febbro

 

Página/12 En Francia

Desde París

Los miembros de la comisión bicameral que investiga la fuga de capitales escucharon, en la sede diplomática argentina en Francia, un relato detallado de las astucias y los mecanismos mediante los cuales los bancos, en este caso preciso la UBS –Unión de Bancos Suizos–, captan capitales u organizan la fuga de los mismos hacia sus sedes centrales. La narración, varias veces emotiva, la ofreció Stéphanie Gibaud, ex empleada de la UBS cuyas revelaciones desataron un escándalo mayor en Francia, luego de que el banco fuera acusado en los Estados Unidos de haber ayudado a 17.000 norteamericanos a disimular más de 20.000 millones de dólares. El banco pagó una multa pero sus responsables, en especial Raoul Weil, encargado de la gestión de las fortunas, quedó libre de culpa y cargo en noviembre del año pasado. Al respecto, Gibaud señaló que “todo sigue igual”, porque se le cobra penalidades a los bancos pero “no a quienes organizaron la estafa”, o sea, a los directivos. Según afirmó la ex responsable de marketing de UBS Francia, “existe un matrimonio consanguíneo entre las finanzas y el poder político, y lo mismo ocurre con las autoridades de control”. De hecho, los bancos ya tienen integrados en sus balances las sumas de las multas que pueden pagar para que, al final, nada cambie.

Robert Wolf, presidente de UBS América, fue uno de los principales financistas de la segunda campaña electoral del presidente Barak Obama. Gibaud ofreció aportar a la comisión bicameral presidida por Roberto Feletti “las pruebas que ya entregué a la Justicia francesa sobre las maniobras ilegales que propician la fuga de capitales”. Estos montajes de la UBS no son muy distintos de los que ése y otros bancos realizan en otras partes del mundo.

UBS fue uno de los bancos más comprometidos con la crisis de los llamados subprime (hipotecas) que desencadenó la crisis financiera de 2008 y, además, gestionaba el fondo Madoff en Luxemburgo, de Bernard Madoff, financista norteamericano condenado en 2008 a 150 años de cárcel por una estafa de 65 mil millones de dólares. Gibaud explicó la enorme dificultad que acarrea controlar los flujos financieros que van de un lado al otro de planeta, protegidos por un sistema muy hábil basado en “intermediarios” instalados en Suiza que organizan, con toda impunidad, la fuga de capitales y la consiguiente evasión fiscal. Según Gibaud, todo “esta administrado por la oficina de Ginebra” y son “los abogados suizos quienes se organizan entre ellos para tapar las pistas”. La mujer contó que, incluso si la UBS no tiene una representación en determinado país, hay “enviados especiales” que viajan continuamente para captar fortunas y organizar la salida del dinero.

En un momento de su intervención, la mujer contó que en el seno de la UBS existe una suerte de “manual de James Bond”, que detalla las refinadas argucias que se emplean para pasar desapercibido. Mostró un aparatito con el sello de la UBS que se utiliza para copiar todo el contenido del chip del teléfono celular del “enviado especial” –direcciones, teléfonos, agenda de citas–, para el caso de que fuera detenido o interrogado por autoridades locales. Sin ningún dato comprometedor, al superar el “peligro” podrá recuperar del aparato especial todo el material almacenado para volver a tenerlo disponible.

Gibaud también explicó cómo esos bancos mundiales financian torneos de golf a los cuales invitan a acaudalados señores y señoras. Durante el largo recorrido del torneo, los representantes del banco enganchan a sus futuros clientes. El principio inspiró el consejo dado por Feletti a la AFIP: “En adelante, tendrán que mirar más de cerca los torneos de golf”. La denunciante del UBS les dejó a los legisladores de la Bicameral argentina una última metáfora a modo de conclusión: “Suiza considera a los países como vacas lecheras”.

 

Entrevista a Roberto Feletti

“Se fue de las manos”

Por Eduardo Febbro

Desde París

Roberto Feletti, titular de la comisión bicameral que investiga el lavado y fuga de divisas, conversó con Página/12 sobre el delito financiero.

–¿A cuánto asciende la evasión fiscal que está investigando la comisión?

–Conforme con los cálculos de la AFIP, sólo la evasión del HSBC llega a 60 mil millones de pesos. Para que tengamos una idea, el déficit primario de la argentina para 2014 fue de 38 mil millones. En suma, sólo con la evasión del HSBC se podría haber cubierto el déficit primario de la Argentina. Por otro lado, las estimaciones privadas dicen que hay 200 mil millones de dólares de argentinos en el exterior. Estamos hablando de casi un tercio del producto bruto argentino.

–Se trata en realidad de una industria globalizada de la estafa a los Estados.

–Hay un comportamiento predatorio de las finanzas globales. Hoy (por ayer), Stéphanie Gibaud dijo que los bancos suizos “están ordeñando a Europa como a una vaca lechera”. Si miramos a la Argentina, vemos que esas fugas de capitales fueron producto de varias crisis recurrentes que provocaron caída de salarios y deterioro en el empleo: acumularon riquezas y las sacaron del país. Hay un mecanismo en el cual está saliendo dinero permanentemente hacia paraísos fiscales proveniente de los horizontes productivos. Con su despliegue global, los bancos cumplen un papel central. Hoy, un banco de inversión se dedica todo el tiempo a intermediar para ubicar fortunas y patrimonios en paraísos fiscales y financieros. Ese comportamiento depreda lo productivo y genera una gran diferencia entre el mundo de las finanzas y los activos reales de la humanidad.

–Pero Occidente juega un billar con muchas bandas.

–Es una suerte de circuito viciado que se fue de las manos, incluso de la de los propios reguladores de Occidente. La situación de Europa hoy, la situación de Grecia a punto de caer en default, el cuestionamiento al euro, el cuestionamiento a grandes fortunas europeas como los Ricci, muestra que esto se les ha ido de las manos. El capitalismo financiero es una suerte de Golem autonómico de los poderes políticos de las naciones industrializadas. Lo que hace es provocar especulaciones en distintas partes del globo generando crisis y acumulando capital. Son los bancos occidentales quienes hacen viables ese tipo de comportamientos. En la Argentina su postura es bastante hipócrita, porque los mismos que reclaman ajustes son los que facilitan la evasión. Sin eso, la Argentina tendría superávit fiscal.

–¿Cómo es, en la práctica, la mecánica de la evasión?

–La mecánica concreta es: montar una red de sucursales, vincularse a través de esa plataforma con patrimonios importantes y ofrecer servicios globales. Se trata de enseñar a través de facilitadores, de sociedades Offshore, de estudios de abogados, cómo disfrazar ingresos. Por otro lado, a través de las distintas redes de sucursales, luego se trasladan esos ingresos a paraísos financieros o fiscales y, de paso, se impide que los fiscos puedan conocer quiénes son. Si uno mira el HSBC en la Argentina, este banco montó un sistema por el cual sus auditores no hacen el relevamiento de integración de legajos, ni políticas de conocimiento del cliente.


La ola verde

Informe especial Deuda externa y control cambiario

El intento de ponerle limitaciones a la compra de dólares para importar o ahorrar levantó una ola de reproches. Los sectores conservadores invocan la libertad de mercado como si ésta estuviera plenamente vigente en la crítica coyuntura mundial actual. Quienes proponen levantar los controles cambiarios quieren en verdad, aunque no lo dicen, una megadevaluación en beneficio de ellos mismos. Es preciso que nuestras políticas económicas estimulen la generación del capital interno necesario a fin de obtener financiamiento que garantice el crecimiento de las actividades productivas.

Por Mario Rapoport *

La última declaración de la subsecretaria para Asuntos del Hemisferio Occidental de los Estados Unidos, Roberta Jacobson (“La economía argentina está en muy mala forma”), explica, sin decirlo en forma explícita, porque ese país se opone a la política de desendeudamiento argentino: cree necesario en cambio eliminar todos los controles sobre la economía. En especial, regresar a la desregulación del mercado cambiario y a un nuevo flujo de fondos externos. En suma, volver a políticas que nos llevaron a endeudarnos sin ton ni son como en el pasado para caer de vuelta en otra crisis como la del 2001. Una economía sin controles como la que nos pide, termina siendo controlada por otros.

La cuestión de la deuda externa constituye como sabemos uno de los nudos de nuestra historia económica, política y social. La perenne demanda de fondos de la Argentina, surgió de una aparente dificultad para acumular capitales que impulsó a sus gobiernos a suplirlos con endeudamiento, incluso cuando una y otra vez se mostró que tal intención resultaba, a la larga, profundamente gravosa y en ocasiones existían capitales propios. Además, la deuda no se fue construyendo mayormente al compás de nuestras necesidades, sino de la mayor o menor existencia de fondos líquidos en las potencias capitalistas, lo que explica su marcada inestabilidad, modelando el proceso del endeudamiento argentino y sus bruscas oscilaciones.

Los capitales de aquellas potencias se dirigen a la periferia buscando nuevas oportunidades de rentabilidad, ayudados por las políticas mencionadas por Jacobson de apertura, desregulación y estabilidad cambiaria promovidas para asegurar la colocación, movilidad y repago de sus capitales. Si en ocasiones han constituido un factor de crecimiento, por lo general fueron una vía de ganancias fáciles para los acreedores, y de movimientos especulativos, corrupción y escape del ahorro interno, a través de la fuga de esos capitales por las compañías transnacionales y las elites locales asociadas a ellas. Desde la última mitad del siglo XX resultaron, también, una herramienta de disciplinamiento económico por parte de los organismos financieros internacionales, obligando a los deudores a aplicar duras políticas de ajuste para garantizar los compromisos asumidos, y un modo de descargar las crisis sistémicas en los países periféricos.

En ese contexto, el proceso de endeudamiento ha ocasionado más daños que beneficios a nuestro país, bien controlados por esos organismos que no exigen en un principio ningún tipo de control. Lo que tratan de asegurar es que los flujos que ingresan partan de vuelta multiplicados con creces a sus lugares de origen. Asemejan, así, un agujero negro, como los del espacio, que traga a la larga nuestras riquezas.

En los últimos tiempos, con el predominio de las finanzas sobre la actividad productiva en la economía mundial se ha producido lo que Carlos Marichal llama “el dilema [...] entre soberanía nacional y globalización financiera”. El endeudamiento externo ha ido sacrificando cada vez más la soberanía jurídica de los países deudores a los intereses de los acreedores. Lo que benefició a un nuevo tipo de piratería financiera de forma aparentemente legal promovida por los llamados fondos buitre. Estos, surgidos del proceso de desregulación del sistema financiero que causó ya varias crisis a nivel regional o mundial, y en especial la última de 2008, realizan un nuevo juego especulativo que les da altos beneficios apoyados en su influencia política sobre los aparatos judiciales donde se resuelven los pleitos de la deuda. Y la solución del mismo no radica en caer en la trampa a la que nos quieren llevar, que afecta seriamente la reestructuración de la deuda (y otras futuras reestructuraciones en todo el mundo) sino en eliminarlos del escenario económico mundial permitiéndonos recobrar plenamente nuestra soberanía jurídica.

Los precandidatos presidenciales y economistas opositores hacen frente a las críticas de que carecen de un programa económico sustentable y ahora parece que lo poseen: es el de la Jacobson. Pero ese programa no contiene más que un solo postulado: devaluar y eliminar el llamado “cepo” cambiario, como si no tuvimos en el pasado un ejemplo palpable de los resultados de ese tipo de fórmulas, que introdujeron el más conocido cepo, el del dólar (o en otras palabras la dolarización de la economía), produciendo la crisis del 2001. Esto tuvo varias etapas previas, basadas en el endeudamiento externo y las políticas de liberalización y desregulación, hasta el fracaso del tipo de cambio fijo y de la convertibilidad.

En la época de la Inquisición el cepo era uno de los instrumentos más comunes de tortura, que permitía atar de pies y manos, para inmovilizar a los presuntos culpables y fue eliminado en la Argentina por la Asamblea del año XIII. Ahora la palabra se ha generalizado y es necesario explicar bien lo que significa. En realidad, cuando se habla de “cepo”, para referirse a los controles cambiarios, se está mencionando una cosa muy distinta, que ya practicaron anteriormente frente a restricciones o crisis externas, distintos gobiernos, empezando por los gobiernos conservadores, en los años ’30. Con él se procuraba estabilizar la economía frente a la caída del comercio exterior o de los términos del intercambio para relanzarla luego a través de la actividad estatal. Esas medidas se levantarían y volverían a implementarse bajo gobiernos de distinto signo según las coyunturas externas.

El intento de ponerle limitaciones a la compra de dólares para importar o ahorrar, y cierto control al movimiento de capitales, levantó ahora, desde un principio, una ola de reproches y la existencia de un dólar ilegal. Son aquellos que invocan la libertad de mercado como si ésta estuviera plenamente vigente en la crítica coyuntura mundial actual, donde el intervencionismo y el proteccionismo han tomado la delantera. O como si la no intervención en la economía fuera algo distinto que la intervención en favor de los más poderosos, que son los que reinan cuando la sociedad no les pone límites en función del bien común.

Los que proponen levantar los controles cambiarios quieren en verdad, aunque no lo dicen, una megadevaluación en beneficio de ellos mismos y en contra de las necesidades de la mayoría de la población que no vive de dólares sino de pesos, los que perderían inmediatamente gran parte de su valor. Es el cepo verdadero. Atar de pies y manos la economía de la mayoría de los argentinos a favor de una pequeña minoría; la única capaz de movilizarse en dólares.

La Argentina es un país mucho más dolarizado que, por ejemplo, México o Brasil, que usan su propia moneda para las operaciones inmobiliarias, y donde la gente común no piensa en dólares. El uso de las divisas tiene que servir únicamente en las transacciones con el exterior que sean necesarias y beneficiosas para el país, no para el ahorro de los particulares, ni para el mercado inmobiliario porque las casas no se construyen con dólares.

En este sentido, los escollos no son sólo externos sino fundamentalmente internos. Ante la falta de capital empresario propio, que prefiere resistir cualquier medida que contribuya al bienestar general o irse del país, el Estado tiene que suplir esa carencia. Para ello es preciso que nuestras políticas económicas estimulen la generación del capital interno necesario, a fin de obtener un financiamiento que garantice el crecimiento de las actividades productivas y no la especulación o la fuga de capitales. Los dólares necesarios para las inversiones de infraestructura, en electricidad, puertos, caminos, petróleo y la creación de industrias de nueva tecnología no vendrán principalmente de tomar fondos externos, aunque éstos, sobre todo en forma de inversiones directas sean necesarios para ciertos emprendimientos. Está en manos de muchos argentinos cuyos capitales se hallan reposando momentáneamente en las cajas fuerte de los bancos o en los paraísos fiscales o financiando actividades en otros países. Para lo cual no sirve la excusa de una crítica de las políticas económicas del actual gobierno, porque hace muchos años que un puñado de empresas nacionales y extranjeras tuvieron grandes ganancias que tampoco fructificaron con las políticas neoliberales, sin producir durante casi tres décadas crecimiento alguno de nuestra economía. Lo que no ocurrió en la última década con políticas basadas sobre todo en la inversión y el gasto público y en el aprovechamiento de mejores condiciones internacionales, que ahora se frenaron. Pero esto no puede reprochársele, porque aún con ciertos errores se creció sostenidamente entre el 2003 y el 2011.

Si a esto le agregamos la evasión fiscal y las debilidades del régimen tributario, que necesita una reforma en serio porque no es verdaderamente progresivo y un cúmulo de salarios privilegiados, transacciones financieras y de otro tipo no tributan, podemos tener un mejor panorama con respecto adonde van las ganancias y los dólares que resultan de ella. La solución está en utilizar el ahorro interno.

Las palabras pueden usarse en un sentido contrario a lo que significan: es la dolarización, con tipo de cambio fijo y convertibilidad, que sólo pospusieron la inflación a través del endeudamiento externo, y a costa del desempleo, la especulación financiera y la desindustrialización, las que arruinaron a la economía argentina y a la que los nostálgicos del neoliberalismo quieren volver.

* Profesor emérito, UBA, director de la Maestría en Historia Económica, FCE, UBA.

 

 

Domingo 19 de abril de 2015

¡Se la siguen llevando!

Por Alfredo Zaiat

Una de las primeras medidas del Banco Central conducido por Alejandro Vanoli fue fijar un piso para la tasa de interés de los plazos fijos hasta 350 mil pesos. En octubre pasado, la tasa que los bancos estuvieron obligados a remunerar a los pequeños y medianos ahorristas subió 5 puntos porcentuales en promedio para ubicarse en el 23 por ciento anual. Fue una de las iniciativas más efectiva para reducir las expectativas de devaluación, además de sumar reservas de libre disponibilidad a partir del acuerdo de intercambio de monedas con el Banco Popular de China. También fue muy importante la desaceleración de la tasa anual de inflación para alcanzar la paz financiera del verano, estabilidad que ha fastidiado al equipo de pronosticadores Broda & cía. Desde entonces, el stock de plazos fijos del sector público y privado ha tenido un sostenido recorrido ascendente, hasta totalizar 431.578 millones de pesos a fin del mes pasado, 26,5 por ciento más respecto a marzo de 2014. La renta semestral acumulada para los ahorristas fue de 12,9 por ciento. Ganancia que medida en dólares blue sólo para el primer trimestre del año se eleva a 13 por ciento debido al retroceso de la cotización del billete en el mercado marginal. Uno de los aspectos más notable de esa medida es que, pese a las quejas de banqueros trasmitidas por el canal habitual de economistas de la city, los bancos no contabilizaron pérdidas por pagar más por el dinero de los ahorristas.

El artículo 7 de la Carta Orgánica del Banco Central dispone, entre otras atribuciones del directorio, “fijar las tasas de interés y demás condiciones generales de las operaciones crediticias del banco”, se recordaba aquí el 28 de septiembre pasado. La autoridad monetaria tiene la facultad de determinar el nivel de la tasa de interés de los bancos, ya sea la que retribuyen a los ahorristas o la que cobran por los créditos. Pero lo hacía sólo para los préstamos. A principios de octubre, la primera medida del nuevo directorio del Banco Central fue la de fijar tasas mínimas a remunerar a los ahorristas, abandonando de ese modo el papel de actor pasivo ante las tensiones del mercado cambiario que amenazaban con una nueva corrida para fin de año. Esa decisión fue un aporte importante para obturar una de las vías que utilizan las entidades financieras para alimentar la corrida cambiaria. La menor retribución a los depósitos que los bancos decidieron aplicar en junio pasado estaba sumando leña al fuego del mercado del dólar. Según datos del Banco Central, el promedio de tasas de interés que ofrecían los bancos para depósitos a 30 días se ubicaban en 18 por ciento, y algunas entidades de primera línea estaban pagando apenas 15 por ciento. Era lo mismo que invitar a los ahorristas a que corran a cambiar los pesos por dólares.

El oportuno cambio de timón en el Banco Central, que vino acompañado inmediatamente por la medida de forzar un alza de la tasa de interés para los plazos fijos, alteró la estrategia de la nutrida secta de devaluacionistas. Analistas y economistas estrechamente vinculados a la banca decían que era un disparate determinar la tasa pasiva. Mostraron una vez más que saben defender muy bien las ganancias de los bancos sumergiendo el debate en un mar de confusiones. Como muchos financistas estaban jugando a otra devaluación, la reacción inmediata a la obligación de subir la tasa de interés para los depósitos fue alertar que ese tipo de medidas afectaría la rentabilidad, lo que terminaría afectando la confianza y, por lo tanto, alentaría la compra de dólares. Nada de eso sucedió. La prueba más contundente está en los propios balances de las entidades financieras.

El último Informe de Bancos distribuido por el BCRA, a enero de este año, reveló que, según los ejercicios consolidados de las entidades, no hubo un descenso de las ganancias por el piso a la tasa de interés para colocaciones plazo. El resultado fue otro. Contabilizaron un alza en el rubro “resultado por intereses”, que es el saldo entre lo cobrado por créditos y lo pagado por depósitos. El recorrido mensual de la utilidad en ese segmento del negocio bancario fue, en millones de pesos,

- Octubre 6310
- Noviembre 5988
- Diciembre 6472
- Enero 6556

El mes previo a la implementación de la medida, el saldo había sido de 5627 millones de pesos, el monto más elevado del período enero-septiembre de ese año, cuando el Central estaba ausente en la regulación de esa tasa de interés. En los cuatro meses siguientes no hubo ninguno que haya contabilizado un monto por debajo de ese pico de septiembre. Esto refleja que los bancos siguieron con resultados positivos por la intermediación del dinero entre depositantes y tomadores de préstamos. Ganando más, no menos como advertían analistas que dicen interpretar el pulso del mercado financiero. En porcentaje del activo neteado, el resultado por intereses fue de 5,8 por ciento en septiembre, subiendo a 6,1 por ciento en enero pasado.

El saldo positivo fue de toda la banca sin distinción entre pública y privada, y en está última, entre capital nacional y extranjero. En este bloque de entidades, las utilidades subieron de 4058 a 4697 millones de pesos de septiembre 2014 a enero 2015.

Ese aumento de la utilidad por la actividad de cobrar y pagar intereses por dinero no propio pudo estar originado en una disminución aplicada a la tasa para las colocaciones de más de 350 mil pesos, que compensó el costo de elevar la devengada a pequeños y medianos ahorristas. Esta es la explicación más probable porque, de acuerdo a los sucesivos Informes de Bancos publicados desde octubre pasado, las entidades no subieron en promedio la tasa de interés de los créditos. “El spreads (diferencia entre la tasa activa y pasiva) ha permanecido en niveles que están en línea con los de la segunda mitad de 2014”, indica ese documento de la autoridad monetaria. El informe monetario del BCRA de marzo, distribuido el jueves pasado, lo explica con más detalles: “Los promedios mensuales de la mayoría de las tasas de interés activas volvieron a disminuir. Las tasas de interés de los préstamos con garantía real anotaron las mayores reducciones del mes: el promedio mensual de la tasa de interés de los préstamos hipotecarios a las personas físicas se ubicó en 19,1 por ciento, mientras que el de las líneas con garantía prendaria fue 26,5. A su vez, la tasa de interés de los adelantos en cuenta corriente promedió 30,1 por ciento. Y el promedio mensual de la tasa de interés de los préstamos personales fue de 37,6 por ciento, manteniéndose en el mismo nivel que en febrero”.

Antes de fijar la tasa de interés de los plazos fijos, el Banco Central había dispuesto topes a la tasa activa para fomentar el crédito bancario. A mediados de junio de 2014 estableció límites máximos sobre las tasas de interés en los préstamos personales y prendarios para personas físicas. De acuerdo con esa norma, los grandes bancos no pueden cobrar por sus préstamos prendarios una tasa que supere en más de un 25 por ciento a la tasa de referencia de la Lebac, equivalente a cerca del 32,5 por ciento anual, más IVA y otros cargos que conforman el Costo Financiero Total (CFT). Tampoco pueden percibir por sus préstamos personales una tasa mayor a 20 por ciento del retorno de las Lebac, lo cual deja ese límite en el 37,9 más impuestos y otros cargos. Estos topes también abarcan al financiamiento por tarjetas de crédito. Bancos más pequeños tienen límites un poco más dilatados.

El Banco Central replicó la estrategia de subir la tasa en el segmento de los depósitos en dólares. A partir del nuevo sistema de administración y acceso a la moneda extranjera, las colocaciones en dólares comenzaron un sendero descendente desde el máximo de 15.903 millones el 28 de octubre de 2011, hasta detenerse en el mínimo de 7881 millones de dólares el 30 de abril de 2014. A la inestabilidad del mercado cambiario se sumaba que la tasa de interés que ofrecían los bancos para colocaciones en dólares era de 0,3 a 0,5 por ciento anual. Para fortalecer la tendencia de recuperación de esos depósitos que ya había comenzado a mediados del año pasado, el Banco Central ofreció una tasa más altas para las Letras en dólares que suscriben las entidades financieras con la condición que trasladen a sus clientes ese mayor rendimiento. Así la tasa de interés subió de casi cero a 2,5 a 3,5 por ciento anual. “Es un estímulo para que los depositantes mantengan sus ahorros en dólares dentro del sistema financiero”, dice el comunicado del Banco Central que fijó ese piso de remuneración a los ahorristas en dólares. Los depósitos en dólares sumaron 9713 millones en marzo, 15,5 por ciento más que hace doce meses.

No hubo elementos provenientes de la naturaleza para ordenar el mercado financiero. Muchos en la city están sorprendidos y otros frustrados porque estaban lanzados a reeditar jornadas cambiarias turbulentas. En el mercado se había construido una fuerte expectativa devaluacionista para influir en el proceso electoral 2015. Al fracasar con ese objetivo inmediato, ahora quieren condicionar al próximo gobierno adelantado que deberá inevitablemente aplicar una devaluación. Son los mismos que se excitan con la palabra ajuste.

La recuperación del control del mercado cambiario no fue por arte de magia. La tranquilidad financiera de estos meses, lo que no significa que no haya intentos de perturbarla en los meses pre y postelectoral, tiene su origen en la utilización de herramientas monetarias y cambiarias disponibles. Era cuestión de ejercer el poder de intervención del Banco Central en un mercado con protagonistas siempre sensibles y preparados para las corridas.

azaiat@pagina12.com.ar

 

 


El verdadero cepo es otro

 Mario Rapoport

02-04-2015 | Los precandidatos presidenciales y economistas opositores hacen frente a las críticas de que carecían de un programa económico sustentable y ahora parece que lo poseen. Pero ese programa no contiene más que un solo postulado: devaluar y eliminar el llamado "cepo" cambiario, como si no tuvimos en el pasado un ejemplo palpable de los resultados de ese tipo de fórmulas, que introdujeron el más conocido cepo, el del dólar (o en otras palabras la dolarización de la economía), produciendo la formidable crisis del 2001. Esto tuvo varias etapas previas, basadas en el endeudamiento externo y las políticas de liberalización y desregulación, hasta el fracaso del tipo de cambio fijo y de la convertibilidad.

Orígenes históricos del "cepo" y su utilización "cambiaria"

En la época de la inquisición, y en la Argentina hasta que fue eliminado en la Asamblea del año XIII, el cepo era uno de los instrumentos más comunes de tortura, que permitía atar de pies y manos, para inmovilizar a los presuntos culpables. Ahora la palabra se ha generalizado y es necesario explicar bien lo que significa. En realidad, cuando se habla de "cepo" cambiario se está mencionando una cosa muy distinta, que ya practicaron anteriormente frente a restricciones o crisis externas, hasta gobiernos conservadores, como en los años 30, y que se llamaba simplemente control de cambios. Con él se procuraba estabilizar la economía frente a la caída del comercio exterior o de los términos del intercambio.

Pero la escasez de divisas, no proviene sólo de un factor externo sino también de lo que podemos denominar el factor interno, es decir de los sectores locales que las acumulan o las fugan del país, y desconfían de la inversión productiva interna producto de su cultura rentística. A ello se agrega en la coyuntura, como una conducta que ya es habitual, los que se resisten a cambiar las divisas que obtienen por su exportaciones.

El intento de ponerle limitaciones a la compra de dólares para importar o ahorrar, y cierto control al movimiento de capitales, levantó desde el principio, una ola de reproches y la existencia de un dólar ilegal paralelo. Son aquellos que invocan la libertad de mercado como si ésta estuviera plenamente vigente en la crítica coyuntura mundial actual, donde el intervencionismo y el proteccionismo han tomado la delantera. O como si la no intervención en la economía fuera algo distinto que soltar al zorro en el gallinero, o sea la intervención en favor de los más poderosos, que son los que reinan cuando la sociedad no les pone límites en función del bien común.

Los que proponen levantar el "cepo" cambiario quieren en verdad, aunque no lo dicen, una megadevaluación en beneficio de ellos mismos y en contra de las necesidades de la mayoría de la población que no vive de dólares sino de pesos, los que perderían inmediatamente gran parte de su valor. Es el cepo verdadero. Atar de pies y manos la economía de la mayoría de los argentinos a favor de una pequeña minoría; la única capaz de movilizarse en dólares.

Atentado desinformativo de Jorge Oviedo

Están aquellos que van más allá, como el periodista Jorge Oviedo (La Nación, 30/03/2015), quien sostiene que "el problema consiste en que la política económica actual impide endeudarnos de vuelta con el exterior", un endeudamiento que tanto daño nos produjo y del cuál los países europeos quieren escapar. Al mismo tiempo señala que la pelea en New York con los fondos buitres que no aceptaron los canjes de la deuda, se agiganta y será muy probablemente un herencia difícil de solucionar. Lo que significa, en verdad, reconocer las maniobras puramente especulativas de esos fondos, con el compromiso de tomar nuevas deudas.

La falacia en la que se apoya ese tipo de artículo es que el grado de dolarización de la economía debe mantenerse, en lugar de reducirse, como sería aconsejable en beneficio de la estabilidad y del crecimiento. Argentina es un país mucho más dolarizado que, por ejemplo, México o Brasil, que usan su propia moneda para las operaciones inmobiliarias, y donde la gente común no piensa en dólares. El uso de las divisas tiene que servir únicamente en las transacciones con el exterior que sean necesarias y beneficiosas para el país, no para el ahorro de los particulares, ni para el mercado inmobiliario porque las casas no se construyen con dólares

Pero luego ese mismo periodista que citamos señala de un modo casi concluyente, "¿De dónde vendrán los dólares para que la economía vuelva a crecer? [..] ¿De dónde llegarán los fondos para financiar la salida del fenomenal atraso en infraestructura -caminos, puertos, electricidad, petróleo, gas- que dejará el "modelo"? ¿De dónde vendrán los no menos de US$ 10.000 millones por año que, como mínimo, calcula la actual administración, harán falta por años para financiar las importaciones de petróleo y energía que deja el mamarracho que el gobierno saliente produjo en el sector?" Y su respuesta es totalmente contradictoria con sus afirmaciones iniciales: "Tal vez no tengan que venir de ninguna parte. Y estén en manos de argentinos temerosos de las torpezas e impericia de la actual administración y sus funcionarios." Entonces: ¿cuál es el problema?

Es decir que reconoce que esos dólares están en algún lado, escondidos en las cajas fuertes de los bancos o en los paraísos fiscales (y que aparecen, lo que es más extraño, a través de donaciones a candidatos presidenciales de los Estados Unidos, otra novedad que trajo el mismo diario que publicó ese artículo). Y lo que habría que preguntarse es por qué no se invierten internamente. Para lo cual no sirve la excusa de una crítica de las políticas económicas del actual gobierno, porque hace muchos años que un puñado de empresas nacionales y extranjeras tuvieron grandes ganancias que tampoco fructificaron con las políticas neoliberales, sin producir durante casi tres décadas crecimiento alguno de nuestra economía. Lo que no ocurrió en la última década con políticas basadas sobre todo en la inversión y el gasto público y en el aprovechamiento de mejores condiciones internacionales, que ahora se frenaron. Pero esto no puede reprochársele, porque aún con ciertos errores se creció sostenidamente entre el 2003 y el 2011.

El verdadero cepo es este...

Por otro lado, la ley de inversiones extranjeras heredada de la dictadura militar, y retocada luego permitió repatriar por décadas sin ningún tipo de trabas las utilidades, hechas made in Argentina, de las grandes multinacionales. O sea que también aquí, con la posible reinversión de parte de esos beneficios, es factible conseguir dólares que necesitamos. Si a esto le agregamos la evasión fiscal y las debilidades del régimen tributario, que necesita una reforma en serio, podemos tener un mejor panorama con respecto adonde van las ganancias y los dólares que resultan de ella.

Allí esta la verdadera cuestión; las palabras pueden usarse en un sentido contrario a lo que significan: es el cepo del dólar, llámese dólar barato o convertibilidad, a través del endeudamiento externo, el que arruinó a la economía argentina y al que los nostálgicos del neoliberalismo quieren volver para que el zorro pueda pasear nuevamente con toda libertad por el gallinero.

 

Martes 31 de marzo de 2015

La utilización de los excedentes y la teoría del derrame

Por Mario Rapoport *

La teoría neoliberal, que de nuevo se agita en el ambiente preelectoral, es planteada por empresarios devenidos políticos que hicieron tanta plata con el Estado que ahora quieren apropiarse de él completamente. Su fundamento es que para crecer sólo vale una política económica que atienda las denominadas leyes del mercado mientras el Estado debe jugar un rol pasivo para la mayoría (y de la boca para adentro activo para unos pocos), y que el equilibrio macroeconómico, al menos bien maquillado por el aval de organismos internacionales, tiene prioridad sobre cualquier consideración social, de modo de amontonar más deuda. Lo más extraño es que plantean que así la economía tendría un crecimiento virtuoso que a la larga podría beneficiar a todos a través de la teoría del derrame. Pero en las economías periféricas (y ahora también en las centrales) el vaso nunca llega a estar lleno para que esto se produzca. Por un lado, el capitalismo genera crecientes desigualdades que hacen que una porción sustancial del agua sea bebida exclusivamente por minúsculos sectores que calman su sed desmedida o la despilfarran a través de gastos suntuarios o especulativos. Por otro, el vaso tiene múltiples agujeros casi invisibles por los que partes esenciales del líquido se filtran, a través de la fuga de capitales, alimentando la acumulación de los centros del capitalismo mundial o resguardándose en los paraísos fiscales. Por último, los planes de austeridad impuestos al conjunto de la población aseguran que el derrame no se produzca si por esas casualidades el líquido pudiera llegar a desbordar.

Tal cosa pasó en la Argentina durante los 27 años precedentes a la llegada al gobierno de Néstor Kirchner, con la adopción de los postulados neoliberales de la última dictadura militar, que hicieron estragos en los gobiernos democráticos que la sucedieron, especialmente con el menemismo y De la Rúa, alimentados por las mismas políticas de endeudamiento y especulación financiera, a las que agregaron una falsa paridad del tipo de cambio, que terminó produciendo la crisis de 2001. Esos fueron los años económicos perdidos, y no los de la última década, donde se intentó a través del Estado crear las condiciones para que el vaso pudiera llenarse y la distribución del agua no dependiera del derrame sino de políticas públicas. Para la mayoría de la población, ha sido una década ganada. También hubo fallas del Gobierno, es cierto, pero lo principal fue la tenaz oposición a un mejor reparto de las riquezas de parte de los sectores más pudientes, que parecieran olvidar que la pobreza y la indigencia de la mayoría no ofrecen ninguna seguridad de poder disfrutar tranquilamente sus ganancias. La historia del país es testigo de ello.

Esa historia muestra además que la mal llamada teoría del derrame, o mejor dicho del empleo exclusivo del excedente a favor de las clases pudientes, o más claramente de los ricos, no constituye una cuestión coyuntural, creada por la dictadura militar y los gobiernos que la siguieron, sino que se dio con regularidad a través del tiempo, salvo excepciones. Ya en la época del modelo agroexportador, una de las características más destacadas de la oligarquía terrateniente era su cultura fuertemente rentística. Este sector obtenía abundantes ganancias como resultado de la propiedad de grandes fundos rurales, que, gracias a su elevada productividad permitían apropiarse de rentas extraordinarias a nivel mundial. Esa oligarquía, lejos de preocuparse por utilizar el excedente para reinvertirlo, dejó la tarea en manos del capital extranjero (al contrario de lo que ocurrió por ejemplo en Canadá y Australia, entonces dos colonias, que pronto sostuvieron las riendas de sus propias riquezas) utilizando esa acumulación en el consumo extravagante e improductivo: desde costosos viajes a Europa, la construcción de suntuosas mansiones, algunas con bloques de material totalmente importado, como las famosas residencias de Victoria Ocampo, o hasta liquidar parte de su patrimonio como cuenta Ricardo Güiraldes en su novela Raucho, para el mantenimiento de cortesanas europeas de moda.

Según Jim Levy, un historiador australiano que hizo un análisis histórico comparativo entre los dos países, Argentina y Australia, mientras el Estado Argentino era un gobierno de los estancieros, o dicho de otra manera con un gran estancia a su cargo, la intervención estatal en la economía colonial australiana tomaba otros rumbos. Por ejemplo, ya hacia 1900 el gobierno dirigía las más grandes empresas de la economía primaria y del transporte, las comunicaciones y el manejo del agua. A él se le debía el 40 por ciento del total de la formación de capital doméstico, al mismo tiempo que se restringía la existencia de grandes propiedades rurales y se establecía un impuesto a las rentas de la tierra, que luego sería tomado como ejemplo por Raúl Prebisch, quien en un viaje de estudios a ese país, en los años ’20, se inspiró en él para confeccionar un impuesto a los réditos en la Argentina, que recién se implementó en 1932.

Hipólito Yrigoyen fue el primer presidente en intentar imponer impuestos a la renta, para obtener nuevos recursos fiscales, y poder capturar parte de ese excedente extraordinario utilizado en beneficio propio por la oligarquía. Sin embargo, debido a su debilidad en el Congreso, no pudo lograrlo. Sólo como consecuencia de la crisis de 1930 el predominante modelo agroexportador mostró sus límites y los mismos conservadores en el poder, expresión política de aquella oligarquía, necesitaron imponerlo para sustituir las carencias fiscales que resultaban de impuestos establecidos principalmente sobre un decaído comercio exterior. Pese a ello, los estancieros buscaron de inmediato la forma de evadir el pago de éste, convirtiendo sus estancias en sociedades anónimas. De manera tal, que ante el desastre fiscal que eso suponía, el mismo ministro de Hacienda conservador quiso duplicar ese impuesto e imponer otros a las grandes fortunas y a los beneficios extraordinarios, pero sus iniciativas fueron rechazadas sin más por un Senado manejado por su mismo partido.

Por otra parte, las empresas extranjeras, desde las que arribaron al país en la época agroexportadora hasta las que procuraron beneficiarse del proceso de industrialización, en vez de reinvertir las ganancias que obtenían a fin de aumentar la producción o incorporar nuevas tecnologías que permitieran mejorar la competitividad, optaron por repatriarlas a sus países de origen aprovechando una legislación liberal que las favorecía. Lejos de estimular el desarrollo nacional, estas prácticas no hicieron más que profundizar la dependencia e impedir un crecimiento económico sustentable. Sólo la experiencia del peronismo, que dio un rol central al Estado nacional en el manejo de la economía, pudo realizar una distribución de ingresos hacia sectores productivos y trabajadores asalariados. Pero ese intento, que también tuvo grandes resistencias políticas y económicas, duró menos de una década.

Raúl Prebisch llegó a la conclusión de que un país periférico, como la Argentina, nunca lograría desarrollarse plenamente mientras sólo las clases acomodadas se apropien y hagan uso del excedente económico. Según él, los estratos superiores de la sociedad terminaban canalizando la riqueza hacia pautas de consumo improductivas e imitativas del mundo desarrollado o alimentaban con sus fugas los procesos de acumulación del centro.

En los últimos doce años de gobiernos kirchneristas se intentó nuevamente la apropiación de una parte del excedente por el Estado (con las retenciones como una herramienta fundamental, aunque fuertemente resistida con cierto éxito por los intereses agrarios) para redistribuirlo mediante programas orientados a la inclusión social y el desarrollo económico. A ese medio se le agregaron otros, como las de la industrialización, la recuperación del empleo o políticas de desendeudamiento que permitieran desembarazarse del peso de la deuda y de sus organismos de control. Entre otras, las asignaciones universales por hijo, la inclusión previsional, los aumentos salariales y la inversión estatal lograron alcanzar la reconstrucción económica y social del país luego de la peor crisis de su historia.

Sin embargo, hasta nuestros días, el vaso no termina nunca de llenarse y menos aún de derramar su líquido. En septiembre de 2014 las autoridades tributarias de Francia le entregaron a la AFIP información sobre 4040 cuentas bancarias pertenecientes a personas físicas y sociedades argentinas en el banco HSBC de Ginebra. El monto total del dinero no declarado supera los 3500 millones de dólares, es decir, más del 10 por ciento de las reservas internacionales que posee el BCRA en la actualidad. Entre los principales responsables de este hecho ilícito se encuentran el Grupo Fortabat, Cablevisión, Telecom Argentina, Mastellone Hnos., Edesur, entre otras empresas, grupos, banqueros, políticos y empresarios. La AFIP calculó que el dinero evadido desde 2006 (año en que fueron creadas las cuentas), más el pago de la multa por haber cometido tal ilícito, se acercaría a los 62 mil millones de pesos, es decir 2,2 veces el presupuesto asignado a la Asignación Universal por Hijo en 2015. Sin contar los cálculos que en Europa realiza el Tax Justice Network, que ha calculado el dinero argentino en los paraísos fiscales en un monto similar al de nuestro PBI. Y muestra cuán vieja es la costumbre de nuestros sectores pudientes de fugar dinero al exterior.

Este caso debe servir como punta de lanza para abrir un debate en la sociedad acerca de la apropiación y utilización del excedente en la Argentina. Una reforma tributaria integral y progresiva, no parcial y regresiva, es fundamental para profundizar el uso social y productivo del excedente económico por parte del Estado democrático. Por el contrario, no es menos alarmante la presencia de candidatos presidenciales anunciando como políticas centrales la disminución de impuestos para beneficiar sobre todo a los más ricos, y devaluaciones del peso en el mismo sentido. Esto no haría más que desfinanciar nuevamente el Estado y esperar que funcione nuevamente la teoría del derrame, salvo que los sectores populares, ahora en conocimiento de causa, antes de aguardar pacientemente ese milagro hallen la manera de volcar el vaso.

* Profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires.


 

Domingo 14 de diciembre de 2014

La banca en la sombra

Por Alfredo Zaiat

Relatos de ciencia ficción desarrollan la existencia de mundos paralelos, sobre viajes entre dimensiones diferentes con idénticos protagonistas. Esos universos múltiples abordados por la literatura, el sistema financiero global los hizo suyo creando otros estadios equivalentes de su negocio, los cuales tienen vida propia sin supervisión. Existe el sistema formal de banca comercial desplegado en la superficie, pero también existe la banca pantalla (shell bank), cuyas características fueron detalladas el domingo pasado en esta misma columna, y la denominada banca en la sombra (shadow bank). Si la estructura bancaria conocida es una fuente de inestabilidad pese a los crecientes controles de las autoridades oficiales, la expansión de ese mundo financiero paralelo agudiza aún más sus rasgos perturbadores.

El sistema financiero offshore funciona principalmente a través de los más importantes bancos internacionales localizados en guaridas fiscales, que brindan servicios de administración de carteras de inversión y de diseño de estructuras financieras complejas. Los 50 principales bancos internacionales manejaban en conjunto en 2010, según investigaciones recientes, alrededor de 12,1 billones de dólares en activos offshore. Para eludir los controles formales de las autoridades de los países donde está radicada la casa matriz, los bancos crean otros bancos en los paraísos fiscales, que a la vez brindan la fachada para otras firmas donde se mueven los capitales fugados. Son los bancos pantallas (shell bank).

El término banca en la sombra (shadow bank) fue definido por el economista Paul McCulley en un discurso que dio en 2007 en el simposio financiero anual celebrado por el Banco de la Reserva Federal de Kansas City en Jackson Hole, Wyoming. La banca en la sombra está compuesta por todos los agentes financieros que sin ser bancos, ni estar por tanto sometidos a sus controles, compran y venden todo tipo de productos financieros. El Consejo de Estabilidad Financiera, organismo creado en la reunión del G-20 en Seúl, Corea, en 2008, publicó el “Informe de seguimiento de la banca global en la sombra 2013”. Este documento precisa que el mayor sistema de intermediación financiera ajena al mercado bancario tradicional es el de Estados Unidos, que suma activos por 26 billones de dólares. Le sigue la Zona Euro con 22 billones, el Reino Unido con 9 billones y Japón con 4 billones de dólares. Según el FMI, en China representa del 40 al 50 por ciento de su PIB. En total, incluyendo otras plazas, el monto alcanzaría los 71 billones de dólares, casi lo mismo que el Producto Interno Bruto global de 2013 y equivalente a la mitad de todos los activos controlados por el sistema bancario mundial. El informe advierte que “estas cifras son una estimación conservadora del tamaño del sistema bancario global en la sombra”.

La banca en la sombra es la intermediación del crédito por fuera del circuito bancario tradicional. La diferencia entre uno y otro sistema queda expuesta de la siguiente manera:

¿Qué hacen los bancos comerciales?

-Captan depósitos, normalmente a corto plazo y que hasta cierto monto tiene cobertura de seguro oficial, para financiar préstamos a más largo plazo. Están controlados por la banca central.

¿Qué hacen los bancos en la sombra?

-No tienen depositantes tradicionales. Captan recursos del mercado financiero y lo aplican a comprar activos con plazos de vencimiento más largos. No están sujetos a la regulación bancaria. En una eventual crisis no pueden ser rescatados por la banca central, como sí sucede con los bancos comerciales.

Ejemplos de intermediarios no sujetos a regulación son los fondos buitre, fondos de cobertura (hedge funds), fondos de inversión como Pimco o BlackRock, que se dedican a la transacción de derivados financieros, de otros instrumentos que no cotizan en Bolsa y al negocio de los Credit Default Swap, entre otras operaciones.

El crecimiento de esta banca paralela fue el detonador de la crisis financiera de 2008, y esa misma crisis ha derivado en una mayor expansión de su actividad. Este paradójico resultado se explica en que el sistema tradicional, incluyendo la banca de inversión, quedó en el ojo del huracán, y las políticas de auxilio millonarias provocaron una mayor concentración bancaria. Ese dinero del salvataje no fue destinado a financiar el crédito para el sector privado en recesión, sino para salvar bancos y banqueros. La brusca caída del financiamiento a empresas y personas consolidó el estancamiento y recesión, debacle que fue parcialmente compensada con la expansión de la banca en la sombra que pasó a ocupar ese lugar de canal de crédito a la economía real.

Las bancas centrales de Estados Unidos y Europa han estado inyectando recursos para dinamizar el crédito de la banca regulada, pero esas entidades han atesorado esos fondos o invertido en bonos y acciones en lugar de dar préstamos. En esa situación emerge con más fuerza la banca en la sombra al contabilizar un impresionante exceso de liquidez, que había sido provista previamente por las bancas centrales al sistema formal. Esos fondos de inversión sin supervisión han creado divisiones exclusivas para dar créditos sin cumplir los requisitos que se exigen a los bancos comerciales, y al mismo tiempo se dedican a comprar paquetes de control de empresas o deudas en default de compañías o países.

La banca en la sombra actúa del mismo modo que la banca tradicional, pero sin ningún tipo de supervisión pese a operar con todo tipo de instrumentos financieros. Es un enorme sistema que no rinde cuentas a nadie pese a alcanzar en alguno países un tamaño mayor que el de la banca tradicional.

En el artículo “¿Qué es la banca en la sombra?” Laura Kodres, subdirectora del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del Fondo Monetario Internacional, explica que esas entidades registran las siguientes características:

- Falta de divulgación e información acerca del valor de sus activos o a veces incluso cuáles son esos activos.

- Tienen estructuras poco claras de gestión y de propiedad entre los bancos y los bancos en la sombra.

- Escasa vigilancia regulatoria o de supervisión, como la aplicada a los bancos tradicionales.

- Ausencia de capital para absorber pérdidas o de efectivo para los rescates.

- Falta de acceso a un respaldo formal de liquidez para impedir las liquidaciones o ventas forzosas de activos.

Como es costumbre en las últimas décadas de crisis (en los ’90 en América latina, y en la primera década del nuevo siglo en Europa), el FMI manifiesta preocupación por los propios monstruos que ayudó a crear. Alentó la apertura de la cuenta capital y la desregulación financiera global y ahora advierte que el crecimiento de la banca en la sombra es una “maldición” porque pone en riesgo a la economía mundial. Kodres señala que pueden surgir problemas si inversores de esa banca comenzaran a inquietarse por el valor real de los activos a largo plazo y decidieran retirar sus fondos de inmediato. Para pagarles, los bancos en la sombra tendrían que vender activos. Esas ventas forzosas a precios de remate reducirían el valor de los activos, obligando a otras entidades en la sombra (y a algunos bancos) a castigar en sus balances el valor de activos similares para reflejar el menor precio de mercado, creando incertidumbre sobre su solidez. Así se gatilló la crisis en 2008 cuando quebró el histórico banco de inversión Lehman Brothers a partir de la debacle de un banco en la sombra llamado The Reserve Primary Fund. Este le había prestado 785 millones de dólares a Lehman a cambio de documentos a corto plazo, y cuando empezó una corrida contra sus colocaciones por parte de sus clientes preocupados por la salud financiera de la entidad, su caída provocó un efecto dominó. Kodres analiza que si ese hecho hubiera ocurrido fuera del sistema bancario, habría quedado aislado y esas entidades en la sombra habrían cerrado sin contagiar al sistema formal. Pero la banca de superficie quedó atrapada por la banca en la sombra, puesto que algunas de esas entidades eran controladas por bancos comerciales.

En la presentación del informe del Consejo de Estabilidad Financiera del G-20 el presidente de ese comité, Agustín Carstens, advirtió que “mejorar la regulación bancaria no es suficiente para responder a las debilidades del sistema financiero reveladas por la crisis. El sistema de la banca en la sombra sigue transformándose e innovando”. El temor existente en las esferas de las instituciones de supervisión bancaria global es que con una banca paralela aún más grande, un evento inesperado con alguna de sus entidades pueda provocar otra crisis global y de mayor magnitud que la del 2008.


 

 

Domingo 30 de noviembre de 2014

Fuga y evasión

Por Alfredo Zaiat

 El relato frívolo del movimiento de dinero no declarado imagina valijas, aviones para transportarlo y mesas cubiertas con decenas de ladrillos de billetes. La industria del cine y series para TV colabora en la construcción de la fantasía de millones de dólares físicos viajando por el mundo hasta encontrar refugio en una entidad financiera localizada en un paraíso (guarida) fiscal. Existe ese tipo de tráfico de fondos, pero son marginales en el inmenso circuito de fuga de capitales hacia plazas dedicadas al secretismo financiero. El flujo de ese dinero no es así de rústico. Esos capitales son canalizados a través de una plataforma de servicios ofrecida por grandes bancos para facilitar la evasión y el depósito del capital en las guaridas fiscales. Esa red está integrada por abogados, economistas, contadores y apoderados, dependientes o allegados a esas entidades, que se ocupan de girar, ocultar y administrar el dinero. Uno de los capítulos novedosos de la denuncia judicial realizada por la AFIP es la mención del abanico de protagonistas en las operaciones ilegales de fuga de capitales. Los identifica a ellos y al banco soporte de las operaciones. La presentación judicial es contra el HSBC por evasión fiscal y asociación ilícita al facilitar la apertura y ocultamiento de 4040 cuentas de argentinos por más de 3000 millones de dólares en su sucursal suiza de Ginebra.

La demanda también fue contra un grupo de profesionales dedicados a diseñar la estrategia jurídica, societaria y financiera de la fuga y evasión. Son los encargados de armar las redes de empresas offshore para vedar el acceso a los datos de los dueños de los capitales. La denuncia de la AFIP, detallada por este diario en la edición de los últimos dos días, menciona la existencia de una “plataforma facilitadora para la evasión” conformada por apoderados, abogados, economistas y contadores. Señala que esos expertos colaboraron en la elaboración de la red de sociedades y fideicomisos extranjeros (trust) radicada en paraísos fiscales como Panamá, Jersey, Guersney, Suiza, Uruguay, Bahamas e Islas Vírgenes. El objetivo de su tarea es crear complejas estructuras jurídicas y societarias para ocultar la identidad de los titulares de los fondos depositados en esas plazas. El caso denunciado es por cuentas en Suiza.

Pese a los intentos de mejorar su reputación relajando el secreto bancario y firmando acuerdos de cooperación e intercambio de información tributaria y financiera, Suiza sigue siendo uno de los principales refugios de capitales no declarados. El investigador Nicholas Shaxson, del Instituto Real de Asuntos Internacionales (Chatham House), informa en el libro Las islas del tesoro. Los paraísos fiscales y los hombres que se robaron el mundo que, según cálculos del Banco Nacional de Suiza en 2009, 3,1 billones de dólares están depositados en cuentas offshore a nombre de personas que no residían en el país. “Suiza continúa siendo uno de los mayores repositorios mundiales de dinero sucio”, sentencia Shaxson.

Las guaridas fiscales o las plazas financieras como Suiza no se limitan a ofrecer maneras de evadir impuestos. También brindan una confidencialidad que permite mantener datos fundamentales en secreto y la posibilidad de evadir regulaciones financieras. La información entregada por el fisco francés a la AFIP rompió ese muro para empezar a develar no sólo quiénes son los dueños de las cuentas no declaradas, sino también conocer a todos los protagonistas del andamiaje financiero y jurídico de los facilitadores o intermediarios que colaboran en la fuga y evasión.

La primera lista de 44 empresas y de 36 personas con cuentas no declaradas en el HSBC Ginebra de un total de 4040 ha generado inquietud en los titulares de las que todavía no se hicieron públicas. Esos nombres como otros que se difundieron en otra oportunidad por capitales fugados a través del Banco JP Morgan tienen la atracción de ser de compañías, empresarios, políticos, banqueros y jueces conocidos o vinculados con el poder económico. Al momento de su difusión aparece el cuestionamiento al doble estándar de discursos y a la responsabilidad individual por evadir el pago de impuestos y fugar capitales. Sin correr la mirada sobre ese comportamiento de los individuos es necesario ampliarla hacia las estructuras que alentaron y facilitaron la fuga y evasión. El economista francés Frédéric Lordon escribió en Adiós a las finanzas. Reconstrucción de un mundo en quiebra que “así como incriminar la responsabilidad de los agentes (inversores) tal y como se encuentran inmersos en las estructuras es inútil, sí es pertinente, en cambio, analizar la cuestión de la responsabilidad de quienes instalaron las estructuras y de quienes trabajaron para eternizarlas. Ante una cuestión formalmente idéntica –la “responsabilidad”–, vemos cómo la mirada se vuelca hacia una dirección completamente diferente: ya no es sólo la responsabilidad de los usuarios de la estructura, sino la responsabilidad de sus arquitectos, y la de sus guardianes”.

Este aspecto es uno de los grandes aportes realizados en la denuncia judicial de la AFIP sobre las cuentas no declaradas en el HSBC de Ginebra. La información proporcionada al Juzgado Nacional en lo Penal Tributario Nº 3, de la jueza María Verónica Straccia, no tiene sólo la cuenta de 68 millones de dólares a nombre de Amalita Lacroze de Fortabat, la mujer del cemento (Loma Negra) fallecida en 2012, y su nieta Amalia Amoedo, sino la del nombre de su apoderado: Alfonso Prat-Gay. En la presentación judicial los letrados de la AFIP señalan que “quien posee la autorización delegada por las titulares para administrar los fondos depositados en el exterior no puede desconocer que no se encuentran exteriorizados en el país y el fin explícito de evadir el pago de impuestos sobre dichos fondos”. Prat-Gay, ex ejecutivo del JP Morgan, como apoderado de Amalita, es uno de los miembros de esas redes arriba mencionadas de abogados, contadores, economistas vinculadas con grandes bancos internacionales para facilitar la fuga y evasión. Por eso la desmentida de que no es titular ni beneficiario de una cuenta en Suiza no se relaciona con la denuncia, porque la presentación de la AFIP en el juzgado es por su papel de apoderado de las cuentas de Amalita.

Nicholas Shaxson explica que “el mundo extraterritorial (paraísos fiscales) es un ecosistema que cambia sin cesar. Cada una de esas plazas ha desarrollado su propia infraestructura particular de abogados, contadores, banqueros y agentes corporativos expertos que se dedican a atender las necesidades de esos capitales”. Informa que muchas de las empresas que funcionan en las jurisdicciones extraterritoriales son casi desconocidas, y detalla quienes participa de lo que denomina “círculo mágico offshore”: estudios jurídicos como Appleby, Carey Olsen, Conyers, Maples and Calder, Mourant du Feu & Jeunes, y Ozannes and Walkers. “Son jugadores respetados en un regimiento mucho más extenso de elegantes contadores, abogados y banqueros: piezas de una infraestructura privada internacional que pone en funcionamiento el sistema entero”, indica Shaxson.

El trabajo de esa red de profesionales y banqueros consiste en ofrecer vías de escape a las obligaciones que derivan de vivir en una sociedad: impuestos, regulación financiera, legislación penal, derecho hereditario. Se dedican a colaborar con las elites ricas y poderosas a evadir esas responsabilidades. En ese mundo de fuga y evasión, el secreto bancario es bueno, cualquiera que traiga dinero a las entidades radicadas en guaridas fiscales es bueno y quien rompe el código de silencio es un traidor. La confidencialidad o secretismo es el valor esencial de los paraísos fiscales, muralla de silencio vulnerada por Hervé Falciani, el empleado del HSBC que entregó al fisco francés información de 130 mil clientes de la sucursal Ginebra. De ese total, 4040 corresponde a argentinos que recibió la AFIP por el convenio con Francia para evitar la doble imposición y prevenir la evasión fiscal en materia de impuestos sobre la renta y el patrimonio, de 2007. De las 4040 cuentas sólo 39 personas tienen depósitos en esa entidad declarados ante la AFIP.

Esa información encriptada fue entregada en un CD en sobre lacrado al titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, por parte de la Dirección General de Finanzas Públicas de Francia, el 25 de septiembre pasado. El pedido de cooperación a las autoridades francesas había sido realizado por el ministro de Economía, Axel Kicillof, en una carta fechada el 10 de julio pasado. El contenido de ese CD tiene los titulares de esas cuentas, la dirección en Argentina, números de contacto, actividades desarrolladas, profesión, fecha de nacimiento, tipo de vinculación con el banco, saldos y movimientos de cuentas bancarias, comunicaciones personales con el banco, cenas, almuerzos, mails intercambiados y visitas al HSBC en el país y en el exterior al HSBC Ginebra, y las relaciones con los intermediarios, apoderados así como los beneficiarios efectivos (familiares). Con esa cantidad de información, figurar en esa lista y pretender desmentirlo es imprudencia o la arrogancia de la impunidad.

azaiat@pagina12.com.ar


 

Domingo 30 de noviembre de 2014

 

“Lo que sufre Argentina por el hegemonismo jurídico norteamericano es peor que la ausencia de justicia”

 Es el “gurú mundial” del momento, pero su investigación demuele los mitos impuestos por los economistas tradicionales. Explica los alcances de la desigualdad a la que lleva el actual desarrollo y la necesidad de la regulación pública del capital para contrarrestarla. Punto por punto, desde su visión del fallo de Griesa para los fondos buitre hasta la inevitabilidad del conflicto para cambiar las cosas.

Por Eduardo Febbro

Página/12 En Francia

Desde París

El hombre afable y humano sentado en un sillón algo raído, rodeado de libros que apenas caben en el estrecho escritorio que ocupa en la Escuela de Economía de París, poco se parece al hombre de los afiches con los que el semanario Le Nouvel Observateur empapeló París: “Piketty, gurú mundial” dicen los carteles que promocionan el número de la revista consagrado al economista francés y a su libro. Thomas Piketty no tiene nada de gurú, sino una amabilidad comprometida y un humanismo que emana de sus gestos y su tono de voz. El Capital en el Siglo XXI, que esta semana publica Fondo de Cultura Económica, a pesar de sus más de 1000 páginas y de cierta complejidad técnica se ha convertido en un best seller mundial y en uno de esos libros que marcan un antes y un después en la historia de las ideas. La obra marcó la época al mismo tiempo que derrumbó algunos mitos que parecían eternos, tanto mitos marxistas como liberales. Durante una década y media, el economista francés de 43 años trabajó compilando los datos fiscales de una veintena de países desarrollados desde el siglo XVIII hasta hoy. De esa investigación sale una constante: el capital, sin la intervención reguladora de la potencia pública, solo genera desigualdad. Esta desproporción es mucho más visible a partir de los años ’80. El cuadro es devastador: en Estados Unidos, el 10 por ciento de las personas más ricas acapara el 45 por ciento de las ganancias. Esa constante, en mayor o menor medida, se expande en todos los países. El mérito, o sea el trabajo, perdió su valor frente a la “herencia” y los propietarios de bienes inmobiliarios reemplazaron a los terratenientes. La desigualdad es la marca del siglo.

Thomas Piketty recibió a Página/12 en su oficina de París y esta entrevista, donde expone los principios de un libro que revolucionó el pensamiento económico, inevitablemente empieza con una pregunta de actualidad argentina y mundial.

–La Argentina enfrenta hoy un antagonismo atravesado por la desigualdad que roza lo mafioso. Se trata de su enfrentamiento con los fondos buitre y el imperialismo judicial de Estados Unidos.

–La Argentina sufre hoy la evolución reciente y caótica de la jurisprudencia norteamericana sobre la deuda pública argentina. Aquí hay una situación de hegemonismo jurídico norteamericano que es un problema en la Argentina y que puede ser un problema también para otros países. Esto es peor que la ausencia de justicia. En muchas partes del mundo asistimos a una suerte de privatización del derecho con fondos financieros e intereses financieros que construyen su propio derecho, sus propias cortes de arbitraje, sus propios tribunales. Con esto escapan completamente a la soberanía de los Estados. Es una realidad a la cual la Argentina se enfrenta de forma extrema. De alguna manera, todos estamos confrontados a lo que atraviesa la Argentina. Estamos frente a un fenómeno general de privatización del derecho, de captación del derecho, de construcción de espacios jurídicos aparte para proteger intereses privados, que es muy preocupante. La problemática que enfrenta hoy la Argentina sobrepasa en mucho su propio caso. Creo que necesitamos un mundo mucho más multipolar, un retorno a cierta soberanía nacional y popular, un mundo donde no siempre se acepten los dictados de Estados Unidos, donde se pueda proponer una visión del derecho y del desarrollo internacional que no sea la misma que en Estados Unidos.

–Usted comparte hoy un raro privilegio: junto al papa Francisco los medios liberales lo califican de nuevo apóstol del marxismo.

–Yo no soy marxista. Formo parte de una generación que se hizo adulta con la caída el Muro de Berlín, en 1989. Nací demasiado tarde como para tener una tentación marxista en su variante soviética del comunismo. El éxito del libro muestra que hay un apetito de conocimientos en torno de estos temas que tocan el dinero, las ganancias, el patrimonio. Esos temas son demasiado importantes como para dejarlos en manos de un grupito de economistas, de técnicos o de expertos. Mi libro es una historia legible del dinero. Mi libro traza la historia de la distribución de las ganancias y del patrimonio a través de tres siglos y en más de 30 países.

–La síntesis de su trabajo monumental es clarísima: la posesión patrimonial, o sea la desigualdad, se impuso en todo el mundo.

–Depende mucho del país, de la amplitud y de la época. No hay un solo mecanismo que pueda explicar todo esto. Hay fuerzas que van en todas las dimensiones. Esto quiere decir que existen varios futuros posibles y no una sola dinámica en el reparto de las riquezas. Hay fuerzas que a veces conducen a la reducción de las desigualdades, como por ejemplo la difusión del conocimiento o la educación, que van en ese sentido. Y también hay otras fuerzas que conducen al aumento de las desigualdades, en particular la tendencia a largo plazo que lleva a que los beneficios del capital están por encima de la tasa de crecimiento. Pero diría que todo depende de las instituciones, de las políticas que los países deciden aplicar.

–Usted demuestra otra ilusión errónea de Marx y prueba que los beneficios del capital pueden mantenerse por encima de la tasa de crecimiento. También cae otro relato: el del economista y premio Nobel de Economía Simón Kuznets. Marx pensaba que la desigualdad conduciría al colapso y Kuznets, que se reduce con el avance de las sociedades.

–Marx decía “las desigualdades van a aumentar hasta la revolución final”, mientras que Kuznets escribía en los cincuenta que las desigualdades se reducen naturalmente en las sociedades industriales avanzadas. Ambos se equivocaron porque hay fuerzas que pueden ir en las dos direcciones y no sabemos cuál de ellas se impondrá. En este principio del siglo XXI hay un riesgo muy serio de que volvamos a las desigualdades del XIX. Esto ya es una realidad en algunos casos y en otros no. Es cierto, en la teoría de Marx había una salida económica al proceso. Había una contradicción entre el descenso de la tasa de beneficios que iba a conducir a una catástrofe final y al fin de este sistema. Puede que mis conclusiones sean todavía más pesimistas porque, desde un punto de vista estrictamente económico, no hay salida. El rendimiento del capital puede mantenerse a un nivel elevado, en particular porque siempre hay ganancias oriundas de la productividad, de las innovaciones tecnológicas, del crecimiento de la población. A pesar de una acumulación creciente del capital, el rendimiento se mantiene a un nivel superior a la tasa de crecimiento. En todo caso, sería un error pensar que una salida puramente económica –o sea el descenso de los beneficios– va a resolver esta contradicción. Mis conclusiones son pesimistas desde un punto de vista económico pero optimistas desde el punto de vista político. Hay soluciones políticas a este problema. La institución fiscal, social o educativa permite organizar ese proceso de acumulación del capital de una forma más igualitaria y por el bien común.

–Cómo romper entonces el ciclo claro de la desigualdad cuando queda demostrado en su trabajo la constante de este mal.

–Mi conclusión principal consiste en que necesitamos instituciones públicas de transparencia democrática en torno de las ganancias y los patrimonios capaces de adaptar nuestras instituciones y nuestras políticas a la realidad. La propiedad privada, el capitalismo, las fuerzas del mercado deben estar al servicio de la democracia y del interés general. El capitalismo debe volverse el esclavo de la democracia y no lo contrario. Hay que utilizar las potencialidades del mercado para enmarcarlas severamente, radicalmente si es necesario, para ponerlas en la buena dirección. Es perfectamente posible.

–Usted cita a un personaje de Balzac cuya frase es aplicable al mundo de hoy: frente a las ganancias generadas por el capital, trabajar no tiene sentido. Es mejor casarse con una heredera.

–Una buena parte de mis interrogaciones y de mis motivaciones en este trabajo de investigación provienen de la literatura, porque la literatura tiene una suerte de potencia para expresar las consecuencias del dinero y de las desigualdades en la vida y en los lazos sociales que es increíble. Con el lenguaje de las ciencias sociales nunca tendría esa potencia expresiva. Creo que esas diferentes formas de expresión son complementarias las unas con las otras. Es cierto que ese discurso de Balzac nos muestra a un joven ambicioso cuando estudia Derecho en París en 1820. Pero podría ser en París en este año, o en Buenos Aires en 2014, o en Nueva York o en México. Es una suerte de personaje eterno de joven ambicioso que quiere devorar la vida y a quien se le explica que, finalmente, los estudios, el trabajo, el mérito, no conducen a ninguna parte y que lo mejor es casarse con una señorita, que si bien no es muy encantadora, tiene un millón de francos de la época, unos 30 millones de euros de hoy. ¿Acaso el mundo de hoy es como el que describe Balzac? Es diferente, pero se acerca por algunos lados. La herencia en las sociedades occidentales de escaso crecimiento –y tal vez algún día para el conjunto del planeta– recupera un nivel que no teníamos en la posguerra, pero sí en el siglo XIX. Hoy tenemos lo que yo llamo en el libro “el retorno a la sociedad patrimonial”. No es exactamente el mundo de Balzac, pero sí es intermediario entre el mundo de Balzac y el mundo encantado de la meritocracia de los llamados “30 años gloriosos” de la posguerra, donde se creyó que se había llegado a un capitalismo sin capital, sin patrimonio. Pero eso, a largo plazo, no es posible. Eso fue únicamente una fase de reconstrucción, temporal, una fase donde la potencia pública supo inventar regulaciones. La caída del Muro de Berlín y el ingreso en esa nueva fase de confianza infinita en la autorregulación de los mercados contribuyó mucho a la re-patrimonialización de nuestras sociedades. Ese es el mundo que tenemos hoy frente a nosotros en este siglo XXI.

–Usted señala que en los últimos diez años, la capitalización bursátil mundial creció un 147 por ciento y el PIB mundial un 80. La desproporción es aplastante. Para usted, esa concentración del poder económico es incompatible con los valores de nuestras sociedades democráticas.

–Cuando la desigualdad, en particular la desigualdad patrimonial, se torna extrema, esa desigualdad no es solamente inútil para el crecimiento sino que incluso puede perjudicarlo. Esa desigualdad se vuelve un freno a la movilidad, un factor de perpetuación de la desigualdad en el tiempo y, también, se convierte en una verdadera amenaza para nuestras instituciones democráticas. Una concentración importante del poder del dinero conduce a una concentración demasiado importante del poder de influencia en los medios, en la vida política. Cada parte del mundo tiene su propia historia con la desigualdad, sus propios interrogantes. A veces, las instituciones públicas, es decir, las reglas que limitan el poder del dinero privado en la vida política, las reglas que organizan la financiación pública de los partidos políticos, pueden limitar esa potencia del dinero. Pero no hay que ver esas reglas y esas instituciones como algo dado. No. Son instituciones frágiles que pueden ser puestas en tela de juicio. Tenemos que tomar muy en serio la cuestión de saber cómo se limita a través del Estado de derecho y de instituciones muy fuertes ese control del dinero.

–La desigualdad, el crecimiento patrimonial sin freno pone en peligro el zócalo de la democracia. ¿Por qué? ¿Rompe el contrato social, genera violencia institucional o social?

–La desigualdad rompe el contrato social, rompe el principio de igualdad frente a la ley, de igualdad frente al sufragio universal. Cuando tenemos una desproporción extrema de los medios financieros tenemos también una desproporción extrema de los medios de influencia en la vida política. La desigualdad también rompe el lazo social y cívico por medio del cual se acepta que se pongan en común importantes recursos para financiar el bien público, la protección social, los servicios públicos. Si las clases medias, las clases populares, tienen la duradera impresión de que pagan más impuestos que los ricos, el consenso fiscal se rompe, o sea, el consenso que hace posible que todos acepten pagar una parte importante de los recursos producidos para financiar el acceso a la educación, a la salud, a las infraestructuras. Toda esa aceptación de la vida en común termina potencialmente en tela de juicio con la secesión a los más ricos. Si queremos una democracia real necesitamos instituciones sociales y políticas que enmarquen la propiedad privada, que limiten la acumulación entre algunas manos. Desconfío mucho de los discursos –a menudo muy hipócritas, que se escuchan en muchos países– sobre la idea abstracta de la igualdad. A veces se sirven de ellos para rechazar el impuesto progresivo, para justificar –en Francia y en otros países– que se invierta tres o cuatro veces más en los sectores educativos donde van los hijos de las elites antes que allí donde van los hijos de las clases populares. Y todo eso con una buena conciencia republicana. El principio abstracto de la igualdad es proclamado muy a menudo para justificar desigualdades perfectamente reales, extremas. Siempre hay que poner en tela de juicio ese principio, deconstruir esa proclamación. Esa es un poco la meta de mi libro.

–Otro mito que usted derrumba es que el crecimiento disminuye las desigualdades. Esa idea es la biblia de los liberales, quienes también ven en la globalización una panacea contra la desigualdad.

–Ocurre que para que sea así hacen falta condiciones. Hubo fases históricas donde el crecimiento estaba compartido, era equilibrado, en especial durante las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial –en todo caso en los países europeos y en los Estados Unidos–. Aquí sí el crecimiento correspondía a cierto enriquecimiento general. Hay fases como la de los últimos 30 años en las cuales tenemos una parte desproporcionada del crecimiento que está acaparada por las ganancias más altas. Aquí, un crecimiento elevado no es sinónimo de un enriquecimiento general. Creo que debemos ir más lejos que el crecimiento, hay que acostumbrarse al hecho de que un crecimiento del 5 por ciento anual, como ocurrió en las décadas de la posguerra, no continuará eternamente. Hay que acostumbrarse a vivir con un crecimiento estructuralmente más lento, más limpio. Lo que hace falta, sobre todo, es más transparencia en la distribución social del crecimiento. Es absolutamente preciso contar con más información democrática y verificable sobre la forma en que los diferentes grupos sociales, los diferentes grupos de ganancias y de patrimonio se benefician o no con el crecimiento. No se puede hacer una hipótesis sobre el hecho de que la tasa de crecimiento maximiza siempre el ascenso social en todas partes. No es el caso.

–Usted señala que la fase actual del capitalismo transformó las relaciones sociales. Estas son ahora relaciones patrimoniales.

–Las relaciones de propiedad pueden ser, desde un punto de vista social, extremadamente violentas porque ponen a ciertos grupos sociales en dependencia los unos de los otros. Cuando una parte de las ganancias generadas por el trabajo deben ser pagadas a quienes detentan el patrimonio, sea la casa donde se vive o el material necesario a una empresa, esto crea una tensión que, a menudo, es dejada de lado en los modelos económicos abstractos, en los cuales todo es armonioso y en el interés general. Las relaciones de propiedad son siempre complicadas, tanto más cuanto que el nivel global del patrimonio, la capitalización inmobiliaria, la capitalización bursátil, recupera niveles muy elevados en relación al nivel nacional. Y esas relaciones de propiedad son todavía más complicadas cuando esas relaciones de propiedad se expanden a nivel internacional. Siempre es complicado pagar el alquiler al propietario, pero cuando se trata de países que pagan intereses o dividendos a otro país es todavía peor. Organizar relaciones justas y democráticas para esas relaciones de propiedad en el caso de una comunidad política y democrática nacional ya es muy complicado. Con los actores internacionales es peor. Desde este punto de vista, es cierto que la situación de América latina en su conjunto en relación con Estados Unidos es el ejemplo número uno de una relación complicada de dominación económica. Hay flujos de capital, de intereses y de dividendos que salen de América latina para alimentar a los propietarios norteamericanos. Se trata de una situación que está lejos de ser el camino hacia la armonía y el enriquecimiento general descripto por los modelos económicos. Tanto en el pasado como hoy, ese ha sido el camino de un conflicto que gira en detrimento del desarrollo social y económico armonioso.

–Esa bella idea del capitalismo con rostro humano es un cuento de hadas. Estamos en un páramo de lobos en donde el ciclo humano se agotó. Pero usted persiste en un optimismo regenerador, como si hubiera aún muchas páginas de la historia por llenar de cosas buenas.

–Sí, el ciclo se agotó. Luego, cada época inventa nuevas formas de capitalismo con rostro humano, a veces de forma totalmente hipócrita con un rostro en nada humano, otras de manera más convincente. Lo cierto es que la hoja blanca que se pregunta cómo sobrepasar el capitalismo, cómo organizarlo de otra manera en beneficio de todos, esa hoja aún está por escribirse. Sea cual fueren los fracasos pasados, hay que volver a empezar de nuevo. Creo que esa es la conclusión más importante de mi libro: las formas concretas de la democracia, de la propiedad, deben ser reescritas. Hay útiles de regulación de los que ya se pueden trazar los contornos con respecto a la transparencia, a las ganancias, al patrimonio, al impuesto progresivo a las ganancias. Pero también hay otras formas de reapropiación democrática y colectiva de la propiedad que están por escribirse. Después de la caída de Muro de Berlín se creyó en un momento que la única forma de organización de la vida económica era la sociedad de accionistas, con todo el poder otorgado a los accionistas. Hoy nos damos cuentas de que no es el caso, de que hay sectores enteros de las actividades humanas, la educación, la salud, los medios, donde la sociedad de accionistas es totalmente absurda. En los medios hay muchas discusiones para saber cómo tratar de organizar formas nuevas de gobernabilidad y financiación, más participativas. Esto vale también para el sector industrial, donde la participación de los empleados en las decisiones de las empresas es un hecho –por ejemplo en los consejos de administración de los grupos industriales de Alemania–. Eso no les impide fabricar autos buenos, al contrario. La participación de los empleados y el reparto del poder puede ser en muchos casos una garantía, no solo de un mejor reequilibrio social sino también de eficacia económica. Todas estas cuestiones deben ser abordadas con una mirada nueva para salir de la ideología del mercado que se apoderó del mundo después de la caída del Muro.

–Cierta prensa anglosajona lo trata a usted de “loco de los impuestos”, porque propone como nueva forma de equilibrio una amplia revolución fiscal mundial para restablecer la igualdad.

–La meta de los impuestos es poder producir bienes públicos. El impuesto es interesante por lo que permite hacer. Si usted mira la situación en Europa, los países más ricos, los más competitivos, Dinamarca o Suecia, tienen una tasa impositiva obligatoria del 40 por ciento al 50 por ciento. A su vez, los países más pobres como Bulgaria o Rumania tienen una tasa impositiva del 20 por ciento. Si bastara con pagar pocos impuestos para ser ricos, Bulgaria o Rumania serían más ricos que Dinamarca o Suecia. Pero no es así como funciona. Tener impuestos elevados puede ser bueno para el desarrollo económico, siempre y cuando se utilicen esos altos impuestos para financiar los servicios públicos, las infraestructuras colectivas, la educación, la salud. Eso es lo que hacen los países de Europa del Norte. Es preciso que el mismo sistema impositivo, más allá de los gastos que financia, sea justo. Para que las clases medias y populares acepten un nivel impositivo elevado es necesario que los más favorecidos paguen tanto como ellos. Para que el impuesto sea justo debe ser progresivo, o sea, funcionar con una tasa que corresponda al porcentaje elevado de las ganancias y del patrimonio. Ese es un punto importante de mi libro: el Impuesto a las Ganancias es un gran invento del siglo XIX, pero en una sociedad cada vez más patrimonial se requiere igualmente un impuesto sobre el patrimonio. No hace falta esperar que exista un gobierno mundial para llegar a eso. Hay muchas cosas que pueden hacerse en el plano nacional y a veces se exagera con esa idea de que los gobiernos nacionales no pueden hacer nada dentro de la globalización. La mayoría de los países cuenta con un sistema impositivo sobre el patrimonio y el capital, pero son sistemas proporcionales y no progresivos que se aplican únicamente al patrimonio inmobiliario y no al financiero. Toda esta información suplementaria sobre las ganancias, el capital y sobre quién es dueño de qué, es también útil a favor de la democratización del capitalismo. El impuesto es más que el impuesto. Es también una forma de producir información y transparencia, las cuales pueden ser utilizadas como una base de la reapropiación democrática del capitalismo.

–Todas estas reformas requieren de un ingrediente que el liberalismo parlamentario aborrece: el conflicto.

–El conflicto es necesario. Hay que terminar de negar la importancia del conflicto en la historia de la política, en la historia del impuesto, en la historia de las desigualdades. Toda la historia sobre las desigualdades del siglo XX que yo cuento es una historia violenta, es una historia donde hay conflictos, guerras, donde la revolución desempeña un papel. Tratemos de hacer mejor las cosas la próxima vez, y de la manera más pacífica posible, pero no neguemos el hecho de que hacen falta sanciones, hacen falta conflictos. En Europa, y en el mundo, uno de los problemas radica en que nos acostumbramos al libre intercambio y a la libre circulación de capitales a cambio de nada, a cambio de ninguna transmisión de información, de ninguna coordinación fiscal, de ningún impuesto mínimo sobre quienes más se benefician con la globalización, y esto no puede continuar eternamente. Toda la historia de la redistribución, del Estado providencia, del impuesto progresivo durante el siglo XX es una historia que pasa por fases de conflicto. No es una historia en la cual un amable socialismo electoral llega racionalmente al poder y todo ocurre con calma y espontaneidad. Es una historia mucho más trastornante y sería llamativo que el porvenir sea distinto.

efebbro@pagina12.com.ar


 

Especular

Por Alfredo Zaiat

Para algunos es la guía principal del comportamiento de los agentes económicos y para otros es la causa central de las perturbaciones de los mercados. Sin caer en los extremos del endiosamiento o la repulsión, la especulación influye en todas las actividades de la economía. Una de las debilidades de las corrientes críticas del pensamiento económico es evaluar la acción de especular como si fuera exclusivamente una perversidad del sistema. Esta observación entusiasma a rústicos divulgadores del conservadurismo porque permite exponer una carencia de quienes ellos consideran equivocados en sus fundamentos económicos. Pero quienes postulan la especulación como regla básica del funcionamiento de la economía no deberían eludir que en ese juego a veces se gana y otras se pierde. Es un aspecto que omiten cuando el resultado es desfavorable, cargando la responsabilidad en otro, en general sobre el Estado. Cuando el saldo de la apuesta es positivo, el mérito es por la sagacidad y el espíritu emprendedor; en cambio, cuando el signo es el contrario, existe la tendencia a buscar culpables en otros. La actividad de los banqueros es el caso más representativo de esa conducta. Son expertos en privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. En los últimos años, ese foco de la especulación amplió su espacio de influencia hacia la comercialización de materias primas, en especial con la soja.

La especulación está motorizada por la previsión y percepción de los sujetos económicos sobre la evolución de precios futuros de un determinado bien. De esa forma podrán ganar o perder una porción del capital dependiendo de si vendieron a un valor más alto de lo que lo compraron, o viceversa. El año pasado, en el mercado de granos hubo una fuerte especulación con retención de cosecha, apostando a una devaluación brusca, que finalmente ocurrió, valorizando así el capital guardado en silobolsas. Quienes conocen el espíritu de agentes financieros o bursátiles apuntan a que existe el vicio de reiterar apuestas especulativas ganadoras sin considerar que pueden cambiar las condiciones del mercado. Pese a esa posibilidad, dulces con la utilidad conseguida con la devaluación de enero pasado, el sector redobló la apuesta de guardar la soja. Extraño comportamiento especialmente del complejo agrario exportador, debido a que cuentan con expertos del mercado para la toma de decisiones, porque ya se adelantaba a principios de año una cosecha record en Estados Unidos y altos rindes en Brasil que iban a deprimir el precio internacional de la oleaginosa. El resultado fue una caía de casi 40 por ciento en el precio internacional desde el pico de 2013. Además, la presión devaluacionista, alentada por el ex presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, fue desbaratada a tiempo por el equipo económico. De ese modo, la especulación exitosa del año pasado (por precio y por devaluación) de acumular soja en silobolsas ahora se tradujo en una importante caída de la rentabilidad.

Los grandes productores y exportadores, aconsejados por las cámaras del sector y por sus consultores económicos preferidos, que en estos últimos meses están haciendo notorios esfuerzos para dejar en evidencia que están siendo financiados por los fondos buitre, apostaron a retener gran parte de la cosecha en silobolsas, afectando el ingreso de divisas al Banco Central. Esa conducta especulativa tuvo como objetivo hacer caer la oferta de dólares y provocar una nueva fuerte devaluación, como la de enero pasado, para obtener de esta forma rentas extraordinarias que permitieran compensar la tendencia bajista de los precios.

Sebastián Lucero, economista del Centro de Estudios en Políticas de Estado y Sociedad (Cepes), calculó el costo que le representó a la sociedad la especulación sojera. En el documento “Costo de la especulación”, también dimensionó ese costo en términos de políticas sociales y en términos de actividad económica. De ese modo, puso en contexto el costo de oportunidad para el Estado por una merma en su recaudación (caída del monto por derechos de exportación) en términos de una menor masa de recursos para la ejecución de sus políticas; y por una menor disponibilidad de divisas para importar los insumos necesarios para el funcionamiento de la industria. Lucero estimó en base a diferentes variables (cosecha, saldo exportables, permisos de exportación) que de no haber tenido un comportamiento especulativo guardando parte de la cosecha, hasta octubre de este año se deberían haber exportado 7,4 millones de toneladas más de las que efectivamente se realizaron. “Hubiesen ingresado al país a octubre del corriente año divisas por 4088 millones de dólares”, afirma Lucero.

Si a ese monto estimado se le aplican los aranceles a las exportaciones, se obtiene la suma total que el Estado dejó de percibir en concepto de recaudación: 1370 millones de dólares. Lucero evaluó qué destino hubiese podido tener ese dinero para financiar, por ejemplo, programas de la política social. Calculó que con esos millones de dólares se hubiesen podido construir 21.500 viviendas a través del Pro.Cre.Ar; o brindar 1.450.000 prestaciones anuales de Asignaciones Universales por Hijo; o entregar 1.500.000 programas anuales del Progresar; o distribuir 4.200.000 de netbooks del Conectar Igualdad; o construir 2470 kilómetros de carreteras.

A la vez menciona que la industria y los trabajadores también se perjudicaron porque dejaron de ingresar 4088 millones a las arcas del Banco Central. Esto es así porque la menor cantidad de divisas dificulta la compra externa de insumos industriales y bienes de capital, mermando la actividad industrial, por ende su producción y empleo.

Lucero indica que “párrafo aparte merecen los propios productores sojeros, los cuales con su comportamiento representaron el caso más cercano al perro que se muerde su propia cola. Perdieron plata por especular. Porque si este grano retenido se hubiera exportado en el período habitual de liquidaciones, cuando el precio promedio de la soja era superior a los 550 dólares la tonelada FOB en puertos argentinos, hubieran obtenido un ingreso adicional de divisas respecto de la situación actual”. La pérdida estimada de los sojeros en lo que va de este año es la diferencia entre los ingresos que hubiesen obtenido por vender (sin especular) menos los ingresos que tendrían hoy por vender lo que guardaron. El ingreso no realizado estimado, resultado de no vender en el momento normal, es de 4088 millones de dólares menos las retenciones correspondientes, unos 2719 millones de dólares. El valor actual de la soja no vendida es de 3563 millones de dólares, restándole las retenciones, el valor neto se aproxima a los 2370 millones de dólares (suponiendo que los productores vendieran hoy su producción acopiada). Por lo tanto, la pérdida para los productores en estos diez meses es de 349 millones de dólares, monto que seguiría aumentando si continuara la tendencia a la baja en los precios.

Especialistas en negociación proponen que la mejor estrategia es la de “win-win”, donde ambas partes se quedan conformes para afianzar el vínculo y prever futuras operaciones comerciales. Lucero evaluó que la especulación con la soja en las silobolsas ha sido un esquema opuesto, el de “lose-lose”, al concluir que “tanto los productores (y acopiadores) como el Estado (y en consecuencia la sociedad) perdieron por esta conducta especulativa”.

La decisión individual o la de grupo concentrados de especular en su actividad es una característica del funcionamiento de la economía. Esa lógica individual que a veces brinda resultados positivos y otros negativos tiene mucho impacto en el conjunto de la sociedad.

Lucero propone que “no es equitativo que el Estado deba intervenir exclusivamente en situaciones de emergencia. Debe participar en todo el proceso de crecimiento; no solo en momentos de crisis sino también en momentos de auge”. Entonces es el Estado el que debe contar con herramientas efectivas de intervención para acompañar el ciclo favorable como también amortiguar los costos de decisiones especulativas erróneas con costos elevados para la estabilidad económica. En el caso del complejo agrario, un instrumento útil en esa tarea es contar con una Agencia Comercializadora de Granos para evitar que intereses particulares puedan afectar el bienestar general.

azaiat@pagina12.com.ar

 

Opciones de ahorro

Por Alfredo Zaiat

Sábado 11 de octubre de 2014

El análisis técnico del sistema financiero y su gestión han sido dominados por la corriente económica conservadora, y por lo tanto sus principales protagonistas son también miembros de esa grey. El pensamiento crítico del saber económico convencional ha dirigido sus observaciones a las conductas de ese sector como factor de poder y las consecuencias de su funcionamiento en la distribución regresiva del ingreso. Este trabajo es imprescindible para comprender con criterio amplio los fenómenos económicos. Pero las características de la actividad financiera requieren de un debate en profundidad y un estudio más dedicado de la denominada heterodoxia. Es una tarea necesaria si aspira a conducir a las finanzas para que se conviertan en un actor positivo para el desarrollo. La formación de cuadros técnicos tras ese objetivo no debe limitarse a considerar a los financistas sólo como especuladores perversos. Provocar al poder financiero no es habitual como lo fue con el default y posterior canje de deuda, la eliminación del negocio de las AFJP, la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central y de la ley de mercados de capitales, el pago de deuda con reservas y la resistencia a la extorsión de los fondos buitre. Además de ese desafío, las finanzas deben ser un objeto de estudio sin negar su existencia ni ignorar que los actores económicos de todos los tamaños buscan valorizar capitales en el mercado financiero. Para no quedar en la mera crítica a las perturbaciones que provoca la especulación, la audacia más contundente es saber intervenir en el terreno preferido de la ortodoxia para canalizar el excedente que se genera en el ciclo económico. En ese sentido, la política económica que pretenda ser heterodoxa debe aprender cómo funciona el sistema de circulación del dinero en el mercado financiero, abandonando la posición pasiva de criticar solamente la especulación. Tiene la compleja misión, venciendo sus propios reproches al capital, de participar activamente en la orientación del ahorro hacia el financiamiento del crecimiento, para que no actúe como factor de inestabilidad económica por una excesiva dolarización. Para ello debe existir un menú variado de opciones de ahorro.

Como respuesta al frenesí especulativo de las décadas pasadas, el ciclo político del kirchnerismo reaccionó con un criterio opuesto al proponer que el dinero invertido en la producción sería más rentable que en el circuito financiero. Y así fue en muchas actividades industriales, agrarias y de servicios. Abandonar el régimen de valorización financiera como patrón de acumulación social del capital para transitar uno hacia el de industrialización, empleo e inclusión social tuvo como una de sus principales herramientas la permanencia de una tasa de interés (activa y pasiva) negativa en términos reales. Mientras el crecimiento económico era muy vigoroso y la tasa de inflación se ubicaba en niveles de un dígito, esa estrategia tuvo resultados muy favorables en los frentes productivo y financiero. Ese crecimiento permitió recuperar una economía desquiciada por diez años y medio de la fantasía de la convertibilidad, y a la vez fue creando excedentes importantes. Una parte de esos fondos se recicló en la propia actividad que los generó, sosteniendo de ese modo elevados niveles de inversión y de producción, y otra empezó a buscar opciones de inversión financiera. Esto último puede interpretarse como una respuesta defensiva a experiencias de décadas pasadas o a la debilidad de los actores económicos para intensificar el esfuerzo inversor en la producción, que se mantuvo en niveles muy rentable. Uno u otro camino muestran las deficiencias que irrumpieron para modificar la conducta de los dueños del capital. Ante esa evidencia la política económica requería –ahora también– de una estrategia de diseño de activos financieros seductores de esos fondos para desalentar la tradicional compra de dólares y para que sean alternativas atractivas con rentas positivas en relación con la inflación.

El mercado bancario se desplegó con tasas de interés negativas para captar ahorros y se le sumó una virtuosa política de desendeudamiento que fue reduciendo las opciones de inversión en la plaza de títulos públicos. Cancelar deuda ha implicado, además de ampliar el margen de autonomía de la política económica, el retiro de circulación de bonos públicos (por ejemplo, el Boden 2015 desaparecerá en octubre próximo), menguando el menú de inversiones. La responsabilidad por esa carencia es compartida entre la ausencia de una política oficial hacia el ahorro y el desinterés de los protagonistas del mercado bursátil y bancario para desarrollar el mercado de capitales local.

La necesidad de una estrategia oficial para ofrecer canales de inversión no incluye, por razones obvias, a los excedentes de la economía no registrada, que no tiene más alternativa que dolarizarlos, puesto que no puede destinarlos a la compra de acciones o títulos públicos, a constituir plazos fijos o a adquirir propiedades sin correr el riesgo de ser detectado por las autoridades fiscales.

No existe una campaña pública de educación y orientación al pequeño y mediano inversor sobre qué puede hacer con sus ahorros, ni tampoco se han diseñado instrumentos financieros atractivos para canalizar esos excedentes. Los dueños de la soja pueden jugar políticamente especulando con la retención de la cosecha o ser muy conservadores con su dinero y querer comprar dólares, departamentos, vehículos de alta gama o acopiar los porotos en silobolsas con criterio financiero (esta decisión les significó un fuerte quebranto), pero esas conductas no disculpan la deserción oficial en la tarea de instrucción y en el armado de una oferta de activos financieros para los productores. La negociación de contratos a término o la compra a futuro de dólares no son vías sofisticadas, pero requieren de un trabajo de formación que ha estado ausente.

Sucede lo mismo con las inversiones en acciones y títulos públicos, opciones con más riesgos que una simple colocación a plazo, pero no imposible para el ahorrista medio. La colocación de los bonos en pesos de YPF fue una muestra de la existencia de ese mercado ávido de alternativas de inversión, sendero que fue relegado por el Gobierno y también por la conducción de la petrolera estatal, que ha expresado en la práctica escaso interés en profundizar esa vía de financiamiento en dólares en la plaza local.

Se sabe que el mercado de acciones y bonos es más volátil que las opciones tradicionales, como el plazo fijo. Esto explicaría la baja participación de pequeños y medianos ahorristas en el recinto bursátil, además de que les resultaría muy complicado operar en ese canal de inversiones. Existe una carencia informativa en la población con capacidad de ahorro por deficiencias de las instituciones bursátiles y del Gobierno para explicar los costos, riesgos y ventajas de la inversión en activos bursátiles o fideicomisos financieros. Como se mencionó, cuando lo hicieron con las ON YPF hubo una muy buena respuesta. Por su parte, los bancos no son muy activos en esa tarea de orientar al universo de ahorristas minoristas porque, si bien cobran una comisión por transacción y mantenimiento de la cuenta comitente, la canalización de fondos hacia la compra de acciones y bonos les restaría fondos provenientes de plazos fijos. Por eso ocultan una posibilidad de inversión que consiste en que los ahorristas pueden comprar vía los bancos comerciales Letras (corto plazo) y Notas (hasta 3 años) del Banco Central, instrumentos financieros licitados todos los martes por la autoridad monetaria. Las tasas devengadas son más elevadas que los plazos fijos, y el monto mínimo es de 1000 pesos. Los bancos no recomiendan ese producto financiero porque compite con la captación de plazos fijos.

La decisión del equipo económico de Axel Kicillof de abrir la posibilidad de comprar con límites dólares para atesorar fue una respuesta a la carencia de opciones de inversión. La suba de la tasa de interés para los plazos fijos definida por la nueva conducción del Banco Central empezó a ocuparse de un aspecto sensible de la vida cotidiana de un sector de la población con capacidad de ahorro. Es un punto de partida para delinear una política más amplia que, acotando el prejuicio sobre el carácter de la especulación financiera, permita empezar a desarmar lentamente la estructura dolarizadora del ahorro y ofrezca un menú variado y atractivo de opciones de inversión.


 

Tasas para ahorristas

Por Alfredo Zaiat

Domingo 28 de septiembre de 2014

El artículo 7 de la Carta Orgánica del Banco Central dispone, entre otras atribuciones del directorio, “fijar las tasas de interés y demás condiciones generales de las operaciones crediticias del banco”. Para espanto de representantes de la ortodoxia, la autoridad monetaria tiene la facultad de determinar el nivel de la tasa de interés de los bancos, ya sea la que retribuye a los ahorristas o la que cobran por los créditos. Sobre esta última, el Central estableció topes para préstamos personales y prendarios al vincularlas con el rendimiento de las letras (Lebac) que emite, instrumento de deuda utilizado para regular la masa monetaria del sistema. De ese modo, en junio, los préstamos personales que promediaban una tasa del 47 por ciento, se redujo al 38,9 por ciento (1,45 veces la tasa de la Lebac) para las entidades de primera línea, al 48,3 por ciento (1,8 veces) para los de segunda línea y al 54 por ciento (hasta 2 veces) para los descuentos de cartera de las entidades no financieras proveedoras de crédito. En este último grupo están incluidas mutuales, cooperativas y agencias de crédito. Existen antecedentes internacionales de fijar tasas para préstamos: Chile define una tasa máxima convencional, que corresponde a la tasa de interés máxima que los oferentes de crédito pueden cobrar en sus operaciones; Colombia considera una tasa usuraria por encima del 50 por ciento de interés corriente; en Uruguay existe una Ley de Tasas de Interés y Usura desde diciembre de 2007, que fija un tope para el costo de los préstamos, que incluye compensaciones, gastos administrativos y comisiones; en Alemania se utiliza una regla implícita que fija un tope del doble de la tasa promedio de depósitos; en Francia regulan las tasas desde 1966; e Italia establece el delito de usura desde el 50 por ciento de interés anual. Si quiere dejar de ser un actor pasivo ante las tensiones del mercado cambiario, el Banco Central tiene la posibilidad de intervenir sobre la tasa de interés que las entidades ofrecen para captar el dinero de ahorristas y grandes inversores.

Pese a la queja de banqueros acerca de que ese tipo de medidas afectaría la rentabilidad, el último informe de Bancos que elabora el BCRA revela que, según el balance consolidado de las entidades, no bajaron sus ganancias por el tope a la tasa de préstamos, sino que las aumentaron en términos globales y también en el rubro “resultado por intereses” que subió de 5063 a 5445 millones de pesos de junio a julio pasados. Esta utilidad es el saldo entre lo cobrado por créditos y lo pagado por depósitos.

En esos meses la evolución del crédito no registró una expansión considerable para explicar ese incremento. Para preservar y hasta incrementar el margen de rentabilidad disminuyeron la tasa de interés a los ahorristas y grandes inversores. Esa menor retribución en un contexto de disputa con los fondos buitre ha contribuido a alimentar las presiones cambiarias. La disminución de esa tasa ha sido un factor más de desestabilización del mercado del dólar en sus diferentes versiones (blue, Bolsa, contado con liqui y ahorro). Si las tasas son bajas y si además la gestión económica no ofrece ni induce a orientar el ahorro a otras opciones rentables, como acciones y bonos (existe un boom bursátil deliberadamente ignorado en los análisis financieros), el callejón conduce a una sola ventanilla de color verde.

En amables negociaciones el Banco Central puede invitar a las entidades a que paguen una tasa de interés más alta o directamente fijarla, como lo ha hecho con las tasas para préstamos. Sería un aporte importante del Banco Central para obturar una de las vías que utilizan las entidades financieras para alimentar la corrida cambiaria.

Los bancos están ofreciendo tasas del 17 al 20 por ciento anual, cuando hace pocos meses el rango era del 22 al 26 por ciento. Con una tasa de inflación anual que se dirige hacia ese umbral mayor e inestabilidad en el mercado cambiario, lo que genera expectativas de devaluación, disminuir la tasa por colocaciones a plazo es una provocación para la compra de dólares. El Banco Central posee las herramientas normativas y el suficiente peso político de disuasión para interrumpir esa estrategia de desestabilización de las entidades.

Obligar o inducir una suba de la tasa de interés pasiva (la que pagan a los ahorristas) no necesariamente debe tener como resultado un aumento de la tasa para créditos. Esto afectaría el ingreso disponible de los acreedores dañando el consumo e inversión. Analistas y economistas estrechamente vinculados a la banca, con amplia repercusión en grandes medios, dicen que es impracticable esa pretensión de determinar la tasa pasiva. Saben defender muy bien las ganancias de los bancos sumergiendo el debate en un mar de confusiones. Esa eventual medida del Banco Central intervendría precisamente en esos extraordinarios márgenes de utilidad.

Es muy sencillo el esquema de negocio de las entidades: toman el dinero de ahorristas pagando 20 por ciento anual, y luego lo prestan al Banco Central, vía Lebac, recibiendo una tasa de hasta el 29 por ciento, o al consumo o por prendas, a una tasa del 40 al 50 por ciento. Esa diferencia del 20 al 29 o al 50 por ciento es el margen que contabilizan los bancos. Es una ganancia del 45 al 150 por ciento por la intermediación del dinero, diferencia que pocas actividades están en condiciones de exhibir.

El Banco Central puede disminuir apenas esas ganancias fabulosas, y de ese modo colaboraría para desalentar el aporte que hacen las entidades para incitar la corrida cambiaria. El argumento previsible que irrumpirá para resistir una iniciativa que impulse un alza de la tasa de interés para los ahorristas sin elevar la tasa activa es que perjudicará la rentabilidad del sector. Es cierto que la disminuiría pero no sería una situación inquietante de acuerdo con los balances que muestran los bancos. El resultado por intereses exhibe un recorrido ascendente sin pausa, y una interrupción en esa tendencia no sería tan relevante teniendo en cuenta que sería parte de una estrategia global para enfrentar una corrida cambiaria y, fundamentalmente, para prevenir una bancaria.

En mayo, las utilidades nominales por los intereses cobrados menos intereses pagados del sistema financiero fue de 4786 millones de pesos (5,4 por ciento del activo neteado), en junio subió a 5063 millones de pesos (5,5) y en julio siguió creciendo hasta los 5445 millones de pesos (5,9). En los siete meses del año, ese rubro acumula 35.331 millones de pesos, 7487 millones más que en igual período de 2013. En los últimos doce meses (julio 2013-julio 2014), último dato del Informe sobre Bancos, la utilidad nominal acumulada ascendió a 57.822 millones de pesos (5,8 por ciento del activo neteado).

Es un revelador ejercicio observar la evolución del resultado por intereses en porcentaje del activo neteado para tranquilizar a los voceros de la banca preocupados por la rentabilidad de la banca:

2008 3,1%
2009 4,3%
2010 4,3%
2011 4,6%
2012 5,7%
2013 5,9%

Las entidades están en camino de repetir en este año el último muy bueno de ganancias por intereses, que marcó un pico máximo. Otra información relevante que proporciona el Informe de Bancos en el anexo estadístico es el diferente comportamiento de la banca según el origen de la propiedad. La de capitales extranjeros acumuló en los últimos doce meses (a julio) 22.883 millones de pesos, el 8,2 por ciento del activo neteado; la de capitales nacionales contabilizó 18.623 millones de pesos (6,7); y los bancos públicos, 14.064 millones de pesos (3,3). Estas cifras muestran el importante espacio que existe para el Banco Central para intervenir sobre la tasa de interés a los ahorristas que paga la banca privada.

El desafío para el equipo económico es neutralizar movimientos especulativos e implementar una estrategia para manejar la masa de dinero en circulación, el dólar y las tasas. Ese objetivo requiere de una activa intervención del Banco Central. La Carta Orgánica brinda herramientas para actuar sobre una dinámica financiera perturbadora de la estabilidad y el crecimiento de la economía. Puede hacerlo regulando las tasas de interés, como lo ha hecho con la de préstamos, pero también tiene la posibilidad de hacerlo con la que reciben los ahorristas. Puede implementarlo a través de normas monetarias y contables o puede invitar a los bancos a subirlas voluntariamente. Esta última instancia estaría facilitada porque las autoridades del Central son bien consideradas por la banca de acuerdo a las crónicas publicadas en la mayoría de los medios.


 

La posición de EEUU

por Alfredo Zaiat

Sábado 5 de julio de 2014

El caso de los fondos buitre contra Argentina expone las limitaciones de los gobiernos centrales para regular las finanzas globales, con Estados Unidos como protagonista principal. Cuando estalló la crisis internacional en 2008 se realizó la primera cumbre de presidentes del G-20, con las potencias desesperadas por el riesgo de una debacle global. El diagnóstico en ése y el siguiente encuentro fue que existía un problema sistémico y la manera de solucionarlo era a través de la creación de mecanismos de coordinación y de regulación para frenar el descontrol de los mercados financieros globales. Así quedó expresado en los respectivos documentos finales, críticos de la forma en que estaba funcionando el sistema mencionando especialmente el accionar de las calificadoras de riesgo. En la última cumbre presidencial se incluyó también una observación al despliegue de las guaridas (paraísos) fiscales. Hubo una promesa de impulsar reformas en los mercados financieros. Poco y nada se avanzó en ese sentido. Pese a la estruendosa crisis internacional que transita su séptimo año, precipitada por la existencia de un mercado globalizado y desregulado, cualquier intento de cambio para mejorar y aumentar la supervisión del sistema fue neutralizado. Estados Unidos ha estado acompañando la retórica reformista aunque moderando el contenido y a la vez frenando los intentos de una mayor regulación. El mismo recorrido se detecta frente al accionar de los fondos buitre, cuestionado por organismos políticos y financieros internacionales e incluso por gobiernos de países centrales. Estados Unidos reitera en ese tema su comportamiento ambiguo en el G-20, que en los hechos termina avalando el vuelo de los buitres.

En la administración Obama existen diferencias en la lectura sobre los buitres entre funcionarios del Departamento del Tesoro y del Estado. La pelea entre demócratas y republicanos en el Congreso suma ingredientes a la tensión que provoca ese tipo de fondos. Pero en la práctica, ya sea por limitaciones políticas, acorralado por la derecha republicana, o ideológicas, por el endiosamiento de las reglas de funcionamiento del mercado financiero, el gobierno de Estados Unidos no se animó a ejercer una posición firme frente a fondos de inversión especializados en litigar por deudas soberanas colapsadas.

En el documento final de los jóvenes del G-20, reunidos en la última cumbre presidencial realizada en San Petersburgo, Rusia, en septiembre del año pasado, se instaba a sus líderes políticos a incluir el tema de los fondos buitre. Propusieron condenarlos por ser un potencial peligro para futuras reestructuraciones de deudas. Estados Unidos vetó esa parte de la declaración.

En el Fondo Monetario Internacional existe mucha preocupación por el riesgo sistémico del fallo a favor de los buitres, inquietud expresada en declaraciones de su titular, Christine Lagarde, como también en documentos técnicos del organismo. El interés manifestado por el Fondo no es por simpatía hacia la Argentina, sino por las consecuencias negativas que prevé para futuras reestructuraciones de deuda. En ese organismo multilateral Estados Unidos ejerce un poder categórico en materia política. Pese a las prevenciones de sus autoridades y economistas, el gobierno de Obama le indicó al FMI que no se presente como amicus curiae ante la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos para respaldar la posición argentina.

Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación en Economía y Política en Washington, escribió en Página/12, el martes pasado, que “al contrario de Francia, Brasil, México y el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz, el gobierno estadounidense no presentó un escrito en calidad de amicus curiae ante la Corte Suprema, a pesar de haberlo hecho en el caso de apelación. Y aquí está el gran misterio, tampoco lo hizo el FMI, incluso cuando en ocasiones anteriores había expresado públicamente su preocupación por el impacto de esa decisión”. Estados Unidos bloqueó la posición del Fondo contra los buitres.

La convocatoria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) a una reunión urgente de consulta de cancilleres, que se desarrolló anteayer, fue aprobada por aclamación, para evitar la votación que hubiera tenido la abstención de Estados Unidos. La delegada de la administración Obama en la OEA, Margarita Riva-Geoghegan, señaló que el caso tramitado en tribunales de su país “es independiente del gobierno de Estados Unidos”, y que el encuentro de cancilleres no debería evaluarse como un acto de “interferencia” sobre decisiones del Poder Judicial de su país. La declaración final tuvo también la abstención de Estados Unidos.

Santiago O’Donnell, autor de dos libros sobre los Wikileaks de la Embajada de Estados Unidos en el país y jefe de la sección Internacionales de este diario, facilitó al autor de esta columna los cables correspondientes al debate abierto entre los miembros del Club de París, en el cual queda expuesta en ese ámbito la posición de Estados Unidos sobre los fondos buitre. O’Donnell explica que, según cables diplomáticos originados por la embajada estadounidense en París publicados por Wikileaks, entre el 2006 y principios del 2010 los representantes de distintos países presentaron diferentes propuestas e iniciativas para regular o limitar la capacidad de los fondos buitre. Pero en todos los casos las iniciativas quedaron truncas o a mitad de camino, ya que los representantes, al evaluar los costos y beneficios, una y otra vez concluyeron con respecto a este tema que lo que más convenía era no hacer nada. El representante de Estados Unidos en el Club de París afirmó en más de una ocasión que lo mejor era mantener el statu quo.

En esos cables diplomáticos, a los fondos buitre se los denomina “acreedores litigiosos”. Como antecedente para entender el bloqueo estadounidense al FMI para ser amicus curiae, el delegado de Estados Unidos en el Club de París afirmó que de poco o nada serviría que los países integrantes de ese grupo de acreedores soberanos se presentaran en la Corte Suprema de su país con ese tipo de escritos a favor de países deudores querellados por los fondos buitre.

Hubo discusiones internas en el Club de París sobre qué decir ante el accionar de los buitres, pero no por el sobrevuelo sobre Argentina, sino sobre los ataques a los denominados países pobres muy endeudados (africanos) seleccionados para una reducción de deuda con esa entidad. Se menciona el caso del fondo buitre Donegal, registrado en las Islas Vírgenes Británicas, propiedad del financista estadounidense Michael Sheehan, contra la República de Zambia, uno de los países más pobres del mundo. Ese fondo había comprado una deuda por 3,2 millones de dólares y reclamó 55 millones en tribunales británicos. Finalmente, en 2007, cobró 15,7 millones, casi 500 por ciento de ganancia, luego de que el juez inglés Andrew Smith ordenara congelar los activos de Zambia en el Reino Unido. Frente a este caso, casi todos los países del Club de París propusieron advertir sobre la “amenaza” buitre, pero Estados Unidos se opuso y el comunicado final fue bien lavado al hablar de “acreedores que no están dispuestos a reestructurar sus acreencias”.

Gran Bretaña planteó en ese ámbito, en 2009, que en su gobierno había comenzado un debate interno sobre un proyecto de ley en contra de fondos buitre. Francia se mostró interesado en la propuesta y consultó a Estados Unidos para definir una acción legal coordinada. El representante estadounidense contestó que avanzar en ese sentido traería problemas legales y políticos significativos, cerrando la discusión.

Los cables de Wikileaks del debate en el Club de París sobre los buitres reflejan que en esos países desarrollados predomina la idea de que el accionar de esos fondos es un tema complejo, que tienen herramientas limitadas para controlarlos y que, en última instancia, litigar y vender deuda en mercados de deuda forma parte del funcionamiento del sistema financiero internacional. Esto se traduce en manifestaciones de preocupación y en pronunciamientos sobre eventuales riesgos sistémicos, pero en los hechos no se hace nada para frenar a los buitres.

Weisbrot señala que la posición de Estados Unidos, en especial la que definió la abstención del FMI como amicus curiae, “puede ser la razón por la cual la Corte Suprema no haya invitado al procurador general de Estados Unidos a que presentara un escrito y finalmente haya decidido no escuchar el caso”. Si es así, la administración Obama, al igual que tribunales estadounidenses, es responsable de las consecuencias de un fallo que concentra el rechazo de países y organismos internacionales.

Esta posición de Estados Unidos permite realizar una mejor lectura de la presentación argentina desplegada el jueves último en la OEA reclamando que “la comunidad internacional actúe” ante el fallo de Griesa a favor de los buitres.

azaiat@pagina12.com.ar

 


 

Campeones mundiales

Por Tomás Lukin

Domingo 16 de junio de 2014

En los últimos años, los bancos multiplicaron sus ganancias como ningún otro sector, con cifras extraordinarias en este trimestre y márgenes mayores que en EE.UU., Europa y América latina.

Las ganancias del sector financiero pasaron de 4757 millones de pesos en 2008 a 29.143 millones de pesos en 2013. El primer trimestre, contractivo para la mayoría de las actividades productivas, arrojó una ganancia extraordinaria de 16 mil millones de pesos para la banca local, más de la mitad del resultado acumulado durante todo el año pasado. La mayor parte de esa mejora patrimonial se explica como resultado de la devaluación de enero. Las entidades financieras acumularon importantes sumas de dólares y activos dolarizados –una actividad no tradicional del sector– desde fines del año pasado especulando con la modificación de la paridad cambiaria que finalmente se concretó. Otro elemento relevante que explica las abultadas ganancias del primer trimestre fue la suba de las tasas de interés que los bancos aplicaron para créditos al consumo y prendarios a partir de febrero. Esa decisión afectó sensiblemente a los niveles de consumo y producción, como sucedió en la venta de motos y autos. Con ese diagnóstico, y para evitar un impacto mayor sobre la actividad económica, el Ministerio de Economía y el Banco Central establecieron la semana pasada un techo para las tasas de interés que cobran los bancos a los créditos personales y prendarios.

Antes del salto cambiario, las tenencias en moneda extranjera alcanzaban al 66 por ciento del capital en todo el sistema, mientras que la posición en dólares de entidades como el Deutsche ascendía hasta el 456 por ciento de su capital, la de Finansur trepaba a 245 por ciento y en el caso del Banco Industrial llegaba a 239 por ciento (incluyendo sus compras de dólares “a futuro”, es decir, endeudándose en pesos para especular con la suba de la divisa). Otros, como el JP Morgan Chase se ubicaban en el 224 por ciento, mientras que BNP Paribas llegó a 213 por ciento. Para Comafi e Interfinanzas, el indicador ascendió a 199 y 193 por ciento respectivamente. La ganancia cambiaria de los bancos a principios de año fue generalizada: en un mes la banca logró un beneficio contable de 10 mil millones de pesos, un tercio del resultado contabilizado en todo 2013. Pero la mejora patrimonial fue aprovechada con más intensidad por esas siete entidades financieras.

Junto con la inducción de una suba en los tipos de cambio ilegales, el dólar blue y el contado con liquidación, la acumulación de activos dolarizados constituyó uno de los eslabones de lo que se denominó en los despachos oficiales como “la nueva bicicleta financiera de los bancos”. A comienzos de febrero el Banco Central obligó a los bancos a desdolarizar la cartera y dispuso que la Posición Global Neta positiva de moneda extranjera de las entidades no pueda superar al 30 por ciento de su Responsabilidad Patrimonial Computable.

A lo largo de los últimos cinco años, la rentabilidad del sistema bancario, medida en relación con sus activos, se triplicó. El resultado obtenido por esta actividad está por encima del de cualquier otro sector de la economía nacional. Pero la magnitud de sus márgenes excede las fronteras. Un documento interno del equipo económico evidencia que la rentabilidad de la banca local supera la exhibida en los sistemas bancarios asiáticos, europeos, latinoamericanos y norteamericanos.

En los primeros meses del año se registró un aumento de tasas inducido por el Banco Central para garantizar la sustentabilidad del precio del dólar luego de la devaluación. En respuesta, los bancos subieron la tasa de interés para atraer ahorristas en pesos, pero lo hicieron más que proporcionalmente para créditos al consumo, prendarios y en descuento de documentos. A este accionar de los bancos, que encareció fuertemente la financiación para compras de bienes durables, se le atribuye en los despachos oficiales una buena proporción de la responsabilidad por la caída en las ventas de automóviles y motos en lo que va del año.

La regulación de la actividad financiera y, en general, la remoción de las normas impuestas en 1977 con la Ley de Entidades Financieras de la dictadura es un debate abierto. Estas medidas ofrecen un instrumento adicional a los ya vigentes. Desde la Red de Economía Política de Rosario, un equipo de investigadores que conforman Diego Kofman, Lavih Abraham, Marco Kofman, Natalia Barreda y Sergio Arelovich, afirman que “la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, acompañada de numerosas normas emitidas por la entidad, fue cerrando ciertas porosidades generadas por la reforma de 1977. Sin embargo, el peso adquirido por el sector, su rol en el proceso de acumulación del capital y la relevancia en la construcción de precios sensibles en la economía argentina tornan impostergable su abordaje”.


 

Tasas de interés

Por Alfredo Zaiat

Sábado 31 de mayo de 2014

El balance consolidado de entidades financieras publicado en el último Informe sobre Bancos del BCRA a febrero de este año ofrece información relevante sobre el impacto de la suba de la tasa de interés. El resultado por intereses (el saldo entre lo cobrado por créditos y lo pagado por depósitos) fue del 6,1 por ciento del activo neteado del sistema en el primer bimestre del año. Es el porcentaje más elevado desde la serie presentada en el anexo del reporte. En 2004 fue de 0,9 por ciento subiendo en cada año siguiente, describiendo un salto a 3,1 por ciento en 2008 y hasta el 5,8 por ciento en 2013. En términos nominales, en ese rubro los bancos ganaron 10.503 millones de pesos en los dos primeros meses del año, frente a los 7537 millones de igual período de 2013. Ese monto representa el saldo entre la tasa que retribuyeron por el dinero de los ahorristas y la que cobraron por prestar esos fondos a consumidores o empresas. Esa mayor utilidad embolsada por tasas más altas ha tenido un efecto negativo sobre la economía.

Los bancos privados (nacionales y extranjeros) contabilizaron un resultado por margen por intereses que casi duplicó a la banca pública en febrero: 7,5 versus 3,9 por ciento sobre el activo neteado. Entre los privados, los extranjeros anotaron 8,1 por ciento, mientras que los nacionales, 6,9.

La información corresponde hasta febrero, cuando después de la devaluación la suba de la tasa de interés empezó a actuar con la máxima potencia para enfrentar las presiones especulativas en el mercado cambiario. Se puede estimar que en el balance global en los tres meses siguientes, con tasas que se mantuvieron en niveles elevados, los bancos continuaron con esos importantes márgenes por intereses. Este comportamiento implica ganancias crecientes para las entidades por intermediación financiera y caída de la actividad económica por reducción del financiamiento al consumo (personales, tarjeta de crédito) y al capital de trabajo de las empresas vía adelanto en cuenta corriente o descuento de documentos (cheques y facturas).

La autoridad monetaria subió fuerte la tasa para, junto con la devaluación de fines de enero, frenar el ataque especulativo sobre las reservas. El equipo económico logró de ese modo el objetivo y comenzó una lenta recuperación de reservas. El Central elevó la tasa hasta casi el 30 por ciento anual en las Letras y Notas que suscriben los bancos, colocaciones que actúan también como regulador de la masa monetaria. Las entidades subieron entonces la tasa de interés para seducir a ahorristas en pesos, pero lo hicieron más que proporcionalmente para créditos al consumo y en descuento de documentos. Esta última vía es utilizada por pequeñas y medianas empresas para financiar el capital de trabajo, es decir el giro cotidiano de sus negocios. El alza de esta tasa es todavía más pronunciada en el circuito informal, donde operan además del segmento comercial no bancarizado, pymes que tienen un tope de financiamiento en el banco.

El informe sobre bancos da cuenta de esa situación al mencionar que en febrero “se incrementaron las tasas de interés operadas en moneda nacional para préstamos comerciales y para líneas de consumo, en tanto que las tasas para las líneas con garantía real (hipotecarias y prendarias) se contrajeron levemente”. Señala que “con respecto a enero pasado y comparación con febrero de 2013, todos los grupos de bancos evidenciaron un incremento en los spreads (diferencia entre la tasa activa –préstamos– y la pasiva –depósitos–) de las operaciones en pesos”. El diagnóstico de cómo funciona el mercado de la tasa de interés está detallado en el Informe sobre Bancos elaborado por técnicos de la autoridad monetaria. La nueva Carta Orgánica del Banco Central, modificación que fue un avance significativo frente a la ortodoxia económica y el lobby bancario, brinda herramientas para intervenir en esa dinámica financiera perturbadora de la estabilidad y el crecimiento de la economía. Puede hacerlo controlando y regulando las tasas de interés a través de normas monetarias y contables o puede invitar a los bancos a reducirlas voluntariamente, dado que existen experiencias pasadas de ese tipo de acuerdo de buena convivencia. No necesariamente el Central debe reducir las tasas de las Letras o los bancos la de los depósitos a plazo, sino que el objetivo es bajar las tasas abusivas que afectan el consumo y el giro de negocios de la producción. Esas tasas están reportando ganancias extraordinarias a la banca. La reducción de la tasa de interés no debería estar condicionada a la evolución de los precios (la ortodoxa política de metas de inflación), sino al objetivo de recuperar el dinamismo de la economía, puesto que la retribución financiera esperada del dinero en pesos está vinculada con la expectativa de devaluación más que con la inflación.

El sistema financiero ha contabilizado una ganancia espectacular por la devaluación de fin de enero (9738 millones de pesos), con apenas una leve pérdida (526 millones de pesos) provocada por la posterior obligación del Banco Central de desdolarizar la cartera de las entidades. También han empezado a sumar utilidades con la suba de la tasa de interés como se mencionó, incluyendo en ese rubro el alza de la tasa de las Letras y Notas del BC, stock de activos que aumentó 42,9 por ciento en el primer bimestre del año, al pasar de 89.641 millones de pesos (diciembre 2013) a 128.128 millones de pesos (febrero 2014). Con normas facilitadas por la Carta Orgánica para fijar la magnitud del spread o con diálogo con los banqueros recordándoles sus abultadas y recientes utilidades contabilizadas, la conducción del Central, autoridades bien consideradas por el establishment y el sistema financiero, tiene la posibilidad de inducir a un descenso de las tasas de interés.

Esa eventualidad es resistida por la banca. La reducción de un punto en la tasa de las Letras del Central no provocó movimientos especulativos en el mercado, pero cuando reiteró en el mismo mes esa baja la reacción fue un alza de la cotización del dólar blue. Ante un incipiente descenso de tasas de interés impulsado por el Banco Central reaparecieron presiones especulativas en un mercado marginal para reinstalar expectativas de devaluación. La estrategia es conocida porque ya fue desplegada: marcar precios altos del dólar en el mercado negro, ampliando la brecha con la cotización oficial, generando un escenario de devaluación futura que hace retener la liquidación de dólares por parte de los exportadores y adelantar pagos de los importadores, además de inducir a la dolarización de excedentes en pesos.

Si antes con un estricto régimen de control de acceso a la moneda extranjera y tasas bajas, la ampliación de la brecha cambiaria era la vía de presión sobre la política económica; ahora, con un leve relajamiento del sistema cambiario (autorización con límites para la compra de dólares para trabajadores, para viajar al exterior y para la remisión de utilidades), la amenaza especulativa se manifiesta con la resistencia a operar con tasas de interés en descenso. En uno y en otro escenario, con el mercado financiero y cambiario como protagonista, se afecta negativamente el nivel de actividad económica.

El desafío para el equipo económico es neutralizar esos movimientos especulativos, empezando para alterar el comportamiento procíclico del sistema financiero de operar con tasas de interés altas con estancamiento o caída de la producción según los sectores. Analistas y economistas amantes del ajuste ortodoxo están proponiendo el ajuste fiscal para salir de ese círculo vicioso que, como se sabe, sólo profundizaría la caída de la actividad. Además del componente ideológico, esa propuesta tiene un transparente objetivo político de deteriorar el recorrido económico con vistas a las elecciones presidenciales del año próximo. Para enfrentar esas fuerzas especulativas con el dólar y las tasas se requiere fortalecer la capacidad de intervención del Banco Central, mediante la aplicación de normativas a disposición y también aumentando el stock de reservas. De esa manera el equipo económico puede avanzar en reducir las tasas de interés con espaldas financieras para neutralizar las presiones especulativas por otra vuelta de devaluación.

azaiat@pagina12.com.ar

Riqueza y desigualdad

25-05-14. Con Capital en el siglo XXI, el francés Thomas Piketty se convirtió en el nuevo gurú mundial. Su obra, considerada en Estados Unidos y Europa como uno de los mejores libros de la década, sostiene que la crisis es producto del “capitalismo patrimonial”, que se evidencia cuando la tasa de acumulación crece más rápido que la economía. Propone un impuesto a la riqueza. Adelanto del ensayo que aún no se publicó en la Argentina.

Por Thomas Piketty

La distribución de la riqueza es uno de los temas más discutidos y controvertidos de la actualidad. Pero, ¿qué es lo que realmente sabemos acerca de su evolución en el largo plazo? ¿Es la dinámica de la acumulación de capital la que conduce inevitablemente a la concentración de la riqueza en cada vez menos manos, como Karl Marx creía en el siglo XIX? ¿O es que las fuerzas del equilibrio de crecimiento, la competencia y el progreso tecnológico en las etapas posteriores del desarrollo contribuyen a la reducción de la desigualdad y una mayor armonía entre las clases, como Simon Kuznets pensaba en el siglo XX? ¿Qué sabemos realmente acerca de cómo la riqueza y los ingresos han evolucionado desde el siglo XVIII, y qué lecciones podemos obtener de ese conocimiento para el siglo en curso?

Estas son las preguntas que intentará responder este libro. Permítanme decir a la vez que las respuestas contenidas en el presente documento son imperfectas e incompletas. Pero se basan en la gran cantidad de datos históricos y comparativos que no estaban disponibles para los investigadores anteriores; los datos abarcan tres siglos y más de una veintena de países, así como un nuevo marco teórico que permite una mejor comprensión de los mecanismos subyacentes. El crecimiento económico moderno y la difusión del conocimiento han permitido evitar el apocalipsis marxista, pero no han modificado las estructuras profundas del capital y la desigualdad, o en todo caso no tanto como uno podría haber imaginado en las optimistas décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial. Cuando la tasa de rendimiento del capital supera la tasa de crecimiento de la producción y los ingresos, como lo hizo en el siglo XIX y parece muy probable que lo haga de nuevo en el siglo XXI, el capitalismo genera automáticamente las desigualdades arbitrarias e insostenibles que socavan radicalmente los valores meritocráticos en que se basan las sociedades democráticas. No obstante, hay maneras democráticas para recuperar el control sobre el capitalismo y garantizar que el interés general prevalezca sobre el interés privado, preservando al mismo tiempo la apertura económica y evitando reacciones proteccionistas y nacionalistas. (...)

¿Un debate sin datos?

El debate intelectual y político sobre la distribución de la riqueza siempre se ha mantenido sobre la base de una gran cantidad de prejuicios y una escasez de datos. (...)

Sin embargo, la cuestión de la distribución de la riqueza también merece ser estudiada de manera sistemática y metódica. Algunas personas creen que la desigualdad es siempre creciente y que el mundo es, por definición, siempre cada vez más injusto. Otros creen que la desigualdad está disminuyendo de forma natural, o que la armonía viene de forma automática, y que en cualquier caso no debe hacerse nada que pudiera correr el riesgo de molestar este feliz equilibrio. Ante este diálogo de sordos, en el que cada campo justifica su propia pereza intelectual señalando la pereza de la otra, hay un papel para la investigación que es, al menos, sistemática y metódica, si no totalmente científica. Los análisis de expertos nunca pondrán fin al conflicto político violento que la desigualdad instiga inevitablemente. La investigación científica social es y será siempre provisional e imperfecta. No pretende transformar la economía, la sociología ni la historia en las ciencias exactas. Pero con paciencia en la búsqueda de hechos y patrones y analizando con calma los mecanismos económicos, sociales y políticos que podrían ser explicados, puede contribuir al debate democrático y centrar la atención en las preguntas correctas. Puede ayudar a redefinir los términos de la discusión, desenmascarar ciertas nociones preconcebidas o fraudulentas, y someter todas las posiciones a un constante escrutinio crítico. En mi opinión, éste es el papel que los intelectuales, incluidos los científicos sociales, deben desempeñar, como cualquier ciudadano, pero con la suerte de tener más tiempo que otros para dedicarse a estudiar (e incluso a cobrar por ello: una señal de privilegio).

Es claro, sin embargo, que la investigación en ciencias sociales sobre la distribución de la riqueza partió durante mucho tiempo de la base de un conjunto relativamente limitado de hechos firmemente establecidos, junto con una amplia variedad de especulaciones puramente teóricas. (...)

Malthus, Young y la Revolución Francesa.

Para Thomas Malthus, quien en 1798 publicó su Ensayo sobre el principio de la población, no podía haber duda alguna: la principal amenaza era la superpoblación. Aunque sus fuentes eran simples, hizo lo mejor que pudo con ellas. Una influencia particularmente importante fue el diario de viaje publicado por Arthur Young, un agrónomo inglés que viajó extensamente en Francia, de Calais a los Pirineos y desde Bretaña hasta Franche-Comté, en 1787-1788, en vísperas de la Revolución. Young describió la pobreza de la campiña francesa. (...)

Cuando el reverendo Malthus publicó su famoso Ensayo en 1798, llegó a conclusiones aún más radicales que Young. Al igual que su compatriota, él tenía mucho miedo de las nuevas ideas políticas que emanaban de Francia, y para tranquilizarse a sí mismo de que no habría ninguna conmoción comparable en Gran Bretaña sostuvo que toda la asistencia social a los pobres debía ser detenida de inmediato y que la reproducción de los pobres debía ser reducida severamente para que el mundo no sucumbiera a la sobrepoblación que conducía al caos y la miseria. Es imposible entender las predicciones exageradamente sombrías de Malthus sin reconocer el camino del miedo que se apoderó de gran parte de la élite europea en la década de 1790.

Ricardo: el principio de la escasez

En retrospectiva, es obviamente fácil burlarse de estas profecías de fatalidad. Es importante tener en cuenta, sin embargo, que las transformaciones económicas y sociales de finales del siglo XVIII y principios del XIX eran objetivamente impresionantes, por no decir traumáticas, para los que fueron testigos de ellas. De hecho, la mayoría de los observadores tenían opiniones relativamente oscuras o incluso apocalípticas de la evolución a largo plazo de la distribución de la riqueza y la estructura de clases de la sociedad. Este fue el caso, en particular, de David Ricardo y Karl Marx, que eran sin duda los dos economistas más influyentes del siglo XIX y que creían que un grupo pequeño –propietarios sociales para Ricardo y capitalistas industriales para Marx– iba a reclamar una parte cada vez mayor de la producción y la riqueza.

Para Ricardo, que publicó sus Principios de economía política y tributación en 1817, la principal preocupación era la evolución a largo plazo de los precios y la renta de la tierra. Al igual que Malthus, no tenía prácticamente ninguna estadística genuina a su disposición. Ricardo, sin embargo, tenía un conocimiento íntimo del capitalismo de su época. Nacido en una familia de financieros judíos con raíces portuguesas, también parece haber tenido menos prejuicios políticos que Malthus, Young o Smith. Fue influenciado por el modelo de Malthus, pero empujó el argumento más lejos. Ricardo estaba por encima de todos los interesados en la siguiente paradoja lógica. Una vez que la población y la producción comienzan a crecer de manera constante, la tierra tiende a ser cada vez más escasa en relación con otros bienes. La ley de la oferta y la demanda implica entonces que el precio de la tierra se elevará de forma continua, como también las rentas pagadas a los propietarios. Por tanto, los propietarios reclamarán una parte creciente de la renta nacional, ya que la parte disponible para el resto de la población disminuye, alterando así el equilibrio social. Para Ricardo, la respuesta sólo lógica y políticamente aceptable era imponer un impuesto cada vez mayor en la renta de la tierra.

Esta predicción sombría se equivocó: la renta de la tierra permaneció alta durante un período prolongado, pero al final el valor de la tierra agrícola inexorablemente disminuyó en relación con otras formas de riqueza, como la participación de la agricultura en el ingreso nacional. Escribiendo en la década de 1810, Ricardo no tenía manera de anticipar la importancia del progreso tecnológico o el crecimiento industrial en los próximos años. (...)

Marx : el principio de la acumulación  infinita

En el momento en que Marx publicó el primer volumen de El capital en 1867, exactamente un siglo y medio después de la publicación de los Principios de Ricardo, las realidades económicas y sociales habían cambiado profundamente: la cuestión ya no era si los agricultores podían alimentar a una población en crecimiento o el precio del suelo se elevaría a las nubes, sino más bien la manera de entender la dinámica del capitalismo industrial, entonces en plena explosión.

El hecho más sorprendente fue la miseria del proletariado industrial. A pesar del crecimiento de la economía, o tal vez en parte a causa de ello, y porque, además del gran éxodo rural, debido tanto al crecimiento de la población y al aumento de la productividad agrícola, los trabajadores se encontraban hacinados en tugurios urbanos. La jornada de trabajo era larga, y los salarios eran muy bajos. Una nueva miseria urbana surgió, más visible, más impactante, y en algunos aspectos incluso más extrema que la miseria rural del Antiguo Régimen. Germinal, Oliver Twist y Les misérables no surgieron de la imaginación de sus autores, como tampoco lo hicieron las leyes que limitaron el trabajo infantil en las fábricas a los niños mayores de 8 años (en Francia en 1841) o de 10 en las minas (en Gran Bretaña en 1842). El trabajo del doctor Villermé Cuadro del estado físico y moral de los obreros, publicado en Francia en 1840 (que conduce a la aprobación de una nueva ley de trabajo infantil, tímida en 1841) describe la misma realidad sórdida de La condición del trabajo de clase en Inglaterra, que Friedrich Engels publicó en 1845. (…)

Al igual que Ricardo, Marx basó su trabajo en el análisis de las contradicciones lógicas internas del sistema capitalista. Por lo tanto, trató de distinguirse de ambos economistas burgueses (que veían el mercado como un sistema autorregulado, es decir, un sistema capaz de lograr el equilibrio por sí solo sin desviaciones importantes, según la imagen de “la mano invisible” de Adam Smith) y de los socialistas utópicos, que en opinión de Marx denunciaban la miseria de la clase obrera sin proponer un análisis verdaderamente científico de los procesos económicos responsables de la misma.

En resumen, Marx tomó el modelo ricardiano del precio del capital y el principio de la escasez como la base de un análisis más profundo de la dinámica del capitalismo en un mundo donde el capital era principalmente industrial (maquinaria, instalaciones, etc.) en lugar de propiedad de la tierra, de modo que, en principio, no había límite a la cantidad de capital que podría ser acumulado. De hecho, su principal conclusión fue lo que podríamos llamar el “principio de la acumulación infinita”, es decir, la tendencia inexorable del capital para acumular y concentrar en cada vez menos manos, sin límite natural para el proceso. Esta es la base de la predicción de Marx de un fin apocalíptico del capitalismo: o bien la tasa de rendimiento del capital disminuiría de manera constante (matando con ello el motor de la acumulación que conduce a un conflicto violento entre los capitalistas) o la parte del capital de la renta nacional aumentaría indefinidamente (que tarde o temprano sería unir a los trabajadores en la rebelión). En cualquier caso, no hay equilibrio socioeconómico ni sistema político estable. (…)

Poniendo la distribución en el corazón del análisis económico

La pregunta es importante, y no sólo por razones históricas. Desde la década de 1970, la desigualdad de ingresos ha aumentado significativamente en los países ricos, especialmente Estados Unidos, donde la concentración del ingreso en la primera década del siglo XXI de hecho superó ligeramente el nivel alcanzado en la segunda década del siglo anterior. Por lo tanto, es crucial entender claramente por qué y cómo la desigualdad se redujo en el ínterin. Sin duda, el rápido crecimiento de los países pobres y emergentes, en especial China, bien podría llegar a ser una fuerza poderosa para la reducción de las desigualdades a nivel mundial, así como el crecimiento de los países ricos hizo durante el período 1945-1975. Pero este proceso ha generado profunda ansiedad en los países emergentes y una ansiedad aún más profunda en los países ricos.

Por otra parte, los desequilibrios impresionantes observados en las últimas décadas en el aceite y en los bienes raíces, naturalmente han despertado dudas en los mercados financieros acerca de la inevitabilidad de la “senda de crecimiento equilibrado”, descripta por Solow y Kuznets, según la cual se supone que todas las variables económicas clave se mueven al mismo ritmo. ¿El mundo en 2050 o 2100 será propiedad de los comerciantes, los altos directivos y los súper ricos, o va a pertenecer a los países productores de petróleo o el Banco de China? ¿O tal vez será propiedad de los paraísos fiscales en los que muchos de estos actores han buscado refugio? Sería absurdo no plantear la cuestión de quién será el dueño de qué y simplemente asumir desde el principio que el crecimiento es, naturalmente, “equilibrado” en el largo plazo.

En cierto modo, al comienzo del siglo XXI estamos en la misma posición en que nuestros antepasados estaban a principios del siglo XIX: estamos asistiendo a cambios impresionantes en las economías de todo el mundo, y es muy difícil saber qué tan extensa será la distribución global de la riqueza, tanto dentro de los países como entre ellos. Los economistas del siglo XIX merecen inmenso crédito por colocar la cuestión distributiva en el centro del análisis económico y por tratar de estudiar las tendencias a largo plazo. Sus respuestas no siempre fueron satisfactorias, pero al menos estaban haciendo las preguntas correctas. No hay ninguna razón fundamental por la que debamos creer que el crecimiento es automáticamente equilibrado. Hace mucho que pasó el tiempo en que deberíamos haber puesto el tema de la desigualdad de vuelta en el centro del análisis económico y comenzado a hacer preguntas planteadas por primera vez en el siglo XIX. Durante demasiado tiempo, los economistas han dejado de lado la distribución de la riqueza, en parte debido a conclusiones optimistas de Kuznets y en parte por el entusiasmo indebido de la profesión para los modelos matemáticos simplistas. Si la cuestión de la desigualdad llega de nuevo para convertirse en el centro del análisis, tenemos que empezar por reunir un conjunto de datos históricos con el fin de comprender el pasado y las tendencias actuales. Porque es mediante el establecimiento de los hechos que podemos comparar países diferentes, y podemos aspirar a identificar los mecanismos en el trabajo y obtener una idea más clara del futuro.


 

Con pala

Por Alfredo Zaiat

Domingo 18 de mayo de 2014

El Instituto Argentino de Mercado de Capitales estudió los balances anuales 2013 de empresas que cotizan en la Bolsa. Analizó los de 89 firmas que abarcan a todos los sectores relevantes de la economía.  El resultado neto consolidado de esas compañías líderes fue de un incremento del 80 por ciento respecto de 2012. Variación por encima de cualquier índice de precios, lo que significa que el saldo final hubiera sido igual muy positivo con el “ajuste por inflación” que reclaman las corporaciones empresarias. En un año con un crecimiento de la economía por debajo del promedio de los últimos diez años, y en un estado de tensión permanente en el frente cambiario y externo, más empresas ganaron más y menos perdieron menos.

El rosario de lamentos que cotidianamente siembra el establishment, con analistas que saben amplificarlos con exaltada fe, colisiona con cifras de signo positivo de lo que debiera ser lo más importante: el resultado de sus balances económicos. Además de una mayor o menor eficiencia en la gestión de la compañía, el saldo que aparece en el último renglón del ejercicio contable exhibe cuál ha sido el impacto en la actividad de una determinada política económica. Voceros del mundo empresario y hombres de negocios dedicados a la comercialización de información económica participan en el turno mañana, tarde y noche de los medios con la misión de convocar fantasmas y alentar temores. Para quien quiera saber qué está pasando en la economía y, en particular, en el capítulo de la rentabilidad empresaria, los balances anuales ofrecen valiosa información más cercana a la realidad que al juego de intereses económicos y políticos desplegado en el espacio público.

La investigación del IAMC, dependencia vinculada con la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, es tan demostrativa como sorprendente, teniendo en cuenta el estado de ánimo que manifiesta el establishment: las ganancias de esas compañías crecieron 48,5 por ciento en 2013 respecto del año anterior (ver cuadros). En ese grupo de 89 empresas cotizantes están incluidas Siderar (Techint), YPF, los bancos Macro, Francés, Galicia, Patagonia, Hipotecario, Telecom, Aluar, Grupo Clarín, las eléctricas, gasíferas, Mirgor, Bolt, Grimoldi, Ledesma, Molinos, Irsa, Cresud, Indupa, Shopping Alto Palermo, Juan Minetti, Longvie, Colorín, entre otras. Es un lote lo suficientemente amplio y variado que contiene a casi todos los sectores de la actividad económica. Los balances de esas grandes compañías del país sumaron en total utilidades por 29.757 millones de pesos, mientras que las pérdidas fueron por 1880 millones de pesos, cuando un año antes habían anotado 4554 millones, una reducción de 58,7 por ciento en los quebrantos.

Los principales sectores con ganancias en 2013 fueron

–bancos, con resultados por un total de 12.069 millones de pesos, 41 por ciento más que en 2012;

–petroleras, 5654 millones de pesos, 26 por ciento más;

–telecomunicaciones, 3202 millones, 19 por ciento más; y

–siderúrgicas, 2364 millones de pesos, un extraordinario 244 por ciento más que en el ejercicio anterior.

El comportamiento de Siderar del Grupo Techint, de la familia Rocca, sobresalió al pasar de una utilidad de 540 a 2107 millones de pesos, creciendo 290 por ciento, de un año a otro. Otra firma destacada fue la petrolera estatal YPF, que aumentó sus ganancias de 3900 a 5125 millones de pesos, 31,3 por ciento más. Los bancos reiteraron la performance de años anteriores con ganancias crecientes originadas en un aumento de las operaciones por intermediación financiera, en especial por las elevadas tasas que cobraron por préstamos al consumo, por mayores ingresos por comisiones y por el alza de las cotizaciones de los títulos públicos que tienen en cartera.

El cuadro de resultado global del año pasado estuvo influido por los balances de las dos distribuidoras de electricidad del área metropolitana (Edesur y Edenor). Pasaron de fuertes quebrantos a importantes ganancias contables. Edenor registró una pérdida de 1061 millones de pesos en 2012 y anotó una ganancia de 772 millones de pesos el año pasado, mientras que los números de Edesur fueron negativos por 802 y positivos por 1176 millones, de un año a otro. El pase del rojo al azul se debió a un cambio en la forma de contabilizar ingresos que las compañías reciben por la aplicación del Programa de Uso Racional de Energía Eléctrica (Puree), además de otras medidas oficiales de salvataje contable.

En el último año, que tuvo como característica mayores tensiones macroeconómicas, ha sido notable el registro de ganancias de las empresas, con la previsible disparidad sectorial y de tamaño, pero con mayoría con signo positivo. Hubo más empresas con utilidades (54); hubo otras que perdieron menos (9); más sectores económicos tuvieron resultado positivo (21); y los cuatro que empeoraron fueron

–Papel (Celulosa Argentina).

–Editoriales e imprenta (Angel Estrada).

–Alimentos y bebidas (Molinos, Ledesma).

–Transporte de Gas (TGS, TGN).

La mejora del desempeño de las empresas se tradujo en beneficios para los accionistas vía dividendos en efectivos: el año pasado sumaron 35.693 millones de pesos, lejos del record de 105.182 millones de pesos de 2011. Este último monto coincidió con el año de mayor intensidad en la fuga de capitales, especulación sobre el tipo de cambio e incertidumbre construida por usinas de la city acerca de las perspectivas económicas. Las grandes empresas optaron entonces por repartir utilidades en cantidad en lugar de capitalizarlas o de invertir en ampliación de plantas o nuevos proyectos. Este comportamiento fue uno de los impulsores de restricciones a la compra de dólares y de trabas a la remisión de utilidades, teniendo en cuenta que las compañías extranjeras contabilizan el mayor porcentaje del reparto de dividendos en efectivo. Por lo pronto, en el primer cuatrimestre de este año, esas firmas ya distribuyeron más utilidades (33.157 millones de pesos) que en todo 2013.

Analizar los ejercicios económicos de las principales empresas que operan en el país, con sus respectivos cuadros de resultados, es una tarea fértil para encontrar respuestas a muchas dudas sobre el actual proceso económico. Es habitual leer y escuchar que la rentabilidad de las empresas se redujo fuertemente en los últimos años advirtiendo entonces sobre las consecuencias que este deterioro podría traer sobre el de-sempeño de las inversiones. Nada más lejano de la realidad, dicen las cifras de los balances de 89 empresas líderes. Ocultarlas detrás de tradicionales lamentos que bien saben actuar dirigentes empresarios conservadores, ahora reunidos en un foro de lobby, es la forma para confundir y de ese modo preserva  superganancias, con la aspiración última de clausurar la etapa de puja por mejorar la redistribución del ingreso.

azaiat@pagina12.com.ar

 

 

 

 

 

 


 

Dólares para ahorrar

Por Alfredo Zaiat

Domingo 11 de mayo de 2014

El 27 de enero pasado fue el primer día de apertura del sistema de compra de dólares para atesoramiento con 239 casos efectivizados por el equivalente a 109.506 dólares. Fue el comienzo de la flexibilización de un régimen de control de acceso a la moneda extranjera que despierta resistencia en grupos sociales acomodados hasta asimilarlo a un instrumento de tortura. Desde entonces, trabajadores con excedentes pudieron adquirir dólares con restricciones en el canal oficial sin necesidad de recurrir al circuito ilegal. Hoy ya suman 577 millones de dólares. Esa ventanilla está autorizada para los trabajadores registrados (en relación de dependencia, autónomos y monotributistas) con un salario de al menos 7200 pesos mensuales. La AFIP valida la operación según la capacidad contributiva del comprador, autorizando hasta un máximo de 2000 dólares por mes para los trabajadores que cobran por encima de 80 mil pesos. Desde esa primera jornada de un enero caliente, en un mercado cambiario convulsionado por la devaluación, hasta el miércoles pasado hubo 68 jornadas hábiles para saciar un poco la sed de dólares. Todos los días la AFIP distribuye el informe diario y el acumulado sobre esta operatoria. La poca atención recibida por quienes no dejan de repiquetear con el dólar blue forma parte del paulatino abandono de los datos duros para analizar el mercado cambiario, privilegiando las subjetividades de protagonistas especializados en convocar crisis. Poco más de tres meses es un período suficiente para hacer una evaluación sobre el funcionamiento del sistema, la efectividad para aliviar las presiones especulativas, cuáles son los bancos más activos y quiénes son los principales compradores por actividad y empresa.

La flexibilización del régimen cambiario, al permitir la compra de dólares para atesoramiento, integró la batería de medidas dispuesta por el gobierno de CFK para enfrentar una fuerte corrida especulativa contra el peso. La devaluación y esa iniciativa estuvieron acompañadas además por la suba de la tasa de interés y un acuerdo de liquidación de divisas del complejo exportador de cereales y oleaginosas. El equipo económico frenó de ese modo el ataque contra las reservas logrando que la cotización del dólar blue comenzara a desteñirse. Esta variable es un potente generador de expectativas económicas y quienes alentaban la profundización de la crisis cambiaria pronosticaban el salto por encima de los 14 pesos. El viernes último cerró a 10,70.

Al 7 de mayo pasado la AFIP había efectivizado 971.133 operaciones de compra de dólares por 4585 millones de pesos, equivalentes a 577 millones de dólares. El record diario de transacciones fue el 29 de enero con 53.845 operaciones. El análisis del ciclo mensual refleja un aumento en la cantidad de pedidos en los primeros días del mes, coincidiendo con el cobro del salario, con tendencia decreciente en el transcurrir del nuevo sistema:

- En los primeros tres días hábiles de febrero el promedio de operaciones fue de 37.893 por un total de 62 millones de dólares;

- en ese mismo lapso en marzo sumaron 25.076 (46 millones);

- en abril, 18.215 (38 millones); y

- 15.760 (33 millones de dólares) en las tres primeras jornadas hábiles de mayo.

Esa tendencia refleja que disminuyó casi 60 por ciento el número de operaciones en los días pico de demanda. Este comportamiento se explicaría por tres motivos: estabilidad en la cotización del dólar, tasas de interés más atractivas y un menor ingreso disponible de los trabajadores provocado por la inflación cuando todavía no empezaron a impactar en los salarios los recientes acuerdos paritarios con alzas cercanas al 30 por ciento.

Las siguientes cifras son una radiografía de un sistema administrado con fluidez por la AFIP:

- De las operaciones efectivizadas, el 90,3 por ciento corresponde a trabajadores en relación de dependencia; autónomos, 5,6; y monotributistas el 4,1 por ciento restante.

- Del primer grupo, 66,2 por ciento son del sector privado, y el 33,8 por ciento del sector público.

- El promedio de compra de dólares de los trabajadores estatales es de 572 dólares, mientras que el de los privado es 619, un 8,2 por ciento más.

- La distribución por distrito de los empleados estatales es 52,6 por ciento nacional; 43,4 por ciento provinciales y 4,0 por ciento municipales.

- El monto promedio de compra, o sea el excedente para ahorrar, es un indicador de los niveles salariales de cada una de esas jurisdicciones estatales: el trabajador estatal nacional compró en promedio 613 dólares, suma similar al privado, el provincial 534 dólares y el municipal 520 dólares.

- El 90,1 por ciento de los trabajadores (públicos y privados) optó por retirar los dólares cuya última cotización fue 9,624 pesos por unidad, mientras que el 9,9 por ciento realizó el depósito en el banco que le permitirá a fin de año recuperar el adicional del 20 por ciento sobre el tipo de cambio oficial (8,01 pesos).

- Los tres bancos que más vendieron dólares para ahorrar fueron el Santander Río (19,7 por ciento), Galicia (14,0) y BBVA Francés (12,6).

- La cotización oficial de venta es 8,01 pesos más el 20 por ciento a cuenta del pago de Ganancias y Bienes Personales, pero las entidades fijan un valor superior al momento de concretar la transacción. La que cobró más alto fue la casa de cambio Platinum, al vender a 8,38 pesos, seguida por el banco ICBC, a 8,30, y el Banco Industrial, a 8,25. Las entidades que vendieron billetes verdes más cerca de la cotización oficial fueron el Nación y el Neuquén, a 8,03 pesos.

- Distribuidos por rangos salariales de los compradores el resultado fue el siguiente: 554.997 empleados (64,2 por ciento del total) con sueldos desde 7200 hasta 25.000 pesos efectuaron compras por 211,5 millones de dólares (40,6 por ciento del total con una compra promedio de 381 dólares).

- El nivel correspondiente a salarios de 25.001 a 50.000 pesos, que representa el 25,9 por ciento del total, compró 802 dólares cada uno en promedio.

- El de 50.001 a más de 80.000 pesos abarca al 9,9 por ciento con una compra de 1517 dólares promedio.

Los dos cuadros adjuntos muestran que los bancarios y los agremiados en “Agencias de informes-consultorías/estudios” son los trabajadores que más dólares compraron por cantidad de operaciones. Los primeros totalizaron 72.933 bancarios por un monto de 45,1 millones de dólares, mientras que los otros anotaron 64.389 por 35,5 millones de dólares. En tanto, por razón social el ranking es liderado por los empleados del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y los maestros de la provincia de Bueno Aires, con 13.592 y 8551, respectivamente.

Después del cimbronazo de fines de enero, una serie de medidas cambiarias y monetarias lograron estabilizar el mercado del dólar. Una de ellas fue la posibilidad de comprar un cupo de dólares por parte de los trabajadores ubicados en las franjas superiores de la pirámide salarial. Esa habilitación descomprimió el negocio en el segmento ilegal y el clima de insatisfacción financiera de un sector social acostumbrado a ahorrar en dólares. También disminuyó la expectativa de devaluación futura, lo que tranquilizó la plaza cambiaria. Sobre esa piel sensible han empezado a cepillar en la city para reanimar temores acerca de la cotización del dólar en la última mitad del año, y de ese modo incentivar la compra de dólares y alterar la estabilidad cambiaria.


 

Guía Piketty

Por Alfredo Zaiat

Sábado 10 de mayo de 2014

Thomas Piketty es un economista francés que publicó El capital en el siglo XXI el año pasado, traducido al inglés este año. El libro está provocando conmoción en el mundo de la academia y en el espacio de debate de divulgación económica. Los conceptos centrales de la obra son:

- La concentración de la riqueza aumentó en todos los países desarrollados.

- Se mantiene la tendencia a la no intervención impositiva sobre esas fortunas (una muestra es la resistencia a la Tasa Tobin en Europa).

- Si no hay cambios en esa situación, la economía del siglo XXI se parecerá a las del siglo XIX, cuando las elites económicas heredaban la riqueza en lugar de obtenerla del trabajo. Será una sociedad neovictoriana clasista, dominada por la riqueza no ganada de una elite hereditaria.

- La propuesta de Piketty, que admite “utópica”, para evitar ese retorno a un mundo oligárquico es un esfuerzo coordinado a nivel mundial para aplicar impuestos a esa inmensa masa de riqueza concentrada en pocos. Concluye que si no se toman medidas drásticas, el funcionamiento de la economía estará condicionada por las personas que simplemente posean la riqueza heredada de sus padres.

El argumento principal de El capital en el siglo XXI es que el capitalismo, en su forma neoliberal (de mercado) o intervencionista (Estado de bienestar), conduce a una economía dominada por quienes tienen la suerte de nacer en una posición de riqueza heredada. Si bien realizó el análisis sobre países desarrollados (Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Japón y el Reino Unido), en la Argentina también está teniendo ese reflejo y es interesante observar cómo los hijos de familias de gran fortuna y visibilidad pública comenzaron a reunirse en un grupo de afinidad (revistas de la farándula, deportiva y de negocios los están mostrando).

Piketty explica que de ese modo funcionaba la economía de Europa a principios del siglo pasado, y que la prepotencia de la riqueza heredada sólo fue destruida por la devastación de dos guerras mundiales, con una profunda depresión en ese intervalo. Después de esos traumáticos eventos, se desplegó un período de rápido crecimiento asociado a los estímulos de la posguerra, a la reconstrucción europea y a la recomposición del consumo. En los últimos 30 años, esa dinámica subyacente del poder económico heredado se ha revitalizado y reafirmado.

¿Cuál es la definición de capital de Piketty? Quienes lo acusan de marxista es porque no conocen el concepto marxista de capital, pero los sectores conservadores consideran marxista a cualquiera que estudia o tiene una posición crítica sobre la desigualdad y la concentración de la riqueza. Piketty utiliza una definición amplia al considerar que “el capital” es igual a “la riqueza”. O sea, todo el patrimonio (propiedades, activos en efectivo, inversiones en acciones y bonos) constituye el capital o riqueza. Piketty no sólo señala que la distribución del ingreso (dinero obtenido por las personas que trabajan) es desigual sino que la riqueza (el stock de activos) se reparte en forma mucho más desigual. Esto significa que no sólo la brecha es inmensa en la retribución por el trabajo sino que esa diferencia es abismal en la tenencia de la riqueza global.

El esquema analítico de Piketty es el siguiente: a partir de definir la tasa de retorno sobre el capital (r) y la tasa de crecimiento económico nominal (g), utiliza una larga serie de tiempo de 200 años de datos sobre pobreza, ingresos y riqueza para países desarrollados. Con esa inmensa cantidad de información determina un comportamiento económico sencillo de entender. Calculó que r se ha ubicado en el 5 por ciento promedio, mientras que g ha sido inferior a ese porcentaje en ese extenso lapso. Esto significa que la tasa de crecimiento económico global ha sido menor al incremento de la riqueza de las grandes fortunas. Piketty denomina “ley fundamental” a la fórmula r > g, o sea que los ricos se hacen más ricos en forma permanente. De otro modo, en el capitalismo, si la tasa de retorno de la riqueza privada es superior a la tasa de crecimiento de la economía, la participación de las rentas del capital en el producto neto se incrementará. Piketty afirma que en el largo plazo la desigualdad económica no será solamente por la brecha entre las personas que ganan altos salarios y los que reciben ingresos bajos sino que será entre las personas que heredan grandes fortunas en propiedades y efectivo, y quienes no.

Es un resultado que se ha verificado en estos años de crisis global en las potencias mundiales, según el World Ultra Wealth Report, informe mundial de la ultra riqueza de Wealth-X y el banco suizo UBS: con una caída o estancamiento de las economías centrales que se extiende ya por siete años, desde 2009 hasta 2013 la población ultra rica del mundo incrementó su riqueza (sin ajustar por inflación) un 44,1 por ciento.

En la muy completa reseña publicada en el medio electrónico estadounidense Vox, Matthew Yglesias resume que “cuando r es mayor que g, la piscina de la riqueza de los ricos crece más rápido que el conjunto de los ingresos percibidos por los trabajadores”. Señala que esto no significa necesariamente que los pobres sean más pobres sino que cada vez es más grande la brecha entre las ganancias de las personas que poseen una gran cantidad de propiedades e inversiones financieras y las de las personas que reciben un ingreso de su trabajo para vivir.

Hasta el conservador The Economist en una crítica al libro de Piketty se rindió ante la formidable “base de datos sobre la que se construye el libro, siendo difícil de disputar su llamado a una nueva perspectiva de la era económica moderna, estemos o no de acuerdo con sus recomendaciones de política”. En el artículo “Capital in the Long Run”, publicado en la edición del 9 de enero pasado, The Economist afirma que políticamente no puede sostenerse una concentración de la riqueza creciente, y “aquellos que quieran preservar la economía de mercado tienen que lidiar con esa dinámica en un contexto preocupante con las cifras sobre la desigualdad que presenta Piketty”.

También fue criticado por el economista de la Universidad de Texas en Austin, James K. Galbraith (hijo del célebre economista del siglo pasado, John Kenneth Galbraith), en un artículo publicado en la revista trimestral Dissent “Kapital for the Twenty First Century?”. Dice que el libro de Piketty sobre el capital no es ni sobre el capital en el sentido utilizado por Marx, ni sobre el capital físico como factor de producción en el modelo neoclásico de crecimiento económico. Galbraith concluye que “es un libro principalmente sobre la ‘valoración’ de activos materiales y financieros, la ‘distribución’ de los activos a través del tiempo, y la ‘herencia’ de la riqueza de una generación a otra”.

Más allá de controversias por derecha (The Economist) y por izquierda (James K. Galbraith), el libro tiene el mérito de instalar en el corazón del capitalismo el debate sobre la desigualdad, y no sólo de ingresos sino la que emerge del reparto del stock de riqueza global. Es lo que afirma Paul Krugman en “The Piketty Panic”, publicado en The New York Times, cuando elogia la obra del economista francés porque “es la manera en que echa por tierra el más preciado de los mitos conservadores: que vivimos en una meritocracia en la que las grandes fortunas se ganan y son merecidas”. Menciona que lo realmente sorprendente del debate es que la derecha parece incapaz de organizar ninguna clase de contraataque significativo a la tesis de Piketty.

El capitalismo no está generando una mejor distribución de la riqueza y de los ingresos sino que su concentración es el estado natural del capitalismo más que una excepción, como postula el pensamiento económico convencional con su expresión política en el conservadurismo. Piketty afirma entonces que se está transitando hacia una economía dominada por el “capitalismo patrimonial”, donde la lista Forbes 400 (los más ricos del mundo) estará dominada no por los fundadores de las empresas líderes sino por hijos y nietos de la súper elite de hoy.

azaiat@pagina12.com.ar


 

 

La Banca

Por Alfredo Zaiat

Sábado 5 de abril de 2014

El efecto inmediato de una devaluación brusca es un aumento acelerado de precios y una transferencia de ingresos a grandes atesoradores de dólares y exportadores. El shock del primer trimestre del año es una prueba contundente de que el mercado cambiario es una de las principales fuentes de las tensiones inflacionarias en la economía argentina. El sonoro silencio en estos meses del nutrido grupo de economistas ortodoxos y heterodoxos conservadores es sugestivo. Dejaron de mencionar a la emisión y al gasto público como responsables de la inflación. ¿No será que esos dos motivos no han impulsado el alza de precios en estos años? La respuesta negativa no la pueden considerar porque se les derrumbaría su línea teórica argumental. Se enfrentarían a un conflicto existencial. Nunca dejarán que la realidad los distraiga de sus certezas.

Además del fuerte aumento de precios que provoca una pérdida del poder adquisitivo de los sectores con ingresos fijos hasta que pueden recuperarlo con aumentos posteriores (paritarias, aumento de jubilaciones y asignación universal), algunos sectores económicos obtienen una ganancia extraordinaria por la devaluación. El beneficio a los exportadores del complejo agrario es conocido porque con una paridad cambiaria más elevada reciben más pesos por los mismos despachos al exterior. La retención de cosecha sin vender equivalente a 4000 millones de dólares tuvo una valoración adicional de 8000 millones de pesos por el salto que describió el tipo de cambio. Este es el cálculo conservador porque si se considera que la cosecha 2013 fue casi 15 por ciento superior a la anterior, el sector no ingresó por lo menos 8000 millones de dólares, que eleva a 16 mil millones de pesos la renta extraordinaria por la devaluación. Pese a esa ganancia sus voceros mediáticos ya están adelantando que quieren una segunda vuelta devaluatoria en el segundo semestre. Si bien no hay inmunidad, existe un antídoto fresco por los costos socioeconómicos de la última devaluación.

Esa sustancial mejora patrimonial obtenida por una medida cambiaria es la cuantificación de lo que se menciona como transferencia de ingreso regresiva debido a una devaluación. Otro sector que ha contabilizado una renta adicional es el integrado por los grandes atesoradores de dólares, que no son pocos. Aumentaron el poder adquisitivo medido en pesos de sus ahorros en dólares, obteniendo un importante efecto riqueza. Existe otra actividad que ha registrado una ganancia extraordinaria por la última devaluación: el sistema financiero.

La utilidad de enero pasado es abrumadora: 10.149 millones de pesos. La de un mes ha sido un tercio de la contabilizada en el último año y casi igual a la de todo 2010.

La sobrevida de la banca es asombrosa, como queda en evidencia a nivel internacional luego de la debacle de 2008. En Argentina, luego del corralito que generó un repudio social masivo hacia los bancos, el sistema ha tenido una recuperación notable. El recorrido de la evolución de las ganancias anuales después del pago del Impuesto a las Ganancias revela el desempeño extraordinario que ha tenido la banca. Después de tres años con quebrantos (2002-2004), anotaron los siguientes saldos positivos, en millones de pesos:

Como se mencionó, en enero de este año la ganancia contable fue de 10.149 millones de pesos.

Para alcanzar semejante resultado en apenas un mes los bancos tuvieron que acumular sumas importantes de dólares y activos dolarizados, cuando el grueso del flujo de negocios habitual de depósitos y préstamos lo tienen pesificado. Los bancos fueron acumulando activos dolarizados y la estrategia para valorizarlos fue especular con una devaluación. Fue lo que hicieron hasta conseguirla. La resistencia del Gobierno fue vencida de ese modo luego de 78 meses de corrida permanente, y el logro relativo del equipo económico en ese escenario desfavorable fue poder clavar la paridad en 8 pesos, cuando la presión de un grupo de bancos era subirlo primero a 10 pesos y luego a 14 pesos. En un par de dependencias de la administración central observaron en esos días turbulentos una participación muy entusiasta de los bancos Macro, Citi, HSBC y BBVA Francés para obligar a esa megadevaluación. Luego de evitarla, pero sin poder eludir un fuerte ajuste cambiario, recién a comienzos de febrero el Banco Central obligó a desdolarizar la cartera de las entidades, al restablecer el límite para la Posición Global Neta (PGN) positiva de moneda extranjera que deben verificar las entidades (Comunicación “A” 5536), en un monto equivalente a 30 por ciento de la Responsabilidad Patrimonial Computable (RPC) del mes anterior o los recursos propios líquidos de dicho mes, lo que fuere menor. Introdujo también un nuevo límite para la posición a término positiva de moneda extranjera de los bancos en un nivel igual al menor valor entre 10 por ciento de la RPC y de los recursos propios líquidos del mes anterior.

En esta misma columna (“Datos duros”, 15 de marzo pasado) se detalló el comportamiento de un sector productivo clave en la provisión de divisas: los exportadores de soja y cereales. Este fue un sector que motorizó la devaluación con la desaceleración de la liquidación de dólares. Mientras, los bancos fueron acumulando activos dolarizados para desplegar sus herramientas especulativas para forzar el ajuste cambiario. Esa conducta quedó ahora reflejada en sus balances que difunde en forma consolidada el Banco Central.

El shock inflacionario junto a las rentas extraordinarias de bancos y del complejo exportador agrario debería inducir a una mayor prudencia a promotores de la devaluación, que tienen el privilegio de ser la voz dominante en el debate económico.

El Informe sobre Bancos de enero pasado es un aporte esclarecedor para corroborar en términos cuantitativos el fabuloso beneficio que significó para las entidades financieras la devaluación. En la categoría “Diferencia de cotización” en el cuadro de resultado se anota una ganancia de 9737 millones de pesos, cuando en enero de 2013 había sido de 427 millones de pesos. La aceleración del ajuste de la paridad en los meses anteriores ya había elevado la utilidad en ese renglón del balance, al contabilizar en noviembre 1492 millones de pesos y en diciembre 2538 millones. O sea, en el período noviembre-enero la ganancia total de los bancos ascendió a 13.767 millones de pesos por la devaluación.

En la presentación del Informe sobre Bancos, el BCRA no hace mención al impacto de la devaluación en el balance de las entidades. Señala en su primer párrafo que “la actividad bancaria tuvo un desempeño moderado en el inicio de 2014, en línea con los factores estacionales que caracterizan al período estival”, indulgente definición para un enero que tuvo un evento cambiario perturbador de la estabilidad económica.

El ciclo político del kirchnerismo ha avanzado en varios frentes en materia de regulación, control e incluso desplazamiento de operadores privados por el Estado en áreas clave de la economía, como en el petrolero con la estatización de YPF. En el financiero se destacó la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, que fue un cambio sustancial en el ordenamiento del sistema y para la recuperación de manos de los privados de un organismo clave de la gestión económica. Está pendiente una regulación y control más intenso sobre la banca para, si bien es imposible anular los movimientos especulativos, minimizar el factor perturbador de su accionar en el mercado.


 

Datos duros

Por Alfredo Zaiat

Sábado 15 de marzo de 2014

Con la intensidad que ha tenido la corrida cambiaria en los años de gestión de Cristina Fernández de Kirchner, lo sorprendente no fue finalmente su decisión de aceptar la resistida devaluación, sino los varios años que pudo desafiarla. Las presiones en el mercado cambiario fueron permanentes y desde corrientes supuestamente opuestas, como la ortodoxia y la heterodoxia conservadora, reclamaban la devaluación. El maquillaje de los argumentos era distinto, pero el objetivo era el mismo: el ajuste cambiario serviría para bajar el costo laboral en dólares y así supuestamente mejorar la competitividad de la economía. En otras palabras, mejorar la rentabilidad empresaria, industrial y agraria, bajando los salarios medidos en dólares, y además regalar una renta extraordinaria a los grandes atesoradores de dólares, que no son pocos. Para lograrlo se requería convencer a propios y extraños de la existencia de atraso cambiario. Lo consiguieron. La idea de un dólar barato fue instalada con fuerza, eligiendo la actividad del turismo como vía para construir el consenso social de la necesidad de aplicar una fuerte modificación de la paridad. Para ello han confundido con que Buenos Aires era una de las ciudades más caras del mundo, cuando los rankings internacionales lo desmentían, y han destacado el crecimiento del flujo de turismo al exterior sin considerar que ese movimiento era posible en gran parte por el aumento del ingreso disponible fruto de un ciclo prolongado de crecimiento económico.

Las tensiones cambiarias tenían un origen financiero; no provenían de la economía real. No había un atraso cambiario que justificara una fuerte devaluación. La existencia de dificultades puntuales de competitividad en algunas economías regionales, como en la vitivinicultura o en la producción del Alto Valle de Río Negro, demandaba iniciativas específicas para cada sector más que una devaluación, a lo que debería agregarse el impacto negativo de la crisis internacional que redujo los precios de esos productos en el mercado mundial.

La cuestión financiera en la conducta de agentes económicos fue minimizada en el Gobierno respecto del impacto en el mercado cambiario. Las presiones fueron incrementándose al persistir tasas de interés negativas en relación con la inflación y, en especial, con la devaluación esperada. También por un generoso relajamiento en la regulación sobre tenencia de activos dolarizados por parte de los bancos. Y por el temor a aplicar una mínima flexibilidad para el acceso a dólares para turistas y ahorro, como la que hoy existe.

El atraso cambiario y la irrupción de la restricción externa son postulados que brindan sosiego analítico al mundo de economistas. Pero son insuficientes para comprender la dimensión de los hechos económicos. Teoría y modelos son valiosos aportes para la interpretación y la posterior sugerencia de medidas. Pero son herramientas incompletas. Economistas de diferentes vertientes ideológicas están atrapados en ese acotado saber colaborando al mar de confusiones debido al desproporcionado lugar que tienen sus opiniones en el debate público. Derivan en evaluaciones superficiales puesto que no incorporan un componente esencial: la existencia de una constante disputa de poder en el espacio económico. O sea, la intervención de actores económicos que buscan maximizar ganancias, comportamiento normal en el funcionamiento del sistema económico. Estudiar esas conductas facilita la comprensión de situaciones críticas, como la última devaluación, y ubicar en su justa dimensión la restricción externa –la escasez de divisas– por las características de la estructura productiva.

En ese sentido, hasta ahora la evaluación sobre el porqué de la devaluación era cualitativa, apuntando a la retención de dólares por exportadores del complejo agrario y el adelantamiento de importaciones, ambos por la expectativa –o para forzar– una devaluación. Es momento de corroborar en términos cuantitativos esa evaluación y, por lo tanto, las razones que determinaron la devaluación. Para esa tarea resulta un aporte fundamental el balance cambiario 2013 difundido por el Banco Central. Brinda datos duros para confirmar que, además de las antes mencionadas deficiencias oficiales en el manejo financiero, la devaluación fue el resultado del comportamiento de un sector productivo clave en la provisión de divisas: los exportadores de soja y cereales.

Será un poco fastidiosa la sucesión de cifras, pero llegó el turno de conocerlas si el objetivo es entender lo que pasó, y de ese modo incorporar una enseñanza para un futuro cercano cuando regrese la corriente que levante la bandera del atraso cambiario demandando una segunda vuelta devaluatoria.

Las ventas al exterior del complejo agrario tuvieron este recorrido, en millones de dólares:

2010

27.066

2011

32.389

2012

30.927

2013

26.979

La desaceleración de la liquidación de dólares es evidente a partir de que se intensifica la campaña del atraso cambiario y se interrumpe la posibilidad de dolarizar excedentes en un contexto de tasas de interés reales bajas. La brecha en los dos últimos años fue de 4248 millones de dólares, pero que debería duplicarse porque la cosecha 2013 fue casi 15 por ciento superior a la anterior, lo que implica que el sector no ingresó por lo menos 8000 millones de dólares.

Ese monto es casi idéntico a la variación negativa de reservas en la comparación de los dos últimos años: 8520 millones de dólares. Mientras que en 2012, la caída de reservas fue de 3305 millones de dólares; el año pasado fue de 11.825 millones.

Los dólares comerciales provenientes de las exportaciones de oleaginosas y cereales son claves del stock de reservas y, por lo tanto, de la estabilidad cambiaria. Esas divisas equivalen del 35 al 41 por ciento del total de los ingresos de dólares en los últimos años.

Al reducirse ese flujo, como ha sucedido, aparecieron los análisis sobre atraso cambiario, restricción externa y las presiones para modificar la paridad. La devaluación del 26 por ciento en noviembre-enero es el trofeo obtenido por ese sector, mejorando aún más la rentabilidad de su producción, en especial la sojera. Esta ganancia extraordinaria no implica que no vayan a intentar repetir el juego.

En caso de no haberse desacelerado el ingreso de esos dólares no sería tan urgente la cuestión de la restricción externa, que está presente y se reconoce en la estructura productiva desequilibrada de la economía argentina. El balance de mercancías de la cuenta corriente cambiaria del Banco Central muestra la evolución de los pagos por importaciones, en millones de dólares:

2010

49.608

2011

64.126

2012

66.099

2013

73.505

El recorrido de estas cifras muestra cómo el fuerte crecimiento del Producto Interno Bruto requiere un flujo creciente de importaciones (energía, químicos, autos y componentes para el complejo Tierra del Fuego), agudizado por el aumento de la compra de combustibles por la pérdida del autoabastecimiento, y en el último año además por la estrategia de importadores de adelantar operaciones por la expectativa de una devaluación.

La diferencia de 7406 millones de dólares de más importaciones de 2012 a 2013 se explica por el déficit cambiario en la industria automotriz: 8178 millones de dólares.

El saldo de transferencia cambiario por el comercio internacional de mercancías (cobro por exportaciones y pago por importaciones de bienes) fue, en millones de dólares:

2010

17.837

2011

15.041

2012

14.673

2013

1.745

La caída de 12.928 millones de dólares entre el año pasado y el anterior es un monto casi idéntico a la suma de las dos siguientes cifras, en millones de dólares:

- Retención de liquidación de exportaciones de oleaginosa y cereales: 4248

+

- Déficit de divisas de la industria automotriz: 8178.

El resultado: 12.426.

Monto también similar a la variación de reservas del BCRA en 2013:

-11.825 millones de dólares.

En lugar de sorprenderse de una devaluación forzada, que mostró una vez más cómo el mercado cambiario es un destacado impulsor inflacionario, generador de inestabilidad sociolaboral y de ser injusta socialmente en términos económicos y financieros, los datos duros del balance cambiario del Banco Central precisan dónde están las claves para no caer nuevamente en la trampa.

azaiat@pagina12.com.ar

 

El Banco Central está alimentado la presión cambiaria que desencadenó la corrida. Tasa altas, Lebac y desregulación financiera
Dormir con el enemigo
La suba del dólar fue muy intensa en pocos días. Existen razones coyunturales que la impulsaron, pero la principal es una serie de medidas dispuesta por el Banco Central. El peligro de una corrida sigue latente.

Por Alfredo Zaiat

La corrida cambiaria que disparó la cotización del dólar de 16,15 a 17,40 pesos en apenas quince jornadas hábiles, marcando una variación de 7,7 por ciento desde el 14 de junio pasado hasta el pico del miércoles último, tuvo su origen en el propio Banco Central. Los períodos preelectorales siempre han sumado tensión al mercado cambiario. En diferentes momentos, la menor liquidación de divisas del complejo agroexportador también ha alterado la plaza. En algunas ocasiones, el dinero adicional del aguinaldo corre hacia el dólar. Otro factor de inestabilidad cambiaria pudo haber sido la decisión de Morgan Stanley de mantener el mercado argentino como “fronterizo”. El incremento de la demanda de dólares por turismo por las vacaciones de invierno y el alza de la tasa de interés en Estados Unidos agregaron impulso. Todos esos elementos presionaron sobre la cotización. Pero todos ellos se desplegaron sobre una situación de inestabilidad previa generada por tres columnas principales desde donde se erige la política del Banco Central:

  1. La fijación de tasas de interés muy altas, al estar guiada por la idea de que la inflación es un fenómeno exclusivamente monetario. 
  2. La promoción de una inmensa bicicleta especulativa con las Lebac.
  3. La aplicación de una amplia desregulación financiera y cambiaria.
  4. El auxilio de la banca pública pudo frenar la última corrida. Pero esa forma de administrar un área sensible de la economía por parte del Banco Central seguirá estando presente y, por lo tanto, será un factor de inestabilidad permanente. Tasas elevadas alimentado la bicicleta de las Lebac son un  potente perturbador del mercado cambiario y financiero. Especulación desatada a una velocidad impactante en el gobierno de Cambiemos, en un marco donde el Banco Central ha desarticulado todos los mecanismos de control del mercado. 
  5. A la tradicional centralidad que tiene el tipo de cambio en la economía argentina se le ha sumado un Banco Central que, en lugar de poner esfuerzos para disminuir la volatilidad de la paridad, ha rifado las principales herramientas de intervención en el mercado. La propia entidad monetaria se ha convertido así en uno de los principales factores de inestabilidad cambiaria. El constante endeudamiento público es el único freno verdadero a la corrida porque abastece de dólares a una demanda creciente. Pero la colocación de deuda tiene límites.

    Lebac 

    La última edición de las Lebac fue la orden de largada. El 19 de junio vencieron esos títulos de deuda de cortísimo plazo emitidos a una tasa de interés elevada. El monto era de 547.042 millones de pesos, equivalente al 60 por ciento de la Base Monetaria. No pocos decidieron dejar de pedalear para realizar la ganancia financiera facilitada por el titular del BC, Federico Sturzenegger. Uno de cada cinco pesos de ese megavencimiento no fue renovado, lo que sumó 122.770 millones de pesos (unos 7200 millones de dólares a una cotización de 17 pesos) volcados al mercado. 

    Ese dinero o una parte fueron a comprar dólares para consolidar la utilidad en moneda dura acumulada. Esta fue la primera estación de la bicicleta conocida como currency carry trade, lo que no significa que pierda impulso si se estabiliza el tipo de cambio a un valor más alto debido a que la tasa de interés seguirá siendo muy atractiva y porque continuará el ingreso de dólares por el vertiginoso endeudamiento externo público y privado. 

    El martes 18 de julio, cuando haya otra vuelta de vencimientos y renovación de Lebac, se podrá identificar si la bicicleta retoma velocidad o se precipita otra vuelta de la corrida (ver aparte).

    Los voceros oficiosos de Sturzenegger dicen que esta suba del dólar es un golpe a la bicicleta financiera. Quienes avalan esta idea de que los especuladores perdieron con esta corrida no conocen la dinámica del negocio. Algunos operadores realizan el carry trade cubriéndose con seguros de cambio, con lo que un alza del tipo de cambio no los afecta, aunque la renta es un poco menor por el costo de ese contrato de cobertura. Otros arriesgados no lo hacen pero cuando se lanzan a esa apuesta saben que no se retirarán del negocio con la utilidad plena del 25,5 por ciento anual en dólares. Cuando empieza a correr la conversión a dólares se va reduciendo esa ganancia por el alza del tipo de cambio y, mientras no haya una estampida, la bicicleta sigue siendo atractiva. 

    Pese al alza del 7,7 por ciento de la paridad cambiaria en pocos días, la rentabilidad especulativa en dólares con las Lebac sigue manteniéndose muy elevada en comparación a otras opciones financieras en el mercado internacional. En lo que va del año, con el alza de la paridad, igual siguen acumulando rentas del 5 al 8 por ciento anual en moneda dura. Es una ganancia muy importante para fondos de inversión extranjeros en un contexto donde la tasa internacional de cortísimo plazo está muy cercana a cero.

    Es ingenuo estimar que todos quienes participan de este juego especulativo se anotarán un retorno en dólares del 25 por ciento anual. Los últimos que ingresan antes del estallido o lo que no salen a tiempo serán los perdedores de este juego, como en el conocido Esquema Ponzi, y lo más probable es que sean entidades públicas que han acumulado Lebac (Banco Nación, FGS-Anses). Por lo pronto, como se mencionó, grandes operadores no renovaron el 20 por ciento del monto de Lebac en la últkima vuelta de la bicicleta. 

    Inflación

    La actual inestabilidad cambiaria impactará en aumentos de precios de bienes y servicios, aunque tecnócratas del Banco Central y funcionarios del área económica los desestimen. Deberían haber aprendido del papelón de Alfonso Prat-Gay cuando, con la humildad que lo caracteriza, había asegurado que la megadevaluación que aplicó apenas asumió el gobierno de Macri no se trasladaría a precios. No fue así. La inflación de 2016 fue de 41 por ciento, la más elevada desde 2002. 

    El economista Mariano Kestelboim indicó que esta devaluación es la quinta más importante en los últimos 15 años, y se sorprendía “del notable cambio en el tratamiento mediático”. El secretario de Hacienda con cargo de ministro, Nicolás Dujovne, llegó al absurdo de considerar ese ocultamiento en la red de medios oficialistas con que “el dólar salió de la tapa de los diarios y dejó de ser una preocupación”. En el rol de vocero oficial de generación de expectativas, la principal tarea que se le conoce de su gestión, Dujovne no se inhibió en seguir comentando la inestabilidad cambiaria diciendo que no hay motivo para preocuparse cuando el dólar se mueve o que en el gobierno están muy tranquilos con ese movimiento. Hasta afirmó que la suba del dólar no va a generar inflación.

    Es una sentencia insólita. La estructura de producción de bienes de la economía argentina brinda la información necesaria para saber que una parte de la devaluación se traslada necesariamente a precios por el componente importado, a lo que se agrega la habitual especulación empresaria, lo que termina impactando en precios el ciento por ciento del ajuste cambiario.  

    La devaluación de comienzos de 2014 y la de fines de 2015 fue una decisión deliberada de política económica. Un elemento distintivo de esta corrida y que la diferencia de las dos anteriores es que el ajuste fue decidido por el mercado. La pasividad del Banco Central a los movimientos del dólar no es solamente una decisión a partir de postular como política la “flotación libre del tipo de cambio”, sino que es la consecuencia de una desarticulación total de las regulaciones financieras y cambiarias. 

    Desregulación

    La plaza local está más vulnerable por la sucesión de medidas que suprimieron mecanismos de administración de una variable tan sensible como el tipo de cambio. Con la colaboración del periodista Federico Kucher precisaremos cada una de las iniciativas de desregulación del mercado cambiario, disminución de los controles a los bancos y eliminación de barreras al ingreso y salida de capitales especulativos.

    - Compra de dólares y flexibilización del mercado cambiario. 

    La comunicación 5850 del Banco Central, del 17 de diciembre de 2015, dejó sin efecto los controles a la adquisición de moneda extranjera aplicados a partir de noviembre de 2011. Autorizó a comprar hasta 2 millones de dólares por mes sin ningún tipo de permiso de la autoridad monetaria. Además se desarmó el Programa de Consultas de Operaciones Cambiarias de la AFIP. En mayo de 2016 se aumentó el límite de compra mensual de 2 a 5 millones de dólares y a comienzos de agosto del año pasado se eliminó definitivamente ese tope si se realiza vía trasferencias bancarias (para las operaciones en efectivo se subió el límite de 500 a 2500 dólares mensuales). En agosto de ese año también se flexibilizó el negocio de las casas de cambio y se permitió que las operaciones de adquisición de divisas se pudieran hacer las 24 horas del día por Internet. El Banco Central eliminó controles no sólo sobre la compra de divisas para ahorro, sino que avanzó en desregular otros rubros de compra de moneda extranjera en el mercado único y libre de cambios (turismo, importaciones, giro de dividendos al exterior, entre otros).

    - Salida de capitales financieros de corto plazo.

    En diciembre de 2015, el Banco Central redujo la permanencia obligatoria de los capitales financieros que ingresan al país de 365 a 120 días. A comienzo de enero de 2017, la llevó a cero. Esta medida fue clave para estimular el ingreso de capitales especulativos que apostaron por las altas tasas de interés de las Lebac. En los primeros cinco meses de este año 3 de cada 4 dólares que ingresaron a la economía para invertir fueron orientados a negocios financieros y el restante a actividades productivas.

    - Ingreso de divisas por exportaciones de bienes y servicios.

    En abril de 2016, el Gobierno comenzó a extender los plazos para que los exportadores liquiden sus divisas en el país, al subirlo de 30 a 180 días. En mayo de ese año lo llevó a 365 días (un año), en agosto lo aumentó a 1825 días (5 años) y, finalmente, en enero de 2017 autorizó un plazo para liquidar exportaciones hasta 10 años. En diciembre de 2016, las exportaciones de servicios dejaron de tener la obligación de liquidar las divisas. A partir de mayo de 2016 se permitió a las empresas dejar de presentar declaración jurada previa a la recepción del cobro de exportaciones (y otros conceptos) cuando los montos de venta sean inferiores a 100 mil dólares mensuales.

    - Actividad de los bancos.

    Las entidades financieras se beneficiaron de las medidas de desregulación dispuestas por el Banco Central. Una de las más importantes fue la flexibilización en la cantidad de activos dolarizados que pueden tener en su patrimonio. A fines de diciembre de 2016 se les autorizó elevar la posición general de cambios del 15 al 25 por ciento de su patrimonio, en abril de este año se aumentó al 30 por ciento y en mayo directamente se decidió liberar la cantidad de dólares y activos dolarizados que pueden mantener en cartera. En enero de 2017 fueron autorizados a prestar los dólares de los depósitos ya no sólo a las empresas que exportan. De ese modo, los bancos quedaron libres para comprar bonos de la emisión de deuda en moneda extranjera del Tesoro. Se rompió así con una regla de solvencia del sistema financiero, que regía desde 2002, de asegurar la capacidad de repago de los préstamos en dólares.

    La eliminación de controles sobre el spread bancario en diciembre de 2015 (es decir, la diferencia entre la tasa de interés que pagan por los depósitos y la que cobran por los préstamos) fue otra iniciativa de desregulación clave. Hasta ese momento las entidades financieras tenían que pagar por los plazos fijos una tasa atada al rendimiento de las Lebac y que no podían prestar en líneas prendarias, personales y de tarjeta de crédito a una tasa superior a la fijada en base a las Lebac.

    Las corridas cambiarias son un clásico de la economía argentina. La cuestión pasa por cómo minimizar sus costos y, en especial, en cómo estar preparados a lo ineludible. El Banco Central hizo todo lo que no hay que hacer para estar en peligro permanente.

    Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 


17 de mayo de 2017

EL BANCO CENTRAL SUBIÓ LA TASA DE LAS LEBAC AL 25,5 POR CIENTO EN UNA EMISIÓN RECORD DE 448 MIL MILLONES DE PESOS

Una bicicleta financiera con neumáticos muy inflados

El Banco Central insiste en su política de contener la inflación por vía de altas tasas con crecientes costos y sin el resultado prometido.

Por Federico Kucher

El Banco Central subió la tasa de las Lebacs del 24,25 al 25,50 por ciento, un aumento de 1,25 puntos porcentuales. La entidad emitió nuevas letras por 448 mil millones de pesos y pudo renovar una gran parte de los vencimientos. La licitación de ayer fue una prueba de fuego para el organismo. Consiguió convencer al mercado de continuar apostando por el negocio de la tasa de interés en pesos y, por el momento, pone un freno a la dolarización de las inversiones financieras. La maniobra de la entidad de volver a subir el rendimiento de las Lebacs implica un nuevo impulso para el negocio de la bicicleta financiera y promociona el ingreso de capitales especulativos del exterior. La contracara es el avance del endeudamiento del Central con el mercado y una fuerte disminución de su patrimonio neto, el cual en los primeros cuatro meses de este año ya registró un retroceso del 58 por ciento. 

La tasa de interés de las Lebacs se convirtió en una referencia para la mayoría de los inversores. Los grandes y los pequeños. Los locales y los extranjeros. La tasa ya venía en alza en el mercado secundario y el Central convalidó ayer esta suba en la suscripción primaria que realiza una vez al mes. Del vencimiento de 476 mil millones de pesos, el organismo renovó unos 448 mil millones, monto que representa la mitad de la base monetaria. La mayor parte de las nuevas letras que compró por el mercado vencen en 35 y 63 días, lo que implica que en los próximos dos meses el Central volverá a poner a prueba su capacidad para mantener el atractivo de los pesos. 

El dólar planchado y tasas de interés en pesos 8,5 puntos por encima de la meta de inflación mantienen por ahora conforme al mercado apostando por el negocio de las Lebacs. Pero las distorsiones son cada vez mayores para el Central en la medida que crece la bicicleta financiera. Este diario accedió a la evolución de los activos y pasivos de la autoridad monetaria en las primeras 19 semanas del año. El patrimonio neto del organismo sumaba 8 mil millones de dólares el 7 de enero, monto que se redujo a 3 mil millones el 7 de mayo. Es decir, se redujo a menos de la mitad.

El desequilibrio del balance de la autoridad moentaria se explicó principalmente por la emisión de Lebacs. Las deudas del Central por la emisión de estas letras subió en el equivalente a 16 mil millones de dólares a partir de enero, es decir que el organismo se endeudó a un ritmo de 4 mil millones de dólares por mes este año. La entidad ya acumuló en 2017 nuevos pasivos en Lebacs por 3 puntos del PBI.

La suba de los activos del Central por el incremento de las reservas internacionales gracias a la llegada de dólares financieros no consiguió compensar el avance del pasivo y, por tanto, el patrimonio neto del organismo marcó una fuerte baja. Sturzenegger afirmó cuando asumió su gestión que recibía una autoridad monetaria quebrada. Pero los datos duros indican que el patrimonio del Central era de 14 mil millones de dólares a finales de 2015, cifra que bajo a 3 mil millones este mes.

La autoridad monetaria también muestra importantes contradicciones cuando pretende convencer a la población que en la Argentina no se privilegia la especulación ni existe un proceso de bicicleta financiera. El organismo hizo público a principio de mayo dos trabajos en los que intentó demostrar que los inversores de Lebacs no embolsaron ganancias extraordinarios en el último año y medio. “Desde la unificación cambiaria hubo momentos de ganancias y otros de pérdidas, en igual magnitud hacia un lado y hacia otro. No puede concluirse que el resultado del carry trade (vender dólares para comprar Lebacs y tras cobrar los intereses en pesos volver a comprar dólares) haya sido únicamente positivo”, planteó la entidad.

 

Los argumentos del Central resultan insólitos cuando se revisa el ingreso de dólares del exterior destinados a la especulación financiera con las Lebacs. En abril se registró una entrada record de 1262 millones de dólares por inversiones de portafolio, cifra que había sido de 222 millones de dólares en igual mes de 2016 y de 1 millón de dólares en 2015. Por cada dólar que ingresó al país el mes pasado para inversiones productivas llegaron otros 5 dólares para especular en el sistema financiero. Los gestores de fondos que operan en el mercado local comentan en sus reuniones con clientes premium que los inversores de afuera sienten un optimismo con la Argentina difícil de explicar y que no se condice con los resultados de las cuentas macroeconomías. La rentabilidad del 40 por ciento en dólares que ofrecieron las Lebacs el año pasado y el 10 por ciento que dieron en lo que va de 2017 es una explicación. Pero así como los capitales entran, puede salir, y ya no quedan regulaciones para limitar la fuga de corto plazo.


14 de mayo de 2017  |  Cash

LOS CRÉDITOS HIPOTECARIOS AJUSTADOS POR LA INFLACIÓN

Una trampa

El riesgo principal deriva del distanciamiento entre el avance del nivel general de precios y los ingresos de los asalariados. Ganancias para los bancos e incertidumbre para los tomadores de los préstamos hipotecarios.

Por Sergio Chouza y Sergio Soloaga *

El problema de acceso a la vivienda digna es una problemática intrínseca a los países en desarrollo. El caso argentino no queda al margen, ya que se estima un déficit habitacional de entre 3 y 4 millones de viviendas. El presidente Macri expuso un sobredimensionado énfasis en la presentación de los créditos hipotecarios con cuotas variables, ajustables por UVA. Esta modalidad, viene a suplir un segmento carente en el mercado, ya que los créditos a tasa fija convencionales tienen esquemas de devolución del préstamo muy exigentes en sus primeros años, lo cual conlleva una barrera a la entrada alta para familias de clase media y baja. No obstante, los créditos indexables, no dejan de estar viciados de contraindicaciones. En contextos de alta inflación, el ajuste de la cuota a pagar se puede volver muy oneroso para las familias, en los meses previos a los aumentos paritarios. Más aún, en casos de pérdida de poder adquisitivo -como el experimentado en 2016- la separación entre las cuotas y el salario puede ser sustantiva, y el peso total de los pagos del crédito puede crecer peligrosamente, en tanto porcentaje del ingreso familiar.

Para clarificar la operatoria, los créditos hipotecarios recientemente lanzados, a diferencia de los tradicionales a tasa fija, tienen un mecanismo de ajuste mensual. El monto prestable no se establece en pesos, sino en una unidad de valor alternativa, llamada UVA, la cual se corrige mensualmente en función al avance de los precios (por el momento, según el índice de inflación de CABA). Este mecanismo permite cuotas iniciales más bajas, relativamente acordes al valor de los precios de los alquileres actuales. Ahora bien, la contracara de este “beneficio” es un crecimiento permanente de las cuotas, acorde al ritmo de la inflación. Para poner en concreto, conviene problematizar en números los dos escenarios más polémicos de este esquema:

Si una familia tomó un crédito el 31 de marzo de 2016 (primer día de publicación de las UVA) por un millón de pesos a 20 años, entonces pactó pagar cuotas mensuales de 549,68 UVAs. Ese volumen se tradujo a pesos en un valor de cuota mensual de 7723,04 pesos al momento inicial de aprobación del préstamo. No obstante, finalizado el 2016 y producto del ajuste inflacionario, el monto de la cuota ya escalaba a 9481,93 pesos, mientras que en marzo de este año representó 10.158,03 pesos. Es dable destacar que, medido en función a la evolución de los ingresos laborales (tomando el coeficiente de variación salarial que publica el Indec), la cuota pasó a representar desde el 25 por ciento del salario en marzo de 2016 al 30,26 por ciento en diciembre del mismo año (último dato disponible). En resumen, producto de la pérdida de poder adquisitivo experimentada el año pasado, en nueve meses la cuota pasó a tener un peso 5 puntos mayor en el salario de las familias que se comprometieron en esta modalidad de créditos.

El otro análisis relevante surge de pensar un escenario proyectado sobre el desarrollo de crédito a lo largo de los 20 años. Sin necesidad de establecer una hipótesis de separación entre la inflación y los salarios, es interesante remarcar que el mero entorno inflacionario, implica una notable transferencia de recursos de las familias asalariadas a los bancos con estos esquemas indexables. Ocurre que las cuotas se ajustan mensualmente, mientras los salarios de la gran mayoría de los trabajadores, una única vez por año. Por tanto, todo el peso “excedente” de cuotas nuevas con salarios viejos, se acumula a lo largo de la vida del préstamo, implicando un pesado “ticket extra” para las familias. Por ejemplo, suponiendo una inflación del 28,5 por ciento (la variación de las UVA entre marzo 2016 y marzo 2017) para los futuros 20 años, y ajustes salariales anuales en la misma proporción, el excedente pagado al final del préstamo asciende a un 12,6 por ciento. En otros términos, los tomadores de préstamos en UVA pagan más tan sólo por el hecho de que su salario no ajusta a la misma velocidad que las cuotas (mensuales).

Procrear restringido

Por el andarivel de los créditos que deberían orientarse a un segmento no regido por los lineamientos del mercado, el panorama no es tanto más alentador. El nuevo esquema del programa Procrear, bajo la lógica macrista, contiene limitaciones que dificultan el acceso por parte de las familias de estratos salariales más bajos. En primer lugar, se impusieron topes mínimos de ingresos que van desde 2 a 4 Salarios Mínimos Vitales y Móviles para el solicitante del crédito, lo cual deja atrás a todas aquellas familias que perciben menos de 16.120 pesos netos. Por otra parte, se acotó la edad máxima para el tomador del préstamo en diez años (de 65 a 55 años), se limitó el destino del crédito (no pudiendo utilizarse para la compra de un terreno) y se cambió el modo de adjudicación de los mismos (que pasaron de sortearse a través de la Lotería Nacional a un sistema de puntaje “meritocrático” basado en características del solicitante y su grupo familiar). Pero el cambio más trascendente tiene que ver con la modificación del sistema de pagos de capital e intereses. Cabe recordar que el Procrear original se basaba, en general, en tasas fijas y exiguas para los primeros años del crédito y tasas variables para los restantes. Los nuevos créditos, en cambio, ajustan sus cuotas por el índice UVA desde el momento inicial.

Al igual que en las líneas hipotecarias a tasa variable previamente explicadas, también se adiciona una tasa de interés como ganancia de la entidad prestable (la cual va del 3 a 8 por ciento anual, según en qué banco se tramite el préstamo). Las nuevas limitaciones complejizan la situación de los potenciales beneficiarios: se pasó de un programa en el cual el Gobierno subsidiaba la tasa de interés, a un programa indexado a la inflación que, en estos últimos meses, creció por encima del salario nominal de los trabajadores. A diferencia del Procrear original impulsado por la anterior administración, las entidades bancarias tienen asegurada una rentabilidad real positiva.

El riesgo principal de este modelo se deriva del distanciamiento entre el avance del nivel general de precios y los sueldos de los asalariados, además del peso intrínseco de la “pesada mochila inflacionaria” producto de la estructura temporal de los ajustes. Desde lo político, el cambio en el sistema es notorio: se produjo una mutación en la lógica de acceso a la vivienda desde un sistema que buscaba incluir a los sectores de menores recursos, a otro puramente regido por las reglas del sector privado. El corrimiento del Estado como garante principal de la vivienda digna para los millones que aún hoy están fuera de las posibilidades del mercado está lejos de ser un avance en materia de inclusión social.

 

* Economistas Universidad Nacional de Avellaneda (Undav). Integrantes de EPPA.


14 de mayo de 2017  |  Economía

OPINIÓN

El soldado y la desgracia

Por Alfredo Zaiat

En el mundo del escolazo de la quiniela, el 12 es el soldado y el 17, la desgracia. Estas dos cifras son el piso y el techo de una pauta inflacionaria definida por el soldado macrista del Banco Central que está provocando desgracias en la economía real. El titular de la entidad monetaria, Federico Sturzenegger, tuvo un diagnóstico errado acerca de los motores del proceso inflacionario, aplicó entonces una política monetaria y cambiaria equivocada y, montado en el caballo de “cuidar su reputación ante el mercado”, persiste en una estrategia que se ha mostrado fallida. Ahora, cuando los resultados son esquivos, le agregó la cuota infaltable de manipulación y negación de la realidad: utilizará el índice de precios a nivel nacional que difundirá el Indec de Macri, estimando que se moverá por debajo del actual IPC, y además publicita que no existe una bicicleta financiera en el mercado local, fabulosa especulación promovida por la política de tasa de interés elevada y dólar planchado. Hay un límite entre la inoperancia e improvisación de funcionarios, en este caso provocadas por cuestiones ideológicas, y el ridículo. El equipo de Sturzenegger lo ha cruzado.

Los financistas disimulan y los banqueros se hacen los distraídos con los fiascos del Banco Central porque están haciendo unos negocios especulativos extraordinarios. En la city se sienten muy a gusto con el desempeño de la mesa de dinero de la entidad monetaria. Este centro de operaciones está comandado por la dupla Esteban Horacio Bertella, ex HSBC, y Agustín Collazo, ex Morgan Stanley. Los negocios así florecen para los financistas. Economistas del establishment hacen tenues críticas a la administración monetaria y cambiaria porque, además de acumular también ganancias con la bicicleta, comparten la concepción ortodoxa en el manejo del Central pero sin ser tan extremos como Sturzenegger gusta mostrarse.  

Metas

La bicicleta financiera está rodando a toda velocidad  Bancos y grandes operadores nacionales e internacionales pueden dar cuenta de las ganancias en dólares que han acumulado. Siguen muy activos en esa apuesta especulativa pese a que el Central niega la existencia de la bicicleta. Más que describirla resulta más relevante avanzar sobre el esquema analítico que la facilita. El marco es el sistema de “Metas de Inflación”. Este consiste en orientar la política monetaria exclusivamente a cumplir el objetivo de un rango de inflación predeterminado por el Banco Central y que es posteriormente informado a la sociedad.

La principal herramienta para alcanzar la meta es con la tasa de interés, variable que, de acuerdo a esa concepción, debe influir en el ciclo económico y, por lo tanto, en la tasa de inflación. Parece tan sencillo en el laboratorio teórico que puede ser que esa enunciación provocara que el entonces candidato y hoy presidente Mauricio Macri se animara a decir que el problema de la inflación era “fácil de resolver”. No lo fue ni lo está siendo para el gobierno: la inflación 2016 fue de 41 por ciento, duplicando la del último año del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, y la del primer cuatrimestre de este año alcanzó el 9,1 por ciento, que anualizada trepa al 29,9 por ciento.

Voceros oficiosos han empezado la tarea de informar que el gobierno ha elevado la pauta inflacionaria al 20 por ciento, descartando el techo del 17 por ciento. Como ya se hizo costumbre en funcionarios de la Alianza macrismo-radicalismo, prometen que en los próximos meses la situación económica mejorará y, en ese contexto, que la inflación descenderá. En varias ocasiones han adelantado sin éxito que el ciclo recesivo iniciaba su reversión, del mismo modo que el descenso de los precios.

Tasa de interés

Postular el régimen de Metas de Inflación colisiona con la realidad de economías como la argentina, donde las presiones de costos por la evolución del tipo de cambio y la intensa puja distributiva constituyen factores centrales de los procesos inflacionarios. Las Metas de Inflación es el ropaje moderno de las tradicionales políticas monetarias ortodoxas para las cuales la inflación es siempre y en todo lugar un fenómeno monetario. El Banco Central fija la tasa de interés en las colocaciones de deuda de cortísimo plazo, las famosas Lebac, con el objetivo de que ese nivel de tasas vaya influyendo en las decisiones de consumo e inversión del sector privado para que responda positivamente a las previsiones inflacionarias oficiales. Por eso, quienes promueven las Metas de Inflación dicen que es tan importante la “credibilidad” del Banco Central. Piensan que así van a convencer a los agentes económicos acerca de cuál será el horizonte inflacionario, minimizando el propio funcionamiento de la economía y de la causa-efecto de las medidas que implementan. 

Con tasas de interés elevadas y apreciación del tipo de cambio, en caso de lograr un descenso de la inflación será a costa de afectar la actividad económica por la caída de la demanda. Esto se complementa con la apertura importadora, con un tipo de cambio que se mueve muy detrás de la tasa de inflación, para limitar los aumentos de precios. Es una estrategia que se sostiene con endeudamiento externo creciente y aumento de la vulnerabilidad externa por el movimiento de capitales especulativos.

Expectativas

 

En varias ocasiones la economía argentina fue manejada con políticas de raíz ortodoxa pero es difícil encontrar una con semejante nivel de alienación acerca de la dinámica de la economía, en general, y de la inflación, en particular. Un ejemplo de ese comportamiento es postular que el sistema de Metas de Inflación busca previsibilidad sólo con el anuncio de un rango de variación de los precios. Esta es la enunciación general que el vicepresidente del Banco Central, Lucas Llach, expuso en el 39° aniversario de la Fundación Mediterránea, en septiembre del año pasado. Afirmó que “en la medida en que ese rango o meta sea creíble y los actores económicos incorporen esa expectativa, no hay nada mejor para la actividad económica y el empleo que buscar con la política monetaria validar esas expectativas”. Intentó trasmitir esa idea en forma masiva a través de su cuenta personal en Twitter, aconsejando a fines de enero a los inquilinos que no convaliden una indexación de los contratos superior al 8,9 por ciento de inflación del segundo semestre, puesto que la meta del BCRA es del 12 al 17 por ciento para todo el año. Fue el hazmerreír en esa red social. El usuario @epursito le escribió el 21 de febrero: “Hola @lucasllach estoy buscando depto para alquilar y todos me aumentan entre 30 y 35 por ciento por año. ¿Qué hago? ¿Les muestro tu tuit? pic.twitter.com/ayy9ZCnbsW”. No recibió respuesta.

La teoría Llach sería la siguiente: el Banco Central fija una meta de inflación y como es creíble porque sus autoridades tienen buenos antecedentes académicos y profesionales, los agentes económicos les cree y, por lo tanto, actúan ajustando los precios a ese objetivo planteado. O sea, la cuestión inflacionaria es de ese modo “sencilla” de abordar porque sólo hay que convencer a la población de que la inflación bajará a una cifra determinada por el Banco Central.  Esa estrategia no funcionó. La evolución de los precios en el primer cuatrimestre revela que los agentes económicos no le creen al Banco Central.  El fenómeno de la inflación es un poco más complejo que el manejo de expectativas.

La “reputación” de las autoridades del Banco Central quedó herida. No sólo porque el rango de la inflación anual fue tirado al cesto, sino porque la cualidad que promueven de “independencia” en la gestión fue hecha añicos. Sturzenegger se resistió pero finalmente empezó a comprar dólares en el mercado por presión del Ejecutivo para evitar una mayor apreciación del tipo de cambio. También frenó el impulso de volver a subir la tasa de interés por el rechazo a esa medida del resto del equipo económico. Desde la Jefatura de Gabinete dejaron trascender además que modificaron las previsiones inflacionarias de este año. Ahora el techo de la tasa de inflación dejó de ser el 17 por ciento que fijo el Banco Central para subirla al 20 por ciento. Previsión que es otra muestra del marketing del deseo desarrollado por el oficialismo.

 Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


07 de mayo de 2017 l Cash

La pesada herencia del macrismo

Hubo cuatro períodos históricos con quebrantos de las cuentas públicas: el Rodrigazo, la crisis de la tablita cambiaria en la última dictadura militar, la hiperinflación de Alfonsín y el estallido de la convertibilidad. Para 2017, se proyecta un déficit primario de 6,39 por ciento y un déficit financiero del 8,82 por ciento. Si se suma el déficit cuasifiscal (BCRA) de 1,85 por ciento del PIB, el 2017 terminará con un resultado fiscal total negativo de 10,68 por ciento del PIB. Las anteriores experiencias de estallidos originados por el endeudamiento externo y el creciente déficit de las cuentas públicas fueron provocadas por un monto de intereses impagables. La política económica del gobierno de Macri ya está adelantando en esa cuenta una carga inquietante a futuro.

Por Santiago Mancinelli *

El promedio de Gasto Público total del período 1961 a 2016 fue del 24,95 por ciento. El proyecto político que comenzó en 2003 y culminó en 2015 tuvo un promedio de Gasto Público total sobre PIB corriente de 21,94 por ciento, terminando el último año en 26,46 por ciento. Ese indicador en el período 2003-2015 estuvo por debajo del de la Convertibilidad (1991-2001), que tuvo un promedio de 26,08 por ciento, y que finalizó en 2001 con un ratio de 30,65 por ciento del PIB.

La famosa pesada herencia del kirchnerismo, relacionada con el Gasto Público total sobre el Producto, fue sobrepasada en 16 años durante los últimos 56 y a diferencia de lo ocurrido durante aquellos años, esta vez el mayor GP estuvo explicado por la construcción de un Estado nacional al que se lo dotó de las capacidades productivas, administrativas, sociales y políticas, que habían sido destruidas primero por la dictadura cívico– militar y después por el menemismo.

Logros

Es necesario recordar los logros del kirchnerismo. Según el proyecto de ley de Presupuesto General de la Administración Nacional 2016, aprobado por mayoría del Congreso Nacional, las pensiones no contributivas que incluyen pensiones a la vejez, por invalidez y para madres de siete o más hijos y están especialmente dirigidas a poblaciones en situación de extrema vulnerabilidad que no cuentan con apoyo económico pasaron de poco menos de 340 mil en 2003 a más de un millón y medio (1.543.781) en 2014.

Un hito fundamental en materia de ingresos de la población fue la política previsional que amplió la cobertura mediante la continuidad del otorgamiento de facilidades a los adultos mayores para acceder al beneficio jubilatorio (permitió pasar de menos del 60 por ciento de beneficiarios en relación a la población en edad de jubilarse en 2003 a casi el 97 por ciento) y la actualizó los haberes aplicando la ley de movilidad jubilatoria.

El programa “Incluir Salud” financió la cobertura médico–asistencial a madres de siete o más hijos, personas con discapacidad y adultos mayores de setenta años en situación de pobreza, entre otros; transfirió recursos a las provincias, las cuales brindaron las prestaciones médicas a los titulares de pensiones asistenciales y no contributivas, atendiendo a más de un millón de ciudadanos y ciudadanas.

En Educación y Cultura sobresalen los lineamientos establecidos en la Ley 26.075 de Financiamiento Educativo, en la Ley Nº 26.058 de Educación Técnico Profesional, en la Ley 26.206 de Educación Nacional y en diversos planes nacionales como el Plan Nacional de Educación Obligatoria, el Plan Nacional para la Educación Secundaria y el Plan Nacional de Formación Docente.

En 2015 se realizaron modificaciones al Plan Progresar para poder captar una mayor cantidad de destinatarios para aumentar la cantidad de jóvenes titulares de derecho, pasando de 700.000 a 1.000.000. En marzo se amplió el programa incluyendo a losjóvenes de 18 a 24 años que estudian y cuyas familias cobran menos de tres salarios mínimos.

Intereses pagados

Los estallidos provocados por el endeudamiento externo fueron estimulados por intereses impagables: en 1982 los intereses totales representaron 7,63 por ciento del PIB, explicado fundamentalmente por los intereses pagados en moneda extranjera, que representó para ese año el 3,42 por ciento del PIB. En el año que se precipitó el default (2001), los intereses totales  representaban el 5,07 por ciento del PIB y estuvieron explicados casi en su totalidad por intereses pagados en moneda extranjera, que fueron el 4,8 por ciento del PIB.

En los gobiernos de 2003-2015, los intereses tuvieron un promedio del 1,72 por ciento del Producto, y finalizaron en 2015 con intereses de deuda total del 2,06 por ciento del PIB, siendo los intereses en moneda local del 1,14 por ciento, mayores a los intereses en moneda extranjera del 0,92 por ciento del PIB para ese año.

El endeudamiento comenzado por la dictadura cívico–militar y continuado luego por la Convertibilidad limitaron las posibilidades de política económica de los gobiernos sucesivos, al ubicar el pago de intereses como uno de los rubros de mayor relevancia de la política económica. El desguace del Estado funcionó como parte de las garantías para poder emitir nueva deuda necesaria para refinanciar los compromisos preexistentes. 

Sin la posibilidad de soberanía fiscal ni monetaria, los instrumentos disponibles fueron usados solamente para disciplinar al conjunto de la sociedad y de los trabajadores. No hubo dinero para aumentos de las jubilaciones, ni para los planes de obras públicas necesarios para el crecimiento y desarrollo del país.

Quiebras

Hubo cuatro períodos históricos con quebrantos de las cuentas públicas. El primero fue el Rodrigazo en 1975, cuando se llegó a un déficit primario del 12,67 por ciento y un déficit financiero del 13,84 por ciento del PIB. Las políticas de Celestino Rodrigo de tarifazos, devaluación y ajuste fiscal produjeron una inflación del 335 por ciento y una caída del nivel de actividad.

La crisis de sobreendeudamiento del 1982 impuesta por los militares llevó el déficit primario al 5,37 por ciento y el déficit financiero al 11,27 por ciento del PIB. La inflación fue del 131 por ciento y el nivel de actividad cayó 5,19 por ciento.

La crisis de 1989, originada por la irresuelta deuda de la dictadura, llevó el déficit primario al 3,66 por ciento y el déficit financiero al 7,81 por ciento del PIB. Los pagos de intereses de deuda y los problemas para la refinanciación de los mismos, produjeron una devaluación de la moneda que derivó en hiperinflación del 4923por ciento y a una caída de la economía del 7,16 por ciento.

La crisis del fin de la Convertibilidad en el 2001 registró un déficit primario del 1,96 por ciento y un déficit financiero del 7,03 por ciento del PIB. El ajuste fiscal para sustraer recursos de la economía para el pago de deuda terminó en un estallido social y en la salida anticipada del gobierno.

Déficit

El fin del mandato de Cristina Fernández de Kirchner registró, con el recalculo del PIB corriente del nuevo Indec, un déficit primario del 1,79 por ciento y un déficit financiero del 3,85 por ciento.

En el nuevo gobierno que asumió en diciembre de 2015, computó ingresos extraordinarios del blanqueo de capitales como recursos tributarios corrientes, que por otra parte no se coparticiparon con las provincias, las cuales les correspondería aproximadamente el 30 por ciento de esos recursos. Con esos ingresos extras se presentó, con una nueva metodología de cálculo de los recursos fiscales, que en 1016 el déficit primario había sido del 4,46 por ciento y el déficit financiero del 4,53 por ciento del PIB, cuando en realidad fue un déficit primario del 6,01 por ciento y un déficit financiero del 6,08 por ciento del PIB.

Para el corriente año se proyecta un déficit primario, con el nuevo cambio de metodología de medición, de 6,39 por ciento y un déficit financiero del 8,82 por ciento, que sumados a un déficit cuasifiscal (BCRA) del 1,85 por ciento del PIB, terminará con un resultado fiscal negativo de 10,68 por ciento del PIB.

Sobre esta herencia, realmente pesada, que dejará el gobierno en curso, sus funcionarios no dicen nada.

* Magíster en Finanzas (UNR).


 16 de abril de 2017  |  Economía

LA TASA DE INFLACIÓN MORTIFICA AL GOBIERNO

Desorientados

El Banco Central subió la tasa de interés concretando así el quinto cambio de rumbo de esa variable clave en apenas 16 meses, alimentando una muy costosa bicicleta financiera. Y la inflación no baja

Por Alfredo Zaiat

El Ministerio sin Producción conducido por Francisco Cabrera eliminó el Plan Ahora 12 para reemplazarlo por el fiasco del Plan Precios Transparentes cuyo resultado fue una caída del consumo. El secretario de Hacienda con cargo de ministro, Nicolás Dujovne, anunció que la inflación estaba descendiendo y que existía un programa de reducción del déficit fiscal. Los primeros datos que se conocieron posteriores a esa declaración fueron la suba de la tasa de inflación y el aumento del desequilibrio de las cuentas públicas. El ministro de Energía, Juan José Aranguren, se presentó con el objetivo de dejar atrás la supuesta crisis energética y en lo que va de su gestión se derrumbó la producción de petróleo y la de gas se mantuvo por inversiones realizadas en el anterior gobierno. El de Finanzas a cargo de Luis Caputo, en su momento en la categoría de Secretaría, capituló a los pies de los fondos buitre con la promesa de una baja sustancial de la tasa de interés a pagar en la nueva deuda, objetivo que no consiguió como lo muestra la última emisión en dólares con una leva reducción de la tasa a 5,75 por ciento anual a un plazo de 8 años y a 7,62 por ciento con un bono que vencerá en 2037. Tasas que siguen estando por encima de las que obtienen la mayoría de los países latinoamericanos. El Banco Central bajo el mando de Federico Sturzenegger planteó como su principal meta reducir la tasa de inflación utilizando la tasa de interés, estrategia que no ha entregado ninguna satisfacción al gobierno y sí al mundo de las finanzas que está ganando mucho dinero en forma muy fácil. El recorrido por cada uno de los espacios de decisión de la política económica ofrece un cuadro inquietante. La administración de la economía está a la deriva, sin coordinación y sin el mínimo orden para el manejo de un área muy sensible.

Subir la tasa de interés una semana después de que el gobierno pusiera a funcionar todos los canales de su red de propaganda para fomentar los créditos hipotecarios a 30 años es una muestra más de ese descontrol. La ausencia de una conducción económica centralizada tiene otro factor desestabilizador: el incremento de las peleas entre funcionarios. La troika de coordinación del gobierno (Marcos Peña, Mario Quintana y Gustavo Lopetegui) dice que busca armonizar el funcionamiento del gabinete pero evidentemente no lo logra. Quintana y Lopetegui se deshicieron de Alfonso Prat Gay, Isela Costantini y Carlos Melconian pero las internas siguen siendo furiosas, y no sólo en el área económica. Una de varias quedó expuesta en el Ministerio de Energía, con la renuncia de José Luis Sureda, número dos del CEO-ministro Aranguren, acusando a su ex jefe de “autoritario” y cuestionado su estrategia energética. Otra pelea de la última semana fue el fuerte cuestionamiento de varios funcionarios a la decisión del Banco Central de elevar la tasa de interés.

La principal apuesta económica del gobierno es generar expectativas positivas, a veces forzando la interpretación de los datos y otras directamente alterando las cifras. Por ahora sólo recibe discursos de apoyos del establishment local e internacional en sus viajes al exterior y en encuentros empresarios al estilo Davosito. Esas palabras que entusiasman al presidente no se traducen en inversiones privadas importantes para que esa variable se convierta en el motor del crecimiento económico, como aspira la Alianza contra el choripán. Los empresarios saben diferenciar entre ser liberal y pro mercado, características que comparten con el actual gobierno, y pecar de ingenuos con el capital propio. Las señales contradictorias en la política económica y, en especial, la existencia de una gestión fragmentada que acumula improvisaciones y frustraciones no los incentivan a pasar del respaldo verbal al desembolso de millones de dólares en proyectos productivos, excepto en el campo y en energía.

Bicicleta

El Banco Central es uno de los casos más emblemáticos de la desorientación de la administración económica del gobierno. El mundo de la ortodoxia observaba críticamente la administración heterodoxa del BC durante el segundo gobierno de CFK apuntando a la carencia de profesionalismo y de capacidad de sus máximas autoridades para ejercer ese cargo. No era así. Era una presión política para recuperar espacios de poder perdidos por la ortodoxia y hoy queda demostrado en el silencio -con escasas excepciones- ante el descalabro monetario y financiero que está generando la gestión Sturzenegger. El aspecto perturbador en la actual coyuntura económica es que el presidente Macri privilegia a Sturzenegger entre los integrantes de la fragmentada área de gestión de la economía.

El endeudamiento del Banco Central es explosivo, el balance de la entidad es delicado, la desregulación total del mercado cambiario deja la economía a merced del capital especulativo y el manejo de la tasa de interés es un espanto. Sturzenegger subió y bajó la tasa varias veces en apenas 16 meses de gestión. Esa política errática sólo refleja una conducción de improvisados y muy lejos de lo que el mercado denomina “profesionales”. Hace un mes redujo los encajes bancarios (el dinero que las entidades deben mantener inmovilizado), que implicó una expansión monetaria (aumento de la liquidez), y ahora elevó la tasa de interés, que es una medida de contracción monetaria (disminución de la liquidez). Estas medidas son opuestas. Para algunos observadores de la política del BCRA esto es incompetencia de Sturzenegger y equipo, aunque para otros son ofrendas de rentables negocios a la banca.  

Un Banco Central administrado con mínimos criterios de prudencia no altera el rumbo de la tasa de interés en cinco oportunidades en tan breve período. La secuencia de los movimientos de la tasa de interés fijada por el BC en la colocación de deuda con las Lebac es impactante:

El 15 de diciembre de 2015 la subió de 29 a 38 por ciento anual.

El 22 de diciembre de 2015 empezó una reducción gradual. Ese día la fijó en 36 por ciento y después siguió bajándola hasta el 31,1 por ciento el 23 de febrero de 2016.

El 1° de marzo de 2016 volvió a subirla a 37 por ciento y el 8 de marzo la colocó en 38 por ciento, nivel que mantuvo hasta el 26 de abril.

El 3 de mayo comenzó a bajarla de nuevo. Ese día la marcó en 37,5 por ciento y siguió reduciéndola hasta 24,75 por ciento el 29 de noviembre, rendimiento que se mantuvo hasta el 10 de abril pasado.

El 11 de abril anunció una nueva suba de la tasa al definirla en 26,25 por ciento anual.

Fracaso

El objetivo principal manifestado por el titular del BC, Federico Sturzenegger, es la reducción de la tasa de inflación utilizando exclusivamente la tasa de interés. No lo ha conseguido. En 2016, el aumento de precios promedio fue de 41 por ciento, duplicando el del último año del anterior gobierno y siendo el más elevado desde 2002. En el primer trimestre, el Indec de Macri anotó una inflación acumulada de 6,3 por ciento y el IPC de la Ciudad, 7,1 (a propósito, otros índices privados o vinculados a sindicatos deberían evaluar la metodología de elaboración de sus indicadores de precios porque se ubican por debajo de los oficiales, y en el caso de los trabajadores debilita su posición en la negociación paritaria).  Pese al evidente fracaso en disminuir la tasa de inflación, Sturzenegger defendió la última suba de la tasa desafiando a sus críticos con un tuit desde su cuenta personal: “Es sorprendente la cantidad de defensores que tiene la inflación en nuestro país…”, escribió. El presidente del Banco Central muestra así signos de no entender que quienes lo cuestionan no festejan la inflación, sino que advierten que su política no ha servido para disminuirla.  

Es evidente que la política monetaria no ha tenido efecto para alterar el actual ciclo inflacionario. Pese a ello, el Banco Central insiste con su estrategia. La tasa de interés no baja la inflación; sólo provoca más recesión y ganancias especulativas fabulosas con la bicicleta dólar-pesos-dólar. El BC está tirando municiones a un objetivo que reconoce otras fuentes principales de tensión. No es indiferente en cambio para la producción ni para la especulación. Castiga fuerte a lo primero porque es conveniente desplazar la actividad de producir hacia la especulación financiera, que pasa a desarrollarse en el mejor lugar del mundo.

Como explica el último informe de coyuntura de Miguel Bein, con la suba de la tasa de interés el Banco Central no distingue inflación de demanda (salarios) de inflación de costos (tarifas) y convierte a la Argentina en el campeón mundial del carry trade “en un contexto donde el ingreso de capitales de corto plazo (blanqueo, deuda en dólares para financiar brecha fiscal en pesos nacional y provincial y, ahora, los dólares de la cosecha) y un BCRA que sólo compra una parte del excedente de dólares por sobre la enorme formación de activos externos y demanda por turismo, brindan una especie de seguro de cambio implícito por los próximos dos meses”.

Los bancos han acumulado una ganancia especulativa extraordinaria con la bicicleta que ofrece el BC. Sumaron de 80 a 85 mil millones de pesos entre febrero 2016 y el mismo mes de este año por los intereses cobrados con las Lebac. Fue uno de los negocios más rentables de la banca ofrecido en bandeja por Sturzenegger. La rentabilidad en dólares fue la más elevada del mundo en ese período teniendo en cuenta que en los últimos doce meses el tipo de cambio se mantuvo estable entre 15,50 y 16,00 pesos.

La política monetaria con tasas de interés elevadas no consigue los resultados que postula el Banco Central pero sí va acumulando deudas con las Lebac en forma vertiginosa, debilitando el patrimonio de la entidad. Al 31 de marzo las Lebac sumaban 709 mil millones de pesos, de las cuales 279 mil millones estaban en manos de bancos, y los pases con las entidades eran de 200 mil millones de pesos. En total, pasivos por un total de 909 mil millones de pesos. La base monetaria era de 755 mil millones de pesos. El monto global de esa deuda supera al total del dinero en circulación. Tic tac tic tac…

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


16 de abril de 2017  |  Cash

Campeones mundiales

Por Claudio Scaletta

El informe de abril de Estudio Bein relata que Argentina se convirtió en el “campeón mundial del carry trade”. A los economistas les encanta mechar, a modo de jerga, los nombres en inglés con los que la prensa financiera internacional rotula procesos específicos. Reconozcamos que queda mejor decir carry trade que, por ejemplo, financial bicycle, término que por supuesto no existe en inglés ya que el influjo cultural corre del dominante al dominado y no al revés. Pero de eso hablamos: bajo la administración de la Alianza PRO Argentina se convirtió en el campeón mundial de la bicicleta financiera. No es nada nuevo, pero la descripción completa de procesos dañinos siempre impresiona. A pesar de la experiencia histórica y de que se conocen los efectos económicos y sociales, otra vez, como en tiempos de José A. Martínez de Hoz, quienes conducen la política económica crearon condiciones seguras para que el capital financiero, internacional y local, consiga inmensos diferenciales de tasa de interés en divisas y, como señaló el hijo de Franco Macri en el “mini Davosito” realizado el pasado 6 de abril, con la tranquilidad de “que aquellos que quieran invertir en el país se puedan llevar el dinero cuando quieran”. Cómo no ser amado por la banca.

¿Pero qué es la “bicicleta financiera”? Juntemos sus componentes. Primero surge que mientras la tasa de interés del Tesoro estadounidense ronda los 2,4 puntos, la tasa que pagan las Letras del Banco Central, Lebac, el instrumento que utiliza la entidad monetaria para fijar la tasa de interés de referencia, saltó en estos días 26,25 por ciento, poco más de 10 veces. Sin embargo, este diferencial por sí sólo no dice nada.

Mirando exclusivamente fronteras adentro, una tasa del 26,25 por ciento cuando se viene de un 2016 con una inflación de más del 40 y se pretende un tope imaginario del 17 con un Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) del BCRA –elaborado por una cincuentena de consultoras abrumadoramente oficialistas– que se ubicaba en marzo en el 21,3 por ciento, parece, en sus propios términos, el nivel más lógico del planeta. Nótese que, excluida la inflación esperada, en términos reales, la tasa de Lebac está apenas por encima de la tasa de referencia del Tesoro estadounidense.

El pequeño detalle –siempre hay uno– es el segundo componente. La economía local es bimonetaria. Como lo entendió muy bien el presidente del Banco Central que antecedió al actual, la tasa de interés de referencia se puede utilizar para arbitrar entre las expectativas de devaluación y las de inflación, es decir para lograr que los excedentes monetarios se queden en pesos y evitar que se vayan a dólares. La alternativa es clara, si los excedentes se van a dólares presionan sobre la cotización de la divisa y, por esta vía, sobre la inflación.

Ahora bien, en el presente ocurren dos anomalías respecto del arbitraje tradicional. La primera es que no existen expectativas de devaluación debido a la entrada de capitales producto del potente proceso de endeudamiento externo que, desde diciembre de 2015, ya suma alrededor de 80.000 millones de dólares, con una fuga también récord de 16.000. Este ingreso de divisas es el que explica que, luego del shock devaluatorio inicial, pura decisión política, se haya registrado una constante apreciación cambiaria. Hoy el dólar vale 3 por ciento menos que en su pico de febrero de 2016. La segunda es que todas las licitaciones de Lebac que realiza en BCRA resultan sobredemandadas, lo que significa que podría pagarse “siguiendo las reglas de la oferta y la demanda” una tasa de interés mucho más baja si el objetivo fuese solamente evitar que los excedentes busquen la alternativa de refugiarse en divisas. Es más, para evitar que la tasa caiga, el Central también compra Lebacs en el mercado secundario. Dicho de otra manera, existe una voluntad política de mantener la tasa elevada. No es el mercado el que determina la tasa, sino el Estado, lo cual es una obviedad porque es así como los Estados hacen política monetaria, al margen de la valoración que se tenga sobre su calidad.

La razón por la que el Central mantiene la tasa tan elevada debe buscarse en su ideología. Los principales precios relativos de la economía son tres: dólar, salarios y tarifas. El nivel del dólar está controlado vía endeudamiento y el capital viene ganando por varias cabezas la puja distributiva. Quedan las tarifas, el único gran precio relativo que va para arriba porque el gobierno pretende seguir avanzando con la redolarización hasta alcanzar los niveles pre crisis de 2001. El empeño en el ajuste de tarifas sumará este año un piso de 4 puntos a la inflación (que podría ser más si se suma el transporte público), lo que de paso contribuye, si se tiene éxito en contener paritarias, a bajar el costo real del salario. Es en este punto donde ingresa la ideología oficial, la confusión teórica entre inflación de oferta y de demanda. Se mantiene la tasa elevada para sacar circulante del mercado y, supuestamente, compensar por el lado monetario los aumentos de costos. El mecanismo no funcionó en 2016 ni funcionará en 2017, como lo muestran los más de 6 puntos de inflación acumulada del primer trimestre. Dicho de otra manera, lo menor velocidad de la inflación se consiguió bajando salarios y planchando el dólar, es decir; conteniendo dos de los tres principales precios relativos.

Los costos macroeconómicos fueron la recesión por la caída de la demanda y la habilitación de la súper bicicleta financiera. La suma de los componentes uno y dos, tasas del 26 anual en pesos con dólar quieto o apreciándose, significa en la práctica tasas piso del 26 por ciento en dólares. Esto habilita, por ejemplo y como sucede en la realidad, a que un operador con capacidad de hacerlo tome deuda en el exterior al 6 u 8 por ciento, la traiga al país, la convierta a pesos, la coloque el Lebac, espere la valorización y finalmente regrese a dólares habiendo obtenido un diferencial de entre 18 y 20 puntos de tasa. Esta operatoria es posible, además, porque existe un tercer componente: no existen restricciones de entrada y salida gracias a la desregulación completa del mercado cambiario.     

Los costos de transacción son mínimos. Se trata, entonces, de la inversión segura –es decir, sin que se verifique eso de que la tasa es el premio al riesgo– más brillante del mundo. También la más insustentable. No hace falta tener la bola de cristal para saber que el despropósito no puede durar para siempre, aunque ya acumule más de un año largo. Y esto sin ser agorero e imaginar qué ocurriría frente a un freno relativo del ingreso de capitales y un aumento de las expectativas de devaluación. Pero mejor no preocuparse, eso sucederá recién en el futuro. Mientras tanto nadie le quita a la República su cetro de campeón mundial de la rentabilidad financiera en dólares.

  


LOS BANCOS EMBOLSARON 69 MIL MILLONES DE PESOS EN FEBRERO

 13 de abril de 2017

En una economía con resultados opacos, el sistema financiero mantiene niveles de rentabilidad elevados gracias a las altas tasas de interés y el cobro de comisiones.

Por Federico Kucher

Los bancos ganaron 69.655 millones de dólares entre febrero de 2016 y el mismo mes de este año. La cifra equivale a 5000 millones de dólares, es decir 1 punto del Producto Interno Bruto del país. Esta ganancia de las entidades financieras fue similar a la que embolsaron exportadores agropecuarios y mineros en 2016 por la transferencia de ingresos que hizo el Gobierno con la quita de retenciones. El negocio de las Lebacs, los intereses cobrados por préstamos y las comisiones obtenidas por la oferta de distintos servicios financieros fueron los rubros más rentables para los bancos y permitieron ensanchar las ganancias el último año.

El informe de Bancos de la autoridad monetaria, un documento que revisa la evolución de los ingresos del sistema financiero mes a mes, registró que en febrero las entidades sumaron beneficios por 4703 millones de pesos. La cifra fue un 47 por ciento menor a la registrada en el mismo mes del año pasado, cuando los bancos obtuvieron ganancias extraordinarias asociadas con la devaluación y el aumento de las tasas de interés de las Lebacs a picos del 38 por ciento.   

En los últimos doce meses, el sistema financiero acumuló recursos por unos 259.374 millones de pesos gracias a la tasa de interés cobrada en los créditos, con un aumento del 26,6 por ciento interanual. Los ingresos por Lebacs sumaron 110.085 millones, con un incremento del 20,5 por ciento. Este fue uno de los negocios más importantes de la banca si se tiene en cuenta que las letras garantizaron una elevada rentabilidad en pesos y en moneda extranjera, puesto que el tipo de cambio en los últimos 12 meses se mantuvo estable en niveles de entre 15,5 y 16 pesos. En lo que refiere a resultados por servicios, donde se anotan beneficios obtenidos por comisiones de tarjetas y otros productos de la banca, se ubicaron en 82.800 millones de pesos, con un avance del 22,8 por ciento. Los títulos que ajustaron por inflación, si bien por montos menores, implicaron un fuerte aumento de las ganancias el último año. Sumaron 6342 millones de pesos, con un alza del 85,1 por ciento. 

En febrero, mientras tanto, los ingresos por intereses sumaron 20.646 millones de dólares, con un alza del 9,4 por ciento respecto de igual mes del 2015. Los resultados por servicios anotaron 6973 millones, con un alza del 32,5 por ciento. A diferencia de este desempeño, los recursos embolsados por títulos valores (Lebacs) marcaron 8134 millones de pesos, una merma de 25,1 por ciento, en tanto que los ingresos por diferencia de cotización anotaron 70 millones de dólares, con una baja del 98 por ciento, lo que se explica por el estancamiento del tipo de cambio.

 

Las ganancias equivalentes a 1 punto del PIB de la banca en los últimos doce meses, junto con los ingresos capturados por las firmas exportadoras de materias primas en 2016, implicaron ingresos por al menos unos 10.000 millones de dólares para grupos concentrados de la economía. En contraste, los industriales pymes, las constructoras y comercios dedicados al consumo minorista y mayorista anotaron fuertes retrocesos de actividad y recorte de empleo.


09 de abril de 2017  |  Economía

Crisis laboral

El Gobierno provocó un acelerado deterioro en el mercado de trabajo; el Indec lo subestima y en Macrilandia aumenta el empleo.

Por Alfredo Zaiat 

El desempleo y el subempleo describieron un salto de más de dos puntos. Aumentó la informalidad laboral y la precarización en las condiciones de trabajo. El empleo creado festejado en reportes oficiales son monotributistas y autónomos. El Gobierno empezó un decidido avance sobre derechos laborales con el fomento de contratos de pasantías desde el Ministerio de Trabajo, con la modificación de la ley de accidentes de trabajo, con reducción de beneficios en convenios colectivos (petroleros) y con rebaja de cargas patronales en acuerdos sectoriales. Además persigue a jueces que fallan a favor de sindicatos (bancarios y docentes). El plan Repro de protección estatal del empleo al cubrir parte del salario de empresas en crisis ha disminuido sustancialmente. El Gobierno vetó la ley “antidespidos” y armó una puesta en escena con la firma de un compromiso empresario-sindical para mantener los puestos de trabajo, que no se cumplió. Pocas compañías entregaron un bono de fin de año como se había publicitado desde usinas oficialistas. El salario real de trabajadores formales perdió de 6 a 8 por ciento y el de los informales se estima de 10 a 12 por ciento el año pasado. La disminución del poder adquisitivo ha sido más pronunciada en los estratos de ingresos más bajos. Esta impresionante caída en apenas doce meses no se recuperaría en las negociaciones paritarias de este año. El Gobierno exige y presiona a sindicatos y cámaras empresarias para que cierren paritarias no superiores al 20 por ciento cuando la inflación proyectada es de un piso de 25 por ciento. Lo consiguió con Comercio, lo sigue batallando con docentes además de desconocer la Paritaria Nacional Docente definida por ley y lo intentó con bancarios rechazando el acuerdo entre trabajadores y la patronal, atropello del que tuvo que retroceder. La cláusula gatillo incluida en las paritarias puede amortiguar parte de esa pérdida de poder adquisitivo. Cada uno de estos componentes ha terminado de conformar una crisis laboral que ha tenido una respuesta contundente con el paro nacional de actividades del jueves pasado. 

Existían tensiones relacionados con la heterogeneidad del mercado de trabajo, un núcleo duro de informalidad que no podía romperse, estancamiento del empleo industrial y una fuerte disputa por el alcance del Impuesto a las Ganancias. Esas tensiones no fueron relajadas por el nuevo gobierno sino que las transformó en una crisis de proporciones que promete agudizarse, en especial en los sectores del comercio e industrial vinculados al mercado interno. La industria está transitando hacia una catástrofe como lo refleja la evolución de la utilización de la capacidad instalada que en febrero fue de apenas el 60 por ciento, con varias ramas en el 50 por ciento.

El acelerado deterioro del mundo laboral fue acompañado con el persistente discurso oficial de desprecio a trabajadores y a organizaciones gremiales. Hubo definiciones despectivas del presidente Mauricio Macri y de varios de sus ministros: “ñoquis”, “grasa militante”, “vagos”, “que trabajen sábados y domingos”, “deben ser más flexibles”. Esas y otras (des)calificaciones eran reiteradas en grandes medios de comunicación pero hasta ahora no habían sido expresadas por la máxima autoridad política del país. Esa barrera se rompió ratificando el carácter clasista que exteriorizan sin pudor los integrantes de la Alianza de combate al choripán. El presidente Macri ratificó su posición anti obrera en la tribuna empresaria del World Economic Forum, en Buenos Aires, el mismo día del paro, cuando sentenció que la economía marcha hacia menos trabajadores y más emprendedores. La agresión oficial hacia los trabajadores tuvo su respuesta en movilizaciones masivas y pacíficas y en un contundente paro nacional, reacción que es reconvertida por la red de propaganda pública-privada como una escalada de agresión contra el Gobierno. El agresor se victimiza diciendo que es agredido, conducta que ha sido estudiada en profundidad por la psicología.

El Gobierno diseñó una estrategia que combina avance sobre derechos laborales con transferencia de dinero hacia las obras sociales, la asociación de dirigentes sindicales al negocio del fútbol, la colaboración del Estado para facilitarles otros negocios vinculados a actividades comerciales y la amenaza de habilitar la jauría judicial. De esa forma pensó que lograría un pacto social implícito con jefes sindicales mientras va desplegando una acelerada transferencia de ingresos regresiva y disciplinamiento de las demandas de los trabajadores. Esos acuerdos de cúpulas están siendo desbordados por la magnitud de la crisis laboral provocada por la política económica de ajuste recesivo y apertura comercial.

 

Subestimación

Hasta hace muy poco, el despido de un par de decenas de trabajadores provocaba conmoción política y mediática. Ha habido un cambio considerable en esa reacción teniendo en cuenta que se registraron 241.774 despidos y suspensiones a noviembre pasado, según el relevamiento de economistas agrupados en Economía Política para la Argentina (EEPA). Esto equivale a un promedio de 650 despidos por día y el 69,8 por ciento del total en el sector privado. Tendencia que no ha aminorado en el primer trimestre de este año. Los trabajadores más castigados fueron los de la construcción y de la industria, en especial los metalúrgicos, textiles, de automotrices, de electrónicos, de electrodomésticos y de alimentos y bebidas.

La magnitud de la crisis laboral tiene una atención mediática relativa. Algunos análisis manifiestan cierta subestimación al considerarla como  el tránsito necesario hacia una “economía normalizada luego de la experiencia populista”. En esa tarea de minimizar la destrucción de puestos de trabajo juega un papel clave el Indec de Macri al proporcionar la información para los análisis posteriores de la cuestión laboral. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) salió al cruce de la versión oficial publicando el reporte “Errores y omisiones” donde advierte de la utilización de una metodología estadística que subestima la cantidad de desocupados.

Una decisión controvertida de la administración de Jorge Todesca en el Indec fue la modificación de la proyección poblacional en el primer informe de empleo. La maniobra fue reducir la cantidad de niños y aumentar la de adultos incrementando así la Población Económicamente Activa (PEA). La fórmula de la tasa de desocupación consiste en la división entre el total de desocupados y la PEA. Al inflar el denominador, la tasa de desocupación resulta un número más bajo. Los economistas de CEPA explican que “si la encuesta releva 10 desocupados sobre un total de 100 que conforman la PEA, la tasa de desocupación es del 10 por ciento; pero si esos mismos 10 desocupados son sobre un total de 125 que conforman la PEA, la tasa de desocupación pasa a ser de 8 por ciento”.

Otro “error” del Indec de Macri detectado por el CEPA está vinculado al denominado ‘efecto desaliento’: el trabajador deja de buscar empleo por la crisis económica. Afirman que “este efecto resulta llamativo ya que en momentos de recesión, donde los hogares tienen menos ingresos, suele ocurrir que más miembros del hogar intentan buscar trabajo incrementando consiguientemente la PEA, como detalla el ‘efecto trabajador adicional’ (Lundberg, 1985)”. El Indec de Macri informó que en el cuarto trimestre del año pasado no se creó empleo disminuyendo la PEA y, por consiguiente, bajó el desempleo.

El CEPA sentencia que “tanto la modificación de la proyección poblacional como el ‘efecto desaliento’, conducta improbable en el corto plazo, constituyen variables que impactan en un menor guarismo de desocupación”. Estiman que sin las modificaciones realizadas por el Indec de Macri la tasa de desocupación de fines de 2016 hubiera sido de 2,4 a 3,4 por ciento más elevada.

Conflictos

El Presidente afirmó que la elevada conflictividad social espanta las inversiones. Durante el primer año de gobierno hubo resistencias puntuales, como al tarifazo, pero en general la mayoría de los agentes económicos y políticos ha entregado un nivel de tolerancia elevado pese al rápido deterioro de las condiciones socioeconómicas. A pesar de ello, la inversión doméstica y la del exterior registraron una fuerte caída, con excepción del ingreso de capitales especulativos. El último informe de FIDE señala que datos oficiales confirman que la inversión tuvo una caída interanual del 5,5 por ciento en 2016 y el ingreso de inversión extranjera directa disminuyó del 1,9 por ciento del PIB en 2015 al 1,1 por ciento en 2016.

Como se sabe, la recuperación del salario real es la principal herramienta para impulsar el crecimiento económico local en el corto plazo. Esto también lo saben consultores de la city inquietos con sus proyecciones de crecimiento 2017. Macri y los integrantes de la fragmentada gestión económica aseguran que la recomposición del salario real vendrá por la baja de la inflación –escenario que no se está verificando– y no por aumentos de paritarias por encima del techo impuesto del 20 por ciento. Incluso una eventual mejora de los ingresos reales que impacte en recuperación económica puede estar condicionada por “la persistencia de expectativas negativa por parte de los consumidores, el desplazamiento de la producción nacional por la importación (un caso paradigmático es el de los automóviles) y los incentivos a canalizar ahorro hacia las colocaciones financieras”, explica el informe de FIDE. Estos factores bloquearían la dinámica de la recuperación económica.

La crisis laboral fue generada por una política económica que castiga el empleo formal y el salario real. El primer paro nacional de actividades en el gobierno de Macri fue la expresión de rechazo a ese deterioro acelerado. Conflicto sociolaboral que ha ingresado en un sendero imprevisible para dirigentes sindicales acuerdistas y también para el líder de Macrilandia que asegura que la inflación baja, crece la economía, aumenta el empleo y que no hubo una huelga general.

 

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.



Domingo 8 de enero de 2017

Tarea cumplida

El gobierno de la Alianza macrismo-radicalismo ha cumplido en el 2016 con su principal objetivo en materia económica. Contra lo que muchos pueden suponer no fue disminuir la tasa de inflación, que más que se duplicó con respecto a la recibida del anterior gobierno, ni impulsar el crecimiento económico, que retrocedió casi 3 por ciento el PIB. Pese a la promesa oficial tampoco fue ampliar la frontera de la producción industrial, que se derrumbó 5 por ciento, ni mejorar el consumo en general, que registró fortísimas caídas en casi todos los rubros. La meta central no era conseguir necesariamente mejoras en las variables económicas más relevantes en el primer año de gestión, como puede especularse teniendo en cuenta que cualquier fuerza política busca datos económicos positivos para legitimarse y mantenerse en el poder. Anotar mes a mes cifras interanuales negativas en indicadores económicos, engañando con que son fruto de la herencia recibida a través de un inmenso dispositivo de propaganda público-privado, fue el costo de lo que el gobierno de Mauricio Macri vino a cumplir: “normalizar” la distribución del ingreso. Esa normalización, palabra predilecta de quienes históricamente han liderado política anti populares, consiste en un proceso regresivo en el reparto de la riqueza. La primera etapa fue exitosa como revela el último informe del Indec, pero es una tarea que no ha culminado de acuerdo a lo que se deduce de reclamos al gobierno de economistas macristas y heterodoxos conservadores entusiasmados con la actual restauración neoliberal.

Distribución

El indicador más utilizado para medir la desigualdad de ingresos es el coeficiente de Gini. Es un número entre 0 y 1, en donde 0 representa la perfecta igualdad y 1 implica la perfecta desigualdad. El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) estimó, en base a los datos de ingresos por decil publicados por el Indec (utilizando la fórmula de Brown), un incremento de la desigualdad del 7,93 por ciento (pasó de 0,4245 a 0,4582) entre el segundo y tercer trimestre de este año.

La distribución del ingreso empeoró en el tercer trimestre con respecto al período inmediato anterior, y también en relación a los terceros trimestre de cada año de los últimos cinco. Es necesario remontarse al 2010 para encontrar cifras peores.

El Indec no distribuyó la información para comparar con años anteriores. Hay que recorrer con mucha paciencia el portal de internet del Instituto para encontrar la serie histórica de Distribución del Ingreso (EPH). Este desafío a la perseverancia de quienes pretenden realizar un análisis más amplio las autoridades del Indec no lo hacen para ocultar lo que es imposible de esconder, que aumentó la concentración de la riqueza durante el gobierno de Macri. Lo hacen para disimularla escudándose en la crisis de credibilidad de las estadísticas públicas desde el 2007. Lo cierto es que el Indec decretó un apagón estadístico interrumpiendo la difusión de indicadores durante un semestre y además no realizó el empalme de las series cuando volvió a publicarlos.

No había cuestionamientos a las estadísticas de ingresos. La elaboración de los cuadros sigue siendo idéntica y la tendencia que surge de las cifras no permite inducir alteraciones en la carga de datos (la observación a la subdeclaración de ingresos es la misma antes y ahora). En la serie histórica que comienza en 2003, el único dato que no está incluido es el del tercer trimestre de 2015 lo que evita la comparación con el de este año.

Estas irregularidades del Indec de Macri recibe la complicidad de muchos que clamaban por la pureza de las estadísticas y, al mismo tiempo, el silencio culposo de otros que no quisieron o no pudieron encarar la crisis de credibilidad del Indec durante el kirchnerismo.

Volver al 2010

La devaluación y eliminación de las retenciones con el consiguiente shock inflacionario, tarifazos, salarios y jubilaciones que subieron por debajo del aumento promedio de precios y modificaciones impositivas regresivas tuvieron el resultado buscado: la mayoría de la población perdió participación en el reparto de la riqueza. En el tercer trimestre de 2016, el 20 por ciento más rico acumuló el 48,4 por ciento de los ingresos de la economía y el 20 por ciento más pobre se quedó con el 4,3 por ciento. En el trimestre anterior, los dos deciles superiores explicaban el 47,9 por ciento de los ingresos, mientras que el inferior capturaba el 4,8. En lo que refiere al ingreso familiar, en el tercer trimestre de 2016 los hogares más ricos ganaron 25,6 veces más que los hogares de menores recursos. Pese al apagón estadístico del Indec de Macri, del mismo modo que durante el kirchnerismo, centros de estudios e investigadores realizan la tarea que el organismo público elude. La distribución del ingreso del tercer trimestre del año pasado se ha ubicado en niveles del 2010. En ese año, el 20 por ciento más rico embolsaba el 49,0 por ciento de la riqueza, y el 20 por ciento más pobre, apenas el 4,1.

En pocos meses, la alianza macrismo-radicalismo logró retroceder seis años en materia distributiva.

Para el bloque de poder hegemónico que está representado en el gobierno del macrismo-radicalismo no es suficiente. Quieren más. La reforma laboral, la previsional y el ajuste en el gasto público son las exigencias visibles tras ese objetivo principal, que es acentuar la distribución regresiva del ingreso. Es una cuestión que los obsesiona. Aseguran que esa es la condición para iniciar un proceso de crecimiento sostenido, en esa ilusión de regresar a los años dorados de la Argentina agroexportadora. No sólo es una opción que persistentemente pretende ignorar la historia argentina sino que colisiona con una economía internacional que está transitando desde el 2008 con paso persistente hacia el proteccionismo.

La mejora en el reparto de la riqueza que se desplegó durante los gobiernos kirchneristas ha sido resistida por diferentes facciones del poder económico. Ahora quieren poner las cosas en su lugar, como lo fue en cada momento histórico que predominó un gobierno de las elites.

Puja distributiva

Cuando a fines del 2006 los salarios recuperaron la pérdida provocada durante los años de la crisis de los últimos años de la convertibilidad y alcanzaron los niveles de 1998, la puja distributiva empezó a intensificarse. Esto se reflejó en tensiones inflacionarias que comenzaron en 2007 y se mantuvieron en los años siguientes de los gobiernos kirchneristas. Esa puja quedó de manifiesto cuando el establishment reclamó a Néstor Kirchner emprender el ajuste que resistió desplazando a Roberto Lavagna del ministerio de Economía.

Esa disputa adquirió más fuerza en los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner. La respuesta fue una mayor intervención estatal para mejorar la participación de la base de la pirámide de ingresos. Lo hizo a través de diferentes vías: paritarias libres fortaleciendo desde el Estado la posición de los trabajadores frente a los empresarios, Asignación Universal por Hijo, movilidad jubilatoria, subsidios a las tarifas y regulación de precios de la canasta básica. De ese modo, con años mejores y otros no tanto pero con una innegable tensión orientada hacia la redistribución progresiva del ingreso, trabajadores formales e informales, cuentapropistas, autónomos y jubilados mejoraron su posición relativa en el reparto de la riqueza.

Esto es lo que no era tolerado por el bloque de poder que demoniza ese proceso como “populismo”. Su ejército de voceros no se cansa de repetir que un esquema económico “populista” es insostenible. Este obviamente enfrentaba desafíos y restricciones para su desarrollo que se expresaron con nitidez en el segundo gobierno de CFK, período en el cual la distribución del ingreso se amesetó sin empeorar. El establishment postula la necesidad imperiosa de enterrar el populismo para abrazarse al neoliberalismo, experiencia que ya ha derivado en crisis social, económica y política en décadas pasadas.

En esa campaña de descalificar al populismo se suman con entusiasmo economistas del establishment que, con la impunidad conferida por el poder, dicen sin vergüenza que los salarios en dólares habían alcanzado niveles muy elevados que es lo mismo que proponer una devaluación para pulverizar el salario real; o afirman sin pudor que el consumo de esos años era una fantasía lo que implica que los sectores populares no se merecen tener acceso a un mejor bienestar; o aseguran que el nudo del desarrollo en Argentina es la pasión igualitaria de una parte importante de la población que convirtió la equidad en un valor político prioritario.

Enemigo

La corriente conservadora sostiene que salarios y jubilaciones aumentando en términos reales que derivan en una distribución progresiva del ingreso impiden lanzar a la economía a un sendero de crecimiento. Bajos salarios, apertura comercial e integración pasiva al comercio internacional (proveedora de materia prima) es la propuesta de las elites que el macrismo celebra e implementa. Es la receta del modelo agroexportador, hoy disfrazado como supermercado del mundo cuando en realidad la economía local fue colocada en una góndola del mercado mundial absorbiendo bienes de consumo final importados. Es un modelo que requiere condenar a la industria nacional y deprimir el salario.

La veloz redistribución regresiva del ingreso en el primer año de la alianza macrismo-radicalismo viene a dar respuesta al postulado conservador de que la búsqueda de la equidad con medidas proteccionistas e industrialistas -señaladas como “populistas” porque promueven salarios altos– no es compatible con el crecimiento. Es una tesis falsa para la economía argentina y no corroborada en experiencias de países de desarrollo exitosos.

Como en 1955, en 1976 y ahora después de la experiencia kirchnerista, para el bloque de poder que hoy tiene su representante en la Casa Rosada el nivel de los ingresos de la mayoría de la población tenía que retroceder. En ese proyecto de país el salario sigue siendo el enemigo principal ayer, hoy y mañana. Macri está cumpliendo entonces con el objetivo económico principal: “normalizar” la distribución del ingreso que se había alejado del curso natural dibujado por las elites.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


Chocar la calesita

El impresionante endeudamiento en pesos y en dólares, en el mercado local e internacional, no derivó en una fiesta económica. El desmanejo en la gestión económica tiene como saldo recesión, fuga de capitales, mayor desequilibrio externo y aumento del déficit fiscal.Alfonso Prat-Gay y Federico Sturzenegger disputan el liderazgo de endeudador serial.
Imagen: Télam.

La deuda en pesos y en dólares emitida por el gobierno de Mauricio Macri en el mercado local e internacional no suma 44 mil millones de dólares en lo que va del año. Ni serán los 50 mil millones de dólares que calculan analistas para fin de 2016. Hasta el último día de octubre la nueva deuda emitida en once meses de gestión de la dupla Alfonso Prat Gay - Federico Sturzenegger totalizaba 87 mil millones de dólares. Hasta fin de año superaría los 90 mil millones de dólares. Este monto impactante se integra con una cuenta que no se contabiliza en las evaluaciones corrientes pero que debe sumarse para dar cuenta de la magnitud del endeudamiento público: la emisión de Lebac. Es la deuda que está acumulando a mucha velocidad el Banco Central y que es aún más inquietante que la colocada por el Ministerio de Finanzas puesto que es de cortísimo plazo. El actual stock de Lebac está generando pagos de intereses en pesos equivalentes a 1000 millones de dólares mensuales, monto que se acelera a medida que se incrementa esa deuda que se ha convertido en la cadena de la felicidad para el mundo de las finanzas.

Si cualquier analista local o del exterior, ortodoxo o heterodoxo, hubiera planteado antes de las elecciones presidenciales un escenario económico 2016 con la posibilidad de emitir deuda (Nación, provincias, empresas y BCRA), en pesos y en dólares, por un total de 87 mil millones dólares en apenas once meses, no habría dudado de que quien estuviera al frente del gobierno estaría en condiciones de desplegar una fiesta económica y asegurarse el poder por más de un mandato. Pero esa bonanza global no se ha presentado. En lo que va del gobierno de Macri se ha sumado esa inmensa masa de recursos pero la economía se ha sumergido en una recesión fuerte. Y las dudas políticas aparecieron en el amplio dispositivo de propaganda oficial con miras a las elecciones de medio término del año próximo.

En 2017 continuará el festival de la deuda. Un reporte del agente del mercado financiero Research for traders calculó que por el pago de intereses (9217 millones de dólares), el vencimiento de capital (28.520) y el financiamiento del déficit fiscal previsto en el Presupuesto de 4,2 del PIB (23.052) la emisión de deuda será de por lo menos 60.790 millones de dólares.

El saldo en dos años sería entonces de unos 150 mil millones de dólares. El endeudamiento desenfrenado es utilizado por el gobierno para pagar deudas, entregar divisas para la fuga de capitales y para cubrir el déficit gemelo (fiscal y comercial). Respecto al desequilibrio comercial creciente, el endeudamiento facilita el pago del incremento de las importaciones de bienes de consumo final que desplazan a la producción nacional. O sea, los empresarios nacionales que estaban desesperados por comprar dólares sin restricciones ahora lo pueden hacer, pero otros empresarios también lo pueden hacer para comprar en el exterior productos que hunden en la recesión a los empresarios dedicados a la producción nacional. Ambos hoy pueden comprar los dólares que aporta la deuda, aunque sólo pueden estar aliviados los importadores.

La cuenta de APG

Otro informe de Research for traders detalla que el Ministerio de Finanzas a cargo de Alfonso Prat Gay (APG) lleva emitida deuda en pesos por 220.496 millones con Bonos del Tesoro en pesos atados al CER 2020 (Boncer 2020), Bonos del Tesoro en pesos atados al CER 2021 (Boncer 2021), Bonos del Tesoro a tasa fija con vencimiento en 2018, 2021, 2023 y 2026, y Bonar 2018 y 2020 (a tasa Badlar). A un tipo de cambio mayorista de 15,175 pesos representa unos 14.500 millones de dólares.

También colocó deuda en dólares en el mercado local por 5915 millones de dólares en Letras del Tesoro a corto plazo (que ya vencieron cerca de 1200 millones), a tasas de rendimientos en dólares de 3 y 4 por ciento anual.

En plazas financieras del exterior se colocaron papeles de deuda para cancelar la capitulación a los fondos buitre, los bonos para comprar cupones ligados al PIB y los bonos en Euros por un total de 22.080 millones de dólares.

Varias provincias y grandes empresas salieron a buscar dólares luego de que el pago a los buitres abriera las puertas del financiamiento externo. Por esa vía acumulan 12.038 millones de dólares hasta fines de octubre. La orgía del endeudamiento no se detiene. Por primer vez en su historia el Banco Provincia de Buenos Aires salió al mercado local a colocar títulos de deuda en pesos. En primera fila se ubican la ciudad de Rosario, Mendoza, Tierra del Fuego, Entre Ríos y decenas de empresas que están saliendo a buscar financiamiento en el exterior.

El gobierno nacional, provincias y empresas privadas han emitido deuda por 34.118 millones de dólares en el mercado internacional, bajo legislación de Nueva York insistiendo con el pecado de la cesión de la soberanía jurídica a favor de tribunales pro buitres. Hasta fin de año habrá colocaciones por unos 2300 millones más.

De ese modo, la cuenta de deuda de APG (en pesos y en dólares) será de 44.795 millones de dólares en 2016.

La cuenta de FS

Para desalentar la compra de dólares al tiempo que retira pesos del mercado con el esquivo objetivo de bajar la inflación, el Banco Central conducido por Federico Sturzenegger emite Lebac. Al 31 de octubre, el stock de esa deuda de cortísimo plazo era de 685.000 millones de pesos, superior al total de la Base Monetaria de 669.905 millones de pesos (dinero en circulación en manos de público y de los bancos depositados en el BCRA). El monto de esa deuda que crece en forma vertiginoso es equivalente a 45.670 millones de dólares. La cuenta de FS sigue en alza en forma permanente.

Como se adelantó en esta columna en abril pasado, los intereses a pagar en este año por las Lebac serán de unos 200.000 millones de pesos, equivalente a unos 13.500 millones de dólares. En los últimos dos meses de 2016, la autoridad monetaria desembolsará unos 30 mil millones de pesos en intereses de las Lebac, activos que hoy devengan una tasa de 26,75 por ciento anual.

Esas tasas siguen siendo atractivas para bancos e inversores conservadores: poco más de la mitad de las Lebac fue suscripta por empresas y particulares a través de bancos. Las Lebac ofrecen la oportunidad para inversores extranjeros de realizar lo que se denomina carry-trade sobre el peso argentino: ingresar dólares a la plaza local, luego venderlos y con los pesos obtenidos comprar Lebac, para que en un plazo determinado recomprar más dólares con el capital e intereses de esa inversión en pesos. Esta bicicleta es facilitada por la dupla Prat Gay-Sturzenegger porque el primero garantiza la provisión de dólares vía el festival de deuda y el otro asegura la estabilidad del tipo de cambio con una tasa elevada.

Competencia

La disputa por el nivel de la tasa de interés entre Prat Gay y Sturzenegger entretiene a los analistas orientando la cuestión al impacto del elevado costo del dinero sobre la actividad económica. En realidad, la discusión entre ellos oculta detrás de la controversia acerca de la tasa de interés quién de los dos lidera el nuevo gran ciclo de endeudamiento público. Es una pelea que está muy pareja. La competencia además es quién de los dos puede orientar mejor las expectativas de los agentes económicos, tarea en la que ambos no pueden mostrar resultados positivos. El ministro de Finanzas y Deshacienda sólo exhibe una gestión efectiva en emitir deuda y sus declaraciones acerca del repunte de la economía para alentar el consumo y la inversión se derriten ante cada nuevo indicador de actividad. El titular del Banco Central puede mantener el mercado cambiario sin alteraciones por la lluvia de dólares especulativos y la tasa de interés elevada armando una impresionante bola de nieve especulativa. Mientras su estrategia de manipular las expectativas sociales respecto a que la inflación del año próximo tendrá un techo del 17 por ciento no recibe acompañamiento ni de las propias filas del oficialismo.

Esta carrera del endeudamiento seguirá el año próximo de acuerdo al proyecto de Presupuesto 2017 que tuvo media sanción en Diputados.

Carlos Heller (Partido Solidario) argumentó en su rechazo en el debate en el recinto que del total de esa nueva deuda un ínfimo 0,6 por ciento se destinará a Gasto de Capital, el 42 por ciento se dedicará a la amortización de deuda, el 18 por ciento a gastos corrientes (principalmente pago de intereses), un 3 por ciento para aplicaciones financieras y el restante 36 por ciento sin asignación específica. “Algo que ocurre en todos los Presupuestos, aunque en éste llama la atención por su elevado volumen”, indicó Heller. El vertiginoso endeudamiento tiene como contrapartida un incremento muy importante del pago de intereses. La secuencia de ese rubro en el presupuesto nacional es la siguiente:

- 2015: 96.000 millones de pesos

- 2016: 186.500 millones de pesos.

- 2017: 246.629 millones de pesos.

Esta suma equivale al 11,5 por ciento del total de los gastos corrientes y al total del monto de los salarios de la administración nacional del año próximo.

El mejor equipo

Para el mundo de la ortodoxia, el recorrido negativo de la economía en estos meses con elevado endeudamiento es consecuencia de lo que consideraran el error inicial del gobierno de no haber realizado un fuerte ajuste fiscal en el primer año de gestión cuando existía un nuevo liderazgo político. Ahora dicen que el macrismo agudizará aún más el descalabro fiscal con el objetivo conseguir un buen resultado en las elecciones del próximo año. Soportan semejante descalabro de las cuentas públicas sin agudizar críticas por simpatía política apostando a que Macri gane las elecciones de 2017, esperanzados con que luego despliegue un mayor ajuste fiscal en 2018.

Para la heterodoxia, el diagnóstico de la dupla Prat Gay-Sturzenegger acerca de las tensiones que tenía la economía fue equivocado y la estrategia de gestión por consiguiente estuvo desvariada. Indica que la política económica ha estado subordinada a provocar exclusivamente una fuerte transferencia de ingresos hacia grupos concentrados. Para señalar que la recesión, el alza del desempleo y el deterioro social son consecuencia de esa estrategia regresiva en la distribución de la riqueza.

Una y otra lectura analítica acerca del desmanejo económico, que abrió las puertas a una recesión cuya salida por ahora son expresiones de deseos, coincide con un impactante aumento de la deuda que está financiando los desequilibrios provocados y la fuga de capitales. El mejor equipo de los últimos 50 años tiene el mérito de haber chocado la calesita con un endeudamiento record de más de 90 mil millones de dólares en pocos meses.

 


Miércoles 20 de abril de 2016

LA RENTABILIDAD DEL SISTEMA FINANCIERO ES LA MAYOR EN UNA DECADA

La fiesta es para los bancos

Las ganancias de los bancos crecieron casi 80 por ciento en febrero. La bicicleta financiera por el aumento de las tasas de interés y la disparada del dólar favorecieron los negocios del sector, en detrimento de las actividades productivas.

Por Federico Kucher

Las ganancias del sistema financiero fueron en febrero las más elevadas de los últimos diez años, al ascender a 23.158 millones de pesos, con un incremento del 78,1 por ciento respecto del mismo mes de 2015. Las entidades extranjeras, según el informe que entregó anteanoche el Banco Central, registraron el mejor desempeño entre los bancos del sector privado. Embolsaron importantes beneficios por la revaloración de activos en dólares gracias a la suba del tipo de cambio, que alcanzó picos de 16 pesos al cierre del mes. El negocio de la bicicleta financiera con el aumento de la tasa de interés de las Lebac fue otro de los instrumentos centrales para potenciar la rentabilidad de estas instituciones financieras. La banca internacional les sumará a estas ganancias por operar en el mercado local importantes ingresos por cobro de comisiones por la colocación de deuda pública en 2016.

Los bancos de capitales extranjeros anotaron ganancias por 6546 millones de pesos en febrero, cuando la cifra había sido de 3929 millones en el mismo mes del año pasado, lo que equivale a una suba del 66,6 por ciento. De este total, unos 2940 millones de pesos se explicaron por la diferencia (spread) entre la tasa que pidieron por otorgar préstamos y la tasa que pagaron a los clientes que realizaron depósitos. Este negocio tradicional de la banca se vio fomentado en los últimos meses por la desregulación en los intereses que fijan las entidades, permitiendo ensanchar la brecha entre las tasas de préstamos y depósitos. La megadevalución, que implicó una suba del dólar de casi 60 por ciento en febrero respecto de la cotización de noviembre pasado, fue otro de los factores centrales para explicar el aumento de las ganancias. En el informe del Banco Central se detalló que los beneficios por diferencia de cotización sumaron 1136 millones de pesos, con un aumento del 681,7 por ciento interanual. Además la tenencia de títulos valores implicó un beneficio de 2054 millones de pesos, al avanzar 38,8 por ciento. En este último concepto se registraron los ingresos extraordinarios obtenidos por el aumento de más de diez puntos porcentuales en la tasa de interés que devengan las letras Lebac.

Los bancos privados de capital nacional, aunque con variaciones algo más moderadas que las de la banca extranjera, registraron también un avance notable de los negocios en febrero. El Central detalló que las entidades nacionales sumaron beneficios por 5705 millones de pesos, contra los 3693 millones del año pasado (56,8 por ciento). El resultado por prestar caro y recibir depósitos baratos generó una rentabilidad de 2240 millones de pesos, con un alza del 8,9 por ciento, en tanto que la diferencia de cotización no fue provechosa para estas entidades, puesto que les reportó pérdidas por 84 millones de pesos. El principal aumento en las ganancias se generó a través de la bicicleta financiera, con la colocación de Lebac a corto plazo. Los resultados por títulos valores, según lo precisó la autoridad monetaria, sumaron 2940 millones de pesos, cuando fueron 1621 millones el año pasado, es decir, una suba del 81,3 por ciento. El Banco Central insiste en que mantendrá la política de esterilización hasta que retroceda la inflación, lo cual garantiza para los próximos meses beneficios elevados y sin riesgo para estas entidades.

La colocación de deuda externa que arrancó ayer el gobierno de Mauricio Macri funcionará como otra fuente de ingresos extraordinarios para los bancos, particularmente los de capital extranjero. Por caso, el cobro de comisiones por la colocación de los créditos para pagar a los fondos buitre quedó en manos de siete entidades: Deutsche Bank, HSBC, JP Morgan, Santander, BBVA, Citigroup y UBS. Recibirán al menos 23 millones de dólares por participar en esta emisión de deuda. Bancos como el JP Morgan no sólo ganarán con las comisiones, sino que sacarán ventaja por tener acceso prioritario a la compra primaria de los bonos. Esto les posibilita al día siguiente de la colocación revender en el mercado secundario los mismos títulos a un precio más alto respecto del que se adquirió inicialmente.


 

Martes 19 de abril de 2016

POR MEGADEVALUACION Y TASAS DE LAS LEBAC

Ganancias de bancos

Los bancos privados registraron una ganancia de 12.251 millones de pesos en febrero, con un incremento del 61,9 por ciento respecto del mismo mes del año pasado. Así lo registró el último informe sobre bancos del Banco Central. El sistema financiero fue uno de los grandes ganadores de la política económica del nuevo Gobierno, gracias a la suba de la tasa de interés y la devaluación de la moneda. El resultado por diferencia de cotización ascendió a 1225 millones de pesos en febrero, un alza de 372,8 por ciento respecto del mismo mes del año pasado. Los beneficios por tenencia de títulos valores sumaron 4994 millones, al aumentar 61,0 por ciento y los resultados por intereses se ubicaron en 5181 millones (+18,9 por ciento). El negocio de la bicicleta financiera, con el que los bancos colocaron su liquidez a tasas del 38 por ciento anualizadas, fue uno de los negocios más rentables de la banca. El margen financiero (los beneficios) de estas entidades se ubicó en el 13,6 por ciento respecto del activo, la cifra más elevada para un mes de los últimos cinco años.

El incremento de las ganancias del sistema financiero privado fue embolsado por unas pocas entidades. Diez bancos explicaron el 73 por ciento de los negocio. En la lista de entidades con mayor peso en el mercado –medido por patrimonio neto– se destaca el Santander Río, al representar 12,0 por ciento del total, el Banco Macro (11,3 por ciento), Grupo Financiero Galicia (10,4), Banco Francés (10,2), Citibank (6,9) HSBC Bank Argentina (6,3), Banco Patagonia (5,7) e Industrial and Commercial Bank of China ICBC (4,5). En lo que se refiere a la banca privada nacional, las ganancias de febrero sumaron 5705 millones de pesos, con un incremento del 56,7 por ciento.


Viernes 25 de marzo de 2016

ECONOMIA  › LAS ENTIDADES ESTAN GANANDO FORTUNAS CON LA COMPLICIDAD DEL BANCO CENTRAL

Los bancos salen de caza en el zoológico

El Central elevó las tasas de interés hasta el 38 por ciento en las licitaciones de Lebacs, pero los bancos ahora no están obligados a trasladarle esa mejora al ahorrista y le pagan un 27 por ciento por el dinero que después colocan al 38

› Por Cristian Carrillo

La demanda privada de dólares que todavía persiste en el mercado y la alta inflación que se registra en la economía obligó al Banco Central a focalizar su estrategia en mantener elevadas las tasas de interés del sistema financiero. El objetivo detrás de la concepción monetarista de Federico Sturzenegger es que un nivel de tasas elevado estimulará el ahorro en pesos y le quitará presión a la divisa estadounidense. Sin embargo, la suba en la tasa rectora no se trasladó a los rendimientos que ofrecen los bancos al ahorrista. El desmantelamiento de las normas que obligaban a las entidades a acompañar la suba de las tasas de las letras del Central con un ajuste equivalente en los depósitos minoristas impidió ese traslado y hoy un ahorrista no logra por su colocación más de un 27 por ciento anual a treinta días. Por el contrario, los bancos son los más favorecidos por la suba, ya que toman dinero de los depósitos y lo colocan luego en instrumentos del Central a una tasa para los plazos más cortos del 38 por ciento. Esto sólo sirvió para encarecer los créditos, tanto productivos como al consumo, ya que el banco siempre tendrá el incentivo de comprar letras.

El primer movimiento de Sturzenegger al frente del organismo monetario fue una suba de casi diez puntos en la tasa de interés para la colocación de letras, un instrumento utilizado para absorber liquidez de los bancos y reducir la base monetaria. La medida se adelantó a la devaluación que entonces supuso una suba de 42 por ciento en el valor de la divisa estadounidense. Desde ese momento, ya acumula una mejora frente al peso de 51,1 por ciento hasta los 14,74 con que finalizó el miércoles. La idea es que un corredor de tasas más elevado, que promediaba el 37 por ciento, evitaría una corrida contra el peso hacia la divisa norteamericana. Lo cierto es que lo único que evitó una corrida mayor fue que se mantuvieron pisadas a través de distintas reestructuraciones burocráticas las importaciones. El esquema debía haberse completado, según había anunciado el ministro de Hacienda y Finanzas, Alfonso Prat-Gay con un ingreso de 2000 millones de dólares semanales por parte de aceiteras y cerealeras. El compromiso con el sector no se cumplió.

Con una liquidación levemente mayor a meses previos y con una demanda de los importadores al mínimo, el Central inició en cada licitación semanal una baja paulatina de tasas para evitar un enfriamiento de la economía. No obstante, la estrategia debió verse interrumpida porque la puja de los exportadores –quienes volvieron a retacear la liquidación– por un mayor tipo de cambio estimuló la demanda de dólares y las tasas de interés para los depósitos dejaron de ser atractivas. Fue entonces que en el último mes ajustó al alza los rendimientos para las letras para volver a generar interés en el ahorro en pesos. Pero la estrategia se chocó con una medida que impulsó el propio Sturzenegger, la de eliminar el ajuste de tasas para los depósitos.

En octubre de 2014 se implementó un piso de tasas, el cual se establecía como un porcentaje (que promediaba el 85 por ciento) del rendimiento que el Central ofreció en las Lebac para que los bancos colocaran el exceso de su liquidez. El objetivo era evitar que se ampliara el spread entre ambos valores y estimular el ahorro en pesos. La gestión de Sturzenegger eliminó este piso y también el techo para el costo crediticio. La respuesta fue la esperada: las tasas de los plazos fijos se mantuvo pese a la suba de las lebac y el costo de los préstamos, que compite con la posibilidad de colocar la liquidez en letras, se incrementó fuertemente. En un sondeo por los principales bancos se registran tasas para los depósitos que se ubican en torno al 27 por ciento, lo que les permite una ganancia segura de 10 puntos contra lebac. Para los créditos, la tasa se elevó del 27,5 a 31,7 por ciento para los documentos a sola firma, de 25,2 a 30,5 para los prendarios, de 40,6 a 43,8 para la tarjetas y de 22,2 a 24,3 para los hipotecarios.

El contexto de un dólar indomable y altos niveles de inflación también implicó que se mantuvieran en carpeta algunos proyectos. El Central tenía todo listo para dar a luz una moneda que se indexe por el nivel de precios de la economía, emulando el sistema de Unidad de Fomento que funciona en Chile, cuyo destino sería en un primer momento ofrecer un instrumento para ajustar las tasas de interés para los créditos hipotecarios. Pero con una inflación proyectada para este año cercana a 40 por ciento, este mecanismo sólo generaría una espiral de precios que atentaría contra el objetivo de bajarla. También se mantiene en carpeta la iniciativa de bajar los spread para la compra y venta de dólares. La idea es que un ahorrista pueda comprar desde su homebanking a la entidad que ofrezca el precio más conveniente, pero eso requiere que los valores se estabilicen y de una intervención que la actual administración no parece dispuesta a llevar a cabo.

Rechazan el acuerdo

La Central de Entidades Empresarias Nacionales (CEEN) inició ayer la recolección de firmas en adhesión a la denuncia penal iniciada por el Instituto Arturo Sampay contra el gobierno de Macri por traición a la patria en referencia al acuerdo con los fondos buitre. La presentación judicial fue iniciada por los doctores Jorge Cholvis, Arístides Corti y Eduardo Barcesat. Durante los actos por el 24 de Marzo en conmemoración del último golpe militar, la entidad empresaria dispuso una mesa en la calle Perú, entre Avenida de Mayo e Hipólito Yrigoyen, para reunir adhesiones a la denuncia. Para quienes residan en el Interior podrán enviarla a Casilla de Correo Nº6, Barrio Norte.


“La negociación con los buitres”*

Por Aldo Ferrer

La cuestión central en el conflicto con los buitres es la respuesta al siguiente interrogante: ¿su resolución es indispensable o solo conveniente para el curso futuro de la economía argentina? En el primer caso, se impondrá la demanda de los buitres y la negociación es, en realidad, una ficción. En el segundo, la negociación es real porque puede no haber acuerdo, si el costo de la demanda de la contraparte es mayor que sus beneficios.

La evidencia es abrumadora en el sentido de que los buitres son un problema de segunda importancia y, por lo tanto, que el arreglo es conveniente pero no indispensable. Por las siguientes razones:

1. En los canjes de 2005 y 2010, Argentina logró la reestructuración de deuda soberana más exitosa de la historia, sin pedirle nada a nadie. Es decir, sin la participación del FMI ni el visto bueno de los mercados financieros. La deuda pendiente no alcanza a 3000 millones de dólares, menos del 8 por ciento del total de la declarada en default en la crisis del 2001. El supuesto aumento de la pendiente a 12.000 millones de dólares, por intereses caídos, ignora que el pago a los buitres habría desarmado la reestructuración de la deuda e implicado un premio a la especulación y el castigo, a la inmensa mayoría de los inversores, que facilitaron la recuperación de la economía argentina. Estaríamos, otra vez, como en la crisis del 2001.

2. Hace una década que los fondos buitre, tenedores del 50 por ciento de la deuda pendiente, vienen litigando contra el país. Plantearon el embargo de bienes argentinos, en alrededor de 900 demandas en diversos países. El hecho más sonado fue el de la fragata Libertad. No tuvieron éxito en ningún caso. El país mantiene relaciones económicas normales con todo el mundo. Los buitres son especuladores despreciados en el escenario mundial. Operamos en un orden internacional, dentro del cual la inmunidad soberana de los Estados pone límites a la extrapolación de la jurisdicción de tribunales nacionales sobre terceros países. La razonabilidad de la posición argentina ha sido respaldada por la Asamblea General de las Naciones Unidas y la opinión de los analistas más destacados en el escenario internacional.

3. Los problemas principales de la economía están en la esfera interna: el déficit del comercio de manufacturas de origen industrial y la consecuente restricción externa, la inflación, el desequilibrio fiscal, entre otros. Ninguno se resuelve por el pago a los buitres.

4. El conflicto obedece a la ausencia de normas internacionales para resolver los default de deudas soberanas. La exitosa reestructuración de más del 92 por ciento de la deuda en default cumple con exceso los límites para la resolución de las quiebras en las jurisdicciones nacionales. Las dificultades de tenedores de deuda reestructurada para recibir los pagos realizados por el gobierno argentino es responsabilidad de quien provoca la interrupción de la cadena de pagos.

5. La suposición de que después del arreglo con los buitres llegarán las inversiones es una ficción. Ningún inversor, argentino o extranjero, que tenga un buen proyecto, deja de realizarlo por el conflicto con los buitres. El buen “clima de inversiones” depende de la gobernabilidad de la economía, la paz social, la seguridad jurídica, los espacios de rentabilidad y el ritmo de transformación de la estructura productiva para incorporar tecnología y agregar valor.

6. El pago a los buitres no es suficiente para que las agencias evaluadoras de riesgo mejoren la calificación de la deuda argentina, con la consecuente baja de la tasa de interés. Es previsible que exigirán, además, un plan económico y financiero respaldado por el FMI.

Es por estas y otras razones que el acuerdo con los buitres no resuelve ningún problema fundamental ni garantiza la baja de la tasa de interés y la entrada de inversiones extranjeras. En resumen, el acuerdo es útil, porque remueve algunos obstáculos, pero no indispensable.

¿Cuáles deberían ser los límites de la oferta argentina? Los mismos que los de los canjes de 2005 y 2010, como lo planteó el gobierno anterior. Es una oferta generosa. Representa una excelente ganancia para los buitres, considerando el precio ínfimo al cual adquirieron sus títulos y los costos y pérdida de tiempo, que soportó el país, por pleitear con los buitres. Cuanto mayor sea el desvío de la próxima oferta del Gobierno respecto de ese límite, peor será la calificación que merecerán los actuales negociadores, en términos de la defensa del desarrollo, los derechos y la soberanía de la Argentina. El contenido del acuerdo revelará la inspiración del actual gobierno respecto de la autonomía de la política económica y la soberanía.

El Gobierno no debe hacerse ilusiones de que un acuerdo satisfactorio es posible por la “razonabilidad” de los buitres. El rechazo de estos al necesario carácter público de las negociaciones es un primer ejemplo. Para defender con eficacia el derecho y los intereses del país es indispensable que el Gobierno asuma la posibilidad de que no se alcance un acuerdo razonable y, los buitres, tomen nota que, en definitiva, no cobrarían nunca.

La negociación con los buitres es un primer paso en la definición de la estrategia de financiamiento internacional. Está planteada, al mismo tiempo, la alternativa de ratificar la soberanía recuperada con la cancelación de la deuda con el FMI o volver a solicitar su asistencia, con las condicionalidades incluidas. Es preciso, por lo tanto, que el Gobierno explicite la totalidad de su política de financiamiento internacional y la procese por las vías institucionales correspondientes.

Durante la Guerra Fría, el presidente Kennedy afirmó: “Nunca hay que tener miedo de negociar y nunca hay que negociar con miedo”. No hay razón alguna para que los negociadores del nuevo gobierno actúen con “miedo”. Es decir, que supongan que el arreglo con los buitres es una cuestión de “vida o muerte”. Existe un nivel de deuda externa pública y privada entre los más bajos del mundo y los bancos están rentables, con carteras sólidas, fondeados en pesos, sin burbujas especulativas ni descalce de monedas. Podríamos estar más fuertes si conserváramos el “superávit gemelo” en el presupuesto y el balance de pagos y aumentaran la reservas internacionales. De todos modos, el país conserva la fortaleza suficiente para negociar sin miedo ni urgencias.

* Texto publicado por Página/12 el 20 de enero de 2016.

El regreso del neoliberalismo por Aldo Ferrer en pdf


Ganó la banca

Martes, 23 de febrero de 2016

 Por Alfredo Zaiat

El Informe de Bancos difundido ayer por el Banco Central ofrece un valioso dato para saber cuánto ganaron las entidades financieras con la primera vuelta de la megadevaluación del gobierno de Mauricio Macri: en diciembre, las utilidades acumuladas sumaron 4847 millones de pesos por esa medida cambiaria. Las ganancias no fueron todavía más abultadas porque la gestión anterior de la autoridad monetaria obligó a los bancos a desprenderse de activos dolarizados. Pese a ello, las ganancias en el rubro “diferencia de cotización” subieron 528 por ciento respecto de noviembre, mes previo al fortísimo ajuste de la paridad cambiaria.

La extraordinaria rentabilidad entregada a los bancos en un solo mes (equivalente al 3,2 por ciento del activo neteado –activo y pasivo se netean de las duplicaciones contables por operaciones de pase, a término y al contado a liquidar–) es una de las consecuencias de lo que algunos califican livianamente como un “éxito” la salida del denominado “cepo”.

La megadevaluación ha provocado una importante redistribución regresiva del ingreso. Una manifestación de esa transferencia a sectores concentrados es la abultada ganancia contabilizada por los bancos. Además de anotar esa utilidad equivalente al 65 por ciento del total registrada en el último mes del año, el sistema financiero fue beneficiado con una batería de medidas que le permite estar tranquilos con que han recuperado el control del Banco Central:

  •  La desarticulación del sistema de administración del mercado cambiario.
  •  La eliminación del control de capitales.
  •  La liberación en la fijación de la tasa de interés y de las comisiones.
  •  La determinación de poner fin a la obligación de ingresar o de liquidar en el mercado de cambios las divisas obtenidas por deudas financieras captadas en el exterior.
  •  La desregulación total para el ingreso y salida de fondos externos.

El sistema financiero consiguió así el marco para desarrollar sus negocios en condiciones aún más favorables que durante el gobierno anterior. Pero eso no es todo. La nueva conducción del Banco Central ha desarmado funcionalmente la superintendencia de entidades financieras y cambiarias, relajando los controles y fiscalización (por caso, despidieron a gran parte del personal que se encargaba de investigar y perseguir las “cuevas”). La banca puede ahora anotar otro triunfo: la Unidad de Información Financiera (UIF) que tiene la misión de combatir el lavado de dinero empezó a ser desarticulada con despidos focalizados en las áreas que se ocupan de investigar ese delito, pecado que los bancos conocen bien de qué se trata.


4 de octubre de 2015

Sin empleo no hay demanda

Alfredo Zait

El saldo entre las exportaciones e importaciones en el período enero-agosto de este año suma apenas 1487 millones de dólares. Es un monto 70 por ciento inferior al contabilizado en el mismo lapso de 2014. Este resultado se explica por

a) la caída abrupta de los precios internacionales de los productos de exportación,

b) la intensa recesión de la economía brasileña que derivó en una menor demanda de bienes argentinos, en especial automotores,

c) el mediocre comportamiento del comercio internacional afectado por la crisis de los países desarrollados, y

d) el menor dinamismo de la economía de China.

Frente a ese escenario externo desfavorable la respuesta convencional aconseja una brusca devaluación para recuperar el superávit del comercio internacional. Sostiene que el ajuste del tipo de cambio mejora la competitividad de la producción nacional y, por lo tanto, aumentarán las exportaciones. A la vez, al subir fuerte la paridad cambiaria descenderán las importaciones porque se encarecerían. Así se lograría contabilizar nuevamente un signo positivo robusto de la balanza comercial. Esta propuesta tradicional de la ortodoxia y de la heterodoxia conservadora posterga en el análisis que esa devaluación provocaría una brutal transferencia de ingresos hacia un sector minoritario de la población: grandes exportadores y grandes acumuladores de dólares. Apenas 25 grandes firmas concentran el 52 por ciento del total de las exportaciones, y las 100 primeras reúnen el 73 por ciento. Además, y lo más relevante, es que el shock inflacionario, caída del nivel de actividad e incremento del desempleo que derivaría de esa medida no tendría como resultado un incremento del volumen de exportación. Existen varios estudios académicos analizando las economías latinoamericanas, incluyendo a la argentina, que demuestra que las exportaciones no crecen inducidas por el nivel de la paridad cambiaria, sino que lo hacen según el dinamismo del comercio internacional.

Es precisamente la actual debilidad del intercambio de bienes y servicios a nivel mundial, en la actual fase de la crisis internacional donde las naciones emergentes están padeciendo los coletazos de la debacle provocada en los países centrales, lo que está afectando el sector externo. La Organización Mundial de Comercio indicó en un reciente informe que el volumen del comercio mundial de mercancías creció ligeramente en 2,8 por ciento en 2014 y estima un 3,3 por ciento en 2015, proyecciones que están siendo revisadas a la baja por la caída de los precios de las materias primas y el menor crecimiento de China. Esa performance del comercio se ubica muy por debajo del promedio anual del 5,1 por ciento registrado desde 1990 hasta el estallido de la crisis en 2008. Entre 2012 y 2014, el comercio creció en promedio apenas el 2,4 por ciento, el ritmo más lento registrado en un trienio en el que hubo expansión del comercio (es decir, excluyendo años como 1975 y 2009, en los cuales el comercio mundial de hecho disminuyó). El Informe de la OMC concluye que “parece que ya no es válida la relación de aproximadamente dos a uno que existió durante muchos años entre el crecimiento del comercio mundial y el crecimiento del PIB mundial, como lo demuestra el hecho de que el comercio y la producción hayan crecido a un ritmo comparable durante los últimos tres años.

Aquí se bifurcan los caminos analíticos y de gestión. Uno propone ingresar en una guerra de monedas con devaluaciones, sendero que han emprendido varios países latinoamericanos. Es una estrategia que se puede resumir “trato de salvarme solo”, concentrando riqueza y afectando las condiciones sociolaborales de la población. Otra vía postula la promoción de una política económica expansiva de fomento de la demanda interna, que si es imitada por la mayoría de los países genera condiciones para incrementar el comercio interregional y, por lo tanto, crecerían las exportaciones.

Para esta segunda opción se requiere de coordinación y vínculos de confianza entre los países de la región, gobiernos que deben vencer la resistencia de las élites locales y alejarse de las recetas de la ortodoxia. Por ese motivo es tan perturbadora la estrategia elegida por Brasil, puesto que siendo la potencia económica latinoamericana su política de ajuste fiscal, monetario y cambiario genera una inquietante desestabilización en el resto de la región.

El informe de la Unctad (Organización para el Comercio y el Desarrollo de las Naciones Unidas) es un buen antídoto para neutralizar las interpretaciones convencionales, y ofrece una respuesta sobre qué hacer frente al contexto externo desfavorable. Dice que el comercio internacional no se ha desacelerado o casi estancado a causa de mayores barreras al comercio o de problemas de la oferta, sino que su lento crecimiento es el resultado de la débil demanda mundial. No ha sido necesario establecer barreras de proteccionismo para blindar a las economías de la inundación de productos importados. El derrumbe del modelo financiero basado en las exportaciones lo hizo en la práctica. Esto demuestra que ya no se trata solo de una crisis financiera, sino que es una crisis estructural que involucra a toda la economía mundial. En ese contexto, señala que estimular las exportaciones mediante reducciones salariales y/o una “devaluación interna” sería inútil o incluso contraproducente, en especial si son varios socios comerciales los que persiguen esa estrategia al mismo tiempo.”La mejor manera de expandir el comercio mundial es mediante una sólida recuperación de la producción a nivel nacional impulsada por la demanda interna”, indica.

El diagnóstico de la Unctad revela que la caída del comercio mundial adelanta el fin del modelo de crecimiento basado en las exportaciones. Antes del estallido de la crisis 2008, se justificaba la adopción de modelos de crecimiento orientados a las exportaciones. Muchos países competían por exportar más y acumular la moneda de reserva (dólares), apostando así a su propio crecimiento. Esta expansión se basaba en la demanda global y el auge del comercio externo, que obedecía a patrones de financiamiento insostenibles, que terminaron colapsando. Ahora, ante esta crisis de paradigma del crecimiento mundial, los países deben introducir cambios fundamentales en sus estrategias de desarrollo, con el fin de adaptarse a este cambio estructural. Las economías se hicieron demasiado dependientes de las exportaciones y ahora deberán dar un paso atrás para permitir un mayor protagonismo de la demanda interna y el comercio regional.

“El cambio estructural debe apelar a una nueva estrategia de crecimiento que favorezca el desarrollo interno y apele al factor más clave y central (y que es el más olvidado en las cumbres, debates y análisis de la situación actual), que es la creación de empleo”, recomienda la Unctad.

El documento destaca que a diferencia del crecimiento impulsado por las exportaciones, las estrategias de demanda dirigidas pueden ser realizadas por todos los países al mismo tiempo y sin efectos de empobrecer al vecino. Si muchos países en desarrollo logran coordinadamente ampliar su demanda interna, sus economías podrían convertirse en los mercados de la otra y estimular el comercio regional. Por lo tanto, cambiar el enfoque de las estrategias de desarrollo de los mercados internos no significa minimizar la importancia del papel de las exportaciones. Indica que el fomento de la capacidad adquisitiva de la población es un elemento clave. Esto se puede lograr a través de una política de ingresos, con transferencias sociales específicas y planes de empleos del sector público. La creación y redistribución de ingresos para las familias de ingresos medios es fundamental además para esta estrategia de desarrollo, ya que los hogares tienden a gastar una mayor proporción de sus ingresos en el consumo, en bienes y servicios producidos en la región.

El aumento de la demanda agregada que generaría este desarrollo interno podría proporcionar un incentivo para invertir en la expansión de la capacidad productiva y en la adaptación a los nuevos patrones de demanda local. Esto requeriría de inversión, lo que podría ser un canal de flujo para el sistema financiero. Pero la Unctad sugiere que sean las bancas centrales de cada país los que abran el horizonte, y no se limiten sólo al control de la inflación, sino que adquieran un rol central en el cuidado del empleo y el financiamiento de la economía real. El cambio de eje en la orientación de la economía que plantea la Unctad es clave y confirma el fin del paradigma monetarista: las bancas centrales deben abandonar como único objetivo de política las metas de inflación y dar importancia al tema del empleo, dado que sin empleo no hay demanda.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


18 de junio de 2015

Fugas con banca mundial

La ex funcionaria y denunciante de la UBS Stéphanie Gibaud les explicó a legisladores de la comisión bilateral que investiga la fuga de divisas los mecanismos de captación y evasión.

Por Eduardo Febbro

 

Página/12 En Francia

Desde París

Los miembros de la comisión bicameral que investiga la fuga de capitales escucharon, en la sede diplomática argentina en Francia, un relato detallado de las astucias y los mecanismos mediante los cuales los bancos, en este caso preciso la UBS –Unión de Bancos Suizos–, captan capitales u organizan la fuga de los mismos hacia sus sedes centrales. La narración, varias veces emotiva, la ofreció Stéphanie Gibaud, ex empleada de la UBS cuyas revelaciones desataron un escándalo mayor en Francia, luego de que el banco fuera acusado en los Estados Unidos de haber ayudado a 17.000 norteamericanos a disimular más de 20.000 millones de dólares. El banco pagó una multa pero sus responsables, en especial Raoul Weil, encargado de la gestión de las fortunas, quedó libre de culpa y cargo en noviembre del año pasado. Al respecto, Gibaud señaló que “todo sigue igual”, porque se le cobra penalidades a los bancos pero “no a quienes organizaron la estafa”, o sea, a los directivos. Según afirmó la ex responsable de marketing de UBS Francia, “existe un matrimonio consanguíneo entre las finanzas y el poder político, y lo mismo ocurre con las autoridades de control”. De hecho, los bancos ya tienen integrados en sus balances las sumas de las multas que pueden pagar para que, al final, nada cambie.

Robert Wolf, presidente de UBS América, fue uno de los principales financistas de la segunda campaña electoral del presidente Barak Obama. Gibaud ofreció aportar a la comisión bicameral presidida por Roberto Feletti “las pruebas que ya entregué a la Justicia francesa sobre las maniobras ilegales que propician la fuga de capitales”. Estos montajes de la UBS no son muy distintos de los que ése y otros bancos realizan en otras partes del mundo.

UBS fue uno de los bancos más comprometidos con la crisis de los llamados subprime (hipotecas) que desencadenó la crisis financiera de 2008 y, además, gestionaba el fondo Madoff en Luxemburgo, de Bernard Madoff, financista norteamericano condenado en 2008 a 150 años de cárcel por una estafa de 65 mil millones de dólares. Gibaud explicó la enorme dificultad que acarrea controlar los flujos financieros que van de un lado al otro de planeta, protegidos por un sistema muy hábil basado en “intermediarios” instalados en Suiza que organizan, con toda impunidad, la fuga de capitales y la consiguiente evasión fiscal. Según Gibaud, todo “esta administrado por la oficina de Ginebra” y son “los abogados suizos quienes se organizan entre ellos para tapar las pistas”. La mujer contó que, incluso si la UBS no tiene una representación en determinado país, hay “enviados especiales” que viajan continuamente para captar fortunas y organizar la salida del dinero.

En un momento de su intervención, la mujer contó que en el seno de la UBS existe una suerte de “manual de James Bond”, que detalla las refinadas argucias que se emplean para pasar desapercibido. Mostró un aparatito con el sello de la UBS que se utiliza para copiar todo el contenido del chip del teléfono celular del “enviado especial” –direcciones, teléfonos, agenda de citas–, para el caso de que fuera detenido o interrogado por autoridades locales. Sin ningún dato comprometedor, al superar el “peligro” podrá recuperar del aparato especial todo el material almacenado para volver a tenerlo disponible.

Gibaud también explicó cómo esos bancos mundiales financian torneos de golf a los cuales invitan a acaudalados señores y señoras. Durante el largo recorrido del torneo, los representantes del banco enganchan a sus futuros clientes. El principio inspiró el consejo dado por Feletti a la AFIP: “En adelante, tendrán que mirar más de cerca los torneos de golf”. La denunciante del UBS les dejó a los legisladores de la Bicameral argentina una última metáfora a modo de conclusión: “Suiza considera a los países como vacas lecheras”.

 

Entrevista a Roberto Feletti

“Se fue de las manos”

Por Eduardo Febbro

Desde París

Roberto Feletti, titular de la comisión bicameral que investiga el lavado y fuga de divisas, conversó con Página/12 sobre el delito financiero.

–¿A cuánto asciende la evasión fiscal que está investigando la comisión?

–Conforme con los cálculos de la AFIP, sólo la evasión del HSBC llega a 60 mil millones de pesos. Para que tengamos una idea, el déficit primario de la argentina para 2014 fue de 38 mil millones. En suma, sólo con la evasión del HSBC se podría haber cubierto el déficit primario de la Argentina. Por otro lado, las estimaciones privadas dicen que hay 200 mil millones de dólares de argentinos en el exterior. Estamos hablando de casi un tercio del producto bruto argentino.

–Se trata en realidad de una industria globalizada de la estafa a los Estados.

–Hay un comportamiento predatorio de las finanzas globales. Hoy (por ayer), Stéphanie Gibaud dijo que los bancos suizos “están ordeñando a Europa como a una vaca lechera”. Si miramos a la Argentina, vemos que esas fugas de capitales fueron producto de varias crisis recurrentes que provocaron caída de salarios y deterioro en el empleo: acumularon riquezas y las sacaron del país. Hay un mecanismo en el cual está saliendo dinero permanentemente hacia paraísos fiscales proveniente de los horizontes productivos. Con su despliegue global, los bancos cumplen un papel central. Hoy, un banco de inversión se dedica todo el tiempo a intermediar para ubicar fortunas y patrimonios en paraísos fiscales y financieros. Ese comportamiento depreda lo productivo y genera una gran diferencia entre el mundo de las finanzas y los activos reales de la humanidad.

–Pero Occidente juega un billar con muchas bandas.

–Es una suerte de circuito viciado que se fue de las manos, incluso de la de los propios reguladores de Occidente. La situación de Europa hoy, la situación de Grecia a punto de caer en default, el cuestionamiento al euro, el cuestionamiento a grandes fortunas europeas como los Ricci, muestra que esto se les ha ido de las manos. El capitalismo financiero es una suerte de Golem autonómico de los poderes políticos de las naciones industrializadas. Lo que hace es provocar especulaciones en distintas partes del globo generando crisis y acumulando capital. Son los bancos occidentales quienes hacen viables ese tipo de comportamientos. En la Argentina su postura es bastante hipócrita, porque los mismos que reclaman ajustes son los que facilitan la evasión. Sin eso, la Argentina tendría superávit fiscal.

–¿Cómo es, en la práctica, la mecánica de la evasión?

–La mecánica concreta es: montar una red de sucursales, vincularse a través de esa plataforma con patrimonios importantes y ofrecer servicios globales. Se trata de enseñar a través de facilitadores, de sociedades Offshore, de estudios de abogados, cómo disfrazar ingresos. Por otro lado, a través de las distintas redes de sucursales, luego se trasladan esos ingresos a paraísos financieros o fiscales y, de paso, se impide que los fiscos puedan conocer quiénes son. Si uno mira el HSBC en la Argentina, este banco montó un sistema por el cual sus auditores no hacen el relevamiento de integración de legajos, ni políticas de conocimiento del cliente.


La ola verde

Informe especial Deuda externa y control cambiario

El intento de ponerle limitaciones a la compra de dólares para importar o ahorrar levantó una ola de reproches. Los sectores conservadores invocan la libertad de mercado como si ésta estuviera plenamente vigente en la crítica coyuntura mundial actual. Quienes proponen levantar los controles cambiarios quieren en verdad, aunque no lo dicen, una megadevaluación en beneficio de ellos mismos. Es preciso que nuestras políticas económicas estimulen la generación del capital interno necesario a fin de obtener financiamiento que garantice el crecimiento de las actividades productivas.

Por Mario Rapoport *

La última declaración de la subsecretaria para Asuntos del Hemisferio Occidental de los Estados Unidos, Roberta Jacobson (“La economía argentina está en muy mala forma”), explica, sin decirlo en forma explícita, porque ese país se opone a la política de desendeudamiento argentino: cree necesario en cambio eliminar todos los controles sobre la economía. En especial, regresar a la desregulación del mercado cambiario y a un nuevo flujo de fondos externos. En suma, volver a políticas que nos llevaron a endeudarnos sin ton ni son como en el pasado para caer de vuelta en otra crisis como la del 2001. Una economía sin controles como la que nos pide, termina siendo controlada por otros.

La cuestión de la deuda externa constituye como sabemos uno de los nudos de nuestra historia económica, política y social. La perenne demanda de fondos de la Argentina, surgió de una aparente dificultad para acumular capitales que impulsó a sus gobiernos a suplirlos con endeudamiento, incluso cuando una y otra vez se mostró que tal intención resultaba, a la larga, profundamente gravosa y en ocasiones existían capitales propios. Además, la deuda no se fue construyendo mayormente al compás de nuestras necesidades, sino de la mayor o menor existencia de fondos líquidos en las potencias capitalistas, lo que explica su marcada inestabilidad, modelando el proceso del endeudamiento argentino y sus bruscas oscilaciones.

Los capitales de aquellas potencias se dirigen a la periferia buscando nuevas oportunidades de rentabilidad, ayudados por las políticas mencionadas por Jacobson de apertura, desregulación y estabilidad cambiaria promovidas para asegurar la colocación, movilidad y repago de sus capitales. Si en ocasiones han constituido un factor de crecimiento, por lo general fueron una vía de ganancias fáciles para los acreedores, y de movimientos especulativos, corrupción y escape del ahorro interno, a través de la fuga de esos capitales por las compañías transnacionales y las elites locales asociadas a ellas. Desde la última mitad del siglo XX resultaron, también, una herramienta de disciplinamiento económico por parte de los organismos financieros internacionales, obligando a los deudores a aplicar duras políticas de ajuste para garantizar los compromisos asumidos, y un modo de descargar las crisis sistémicas en los países periféricos.

En ese contexto, el proceso de endeudamiento ha ocasionado más daños que beneficios a nuestro país, bien controlados por esos organismos que no exigen en un principio ningún tipo de control. Lo que tratan de asegurar es que los flujos que ingresan partan de vuelta multiplicados con creces a sus lugares de origen. Asemejan, así, un agujero negro, como los del espacio, que traga a la larga nuestras riquezas.

En los últimos tiempos, con el predominio de las finanzas sobre la actividad productiva en la economía mundial se ha producido lo que Carlos Marichal llama “el dilema [...] entre soberanía nacional y globalización financiera”. El endeudamiento externo ha ido sacrificando cada vez más la soberanía jurídica de los países deudores a los intereses de los acreedores. Lo que benefició a un nuevo tipo de piratería financiera de forma aparentemente legal promovida por los llamados fondos buitre. Estos, surgidos del proceso de desregulación del sistema financiero que causó ya varias crisis a nivel regional o mundial, y en especial la última de 2008, realizan un nuevo juego especulativo que les da altos beneficios apoyados en su influencia política sobre los aparatos judiciales donde se resuelven los pleitos de la deuda. Y la solución del mismo no radica en caer en la trampa a la que nos quieren llevar, que afecta seriamente la reestructuración de la deuda (y otras futuras reestructuraciones en todo el mundo) sino en eliminarlos del escenario económico mundial permitiéndonos recobrar plenamente nuestra soberanía jurídica.

Los precandidatos presidenciales y economistas opositores hacen frente a las críticas de que carecen de un programa económico sustentable y ahora parece que lo poseen: es el de la Jacobson. Pero ese programa no contiene más que un solo postulado: devaluar y eliminar el llamado “cepo” cambiario, como si no tuvimos en el pasado un ejemplo palpable de los resultados de ese tipo de fórmulas, que introdujeron el más conocido cepo, el del dólar (o en otras palabras la dolarización de la economía), produciendo la crisis del 2001. Esto tuvo varias etapas previas, basadas en el endeudamiento externo y las políticas de liberalización y desregulación, hasta el fracaso del tipo de cambio fijo y de la convertibilidad.

En la época de la Inquisición el cepo era uno de los instrumentos más comunes de tortura, que permitía atar de pies y manos, para inmovilizar a los presuntos culpables y fue eliminado en la Argentina por la Asamblea del año XIII. Ahora la palabra se ha generalizado y es necesario explicar bien lo que significa. En realidad, cuando se habla de “cepo”, para referirse a los controles cambiarios, se está mencionando una cosa muy distinta, que ya practicaron anteriormente frente a restricciones o crisis externas, distintos gobiernos, empezando por los gobiernos conservadores, en los años ’30. Con él se procuraba estabilizar la economía frente a la caída del comercio exterior o de los términos del intercambio para relanzarla luego a través de la actividad estatal. Esas medidas se levantarían y volverían a implementarse bajo gobiernos de distinto signo según las coyunturas externas.

El intento de ponerle limitaciones a la compra de dólares para importar o ahorrar, y cierto control al movimiento de capitales, levantó ahora, desde un principio, una ola de reproches y la existencia de un dólar ilegal. Son aquellos que invocan la libertad de mercado como si ésta estuviera plenamente vigente en la crítica coyuntura mundial actual, donde el intervencionismo y el proteccionismo han tomado la delantera. O como si la no intervención en la economía fuera algo distinto que la intervención en favor de los más poderosos, que son los que reinan cuando la sociedad no les pone límites en función del bien común.

Los que proponen levantar los controles cambiarios quieren en verdad, aunque no lo dicen, una megadevaluación en beneficio de ellos mismos y en contra de las necesidades de la mayoría de la población que no vive de dólares sino de pesos, los que perderían inmediatamente gran parte de su valor. Es el cepo verdadero. Atar de pies y manos la economía de la mayoría de los argentinos a favor de una pequeña minoría; la única capaz de movilizarse en dólares.

La Argentina es un país mucho más dolarizado que, por ejemplo, México o Brasil, que usan su propia moneda para las operaciones inmobiliarias, y donde la gente común no piensa en dólares. El uso de las divisas tiene que servir únicamente en las transacciones con el exterior que sean necesarias y beneficiosas para el país, no para el ahorro de los particulares, ni para el mercado inmobiliario porque las casas no se construyen con dólares.

En este sentido, los escollos no son sólo externos sino fundamentalmente internos. Ante la falta de capital empresario propio, que prefiere resistir cualquier medida que contribuya al bienestar general o irse del país, el Estado tiene que suplir esa carencia. Para ello es preciso que nuestras políticas económicas estimulen la generación del capital interno necesario, a fin de obtener un financiamiento que garantice el crecimiento de las actividades productivas y no la especulación o la fuga de capitales. Los dólares necesarios para las inversiones de infraestructura, en electricidad, puertos, caminos, petróleo y la creación de industrias de nueva tecnología no vendrán principalmente de tomar fondos externos, aunque éstos, sobre todo en forma de inversiones directas sean necesarios para ciertos emprendimientos. Está en manos de muchos argentinos cuyos capitales se hallan reposando momentáneamente en las cajas fuerte de los bancos o en los paraísos fiscales o financiando actividades en otros países. Para lo cual no sirve la excusa de una crítica de las políticas económicas del actual gobierno, porque hace muchos años que un puñado de empresas nacionales y extranjeras tuvieron grandes ganancias que tampoco fructificaron con las políticas neoliberales, sin producir durante casi tres décadas crecimiento alguno de nuestra economía. Lo que no ocurrió en la última década con políticas basadas sobre todo en la inversión y el gasto público y en el aprovechamiento de mejores condiciones internacionales, que ahora se frenaron. Pero esto no puede reprochársele, porque aún con ciertos errores se creció sostenidamente entre el 2003 y el 2011.

Si a esto le agregamos la evasión fiscal y las debilidades del régimen tributario, que necesita una reforma en serio porque no es verdaderamente progresivo y un cúmulo de salarios privilegiados, transacciones financieras y de otro tipo no tributan, podemos tener un mejor panorama con respecto adonde van las ganancias y los dólares que resultan de ella. La solución está en utilizar el ahorro interno.

Las palabras pueden usarse en un sentido contrario a lo que significan: es la dolarización, con tipo de cambio fijo y convertibilidad, que sólo pospusieron la inflación a través del endeudamiento externo, y a costa del desempleo, la especulación financiera y la desindustrialización, las que arruinaron a la economía argentina y a la que los nostálgicos del neoliberalismo quieren volver.

* Profesor emérito, UBA, director de la Maestría en Historia Económica, FCE, UBA.

 

 

Domingo 19 de abril de 2015

¡Se la siguen llevando!

Por Alfredo Zaiat

Una de las primeras medidas del Banco Central conducido por Alejandro Vanoli fue fijar un piso para la tasa de interés de los plazos fijos hasta 350 mil pesos. En octubre pasado, la tasa que los bancos estuvieron obligados a remunerar a los pequeños y medianos ahorristas subió 5 puntos porcentuales en promedio para ubicarse en el 23 por ciento anual. Fue una de las iniciativas más efectiva para reducir las expectativas de devaluación, además de sumar reservas de libre disponibilidad a partir del acuerdo de intercambio de monedas con el Banco Popular de China. También fue muy importante la desaceleración de la tasa anual de inflación para alcanzar la paz financiera del verano, estabilidad que ha fastidiado al equipo de pronosticadores Broda & cía. Desde entonces, el stock de plazos fijos del sector público y privado ha tenido un sostenido recorrido ascendente, hasta totalizar 431.578 millones de pesos a fin del mes pasado, 26,5 por ciento más respecto a marzo de 2014. La renta semestral acumulada para los ahorristas fue de 12,9 por ciento. Ganancia que medida en dólares blue sólo para el primer trimestre del año se eleva a 13 por ciento debido al retroceso de la cotización del billete en el mercado marginal. Uno de los aspectos más notable de esa medida es que, pese a las quejas de banqueros trasmitidas por el canal habitual de economistas de la city, los bancos no contabilizaron pérdidas por pagar más por el dinero de los ahorristas.

El artículo 7 de la Carta Orgánica del Banco Central dispone, entre otras atribuciones del directorio, “fijar las tasas de interés y demás condiciones generales de las operaciones crediticias del banco”, se recordaba aquí el 28 de septiembre pasado. La autoridad monetaria tiene la facultad de determinar el nivel de la tasa de interés de los bancos, ya sea la que retribuyen a los ahorristas o la que cobran por los créditos. Pero lo hacía sólo para los préstamos. A principios de octubre, la primera medida del nuevo directorio del Banco Central fue la de fijar tasas mínimas a remunerar a los ahorristas, abandonando de ese modo el papel de actor pasivo ante las tensiones del mercado cambiario que amenazaban con una nueva corrida para fin de año. Esa decisión fue un aporte importante para obturar una de las vías que utilizan las entidades financieras para alimentar la corrida cambiaria. La menor retribución a los depósitos que los bancos decidieron aplicar en junio pasado estaba sumando leña al fuego del mercado del dólar. Según datos del Banco Central, el promedio de tasas de interés que ofrecían los bancos para depósitos a 30 días se ubicaban en 18 por ciento, y algunas entidades de primera línea estaban pagando apenas 15 por ciento. Era lo mismo que invitar a los ahorristas a que corran a cambiar los pesos por dólares.

El oportuno cambio de timón en el Banco Central, que vino acompañado inmediatamente por la medida de forzar un alza de la tasa de interés para los plazos fijos, alteró la estrategia de la nutrida secta de devaluacionistas. Analistas y economistas estrechamente vinculados a la banca decían que era un disparate determinar la tasa pasiva. Mostraron una vez más que saben defender muy bien las ganancias de los bancos sumergiendo el debate en un mar de confusiones. Como muchos financistas estaban jugando a otra devaluación, la reacción inmediata a la obligación de subir la tasa de interés para los depósitos fue alertar que ese tipo de medidas afectaría la rentabilidad, lo que terminaría afectando la confianza y, por lo tanto, alentaría la compra de dólares. Nada de eso sucedió. La prueba más contundente está en los propios balances de las entidades financieras.

El último Informe de Bancos distribuido por el BCRA, a enero de este año, reveló que, según los ejercicios consolidados de las entidades, no hubo un descenso de las ganancias por el piso a la tasa de interés para colocaciones plazo. El resultado fue otro. Contabilizaron un alza en el rubro “resultado por intereses”, que es el saldo entre lo cobrado por créditos y lo pagado por depósitos. El recorrido mensual de la utilidad en ese segmento del negocio bancario fue, en millones de pesos,

- Octubre 6310
- Noviembre 5988
- Diciembre 6472
- Enero 6556

El mes previo a la implementación de la medida, el saldo había sido de 5627 millones de pesos, el monto más elevado del período enero-septiembre de ese año, cuando el Central estaba ausente en la regulación de esa tasa de interés. En los cuatro meses siguientes no hubo ninguno que haya contabilizado un monto por debajo de ese pico de septiembre. Esto refleja que los bancos siguieron con resultados positivos por la intermediación del dinero entre depositantes y tomadores de préstamos. Ganando más, no menos como advertían analistas que dicen interpretar el pulso del mercado financiero. En porcentaje del activo neteado, el resultado por intereses fue de 5,8 por ciento en septiembre, subiendo a 6,1 por ciento en enero pasado.

El saldo positivo fue de toda la banca sin distinción entre pública y privada, y en está última, entre capital nacional y extranjero. En este bloque de entidades, las utilidades subieron de 4058 a 4697 millones de pesos de septiembre 2014 a enero 2015.

Ese aumento de la utilidad por la actividad de cobrar y pagar intereses por dinero no propio pudo estar originado en una disminución aplicada a la tasa para las colocaciones de más de 350 mil pesos, que compensó el costo de elevar la devengada a pequeños y medianos ahorristas. Esta es la explicación más probable porque, de acuerdo a los sucesivos Informes de Bancos publicados desde octubre pasado, las entidades no subieron en promedio la tasa de interés de los créditos. “El spreads (diferencia entre la tasa activa y pasiva) ha permanecido en niveles que están en línea con los de la segunda mitad de 2014”, indica ese documento de la autoridad monetaria. El informe monetario del BCRA de marzo, distribuido el jueves pasado, lo explica con más detalles: “Los promedios mensuales de la mayoría de las tasas de interés activas volvieron a disminuir. Las tasas de interés de los préstamos con garantía real anotaron las mayores reducciones del mes: el promedio mensual de la tasa de interés de los préstamos hipotecarios a las personas físicas se ubicó en 19,1 por ciento, mientras que el de las líneas con garantía prendaria fue 26,5. A su vez, la tasa de interés de los adelantos en cuenta corriente promedió 30,1 por ciento. Y el promedio mensual de la tasa de interés de los préstamos personales fue de 37,6 por ciento, manteniéndose en el mismo nivel que en febrero”.

Antes de fijar la tasa de interés de los plazos fijos, el Banco Central había dispuesto topes a la tasa activa para fomentar el crédito bancario. A mediados de junio de 2014 estableció límites máximos sobre las tasas de interés en los préstamos personales y prendarios para personas físicas. De acuerdo con esa norma, los grandes bancos no pueden cobrar por sus préstamos prendarios una tasa que supere en más de un 25 por ciento a la tasa de referencia de la Lebac, equivalente a cerca del 32,5 por ciento anual, más IVA y otros cargos que conforman el Costo Financiero Total (CFT). Tampoco pueden percibir por sus préstamos personales una tasa mayor a 20 por ciento del retorno de las Lebac, lo cual deja ese límite en el 37,9 más impuestos y otros cargos. Estos topes también abarcan al financiamiento por tarjetas de crédito. Bancos más pequeños tienen límites un poco más dilatados.

El Banco Central replicó la estrategia de subir la tasa en el segmento de los depósitos en dólares. A partir del nuevo sistema de administración y acceso a la moneda extranjera, las colocaciones en dólares comenzaron un sendero descendente desde el máximo de 15.903 millones el 28 de octubre de 2011, hasta detenerse en el mínimo de 7881 millones de dólares el 30 de abril de 2014. A la inestabilidad del mercado cambiario se sumaba que la tasa de interés que ofrecían los bancos para colocaciones en dólares era de 0,3 a 0,5 por ciento anual. Para fortalecer la tendencia de recuperación de esos depósitos que ya había comenzado a mediados del año pasado, el Banco Central ofreció una tasa más altas para las Letras en dólares que suscriben las entidades financieras con la condición que trasladen a sus clientes ese mayor rendimiento. Así la tasa de interés subió de casi cero a 2,5 a 3,5 por ciento anual. “Es un estímulo para que los depositantes mantengan sus ahorros en dólares dentro del sistema financiero”, dice el comunicado del Banco Central que fijó ese piso de remuneración a los ahorristas en dólares. Los depósitos en dólares sumaron 9713 millones en marzo, 15,5 por ciento más que hace doce meses.

No hubo elementos provenientes de la naturaleza para ordenar el mercado financiero. Muchos en la city están sorprendidos y otros frustrados porque estaban lanzados a reeditar jornadas cambiarias turbulentas. En el mercado se había construido una fuerte expectativa devaluacionista para influir en el proceso electoral 2015. Al fracasar con ese objetivo inmediato, ahora quieren condicionar al próximo gobierno adelantado que deberá inevitablemente aplicar una devaluación. Son los mismos que se excitan con la palabra ajuste.

La recuperación del control del mercado cambiario no fue por arte de magia. La tranquilidad financiera de estos meses, lo que no significa que no haya intentos de perturbarla en los meses pre y postelectoral, tiene su origen en la utilización de herramientas monetarias y cambiarias disponibles. Era cuestión de ejercer el poder de intervención del Banco Central en un mercado con protagonistas siempre sensibles y preparados para las corridas.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 


El verdadero cepo es otro

 Mario Rapoport

02-04-2015 | Los precandidatos presidenciales y economistas opositores hacen frente a las críticas de que carecían de un programa económico sustentable y ahora parece que lo poseen. Pero ese programa no contiene más que un solo postulado: devaluar y eliminar el llamado "cepo" cambiario, como si no tuvimos en el pasado un ejemplo palpable de los resultados de ese tipo de fórmulas, que introdujeron el más conocido cepo, el del dólar (o en otras palabras la dolarización de la economía), produciendo la formidable crisis del 2001. Esto tuvo varias etapas previas, basadas en el endeudamiento externo y las políticas de liberalización y desregulación, hasta el fracaso del tipo de cambio fijo y de la convertibilidad.

Orígenes históricos del "cepo" y su utilización "cambiaria"

En la época de la inquisición, y en la Argentina hasta que fue eliminado en la Asamblea del año XIII, el cepo era uno de los instrumentos más comunes de tortura, que permitía atar de pies y manos, para inmovilizar a los presuntos culpables. Ahora la palabra se ha generalizado y es necesario explicar bien lo que significa. En realidad, cuando se habla de "cepo" cambiario se está mencionando una cosa muy distinta, que ya practicaron anteriormente frente a restricciones o crisis externas, hasta gobiernos conservadores, como en los años 30, y que se llamaba simplemente control de cambios. Con él se procuraba estabilizar la economía frente a la caída del comercio exterior o de los términos del intercambio.

Pero la escasez de divisas, no proviene sólo de un factor externo sino también de lo que podemos denominar el factor interno, es decir de los sectores locales que las acumulan o las fugan del país, y desconfían de la inversión productiva interna producto de su cultura rentística. A ello se agrega en la coyuntura, como una conducta que ya es habitual, los que se resisten a cambiar las divisas que obtienen por su exportaciones.

El intento de ponerle limitaciones a la compra de dólares para importar o ahorrar, y cierto control al movimiento de capitales, levantó desde el principio, una ola de reproches y la existencia de un dólar ilegal paralelo. Son aquellos que invocan la libertad de mercado como si ésta estuviera plenamente vigente en la crítica coyuntura mundial actual, donde el intervencionismo y el proteccionismo han tomado la delantera. O como si la no intervención en la economía fuera algo distinto que soltar al zorro en el gallinero, o sea la intervención en favor de los más poderosos, que son los que reinan cuando la sociedad no les pone límites en función del bien común.

Los que proponen levantar el "cepo" cambiario quieren en verdad, aunque no lo dicen, una megadevaluación en beneficio de ellos mismos y en contra de las necesidades de la mayoría de la población que no vive de dólares sino de pesos, los que perderían inmediatamente gran parte de su valor. Es el cepo verdadero. Atar de pies y manos la economía de la mayoría de los argentinos a favor de una pequeña minoría; la única capaz de movilizarse en dólares.

Atentado desinformativo de Jorge Oviedo

Están aquellos que van más allá, como el periodista Jorge Oviedo (La Nación, 30/03/2015), quien sostiene que "el problema consiste en que la política económica actual impide endeudarnos de vuelta con el exterior", un endeudamiento que tanto daño nos produjo y del cuál los países europeos quieren escapar. Al mismo tiempo señala que la pelea en New York con los fondos buitres que no aceptaron los canjes de la deuda, se agiganta y será muy probablemente un herencia difícil de solucionar. Lo que significa, en verdad, reconocer las maniobras puramente especulativas de esos fondos, con el compromiso de tomar nuevas deudas.

La falacia en la que se apoya ese tipo de artículo es que el grado de dolarización de la economía debe mantenerse, en lugar de reducirse, como sería aconsejable en beneficio de la estabilidad y del crecimiento. Argentina es un país mucho más dolarizado que, por ejemplo, México o Brasil, que usan su propia moneda para las operaciones inmobiliarias, y donde la gente común no piensa en dólares. El uso de las divisas tiene que servir únicamente en las transacciones con el exterior que sean necesarias y beneficiosas para el país, no para el ahorro de los particulares, ni para el mercado inmobiliario porque las casas no se construyen con dólares

Pero luego ese mismo periodista que citamos señala de un modo casi concluyente, "¿De dónde vendrán los dólares para que la economía vuelva a crecer? [..] ¿De dónde llegarán los fondos para financiar la salida del fenomenal atraso en infraestructura -caminos, puertos, electricidad, petróleo, gas- que dejará el "modelo"? ¿De dónde vendrán los no menos de US$ 10.000 millones por año que, como mínimo, calcula la actual administración, harán falta por años para financiar las importaciones de petróleo y energía que deja el mamarracho que el gobierno saliente produjo en el sector?" Y su respuesta es totalmente contradictoria con sus afirmaciones iniciales: "Tal vez no tengan que venir de ninguna parte. Y estén en manos de argentinos temerosos de las torpezas e impericia de la actual administración y sus funcionarios." Entonces: ¿cuál es el problema?

Es decir que reconoce que esos dólares están en algún lado, escondidos en las cajas fuertes de los bancos o en los paraísos fiscales (y que aparecen, lo que es más extraño, a través de donaciones a candidatos presidenciales de los Estados Unidos, otra novedad que trajo el mismo diario que publicó ese artículo). Y lo que habría que preguntarse es por qué no se invierten internamente. Para lo cual no sirve la excusa de una crítica de las políticas económicas del actual gobierno, porque hace muchos años que un puñado de empresas nacionales y extranjeras tuvieron grandes ganancias que tampoco fructificaron con las políticas neoliberales, sin producir durante casi tres décadas crecimiento alguno de nuestra economía. Lo que no ocurrió en la última década con políticas basadas sobre todo en la inversión y el gasto público y en el aprovechamiento de mejores condiciones internacionales, que ahora se frenaron. Pero esto no puede reprochársele, porque aún con ciertos errores se creció sostenidamente entre el 2003 y el 2011.

El verdadero cepo es este...

Por otro lado, la ley de inversiones extranjeras heredada de la dictadura militar, y retocada luego permitió repatriar por décadas sin ningún tipo de trabas las utilidades, hechas made in Argentina, de las grandes multinacionales. O sea que también aquí, con la posible reinversión de parte de esos beneficios, es factible conseguir dólares que necesitamos. Si a esto le agregamos la evasión fiscal y las debilidades del régimen tributario, que necesita una reforma en serio, podemos tener un mejor panorama con respecto adonde van las ganancias y los dólares que resultan de ella.

Allí esta la verdadera cuestión; las palabras pueden usarse en un sentido contrario a lo que significan: es el cepo del dólar, llámese dólar barato o convertibilidad, a través del endeudamiento externo, el que arruinó a la economía argentina y al que los nostálgicos del neoliberalismo quieren volver para que el zorro pueda pasear nuevamente con toda libertad por el gallinero.

 

Martes 31 de marzo de 2015

La utilización de los excedentes y la teoría del derrame

Por Mario Rapoport *

La teoría neoliberal, que de nuevo se agita en el ambiente preelectoral, es planteada por empresarios devenidos políticos que hicieron tanta plata con el Estado que ahora quieren apropiarse de él completamente. Su fundamento es que para crecer sólo vale una política económica que atienda las denominadas leyes del mercado mientras el Estado debe jugar un rol pasivo para la mayoría (y de la boca para adentro activo para unos pocos), y que el equilibrio macroeconómico, al menos bien maquillado por el aval de organismos internacionales, tiene prioridad sobre cualquier consideración social, de modo de amontonar más deuda. Lo más extraño es que plantean que así la economía tendría un crecimiento virtuoso que a la larga podría beneficiar a todos a través de la teoría del derrame. Pero en las economías periféricas (y ahora también en las centrales) el vaso nunca llega a estar lleno para que esto se produzca. Por un lado, el capitalismo genera crecientes desigualdades que hacen que una porción sustancial del agua sea bebida exclusivamente por minúsculos sectores que calman su sed desmedida o la despilfarran a través de gastos suntuarios o especulativos. Por otro, el vaso tiene múltiples agujeros casi invisibles por los que partes esenciales del líquido se filtran, a través de la fuga de capitales, alimentando la acumulación de los centros del capitalismo mundial o resguardándose en los paraísos fiscales. Por último, los planes de austeridad impuestos al conjunto de la población aseguran que el derrame no se produzca si por esas casualidades el líquido pudiera llegar a desbordar.

Tal cosa pasó en la Argentina durante los 27 años precedentes a la llegada al gobierno de Néstor Kirchner, con la adopción de los postulados neoliberales de la última dictadura militar, que hicieron estragos en los gobiernos democráticos que la sucedieron, especialmente con el menemismo y De la Rúa, alimentados por las mismas políticas de endeudamiento y especulación financiera, a las que agregaron una falsa paridad del tipo de cambio, que terminó produciendo la crisis de 2001. Esos fueron los años económicos perdidos, y no los de la última década, donde se intentó a través del Estado crear las condiciones para que el vaso pudiera llenarse y la distribución del agua no dependiera del derrame sino de políticas públicas. Para la mayoría de la población, ha sido una década ganada. También hubo fallas del Gobierno, es cierto, pero lo principal fue la tenaz oposición a un mejor reparto de las riquezas de parte de los sectores más pudientes, que parecieran olvidar que la pobreza y la indigencia de la mayoría no ofrecen ninguna seguridad de poder disfrutar tranquilamente sus ganancias. La historia del país es testigo de ello.

Esa historia muestra además que la mal llamada teoría del derrame, o mejor dicho del empleo exclusivo del excedente a favor de las clases pudientes, o más claramente de los ricos, no constituye una cuestión coyuntural, creada por la dictadura militar y los gobiernos que la siguieron, sino que se dio con regularidad a través del tiempo, salvo excepciones. Ya en la época del modelo agroexportador, una de las características más destacadas de la oligarquía terrateniente era su cultura fuertemente rentística. Este sector obtenía abundantes ganancias como resultado de la propiedad de grandes fundos rurales, que, gracias a su elevada productividad permitían apropiarse de rentas extraordinarias a nivel mundial. Esa oligarquía, lejos de preocuparse por utilizar el excedente para reinvertirlo, dejó la tarea en manos del capital extranjero (al contrario de lo que ocurrió por ejemplo en Canadá y Australia, entonces dos colonias, que pronto sostuvieron las riendas de sus propias riquezas) utilizando esa acumulación en el consumo extravagante e improductivo: desde costosos viajes a Europa, la construcción de suntuosas mansiones, algunas con bloques de material totalmente importado, como las famosas residencias de Victoria Ocampo, o hasta liquidar parte de su patrimonio como cuenta Ricardo Güiraldes en su novela Raucho, para el mantenimiento de cortesanas europeas de moda.

Según Jim Levy, un historiador australiano que hizo un análisis histórico comparativo entre los dos países, Argentina y Australia, mientras el Estado Argentino era un gobierno de los estancieros, o dicho de otra manera con un gran estancia a su cargo, la intervención estatal en la economía colonial australiana tomaba otros rumbos. Por ejemplo, ya hacia 1900 el gobierno dirigía las más grandes empresas de la economía primaria y del transporte, las comunicaciones y el manejo del agua. A él se le debía el 40 por ciento del total de la formación de capital doméstico, al mismo tiempo que se restringía la existencia de grandes propiedades rurales y se establecía un impuesto a las rentas de la tierra, que luego sería tomado como ejemplo por Raúl Prebisch, quien en un viaje de estudios a ese país, en los años ’20, se inspiró en él para confeccionar un impuesto a los réditos en la Argentina, que recién se implementó en 1932.

Hipólito Yrigoyen fue el primer presidente en intentar imponer impuestos a la renta, para obtener nuevos recursos fiscales, y poder capturar parte de ese excedente extraordinario utilizado en beneficio propio por la oligarquía. Sin embargo, debido a su debilidad en el Congreso, no pudo lograrlo. Sólo como consecuencia de la crisis de 1930 el predominante modelo agroexportador mostró sus límites y los mismos conservadores en el poder, expresión política de aquella oligarquía, necesitaron imponerlo para sustituir las carencias fiscales que resultaban de impuestos establecidos principalmente sobre un decaído comercio exterior. Pese a ello, los estancieros buscaron de inmediato la forma de evadir el pago de éste, convirtiendo sus estancias en sociedades anónimas. De manera tal, que ante el desastre fiscal que eso suponía, el mismo ministro de Hacienda conservador quiso duplicar ese impuesto e imponer otros a las grandes fortunas y a los beneficios extraordinarios, pero sus iniciativas fueron rechazadas sin más por un Senado manejado por su mismo partido.

Por otra parte, las empresas extranjeras, desde las que arribaron al país en la época agroexportadora hasta las que procuraron beneficiarse del proceso de industrialización, en vez de reinvertir las ganancias que obtenían a fin de aumentar la producción o incorporar nuevas tecnologías que permitieran mejorar la competitividad, optaron por repatriarlas a sus países de origen aprovechando una legislación liberal que las favorecía. Lejos de estimular el desarrollo nacional, estas prácticas no hicieron más que profundizar la dependencia e impedir un crecimiento económico sustentable. Sólo la experiencia del peronismo, que dio un rol central al Estado nacional en el manejo de la economía, pudo realizar una distribución de ingresos hacia sectores productivos y trabajadores asalariados. Pero ese intento, que también tuvo grandes resistencias políticas y económicas, duró menos de una década.

Raúl Prebisch llegó a la conclusión de que un país periférico, como la Argentina, nunca lograría desarrollarse plenamente mientras sólo las clases acomodadas se apropien y hagan uso del excedente económico. Según él, los estratos superiores de la sociedad terminaban canalizando la riqueza hacia pautas de consumo improductivas e imitativas del mundo desarrollado o alimentaban con sus fugas los procesos de acumulación del centro.

En los últimos doce años de gobiernos kirchneristas se intentó nuevamente la apropiación de una parte del excedente por el Estado (con las retenciones como una herramienta fundamental, aunque fuertemente resistida con cierto éxito por los intereses agrarios) para redistribuirlo mediante programas orientados a la inclusión social y el desarrollo económico. A ese medio se le agregaron otros, como las de la industrialización, la recuperación del empleo o políticas de desendeudamiento que permitieran desembarazarse del peso de la deuda y de sus organismos de control. Entre otras, las asignaciones universales por hijo, la inclusión previsional, los aumentos salariales y la inversión estatal lograron alcanzar la reconstrucción económica y social del país luego de la peor crisis de su historia.

Sin embargo, hasta nuestros días, el vaso no termina nunca de llenarse y menos aún de derramar su líquido. En septiembre de 2014 las autoridades tributarias de Francia le entregaron a la AFIP información sobre 4040 cuentas bancarias pertenecientes a personas físicas y sociedades argentinas en el banco HSBC de Ginebra. El monto total del dinero no declarado supera los 3500 millones de dólares, es decir, más del 10 por ciento de las reservas internacionales que posee el BCRA en la actualidad. Entre los principales responsables de este hecho ilícito se encuentran el Grupo Fortabat, Cablevisión, Telecom Argentina, Mastellone Hnos., Edesur, entre otras empresas, grupos, banqueros, políticos y empresarios. La AFIP calculó que el dinero evadido desde 2006 (año en que fueron creadas las cuentas), más el pago de la multa por haber cometido tal ilícito, se acercaría a los 62 mil millones de pesos, es decir 2,2 veces el presupuesto asignado a la Asignación Universal por Hijo en 2015. Sin contar los cálculos que en Europa realiza el Tax Justice Network, que ha calculado el dinero argentino en los paraísos fiscales en un monto similar al de nuestro PBI. Y muestra cuán vieja es la costumbre de nuestros sectores pudientes de fugar dinero al exterior.

Este caso debe servir como punta de lanza para abrir un debate en la sociedad acerca de la apropiación y utilización del excedente en la Argentina. Una reforma tributaria integral y progresiva, no parcial y regresiva, es fundamental para profundizar el uso social y productivo del excedente económico por parte del Estado democrático. Por el contrario, no es menos alarmante la presencia de candidatos presidenciales anunciando como políticas centrales la disminución de impuestos para beneficiar sobre todo a los más ricos, y devaluaciones del peso en el mismo sentido. Esto no haría más que desfinanciar nuevamente el Estado y esperar que funcione nuevamente la teoría del derrame, salvo que los sectores populares, ahora en conocimiento de causa, antes de aguardar pacientemente ese milagro hallen la manera de volcar el vaso.

* Profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires.


 

Domingo 14 de diciembre de 2014

La banca en la sombra

Por Alfredo Zaiat

Relatos de ciencia ficción desarrollan la existencia de mundos paralelos, sobre viajes entre dimensiones diferentes con idénticos protagonistas. Esos universos múltiples abordados por la literatura, el sistema financiero global los hizo suyo creando otros estadios equivalentes de su negocio, los cuales tienen vida propia sin supervisión. Existe el sistema formal de banca comercial desplegado en la superficie, pero también existe la banca pantalla (shell bank), cuyas características fueron detalladas el domingo pasado en esta misma columna, y la denominada banca en la sombra (shadow bank). Si la estructura bancaria conocida es una fuente de inestabilidad pese a los crecientes controles de las autoridades oficiales, la expansión de ese mundo financiero paralelo agudiza aún más sus rasgos perturbadores.

El sistema financiero offshore funciona principalmente a través de los más importantes bancos internacionales localizados en guaridas fiscales, que brindan servicios de administración de carteras de inversión y de diseño de estructuras financieras complejas. Los 50 principales bancos internacionales manejaban en conjunto en 2010, según investigaciones recientes, alrededor de 12,1 billones de dólares en activos offshore. Para eludir los controles formales de las autoridades de los países donde está radicada la casa matriz, los bancos crean otros bancos en los paraísos fiscales, que a la vez brindan la fachada para otras firmas donde se mueven los capitales fugados. Son los bancos pantallas (shell bank).

El término banca en la sombra (shadow bank) fue definido por el economista Paul McCulley en un discurso que dio en 2007 en el simposio financiero anual celebrado por el Banco de la Reserva Federal de Kansas City en Jackson Hole, Wyoming. La banca en la sombra está compuesta por todos los agentes financieros que sin ser bancos, ni estar por tanto sometidos a sus controles, compran y venden todo tipo de productos financieros. El Consejo de Estabilidad Financiera, organismo creado en la reunión del G-20 en Seúl, Corea, en 2008, publicó el “Informe de seguimiento de la banca global en la sombra 2013”. Este documento precisa que el mayor sistema de intermediación financiera ajena al mercado bancario tradicional es el de Estados Unidos, que suma activos por 26 billones de dólares. Le sigue la Zona Euro con 22 billones, el Reino Unido con 9 billones y Japón con 4 billones de dólares. Según el FMI, en China representa del 40 al 50 por ciento de su PIB. En total, incluyendo otras plazas, el monto alcanzaría los 71 billones de dólares, casi lo mismo que el Producto Interno Bruto global de 2013 y equivalente a la mitad de todos los activos controlados por el sistema bancario mundial. El informe advierte que “estas cifras son una estimación conservadora del tamaño del sistema bancario global en la sombra”.

La banca en la sombra es la intermediación del crédito por fuera del circuito bancario tradicional. La diferencia entre uno y otro sistema queda expuesta de la siguiente manera:

¿Qué hacen los bancos comerciales?

-Captan depósitos, normalmente a corto plazo y que hasta cierto monto tiene cobertura de seguro oficial, para financiar préstamos a más largo plazo. Están controlados por la banca central.

¿Qué hacen los bancos en la sombra?

-No tienen depositantes tradicionales. Captan recursos del mercado financiero y lo aplican a comprar activos con plazos de vencimiento más largos. No están sujetos a la regulación bancaria. En una eventual crisis no pueden ser rescatados por la banca central, como sí sucede con los bancos comerciales.

Ejemplos de intermediarios no sujetos a regulación son los fondos buitre, fondos de cobertura (hedge funds), fondos de inversión como Pimco o BlackRock, que se dedican a la transacción de derivados financieros, de otros instrumentos que no cotizan en Bolsa y al negocio de los Credit Default Swap, entre otras operaciones.

El crecimiento de esta banca paralela fue el detonador de la crisis financiera de 2008, y esa misma crisis ha derivado en una mayor expansión de su actividad. Este paradójico resultado se explica en que el sistema tradicional, incluyendo la banca de inversión, quedó en el ojo del huracán, y las políticas de auxilio millonarias provocaron una mayor concentración bancaria. Ese dinero del salvataje no fue destinado a financiar el crédito para el sector privado en recesión, sino para salvar bancos y banqueros. La brusca caída del financiamiento a empresas y personas consolidó el estancamiento y recesión, debacle que fue parcialmente compensada con la expansión de la banca en la sombra que pasó a ocupar ese lugar de canal de crédito a la economía real.

Las bancas centrales de Estados Unidos y Europa han estado inyectando recursos para dinamizar el crédito de la banca regulada, pero esas entidades han atesorado esos fondos o invertido en bonos y acciones en lugar de dar préstamos. En esa situación emerge con más fuerza la banca en la sombra al contabilizar un impresionante exceso de liquidez, que había sido provista previamente por las bancas centrales al sistema formal. Esos fondos de inversión sin supervisión han creado divisiones exclusivas para dar créditos sin cumplir los requisitos que se exigen a los bancos comerciales, y al mismo tiempo se dedican a comprar paquetes de control de empresas o deudas en default de compañías o países.

La banca en la sombra actúa del mismo modo que la banca tradicional, pero sin ningún tipo de supervisión pese a operar con todo tipo de instrumentos financieros. Es un enorme sistema que no rinde cuentas a nadie pese a alcanzar en alguno países un tamaño mayor que el de la banca tradicional.

En el artículo “¿Qué es la banca en la sombra?” Laura Kodres, subdirectora del Departamento de Mercados Monetarios y de Capital del Fondo Monetario Internacional, explica que esas entidades registran las siguientes características:

- Falta de divulgación e información acerca del valor de sus activos o a veces incluso cuáles son esos activos.

- Tienen estructuras poco claras de gestión y de propiedad entre los bancos y los bancos en la sombra.

- Escasa vigilancia regulatoria o de supervisión, como la aplicada a los bancos tradicionales.

- Ausencia de capital para absorber pérdidas o de efectivo para los rescates.

- Falta de acceso a un respaldo formal de liquidez para impedir las liquidaciones o ventas forzosas de activos.

Como es costumbre en las últimas décadas de crisis (en los ’90 en América latina, y en la primera década del nuevo siglo en Europa), el FMI manifiesta preocupación por los propios monstruos que ayudó a crear. Alentó la apertura de la cuenta capital y la desregulación financiera global y ahora advierte que el crecimiento de la banca en la sombra es una “maldición” porque pone en riesgo a la economía mundial. Kodres señala que pueden surgir problemas si inversores de esa banca comenzaran a inquietarse por el valor real de los activos a largo plazo y decidieran retirar sus fondos de inmediato. Para pagarles, los bancos en la sombra tendrían que vender activos. Esas ventas forzosas a precios de remate reducirían el valor de los activos, obligando a otras entidades en la sombra (y a algunos bancos) a castigar en sus balances el valor de activos similares para reflejar el menor precio de mercado, creando incertidumbre sobre su solidez. Así se gatilló la crisis en 2008 cuando quebró el histórico banco de inversión Lehman Brothers a partir de la debacle de un banco en la sombra llamado The Reserve Primary Fund. Este le había prestado 785 millones de dólares a Lehman a cambio de documentos a corto plazo, y cuando empezó una corrida contra sus colocaciones por parte de sus clientes preocupados por la salud financiera de la entidad, su caída provocó un efecto dominó. Kodres analiza que si ese hecho hubiera ocurrido fuera del sistema bancario, habría quedado aislado y esas entidades en la sombra habrían cerrado sin contagiar al sistema formal. Pero la banca de superficie quedó atrapada por la banca en la sombra, puesto que algunas de esas entidades eran controladas por bancos comerciales.

En la presentación del informe del Consejo de Estabilidad Financiera del G-20 el presidente de ese comité, Agustín Carstens, advirtió que “mejorar la regulación bancaria no es suficiente para responder a las debilidades del sistema financiero reveladas por la crisis. El sistema de la banca en la sombra sigue transformándose e innovando”. El temor existente en las esferas de las instituciones de supervisión bancaria global es que con una banca paralela aún más grande, un evento inesperado con alguna de sus entidades pueda provocar otra crisis global y de mayor magnitud que la del 2008.


 

 

Domingo 30 de noviembre de 2014

Fuga y evasión

Por Alfredo Zaiat

 El relato frívolo del movimiento de dinero no declarado imagina valijas, aviones para transportarlo y mesas cubiertas con decenas de ladrillos de billetes. La industria del cine y series para TV colabora en la construcción de la fantasía de millones de dólares físicos viajando por el mundo hasta encontrar refugio en una entidad financiera localizada en un paraíso (guarida) fiscal. Existe ese tipo de tráfico de fondos, pero son marginales en el inmenso circuito de fuga de capitales hacia plazas dedicadas al secretismo financiero. El flujo de ese dinero no es así de rústico. Esos capitales son canalizados a través de una plataforma de servicios ofrecida por grandes bancos para facilitar la evasión y el depósito del capital en las guaridas fiscales. Esa red está integrada por abogados, economistas, contadores y apoderados, dependientes o allegados a esas entidades, que se ocupan de girar, ocultar y administrar el dinero. Uno de los capítulos novedosos de la denuncia judicial realizada por la AFIP es la mención del abanico de protagonistas en las operaciones ilegales de fuga de capitales. Los identifica a ellos y al banco soporte de las operaciones. La presentación judicial es contra el HSBC por evasión fiscal y asociación ilícita al facilitar la apertura y ocultamiento de 4040 cuentas de argentinos por más de 3000 millones de dólares en su sucursal suiza de Ginebra.

La demanda también fue contra un grupo de profesionales dedicados a diseñar la estrategia jurídica, societaria y financiera de la fuga y evasión. Son los encargados de armar las redes de empresas offshore para vedar el acceso a los datos de los dueños de los capitales. La denuncia de la AFIP, detallada por este diario en la edición de los últimos dos días, menciona la existencia de una “plataforma facilitadora para la evasión” conformada por apoderados, abogados, economistas y contadores. Señala que esos expertos colaboraron en la elaboración de la red de sociedades y fideicomisos extranjeros (trust) radicada en paraísos fiscales como Panamá, Jersey, Guersney, Suiza, Uruguay, Bahamas e Islas Vírgenes. El objetivo de su tarea es crear complejas estructuras jurídicas y societarias para ocultar la identidad de los titulares de los fondos depositados en esas plazas. El caso denunciado es por cuentas en Suiza.

Pese a los intentos de mejorar su reputación relajando el secreto bancario y firmando acuerdos de cooperación e intercambio de información tributaria y financiera, Suiza sigue siendo uno de los principales refugios de capitales no declarados. El investigador Nicholas Shaxson, del Instituto Real de Asuntos Internacionales (Chatham House), informa en el libro Las islas del tesoro. Los paraísos fiscales y los hombres que se robaron el mundo que, según cálculos del Banco Nacional de Suiza en 2009, 3,1 billones de dólares están depositados en cuentas offshore a nombre de personas que no residían en el país. “Suiza continúa siendo uno de los mayores repositorios mundiales de dinero sucio”, sentencia Shaxson.

Las guaridas fiscales o las plazas financieras como Suiza no se limitan a ofrecer maneras de evadir impuestos. También brindan una confidencialidad que permite mantener datos fundamentales en secreto y la posibilidad de evadir regulaciones financieras. La información entregada por el fisco francés a la AFIP rompió ese muro para empezar a develar no sólo quiénes son los dueños de las cuentas no declaradas, sino también conocer a todos los protagonistas del andamiaje financiero y jurídico de los facilitadores o intermediarios que colaboran en la fuga y evasión.

La primera lista de 44 empresas y de 36 personas con cuentas no declaradas en el HSBC Ginebra de un total de 4040 ha generado inquietud en los titulares de las que todavía no se hicieron públicas. Esos nombres como otros que se difundieron en otra oportunidad por capitales fugados a través del Banco JP Morgan tienen la atracción de ser de compañías, empresarios, políticos, banqueros y jueces conocidos o vinculados con el poder económico. Al momento de su difusión aparece el cuestionamiento al doble estándar de discursos y a la responsabilidad individual por evadir el pago de impuestos y fugar capitales. Sin correr la mirada sobre ese comportamiento de los individuos es necesario ampliarla hacia las estructuras que alentaron y facilitaron la fuga y evasión. El economista francés Frédéric Lordon escribió en Adiós a las finanzas. Reconstrucción de un mundo en quiebra que “así como incriminar la responsabilidad de los agentes (inversores) tal y como se encuentran inmersos en las estructuras es inútil, sí es pertinente, en cambio, analizar la cuestión de la responsabilidad de quienes instalaron las estructuras y de quienes trabajaron para eternizarlas. Ante una cuestión formalmente idéntica –la “responsabilidad”–, vemos cómo la mirada se vuelca hacia una dirección completamente diferente: ya no es sólo la responsabilidad de los usuarios de la estructura, sino la responsabilidad de sus arquitectos, y la de sus guardianes”.

Este aspecto es uno de los grandes aportes realizados en la denuncia judicial de la AFIP sobre las cuentas no declaradas en el HSBC de Ginebra. La información proporcionada al Juzgado Nacional en lo Penal Tributario Nº 3, de la jueza María Verónica Straccia, no tiene sólo la cuenta de 68 millones de dólares a nombre de Amalita Lacroze de Fortabat, la mujer del cemento (Loma Negra) fallecida en 2012, y su nieta Amalia Amoedo, sino la del nombre de su apoderado: Alfonso Prat-Gay. En la presentación judicial los letrados de la AFIP señalan que “quien posee la autorización delegada por las titulares para administrar los fondos depositados en el exterior no puede desconocer que no se encuentran exteriorizados en el país y el fin explícito de evadir el pago de impuestos sobre dichos fondos”. Prat-Gay, ex ejecutivo del JP Morgan, como apoderado de Amalita, es uno de los miembros de esas redes arriba mencionadas de abogados, contadores, economistas vinculadas con grandes bancos internacionales para facilitar la fuga y evasión. Por eso la desmentida de que no es titular ni beneficiario de una cuenta en Suiza no se relaciona con la denuncia, porque la presentación de la AFIP en el juzgado es por su papel de apoderado de las cuentas de Amalita.

Nicholas Shaxson explica que “el mundo extraterritorial (paraísos fiscales) es un ecosistema que cambia sin cesar. Cada una de esas plazas ha desarrollado su propia infraestructura particular de abogados, contadores, banqueros y agentes corporativos expertos que se dedican a atender las necesidades de esos capitales”. Informa que muchas de las empresas que funcionan en las jurisdicciones extraterritoriales son casi desconocidas, y detalla quienes participa de lo que denomina “círculo mágico offshore”: estudios jurídicos como Appleby, Carey Olsen, Conyers, Maples and Calder, Mourant du Feu & Jeunes, y Ozannes and Walkers. “Son jugadores respetados en un regimiento mucho más extenso de elegantes contadores, abogados y banqueros: piezas de una infraestructura privada internacional que pone en funcionamiento el sistema entero”, indica Shaxson.

El trabajo de esa red de profesionales y banqueros consiste en ofrecer vías de escape a las obligaciones que derivan de vivir en una sociedad: impuestos, regulación financiera, legislación penal, derecho hereditario. Se dedican a colaborar con las elites ricas y poderosas a evadir esas responsabilidades. En ese mundo de fuga y evasión, el secreto bancario es bueno, cualquiera que traiga dinero a las entidades radicadas en guaridas fiscales es bueno y quien rompe el código de silencio es un traidor. La confidencialidad o secretismo es el valor esencial de los paraísos fiscales, muralla de silencio vulnerada por Hervé Falciani, el empleado del HSBC que entregó al fisco francés información de 130 mil clientes de la sucursal Ginebra. De ese total, 4040 corresponde a argentinos que recibió la AFIP por el convenio con Francia para evitar la doble imposición y prevenir la evasión fiscal en materia de impuestos sobre la renta y el patrimonio, de 2007. De las 4040 cuentas sólo 39 personas tienen depósitos en esa entidad declarados ante la AFIP.

Esa información encriptada fue entregada en un CD en sobre lacrado al titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, por parte de la Dirección General de Finanzas Públicas de Francia, el 25 de septiembre pasado. El pedido de cooperación a las autoridades francesas había sido realizado por el ministro de Economía, Axel Kicillof, en una carta fechada el 10 de julio pasado. El contenido de ese CD tiene los titulares de esas cuentas, la dirección en Argentina, números de contacto, actividades desarrolladas, profesión, fecha de nacimiento, tipo de vinculación con el banco, saldos y movimientos de cuentas bancarias, comunicaciones personales con el banco, cenas, almuerzos, mails intercambiados y visitas al HSBC en el país y en el exterior al HSBC Ginebra, y las relaciones con los intermediarios, apoderados así como los beneficiarios efectivos (familiares). Con esa cantidad de información, figurar en esa lista y pretender desmentirlo es imprudencia o la arrogancia de la impunidad.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


 

Domingo 30 de noviembre de 2014

 

“Lo que sufre Argentina por el hegemonismo jurídico norteamericano es peor que la ausencia de justicia”

 Es el “gurú mundial” del momento, pero su investigación demuele los mitos impuestos por los economistas tradicionales. Explica los alcances de la desigualdad a la que lleva el actual desarrollo y la necesidad de la regulación pública del capital para contrarrestarla. Punto por punto, desde su visión del fallo de Griesa para los fondos buitre hasta la inevitabilidad del conflicto para cambiar las cosas.

Por Eduardo Febbro

Página/12 En Francia

Desde París

El hombre afable y humano sentado en un sillón algo raído, rodeado de libros que apenas caben en el estrecho escritorio que ocupa en la Escuela de Economía de París, poco se parece al hombre de los afiches con los que el semanario Le Nouvel Observateur empapeló París: “Piketty, gurú mundial” dicen los carteles que promocionan el número de la revista consagrado al economista francés y a su libro. Thomas Piketty no tiene nada de gurú, sino una amabilidad comprometida y un humanismo que emana de sus gestos y su tono de voz. El Capital en el Siglo XXI, que esta semana publica Fondo de Cultura Económica, a pesar de sus más de 1000 páginas y de cierta complejidad técnica se ha convertido en un best seller mundial y en uno de esos libros que marcan un antes y un después en la historia de las ideas. La obra marcó la época al mismo tiempo que derrumbó algunos mitos que parecían eternos, tanto mitos marxistas como liberales. Durante una década y media, el economista francés de 43 años trabajó compilando los datos fiscales de una veintena de países desarrollados desde el siglo XVIII hasta hoy. De esa investigación sale una constante: el capital, sin la intervención reguladora de la potencia pública, solo genera desigualdad. Esta desproporción es mucho más visible a partir de los años ’80. El cuadro es devastador: en Estados Unidos, el 10 por ciento de las personas más ricas acapara el 45 por ciento de las ganancias. Esa constante, en mayor o menor medida, se expande en todos los países. El mérito, o sea el trabajo, perdió su valor frente a la “herencia” y los propietarios de bienes inmobiliarios reemplazaron a los terratenientes. La desigualdad es la marca del siglo.

Thomas Piketty recibió a Página/12 en su oficina de París y esta entrevista, donde expone los principios de un libro que revolucionó el pensamiento económico, inevitablemente empieza con una pregunta de actualidad argentina y mundial.

–La Argentina enfrenta hoy un antagonismo atravesado por la desigualdad que roza lo mafioso. Se trata de su enfrentamiento con los fondos buitre y el imperialismo judicial de Estados Unidos.

–La Argentina sufre hoy la evolución reciente y caótica de la jurisprudencia norteamericana sobre la deuda pública argentina. Aquí hay una situación de hegemonismo jurídico norteamericano que es un problema en la Argentina y que puede ser un problema también para otros países. Esto es peor que la ausencia de justicia. En muchas partes del mundo asistimos a una suerte de privatización del derecho con fondos financieros e intereses financieros que construyen su propio derecho, sus propias cortes de arbitraje, sus propios tribunales. Con esto escapan completamente a la soberanía de los Estados. Es una realidad a la cual la Argentina se enfrenta de forma extrema. De alguna manera, todos estamos confrontados a lo que atraviesa la Argentina. Estamos frente a un fenómeno general de privatización del derecho, de captación del derecho, de construcción de espacios jurídicos aparte para proteger intereses privados, que es muy preocupante. La problemática que enfrenta hoy la Argentina sobrepasa en mucho su propio caso. Creo que necesitamos un mundo mucho más multipolar, un retorno a cierta soberanía nacional y popular, un mundo donde no siempre se acepten los dictados de Estados Unidos, donde se pueda proponer una visión del derecho y del desarrollo internacional que no sea la misma que en Estados Unidos.

–Usted comparte hoy un raro privilegio: junto al papa Francisco los medios liberales lo califican de nuevo apóstol del marxismo.

–Yo no soy marxista. Formo parte de una generación que se hizo adulta con la caída el Muro de Berlín, en 1989. Nací demasiado tarde como para tener una tentación marxista en su variante soviética del comunismo. El éxito del libro muestra que hay un apetito de conocimientos en torno de estos temas que tocan el dinero, las ganancias, el patrimonio. Esos temas son demasiado importantes como para dejarlos en manos de un grupito de economistas, de técnicos o de expertos. Mi libro es una historia legible del dinero. Mi libro traza la historia de la distribución de las ganancias y del patrimonio a través de tres siglos y en más de 30 países.

–La síntesis de su trabajo monumental es clarísima: la posesión patrimonial, o sea la desigualdad, se impuso en todo el mundo.

–Depende mucho del país, de la amplitud y de la época. No hay un solo mecanismo que pueda explicar todo esto. Hay fuerzas que van en todas las dimensiones. Esto quiere decir que existen varios futuros posibles y no una sola dinámica en el reparto de las riquezas. Hay fuerzas que a veces conducen a la reducción de las desigualdades, como por ejemplo la difusión del conocimiento o la educación, que van en ese sentido. Y también hay otras fuerzas que conducen al aumento de las desigualdades, en particular la tendencia a largo plazo que lleva a que los beneficios del capital están por encima de la tasa de crecimiento. Pero diría que todo depende de las instituciones, de las políticas que los países deciden aplicar.

–Usted demuestra otra ilusión errónea de Marx y prueba que los beneficios del capital pueden mantenerse por encima de la tasa de crecimiento. También cae otro relato: el del economista y premio Nobel de Economía Simón Kuznets. Marx pensaba que la desigualdad conduciría al colapso y Kuznets, que se reduce con el avance de las sociedades.

–Marx decía “las desigualdades van a aumentar hasta la revolución final”, mientras que Kuznets escribía en los cincuenta que las desigualdades se reducen naturalmente en las sociedades industriales avanzadas. Ambos se equivocaron porque hay fuerzas que pueden ir en las dos direcciones y no sabemos cuál de ellas se impondrá. En este principio del siglo XXI hay un riesgo muy serio de que volvamos a las desigualdades del XIX. Esto ya es una realidad en algunos casos y en otros no. Es cierto, en la teoría de Marx había una salida económica al proceso. Había una contradicción entre el descenso de la tasa de beneficios que iba a conducir a una catástrofe final y al fin de este sistema. Puede que mis conclusiones sean todavía más pesimistas porque, desde un punto de vista estrictamente económico, no hay salida. El rendimiento del capital puede mantenerse a un nivel elevado, en particular porque siempre hay ganancias oriundas de la productividad, de las innovaciones tecnológicas, del crecimiento de la población. A pesar de una acumulación creciente del capital, el rendimiento se mantiene a un nivel superior a la tasa de crecimiento. En todo caso, sería un error pensar que una salida puramente económica –o sea el descenso de los beneficios– va a resolver esta contradicción. Mis conclusiones son pesimistas desde un punto de vista económico pero optimistas desde el punto de vista político. Hay soluciones políticas a este problema. La institución fiscal, social o educativa permite organizar ese proceso de acumulación del capital de una forma más igualitaria y por el bien común.

–Cómo romper entonces el ciclo claro de la desigualdad cuando queda demostrado en su trabajo la constante de este mal.

–Mi conclusión principal consiste en que necesitamos instituciones públicas de transparencia democrática en torno de las ganancias y los patrimonios capaces de adaptar nuestras instituciones y nuestras políticas a la realidad. La propiedad privada, el capitalismo, las fuerzas del mercado deben estar al servicio de la democracia y del interés general. El capitalismo debe volverse el esclavo de la democracia y no lo contrario. Hay que utilizar las potencialidades del mercado para enmarcarlas severamente, radicalmente si es necesario, para ponerlas en la buena dirección. Es perfectamente posible.

–Usted cita a un personaje de Balzac cuya frase es aplicable al mundo de hoy: frente a las ganancias generadas por el capital, trabajar no tiene sentido. Es mejor casarse con una heredera.

–Una buena parte de mis interrogaciones y de mis motivaciones en este trabajo de investigación provienen de la literatura, porque la literatura tiene una suerte de potencia para expresar las consecuencias del dinero y de las desigualdades en la vida y en los lazos sociales que es increíble. Con el lenguaje de las ciencias sociales nunca tendría esa potencia expresiva. Creo que esas diferentes formas de expresión son complementarias las unas con las otras. Es cierto que ese discurso de Balzac nos muestra a un joven ambicioso cuando estudia Derecho en París en 1820. Pero podría ser en París en este año, o en Buenos Aires en 2014, o en Nueva York o en México. Es una suerte de personaje eterno de joven ambicioso que quiere devorar la vida y a quien se le explica que, finalmente, los estudios, el trabajo, el mérito, no conducen a ninguna parte y que lo mejor es casarse con una señorita, que si bien no es muy encantadora, tiene un millón de francos de la época, unos 30 millones de euros de hoy. ¿Acaso el mundo de hoy es como el que describe Balzac? Es diferente, pero se acerca por algunos lados. La herencia en las sociedades occidentales de escaso crecimiento –y tal vez algún día para el conjunto del planeta– recupera un nivel que no teníamos en la posguerra, pero sí en el siglo XIX. Hoy tenemos lo que yo llamo en el libro “el retorno a la sociedad patrimonial”. No es exactamente el mundo de Balzac, pero sí es intermediario entre el mundo de Balzac y el mundo encantado de la meritocracia de los llamados “30 años gloriosos” de la posguerra, donde se creyó que se había llegado a un capitalismo sin capital, sin patrimonio. Pero eso, a largo plazo, no es posible. Eso fue únicamente una fase de reconstrucción, temporal, una fase donde la potencia pública supo inventar regulaciones. La caída del Muro de Berlín y el ingreso en esa nueva fase de confianza infinita en la autorregulación de los mercados contribuyó mucho a la re-patrimonialización de nuestras sociedades. Ese es el mundo que tenemos hoy frente a nosotros en este siglo XXI.

–Usted señala que en los últimos diez años, la capitalización bursátil mundial creció un 147 por ciento y el PIB mundial un 80. La desproporción es aplastante. Para usted, esa concentración del poder económico es incompatible con los valores de nuestras sociedades democráticas.

–Cuando la desigualdad, en particular la desigualdad patrimonial, se torna extrema, esa desigualdad no es solamente inútil para el crecimiento sino que incluso puede perjudicarlo. Esa desigualdad se vuelve un freno a la movilidad, un factor de perpetuación de la desigualdad en el tiempo y, también, se convierte en una verdadera amenaza para nuestras instituciones democráticas. Una concentración importante del poder del dinero conduce a una concentración demasiado importante del poder de influencia en los medios, en la vida política. Cada parte del mundo tiene su propia historia con la desigualdad, sus propios interrogantes. A veces, las instituciones públicas, es decir, las reglas que limitan el poder del dinero privado en la vida política, las reglas que organizan la financiación pública de los partidos políticos, pueden limitar esa potencia del dinero. Pero no hay que ver esas reglas y esas instituciones como algo dado. No. Son instituciones frágiles que pueden ser puestas en tela de juicio. Tenemos que tomar muy en serio la cuestión de saber cómo se limita a través del Estado de derecho y de instituciones muy fuertes ese control del dinero.

–La desigualdad, el crecimiento patrimonial sin freno pone en peligro el zócalo de la democracia. ¿Por qué? ¿Rompe el contrato social, genera violencia institucional o social?

–La desigualdad rompe el contrato social, rompe el principio de igualdad frente a la ley, de igualdad frente al sufragio universal. Cuando tenemos una desproporción extrema de los medios financieros tenemos también una desproporción extrema de los medios de influencia en la vida política. La desigualdad también rompe el lazo social y cívico por medio del cual se acepta que se pongan en común importantes recursos para financiar el bien público, la protección social, los servicios públicos. Si las clases medias, las clases populares, tienen la duradera impresión de que pagan más impuestos que los ricos, el consenso fiscal se rompe, o sea, el consenso que hace posible que todos acepten pagar una parte importante de los recursos producidos para financiar el acceso a la educación, a la salud, a las infraestructuras. Toda esa aceptación de la vida en común termina potencialmente en tela de juicio con la secesión a los más ricos. Si queremos una democracia real necesitamos instituciones sociales y políticas que enmarquen la propiedad privada, que limiten la acumulación entre algunas manos. Desconfío mucho de los discursos –a menudo muy hipócritas, que se escuchan en muchos países– sobre la idea abstracta de la igualdad. A veces se sirven de ellos para rechazar el impuesto progresivo, para justificar –en Francia y en otros países– que se invierta tres o cuatro veces más en los sectores educativos donde van los hijos de las elites antes que allí donde van los hijos de las clases populares. Y todo eso con una buena conciencia republicana. El principio abstracto de la igualdad es proclamado muy a menudo para justificar desigualdades perfectamente reales, extremas. Siempre hay que poner en tela de juicio ese principio, deconstruir esa proclamación. Esa es un poco la meta de mi libro.

–Otro mito que usted derrumba es que el crecimiento disminuye las desigualdades. Esa idea es la biblia de los liberales, quienes también ven en la globalización una panacea contra la desigualdad.

–Ocurre que para que sea así hacen falta condiciones. Hubo fases históricas donde el crecimiento estaba compartido, era equilibrado, en especial durante las décadas que siguieron a la Segunda Guerra Mundial –en todo caso en los países europeos y en los Estados Unidos–. Aquí sí el crecimiento correspondía a cierto enriquecimiento general. Hay fases como la de los últimos 30 años en las cuales tenemos una parte desproporcionada del crecimiento que está acaparada por las ganancias más altas. Aquí, un crecimiento elevado no es sinónimo de un enriquecimiento general. Creo que debemos ir más lejos que el crecimiento, hay que acostumbrarse al hecho de que un crecimiento del 5 por ciento anual, como ocurrió en las décadas de la posguerra, no continuará eternamente. Hay que acostumbrarse a vivir con un crecimiento estructuralmente más lento, más limpio. Lo que hace falta, sobre todo, es más transparencia en la distribución social del crecimiento. Es absolutamente preciso contar con más información democrática y verificable sobre la forma en que los diferentes grupos sociales, los diferentes grupos de ganancias y de patrimonio se benefician o no con el crecimiento. No se puede hacer una hipótesis sobre el hecho de que la tasa de crecimiento maximiza siempre el ascenso social en todas partes. No es el caso.

–Usted señala que la fase actual del capitalismo transformó las relaciones sociales. Estas son ahora relaciones patrimoniales.

–Las relaciones de propiedad pueden ser, desde un punto de vista social, extremadamente violentas porque ponen a ciertos grupos sociales en dependencia los unos de los otros. Cuando una parte de las ganancias generadas por el trabajo deben ser pagadas a quienes detentan el patrimonio, sea la casa donde se vive o el material necesario a una empresa, esto crea una tensión que, a menudo, es dejada de lado en los modelos económicos abstractos, en los cuales todo es armonioso y en el interés general. Las relaciones de propiedad son siempre complicadas, tanto más cuanto que el nivel global del patrimonio, la capitalización inmobiliaria, la capitalización bursátil, recupera niveles muy elevados en relación al nivel nacional. Y esas relaciones de propiedad son todavía más complicadas cuando esas relaciones de propiedad se expanden a nivel internacional. Siempre es complicado pagar el alquiler al propietario, pero cuando se trata de países que pagan intereses o dividendos a otro país es todavía peor. Organizar relaciones justas y democráticas para esas relaciones de propiedad en el caso de una comunidad política y democrática nacional ya es muy complicado. Con los actores internacionales es peor. Desde este punto de vista, es cierto que la situación de América latina en su conjunto en relación con Estados Unidos es el ejemplo número uno de una relación complicada de dominación económica. Hay flujos de capital, de intereses y de dividendos que salen de América latina para alimentar a los propietarios norteamericanos. Se trata de una situación que está lejos de ser el camino hacia la armonía y el enriquecimiento general descripto por los modelos económicos. Tanto en el pasado como hoy, ese ha sido el camino de un conflicto que gira en detrimento del desarrollo social y económico armonioso.

–Esa bella idea del capitalismo con rostro humano es un cuento de hadas. Estamos en un páramo de lobos en donde el ciclo humano se agotó. Pero usted persiste en un optimismo regenerador, como si hubiera aún muchas páginas de la historia por llenar de cosas buenas.

–Sí, el ciclo se agotó. Luego, cada época inventa nuevas formas de capitalismo con rostro humano, a veces de forma totalmente hipócrita con un rostro en nada humano, otras de manera más convincente. Lo cierto es que la hoja blanca que se pregunta cómo sobrepasar el capitalismo, cómo organizarlo de otra manera en beneficio de todos, esa hoja aún está por escribirse. Sea cual fueren los fracasos pasados, hay que volver a empezar de nuevo. Creo que esa es la conclusión más importante de mi libro: las formas concretas de la democracia, de la propiedad, deben ser reescritas. Hay útiles de regulación de los que ya se pueden trazar los contornos con respecto a la transparencia, a las ganancias, al patrimonio, al impuesto progresivo a las ganancias. Pero también hay otras formas de reapropiación democrática y colectiva de la propiedad que están por escribirse. Después de la caída de Muro de Berlín se creyó en un momento que la única forma de organización de la vida económica era la sociedad de accionistas, con todo el poder otorgado a los accionistas. Hoy nos damos cuentas de que no es el caso, de que hay sectores enteros de las actividades humanas, la educación, la salud, los medios, donde la sociedad de accionistas es totalmente absurda. En los medios hay muchas discusiones para saber cómo tratar de organizar formas nuevas de gobernabilidad y financiación, más participativas. Esto vale también para el sector industrial, donde la participación de los empleados en las decisiones de las empresas es un hecho –por ejemplo en los consejos de administración de los grupos industriales de Alemania–. Eso no les impide fabricar autos buenos, al contrario. La participación de los empleados y el reparto del poder puede ser en muchos casos una garantía, no solo de un mejor reequilibrio social sino también de eficacia económica. Todas estas cuestiones deben ser abordadas con una mirada nueva para salir de la ideología del mercado que se apoderó del mundo después de la caída del Muro.

–Cierta prensa anglosajona lo trata a usted de “loco de los impuestos”, porque propone como nueva forma de equilibrio una amplia revolución fiscal mundial para restablecer la igualdad.

–La meta de los impuestos es poder producir bienes públicos. El impuesto es interesante por lo que permite hacer. Si usted mira la situación en Europa, los países más ricos, los más competitivos, Dinamarca o Suecia, tienen una tasa impositiva obligatoria del 40 por ciento al 50 por ciento. A su vez, los países más pobres como Bulgaria o Rumania tienen una tasa impositiva del 20 por ciento. Si bastara con pagar pocos impuestos para ser ricos, Bulgaria o Rumania serían más ricos que Dinamarca o Suecia. Pero no es así como funciona. Tener impuestos elevados puede ser bueno para el desarrollo económico, siempre y cuando se utilicen esos altos impuestos para financiar los servicios públicos, las infraestructuras colectivas, la educación, la salud. Eso es lo que hacen los países de Europa del Norte. Es preciso que el mismo sistema impositivo, más allá de los gastos que financia, sea justo. Para que las clases medias y populares acepten un nivel impositivo elevado es necesario que los más favorecidos paguen tanto como ellos. Para que el impuesto sea justo debe ser progresivo, o sea, funcionar con una tasa que corresponda al porcentaje elevado de las ganancias y del patrimonio. Ese es un punto importante de mi libro: el Impuesto a las Ganancias es un gran invento del siglo XIX, pero en una sociedad cada vez más patrimonial se requiere igualmente un impuesto sobre el patrimonio. No hace falta esperar que exista un gobierno mundial para llegar a eso. Hay muchas cosas que pueden hacerse en el plano nacional y a veces se exagera con esa idea de que los gobiernos nacionales no pueden hacer nada dentro de la globalización. La mayoría de los países cuenta con un sistema impositivo sobre el patrimonio y el capital, pero son sistemas proporcionales y no progresivos que se aplican únicamente al patrimonio inmobiliario y no al financiero. Toda esta información suplementaria sobre las ganancias, el capital y sobre quién es dueño de qué, es también útil a favor de la democratización del capitalismo. El impuesto es más que el impuesto. Es también una forma de producir información y transparencia, las cuales pueden ser utilizadas como una base de la reapropiación democrática del capitalismo.

–Todas estas reformas requieren de un ingrediente que el liberalismo parlamentario aborrece: el conflicto.

–El conflicto es necesario. Hay que terminar de negar la importancia del conflicto en la historia de la política, en la historia del impuesto, en la historia de las desigualdades. Toda la historia sobre las desigualdades del siglo XX que yo cuento es una historia violenta, es una historia donde hay conflictos, guerras, donde la revolución desempeña un papel. Tratemos de hacer mejor las cosas la próxima vez, y de la manera más pacífica posible, pero no neguemos el hecho de que hacen falta sanciones, hacen falta conflictos. En Europa, y en el mundo, uno de los problemas radica en que nos acostumbramos al libre intercambio y a la libre circulación de capitales a cambio de nada, a cambio de ninguna transmisión de información, de ninguna coordinación fiscal, de ningún impuesto mínimo sobre quienes más se benefician con la globalización, y esto no puede continuar eternamente. Toda la historia de la redistribución, del Estado providencia, del impuesto progresivo durante el siglo XX es una historia que pasa por fases de conflicto. No es una historia en la cual un amable socialismo electoral llega racionalmente al poder y todo ocurre con calma y espontaneidad. Es una historia mucho más trastornante y sería llamativo que el porvenir sea distinto.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


 

Especular

Por Alfredo Zaiat

Para algunos es la guía principal del comportamiento de los agentes económicos y para otros es la causa central de las perturbaciones de los mercados. Sin caer en los extremos del endiosamiento o la repulsión, la especulación influye en todas las actividades de la economía. Una de las debilidades de las corrientes críticas del pensamiento económico es evaluar la acción de especular como si fuera exclusivamente una perversidad del sistema. Esta observación entusiasma a rústicos divulgadores del conservadurismo porque permite exponer una carencia de quienes ellos consideran equivocados en sus fundamentos económicos. Pero quienes postulan la especulación como regla básica del funcionamiento de la economía no deberían eludir que en ese juego a veces se gana y otras se pierde. Es un aspecto que omiten cuando el resultado es desfavorable, cargando la responsabilidad en otro, en general sobre el Estado. Cuando el saldo de la apuesta es positivo, el mérito es por la sagacidad y el espíritu emprendedor; en cambio, cuando el signo es el contrario, existe la tendencia a buscar culpables en otros. La actividad de los banqueros es el caso más representativo de esa conducta. Son expertos en privatizar las ganancias y socializar las pérdidas. En los últimos años, ese foco de la especulación amplió su espacio de influencia hacia la comercialización de materias primas, en especial con la soja.

La especulación está motorizada por la previsión y percepción de los sujetos económicos sobre la evolución de precios futuros de un determinado bien. De esa forma podrán ganar o perder una porción del capital dependiendo de si vendieron a un valor más alto de lo que lo compraron, o viceversa. El año pasado, en el mercado de granos hubo una fuerte especulación con retención de cosecha, apostando a una devaluación brusca, que finalmente ocurrió, valorizando así el capital guardado en silobolsas. Quienes conocen el espíritu de agentes financieros o bursátiles apuntan a que existe el vicio de reiterar apuestas especulativas ganadoras sin considerar que pueden cambiar las condiciones del mercado. Pese a esa posibilidad, dulces con la utilidad conseguida con la devaluación de enero pasado, el sector redobló la apuesta de guardar la soja. Extraño comportamiento especialmente del complejo agrario exportador, debido a que cuentan con expertos del mercado para la toma de decisiones, porque ya se adelantaba a principios de año una cosecha record en Estados Unidos y altos rindes en Brasil que iban a deprimir el precio internacional de la oleaginosa. El resultado fue una caía de casi 40 por ciento en el precio internacional desde el pico de 2013. Además, la presión devaluacionista, alentada por el ex presidente del Banco Central, Juan Carlos Fábrega, fue desbaratada a tiempo por el equipo económico. De ese modo, la especulación exitosa del año pasado (por precio y por devaluación) de acumular soja en silobolsas ahora se tradujo en una importante caída de la rentabilidad.

Los grandes productores y exportadores, aconsejados por las cámaras del sector y por sus consultores económicos preferidos, que en estos últimos meses están haciendo notorios esfuerzos para dejar en evidencia que están siendo financiados por los fondos buitre, apostaron a retener gran parte de la cosecha en silobolsas, afectando el ingreso de divisas al Banco Central. Esa conducta especulativa tuvo como objetivo hacer caer la oferta de dólares y provocar una nueva fuerte devaluación, como la de enero pasado, para obtener de esta forma rentas extraordinarias que permitieran compensar la tendencia bajista de los precios.

Sebastián Lucero, economista del Centro de Estudios en Políticas de Estado y Sociedad (Cepes), calculó el costo que le representó a la sociedad la especulación sojera. En el documento “Costo de la especulación”, también dimensionó ese costo en términos de políticas sociales y en términos de actividad económica. De ese modo, puso en contexto el costo de oportunidad para el Estado por una merma en su recaudación (caída del monto por derechos de exportación) en términos de una menor masa de recursos para la ejecución de sus políticas; y por una menor disponibilidad de divisas para importar los insumos necesarios para el funcionamiento de la industria. Lucero estimó en base a diferentes variables (cosecha, saldo exportables, permisos de exportación) que de no haber tenido un comportamiento especulativo guardando parte de la cosecha, hasta octubre de este año se deberían haber exportado 7,4 millones de toneladas más de las que efectivamente se realizaron. “Hubiesen ingresado al país a octubre del corriente año divisas por 4088 millones de dólares”, afirma Lucero.

Si a ese monto estimado se le aplican los aranceles a las exportaciones, se obtiene la suma total que el Estado dejó de percibir en concepto de recaudación: 1370 millones de dólares. Lucero evaluó qué destino hubiese podido tener ese dinero para financiar, por ejemplo, programas de la política social. Calculó que con esos millones de dólares se hubiesen podido construir 21.500 viviendas a través del Pro.Cre.Ar; o brindar 1.450.000 prestaciones anuales de Asignaciones Universales por Hijo; o entregar 1.500.000 programas anuales del Progresar; o distribuir 4.200.000 de netbooks del Conectar Igualdad; o construir 2470 kilómetros de carreteras.

A la vez menciona que la industria y los trabajadores también se perjudicaron porque dejaron de ingresar 4088 millones a las arcas del Banco Central. Esto es así porque la menor cantidad de divisas dificulta la compra externa de insumos industriales y bienes de capital, mermando la actividad industrial, por ende su producción y empleo.

Lucero indica que “párrafo aparte merecen los propios productores sojeros, los cuales con su comportamiento representaron el caso más cercano al perro que se muerde su propia cola. Perdieron plata por especular. Porque si este grano retenido se hubiera exportado en el período habitual de liquidaciones, cuando el precio promedio de la soja era superior a los 550 dólares la tonelada FOB en puertos argentinos, hubieran obtenido un ingreso adicional de divisas respecto de la situación actual”. La pérdida estimada de los sojeros en lo que va de este año es la diferencia entre los ingresos que hubiesen obtenido por vender (sin especular) menos los ingresos que tendrían hoy por vender lo que guardaron. El ingreso no realizado estimado, resultado de no vender en el momento normal, es de 4088 millones de dólares menos las retenciones correspondientes, unos 2719 millones de dólares. El valor actual de la soja no vendida es de 3563 millones de dólares, restándole las retenciones, el valor neto se aproxima a los 2370 millones de dólares (suponiendo que los productores vendieran hoy su producción acopiada). Por lo tanto, la pérdida para los productores en estos diez meses es de 349 millones de dólares, monto que seguiría aumentando si continuara la tendencia a la baja en los precios.

Especialistas en negociación proponen que la mejor estrategia es la de “win-win”, donde ambas partes se quedan conformes para afianzar el vínculo y prever futuras operaciones comerciales. Lucero evaluó que la especulación con la soja en las silobolsas ha sido un esquema opuesto, el de “lose-lose”, al concluir que “tanto los productores (y acopiadores) como el Estado (y en consecuencia la sociedad) perdieron por esta conducta especulativa”.

La decisión individual o la de grupo concentrados de especular en su actividad es una característica del funcionamiento de la economía. Esa lógica individual que a veces brinda resultados positivos y otros negativos tiene mucho impacto en el conjunto de la sociedad.

Lucero propone que “no es equitativo que el Estado deba intervenir exclusivamente en situaciones de emergencia. Debe participar en todo el proceso de crecimiento; no solo en momentos de crisis sino también en momentos de auge”. Entonces es el Estado el que debe contar con herramientas efectivas de intervención para acompañar el ciclo favorable como también amortiguar los costos de decisiones especulativas erróneas con costos elevados para la estabilidad económica. En el caso del complejo agrario, un instrumento útil en esa tarea es contar con una Agencia Comercializadora de Granos para evitar que intereses particulares puedan afectar el bienestar general.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Opciones de ahorro

Por Alfredo Zaiat

Sábado 11 de octubre de 2014

El análisis técnico del sistema financiero y su gestión han sido dominados por la corriente económica conservadora, y por lo tanto sus principales protagonistas son también miembros de esa grey. El pensamiento crítico del saber económico convencional ha dirigido sus observaciones a las conductas de ese sector como factor de poder y las consecuencias de su funcionamiento en la distribución regresiva del ingreso. Este trabajo es imprescindible para comprender con criterio amplio los fenómenos económicos. Pero las características de la actividad financiera requieren de un debate en profundidad y un estudio más dedicado de la denominada heterodoxia. Es una tarea necesaria si aspira a conducir a las finanzas para que se conviertan en un actor positivo para el desarrollo. La formación de cuadros técnicos tras ese objetivo no debe limitarse a considerar a los financistas sólo como especuladores perversos. Provocar al poder financiero no es habitual como lo fue con el default y posterior canje de deuda, la eliminación del negocio de las AFJP, la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central y de la ley de mercados de capitales, el pago de deuda con reservas y la resistencia a la extorsión de los fondos buitre. Además de ese desafío, las finanzas deben ser un objeto de estudio sin negar su existencia ni ignorar que los actores económicos de todos los tamaños buscan valorizar capitales en el mercado financiero. Para no quedar en la mera crítica a las perturbaciones que provoca la especulación, la audacia más contundente es saber intervenir en el terreno preferido de la ortodoxia para canalizar el excedente que se genera en el ciclo económico. En ese sentido, la política económica que pretenda ser heterodoxa debe aprender cómo funciona el sistema de circulación del dinero en el mercado financiero, abandonando la posición pasiva de criticar solamente la especulación. Tiene la compleja misión, venciendo sus propios reproches al capital, de participar activamente en la orientación del ahorro hacia el financiamiento del crecimiento, para que no actúe como factor de inestabilidad económica por una excesiva dolarización. Para ello debe existir un menú variado de opciones de ahorro.

Como respuesta al frenesí especulativo de las décadas pasadas, el ciclo político del kirchnerismo reaccionó con un criterio opuesto al proponer que el dinero invertido en la producción sería más rentable que en el circuito financiero. Y así fue en muchas actividades industriales, agrarias y de servicios. Abandonar el régimen de valorización financiera como patrón de acumulación social del capital para transitar uno hacia el de industrialización, empleo e inclusión social tuvo como una de sus principales herramientas la permanencia de una tasa de interés (activa y pasiva) negativa en términos reales. Mientras el crecimiento económico era muy vigoroso y la tasa de inflación se ubicaba en niveles de un dígito, esa estrategia tuvo resultados muy favorables en los frentes productivo y financiero. Ese crecimiento permitió recuperar una economía desquiciada por diez años y medio de la fantasía de la convertibilidad, y a la vez fue creando excedentes importantes. Una parte de esos fondos se recicló en la propia actividad que los generó, sosteniendo de ese modo elevados niveles de inversión y de producción, y otra empezó a buscar opciones de inversión financiera. Esto último puede interpretarse como una respuesta defensiva a experiencias de décadas pasadas o a la debilidad de los actores económicos para intensificar el esfuerzo inversor en la producción, que se mantuvo en niveles muy rentable. Uno u otro camino muestran las deficiencias que irrumpieron para modificar la conducta de los dueños del capital. Ante esa evidencia la política económica requería –ahora también– de una estrategia de diseño de activos financieros seductores de esos fondos para desalentar la tradicional compra de dólares y para que sean alternativas atractivas con rentas positivas en relación con la inflación.

El mercado bancario se desplegó con tasas de interés negativas para captar ahorros y se le sumó una virtuosa política de desendeudamiento que fue reduciendo las opciones de inversión en la plaza de títulos públicos. Cancelar deuda ha implicado, además de ampliar el margen de autonomía de la política económica, el retiro de circulación de bonos públicos (por ejemplo, el Boden 2015 desaparecerá en octubre próximo), menguando el menú de inversiones. La responsabilidad por esa carencia es compartida entre la ausencia de una política oficial hacia el ahorro y el desinterés de los protagonistas del mercado bursátil y bancario para desarrollar el mercado de capitales local.

La necesidad de una estrategia oficial para ofrecer canales de inversión no incluye, por razones obvias, a los excedentes de la economía no registrada, que no tiene más alternativa que dolarizarlos, puesto que no puede destinarlos a la compra de acciones o títulos públicos, a constituir plazos fijos o a adquirir propiedades sin correr el riesgo de ser detectado por las autoridades fiscales.

No existe una campaña pública de educación y orientación al pequeño y mediano inversor sobre qué puede hacer con sus ahorros, ni tampoco se han diseñado instrumentos financieros atractivos para canalizar esos excedentes. Los dueños de la soja pueden jugar políticamente especulando con la retención de la cosecha o ser muy conservadores con su dinero y querer comprar dólares, departamentos, vehículos de alta gama o acopiar los porotos en silobolsas con criterio financiero (esta decisión les significó un fuerte quebranto), pero esas conductas no disculpan la deserción oficial en la tarea de instrucción y en el armado de una oferta de activos financieros para los productores. La negociación de contratos a término o la compra a futuro de dólares no son vías sofisticadas, pero requieren de un trabajo de formación que ha estado ausente.

Sucede lo mismo con las inversiones en acciones y títulos públicos, opciones con más riesgos que una simple colocación a plazo, pero no imposible para el ahorrista medio. La colocación de los bonos en pesos de YPF fue una muestra de la existencia de ese mercado ávido de alternativas de inversión, sendero que fue relegado por el Gobierno y también por la conducción de la petrolera estatal, que ha expresado en la práctica escaso interés en profundizar esa vía de financiamiento en dólares en la plaza local.

Se sabe que el mercado de acciones y bonos es más volátil que las opciones tradicionales, como el plazo fijo. Esto explicaría la baja participación de pequeños y medianos ahorristas en el recinto bursátil, además de que les resultaría muy complicado operar en ese canal de inversiones. Existe una carencia informativa en la población con capacidad de ahorro por deficiencias de las instituciones bursátiles y del Gobierno para explicar los costos, riesgos y ventajas de la inversión en activos bursátiles o fideicomisos financieros. Como se mencionó, cuando lo hicieron con las ON YPF hubo una muy buena respuesta. Por su parte, los bancos no son muy activos en esa tarea de orientar al universo de ahorristas minoristas porque, si bien cobran una comisión por transacción y mantenimiento de la cuenta comitente, la canalización de fondos hacia la compra de acciones y bonos les restaría fondos provenientes de plazos fijos. Por eso ocultan una posibilidad de inversión que consiste en que los ahorristas pueden comprar vía los bancos comerciales Letras (corto plazo) y Notas (hasta 3 años) del Banco Central, instrumentos financieros licitados todos los martes por la autoridad monetaria. Las tasas devengadas son más elevadas que los plazos fijos, y el monto mínimo es de 1000 pesos. Los bancos no recomiendan ese producto financiero porque compite con la captación de plazos fijos.

La decisión del equipo económico de Axel Kicillof de abrir la posibilidad de comprar con límites dólares para atesorar fue una respuesta a la carencia de opciones de inversión. La suba de la tasa de interés para los plazos fijos definida por la nueva conducción del Banco Central empezó a ocuparse de un aspecto sensible de la vida cotidiana de un sector de la población con capacidad de ahorro. Es un punto de partida para delinear una política más amplia que, acotando el prejuicio sobre el carácter de la especulación financiera, permita empezar a desarmar lentamente la estructura dolarizadora del ahorro y ofrezca un menú variado y atractivo de opciones de inversión.


 

Tasas para ahorristas

Por Alfredo Zaiat

Domingo 28 de septiembre de 2014

El artículo 7 de la Carta Orgánica del Banco Central dispone, entre otras atribuciones del directorio, “fijar las tasas de interés y demás condiciones generales de las operaciones crediticias del banco”. Para espanto de representantes de la ortodoxia, la autoridad monetaria tiene la facultad de determinar el nivel de la tasa de interés de los bancos, ya sea la que retribuye a los ahorristas o la que cobran por los créditos. Sobre esta última, el Central estableció topes para préstamos personales y prendarios al vincularlas con el rendimiento de las letras (Lebac) que emite, instrumento de deuda utilizado para regular la masa monetaria del sistema. De ese modo, en junio, los préstamos personales que promediaban una tasa del 47 por ciento, se redujo al 38,9 por ciento (1,45 veces la tasa de la Lebac) para las entidades de primera línea, al 48,3 por ciento (1,8 veces) para los de segunda línea y al 54 por ciento (hasta 2 veces) para los descuentos de cartera de las entidades no financieras proveedoras de crédito. En este último grupo están incluidas mutuales, cooperativas y agencias de crédito. Existen antecedentes internacionales de fijar tasas para préstamos: Chile define una tasa máxima convencional, que corresponde a la tasa de interés máxima que los oferentes de crédito pueden cobrar en sus operaciones; Colombia considera una tasa usuraria por encima del 50 por ciento de interés corriente; en Uruguay existe una Ley de Tasas de Interés y Usura desde diciembre de 2007, que fija un tope para el costo de los préstamos, que incluye compensaciones, gastos administrativos y comisiones; en Alemania se utiliza una regla implícita que fija un tope del doble de la tasa promedio de depósitos; en Francia regulan las tasas desde 1966; e Italia establece el delito de usura desde el 50 por ciento de interés anual. Si quiere dejar de ser un actor pasivo ante las tensiones del mercado cambiario, el Banco Central tiene la posibilidad de intervenir sobre la tasa de interés que las entidades ofrecen para captar el dinero de ahorristas y grandes inversores.

Pese a la queja de banqueros acerca de que ese tipo de medidas afectaría la rentabilidad, el último informe de Bancos que elabora el BCRA revela que, según el balance consolidado de las entidades, no bajaron sus ganancias por el tope a la tasa de préstamos, sino que las aumentaron en términos globales y también en el rubro “resultado por intereses” que subió de 5063 a 5445 millones de pesos de junio a julio pasados. Esta utilidad es el saldo entre lo cobrado por créditos y lo pagado por depósitos.

En esos meses la evolución del crédito no registró una expansión considerable para explicar ese incremento. Para preservar y hasta incrementar el margen de rentabilidad disminuyeron la tasa de interés a los ahorristas y grandes inversores. Esa menor retribución en un contexto de disputa con los fondos buitre ha contribuido a alimentar las presiones cambiarias. La disminución de esa tasa ha sido un factor más de desestabilización del mercado del dólar en sus diferentes versiones (blue, Bolsa, contado con liqui y ahorro). Si las tasas son bajas y si además la gestión económica no ofrece ni induce a orientar el ahorro a otras opciones rentables, como acciones y bonos (existe un boom bursátil deliberadamente ignorado en los análisis financieros), el callejón conduce a una sola ventanilla de color verde.

En amables negociaciones el Banco Central puede invitar a las entidades a que paguen una tasa de interés más alta o directamente fijarla, como lo ha hecho con las tasas para préstamos. Sería un aporte importante del Banco Central para obturar una de las vías que utilizan las entidades financieras para alimentar la corrida cambiaria.

Los bancos están ofreciendo tasas del 17 al 20 por ciento anual, cuando hace pocos meses el rango era del 22 al 26 por ciento. Con una tasa de inflación anual que se dirige hacia ese umbral mayor e inestabilidad en el mercado cambiario, lo que genera expectativas de devaluación, disminuir la tasa por colocaciones a plazo es una provocación para la compra de dólares. El Banco Central posee las herramientas normativas y el suficiente peso político de disuasión para interrumpir esa estrategia de desestabilización de las entidades.

Obligar o inducir una suba de la tasa de interés pasiva (la que pagan a los ahorristas) no necesariamente debe tener como resultado un aumento de la tasa para créditos. Esto afectaría el ingreso disponible de los acreedores dañando el consumo e inversión. Analistas y economistas estrechamente vinculados a la banca, con amplia repercusión en grandes medios, dicen que es impracticable esa pretensión de determinar la tasa pasiva. Saben defender muy bien las ganancias de los bancos sumergiendo el debate en un mar de confusiones. Esa eventual medida del Banco Central intervendría precisamente en esos extraordinarios márgenes de utilidad.

Es muy sencillo el esquema de negocio de las entidades: toman el dinero de ahorristas pagando 20 por ciento anual, y luego lo prestan al Banco Central, vía Lebac, recibiendo una tasa de hasta el 29 por ciento, o al consumo o por prendas, a una tasa del 40 al 50 por ciento. Esa diferencia del 20 al 29 o al 50 por ciento es el margen que contabilizan los bancos. Es una ganancia del 45 al 150 por ciento por la intermediación del dinero, diferencia que pocas actividades están en condiciones de exhibir.

El Banco Central puede disminuir apenas esas ganancias fabulosas, y de ese modo colaboraría para desalentar el aporte que hacen las entidades para incitar la corrida cambiaria. El argumento previsible que irrumpirá para resistir una iniciativa que impulse un alza de la tasa de interés para los ahorristas sin elevar la tasa activa es que perjudicará la rentabilidad del sector. Es cierto que la disminuiría pero no sería una situación inquietante de acuerdo con los balances que muestran los bancos. El resultado por intereses exhibe un recorrido ascendente sin pausa, y una interrupción en esa tendencia no sería tan relevante teniendo en cuenta que sería parte de una estrategia global para enfrentar una corrida cambiaria y, fundamentalmente, para prevenir una bancaria.

En mayo, las utilidades nominales por los intereses cobrados menos intereses pagados del sistema financiero fue de 4786 millones de pesos (5,4 por ciento del activo neteado), en junio subió a 5063 millones de pesos (5,5) y en julio siguió creciendo hasta los 5445 millones de pesos (5,9). En los siete meses del año, ese rubro acumula 35.331 millones de pesos, 7487 millones más que en igual período de 2013. En los últimos doce meses (julio 2013-julio 2014), último dato del Informe sobre Bancos, la utilidad nominal acumulada ascendió a 57.822 millones de pesos (5,8 por ciento del activo neteado).

Es un revelador ejercicio observar la evolución del resultado por intereses en porcentaje del activo neteado para tranquilizar a los voceros de la banca preocupados por la rentabilidad de la banca:

2008 3,1%
2009 4,3%
2010 4,3%
2011 4,6%
2012 5,7%
2013 5,9%

Las entidades están en camino de repetir en este año el último muy bueno de ganancias por intereses, que marcó un pico máximo. Otra información relevante que proporciona el Informe de Bancos en el anexo estadístico es el diferente comportamiento de la banca según el origen de la propiedad. La de capitales extranjeros acumuló en los últimos doce meses (a julio) 22.883 millones de pesos, el 8,2 por ciento del activo neteado; la de capitales nacionales contabilizó 18.623 millones de pesos (6,7); y los bancos públicos, 14.064 millones de pesos (3,3). Estas cifras muestran el importante espacio que existe para el Banco Central para intervenir sobre la tasa de interés a los ahorristas que paga la banca privada.

El desafío para el equipo económico es neutralizar movimientos especulativos e implementar una estrategia para manejar la masa de dinero en circulación, el dólar y las tasas. Ese objetivo requiere de una activa intervención del Banco Central. La Carta Orgánica brinda herramientas para actuar sobre una dinámica financiera perturbadora de la estabilidad y el crecimiento de la economía. Puede hacerlo regulando las tasas de interés, como lo ha hecho con la de préstamos, pero también tiene la posibilidad de hacerlo con la que reciben los ahorristas. Puede implementarlo a través de normas monetarias y contables o puede invitar a los bancos a subirlas voluntariamente. Esta última instancia estaría facilitada porque las autoridades del Central son bien consideradas por la banca de acuerdo a las crónicas publicadas en la mayoría de los medios.


 

La posición de EEUU

por Alfredo Zaiat

Sábado 5 de julio de 2014

El caso de los fondos buitre contra Argentina expone las limitaciones de los gobiernos centrales para regular las finanzas globales, con Estados Unidos como protagonista principal. Cuando estalló la crisis internacional en 2008 se realizó la primera cumbre de presidentes del G-20, con las potencias desesperadas por el riesgo de una debacle global. El diagnóstico en ése y el siguiente encuentro fue que existía un problema sistémico y la manera de solucionarlo era a través de la creación de mecanismos de coordinación y de regulación para frenar el descontrol de los mercados financieros globales. Así quedó expresado en los respectivos documentos finales, críticos de la forma en que estaba funcionando el sistema mencionando especialmente el accionar de las calificadoras de riesgo. En la última cumbre presidencial se incluyó también una observación al despliegue de las guaridas (paraísos) fiscales. Hubo una promesa de impulsar reformas en los mercados financieros. Poco y nada se avanzó en ese sentido. Pese a la estruendosa crisis internacional que transita su séptimo año, precipitada por la existencia de un mercado globalizado y desregulado, cualquier intento de cambio para mejorar y aumentar la supervisión del sistema fue neutralizado. Estados Unidos ha estado acompañando la retórica reformista aunque moderando el contenido y a la vez frenando los intentos de una mayor regulación. El mismo recorrido se detecta frente al accionar de los fondos buitre, cuestionado por organismos políticos y financieros internacionales e incluso por gobiernos de países centrales. Estados Unidos reitera en ese tema su comportamiento ambiguo en el G-20, que en los hechos termina avalando el vuelo de los buitres.

En la administración Obama existen diferencias en la lectura sobre los buitres entre funcionarios del Departamento del Tesoro y del Estado. La pelea entre demócratas y republicanos en el Congreso suma ingredientes a la tensión que provoca ese tipo de fondos. Pero en la práctica, ya sea por limitaciones políticas, acorralado por la derecha republicana, o ideológicas, por el endiosamiento de las reglas de funcionamiento del mercado financiero, el gobierno de Estados Unidos no se animó a ejercer una posición firme frente a fondos de inversión especializados en litigar por deudas soberanas colapsadas.

En el documento final de los jóvenes del G-20, reunidos en la última cumbre presidencial realizada en San Petersburgo, Rusia, en septiembre del año pasado, se instaba a sus líderes políticos a incluir el tema de los fondos buitre. Propusieron condenarlos por ser un potencial peligro para futuras reestructuraciones de deudas. Estados Unidos vetó esa parte de la declaración.

En el Fondo Monetario Internacional existe mucha preocupación por el riesgo sistémico del fallo a favor de los buitres, inquietud expresada en declaraciones de su titular, Christine Lagarde, como también en documentos técnicos del organismo. El interés manifestado por el Fondo no es por simpatía hacia la Argentina, sino por las consecuencias negativas que prevé para futuras reestructuraciones de deuda. En ese organismo multilateral Estados Unidos ejerce un poder categórico en materia política. Pese a las prevenciones de sus autoridades y economistas, el gobierno de Obama le indicó al FMI que no se presente como amicus curiae ante la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos para respaldar la posición argentina.

Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación en Economía y Política en Washington, escribió en Página/12, el martes pasado, que “al contrario de Francia, Brasil, México y el economista y premio Nobel Joseph Stiglitz, el gobierno estadounidense no presentó un escrito en calidad de amicus curiae ante la Corte Suprema, a pesar de haberlo hecho en el caso de apelación. Y aquí está el gran misterio, tampoco lo hizo el FMI, incluso cuando en ocasiones anteriores había expresado públicamente su preocupación por el impacto de esa decisión”. Estados Unidos bloqueó la posición del Fondo contra los buitres.

La convocatoria del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos (OEA) a una reunión urgente de consulta de cancilleres, que se desarrolló anteayer, fue aprobada por aclamación, para evitar la votación que hubiera tenido la abstención de Estados Unidos. La delegada de la administración Obama en la OEA, Margarita Riva-Geoghegan, señaló que el caso tramitado en tribunales de su país “es independiente del gobierno de Estados Unidos”, y que el encuentro de cancilleres no debería evaluarse como un acto de “interferencia” sobre decisiones del Poder Judicial de su país. La declaración final tuvo también la abstención de Estados Unidos.

Santiago O’Donnell, autor de dos libros sobre los Wikileaks de la Embajada de Estados Unidos en el país y jefe de la sección Internacionales de este diario, facilitó al autor de esta columna los cables correspondientes al debate abierto entre los miembros del Club de París, en el cual queda expuesta en ese ámbito la posición de Estados Unidos sobre los fondos buitre. O’Donnell explica que, según cables diplomáticos originados por la embajada estadounidense en París publicados por Wikileaks, entre el 2006 y principios del 2010 los representantes de distintos países presentaron diferentes propuestas e iniciativas para regular o limitar la capacidad de los fondos buitre. Pero en todos los casos las iniciativas quedaron truncas o a mitad de camino, ya que los representantes, al evaluar los costos y beneficios, una y otra vez concluyeron con respecto a este tema que lo que más convenía era no hacer nada. El representante de Estados Unidos en el Club de París afirmó en más de una ocasión que lo mejor era mantener el statu quo.

En esos cables diplomáticos, a los fondos buitre se los denomina “acreedores litigiosos”. Como antecedente para entender el bloqueo estadounidense al FMI para ser amicus curiae, el delegado de Estados Unidos en el Club de París afirmó que de poco o nada serviría que los países integrantes de ese grupo de acreedores soberanos se presentaran en la Corte Suprema de su país con ese tipo de escritos a favor de países deudores querellados por los fondos buitre.

Hubo discusiones internas en el Club de París sobre qué decir ante el accionar de los buitres, pero no por el sobrevuelo sobre Argentina, sino sobre los ataques a los denominados países pobres muy endeudados (africanos) seleccionados para una reducción de deuda con esa entidad. Se menciona el caso del fondo buitre Donegal, registrado en las Islas Vírgenes Británicas, propiedad del financista estadounidense Michael Sheehan, contra la República de Zambia, uno de los países más pobres del mundo. Ese fondo había comprado una deuda por 3,2 millones de dólares y reclamó 55 millones en tribunales británicos. Finalmente, en 2007, cobró 15,7 millones, casi 500 por ciento de ganancia, luego de que el juez inglés Andrew Smith ordenara congelar los activos de Zambia en el Reino Unido. Frente a este caso, casi todos los países del Club de París propusieron advertir sobre la “amenaza” buitre, pero Estados Unidos se opuso y el comunicado final fue bien lavado al hablar de “acreedores que no están dispuestos a reestructurar sus acreencias”.

Gran Bretaña planteó en ese ámbito, en 2009, que en su gobierno había comenzado un debate interno sobre un proyecto de ley en contra de fondos buitre. Francia se mostró interesado en la propuesta y consultó a Estados Unidos para definir una acción legal coordinada. El representante estadounidense contestó que avanzar en ese sentido traería problemas legales y políticos significativos, cerrando la discusión.

Los cables de Wikileaks del debate en el Club de París sobre los buitres reflejan que en esos países desarrollados predomina la idea de que el accionar de esos fondos es un tema complejo, que tienen herramientas limitadas para controlarlos y que, en última instancia, litigar y vender deuda en mercados de deuda forma parte del funcionamiento del sistema financiero internacional. Esto se traduce en manifestaciones de preocupación y en pronunciamientos sobre eventuales riesgos sistémicos, pero en los hechos no se hace nada para frenar a los buitres.

Weisbrot señala que la posición de Estados Unidos, en especial la que definió la abstención del FMI como amicus curiae, “puede ser la razón por la cual la Corte Suprema no haya invitado al procurador general de Estados Unidos a que presentara un escrito y finalmente haya decidido no escuchar el caso”. Si es así, la administración Obama, al igual que tribunales estadounidenses, es responsable de las consecuencias de un fallo que concentra el rechazo de países y organismos internacionales.

Esta posición de Estados Unidos permite realizar una mejor lectura de la presentación argentina desplegada el jueves último en la OEA reclamando que “la comunidad internacional actúe” ante el fallo de Griesa a favor de los buitres.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 


 

Campeones mundiales

Por Tomás Lukin

Domingo 16 de junio de 2014

En los últimos años, los bancos multiplicaron sus ganancias como ningún otro sector, con cifras extraordinarias en este trimestre y márgenes mayores que en EE.UU., Europa y América latina.

Las ganancias del sector financiero pasaron de 4757 millones de pesos en 2008 a 29.143 millones de pesos en 2013. El primer trimestre, contractivo para la mayoría de las actividades productivas, arrojó una ganancia extraordinaria de 16 mil millones de pesos para la banca local, más de la mitad del resultado acumulado durante todo el año pasado. La mayor parte de esa mejora patrimonial se explica como resultado de la devaluación de enero. Las entidades financieras acumularon importantes sumas de dólares y activos dolarizados –una actividad no tradicional del sector– desde fines del año pasado especulando con la modificación de la paridad cambiaria que finalmente se concretó. Otro elemento relevante que explica las abultadas ganancias del primer trimestre fue la suba de las tasas de interés que los bancos aplicaron para créditos al consumo y prendarios a partir de febrero. Esa decisión afectó sensiblemente a los niveles de consumo y producción, como sucedió en la venta de motos y autos. Con ese diagnóstico, y para evitar un impacto mayor sobre la actividad económica, el Ministerio de Economía y el Banco Central establecieron la semana pasada un techo para las tasas de interés que cobran los bancos a los créditos personales y prendarios.

Antes del salto cambiario, las tenencias en moneda extranjera alcanzaban al 66 por ciento del capital en todo el sistema, mientras que la posición en dólares de entidades como el Deutsche ascendía hasta el 456 por ciento de su capital, la de Finansur trepaba a 245 por ciento y en el caso del Banco Industrial llegaba a 239 por ciento (incluyendo sus compras de dólares “a futuro”, es decir, endeudándose en pesos para especular con la suba de la divisa). Otros, como el JP Morgan Chase se ubicaban en el 224 por ciento, mientras que BNP Paribas llegó a 213 por ciento. Para Comafi e Interfinanzas, el indicador ascendió a 199 y 193 por ciento respectivamente. La ganancia cambiaria de los bancos a principios de año fue generalizada: en un mes la banca logró un beneficio contable de 10 mil millones de pesos, un tercio del resultado contabilizado en todo 2013. Pero la mejora patrimonial fue aprovechada con más intensidad por esas siete entidades financieras.

Junto con la inducción de una suba en los tipos de cambio ilegales, el dólar blue y el contado con liquidación, la acumulación de activos dolarizados constituyó uno de los eslabones de lo que se denominó en los despachos oficiales como “la nueva bicicleta financiera de los bancos”. A comienzos de febrero el Banco Central obligó a los bancos a desdolarizar la cartera y dispuso que la Posición Global Neta positiva de moneda extranjera de las entidades no pueda superar al 30 por ciento de su Responsabilidad Patrimonial Computable.

A lo largo de los últimos cinco años, la rentabilidad del sistema bancario, medida en relación con sus activos, se triplicó. El resultado obtenido por esta actividad está por encima del de cualquier otro sector de la economía nacional. Pero la magnitud de sus márgenes excede las fronteras. Un documento interno del equipo económico evidencia que la rentabilidad de la banca local supera la exhibida en los sistemas bancarios asiáticos, europeos, latinoamericanos y norteamericanos.

En los primeros meses del año se registró un aumento de tasas inducido por el Banco Central para garantizar la sustentabilidad del precio del dólar luego de la devaluación. En respuesta, los bancos subieron la tasa de interés para atraer ahorristas en pesos, pero lo hicieron más que proporcionalmente para créditos al consumo, prendarios y en descuento de documentos. A este accionar de los bancos, que encareció fuertemente la financiación para compras de bienes durables, se le atribuye en los despachos oficiales una buena proporción de la responsabilidad por la caída en las ventas de automóviles y motos en lo que va del año.

La regulación de la actividad financiera y, en general, la remoción de las normas impuestas en 1977 con la Ley de Entidades Financieras de la dictadura es un debate abierto. Estas medidas ofrecen un instrumento adicional a los ya vigentes. Desde la Red de Economía Política de Rosario, un equipo de investigadores que conforman Diego Kofman, Lavih Abraham, Marco Kofman, Natalia Barreda y Sergio Arelovich, afirman que “la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, acompañada de numerosas normas emitidas por la entidad, fue cerrando ciertas porosidades generadas por la reforma de 1977. Sin embargo, el peso adquirido por el sector, su rol en el proceso de acumulación del capital y la relevancia en la construcción de precios sensibles en la economía argentina tornan impostergable su abordaje”.


 

Tasas de interés

Por Alfredo Zaiat

Sábado 31 de mayo de 2014

El balance consolidado de entidades financieras publicado en el último Informe sobre Bancos del BCRA a febrero de este año ofrece información relevante sobre el impacto de la suba de la tasa de interés. El resultado por intereses (el saldo entre lo cobrado por créditos y lo pagado por depósitos) fue del 6,1 por ciento del activo neteado del sistema en el primer bimestre del año. Es el porcentaje más elevado desde la serie presentada en el anexo del reporte. En 2004 fue de 0,9 por ciento subiendo en cada año siguiente, describiendo un salto a 3,1 por ciento en 2008 y hasta el 5,8 por ciento en 2013. En términos nominales, en ese rubro los bancos ganaron 10.503 millones de pesos en los dos primeros meses del año, frente a los 7537 millones de igual período de 2013. Ese monto representa el saldo entre la tasa que retribuyeron por el dinero de los ahorristas y la que cobraron por prestar esos fondos a consumidores o empresas. Esa mayor utilidad embolsada por tasas más altas ha tenido un efecto negativo sobre la economía.

Los bancos privados (nacionales y extranjeros) contabilizaron un resultado por margen por intereses que casi duplicó a la banca pública en febrero: 7,5 versus 3,9 por ciento sobre el activo neteado. Entre los privados, los extranjeros anotaron 8,1 por ciento, mientras que los nacionales, 6,9.

La información corresponde hasta febrero, cuando después de la devaluación la suba de la tasa de interés empezó a actuar con la máxima potencia para enfrentar las presiones especulativas en el mercado cambiario. Se puede estimar que en el balance global en los tres meses siguientes, con tasas que se mantuvieron en niveles elevados, los bancos continuaron con esos importantes márgenes por intereses. Este comportamiento implica ganancias crecientes para las entidades por intermediación financiera y caída de la actividad económica por reducción del financiamiento al consumo (personales, tarjeta de crédito) y al capital de trabajo de las empresas vía adelanto en cuenta corriente o descuento de documentos (cheques y facturas).

La autoridad monetaria subió fuerte la tasa para, junto con la devaluación de fines de enero, frenar el ataque especulativo sobre las reservas. El equipo económico logró de ese modo el objetivo y comenzó una lenta recuperación de reservas. El Central elevó la tasa hasta casi el 30 por ciento anual en las Letras y Notas que suscriben los bancos, colocaciones que actúan también como regulador de la masa monetaria. Las entidades subieron entonces la tasa de interés para seducir a ahorristas en pesos, pero lo hicieron más que proporcionalmente para créditos al consumo y en descuento de documentos. Esta última vía es utilizada por pequeñas y medianas empresas para financiar el capital de trabajo, es decir el giro cotidiano de sus negocios. El alza de esta tasa es todavía más pronunciada en el circuito informal, donde operan además del segmento comercial no bancarizado, pymes que tienen un tope de financiamiento en el banco.

El informe sobre bancos da cuenta de esa situación al mencionar que en febrero “se incrementaron las tasas de interés operadas en moneda nacional para préstamos comerciales y para líneas de consumo, en tanto que las tasas para las líneas con garantía real (hipotecarias y prendarias) se contrajeron levemente”. Señala que “con respecto a enero pasado y comparación con febrero de 2013, todos los grupos de bancos evidenciaron un incremento en los spreads (diferencia entre la tasa activa –préstamos– y la pasiva –depósitos–) de las operaciones en pesos”. El diagnóstico de cómo funciona el mercado de la tasa de interés está detallado en el Informe sobre Bancos elaborado por técnicos de la autoridad monetaria. La nueva Carta Orgánica del Banco Central, modificación que fue un avance significativo frente a la ortodoxia económica y el lobby bancario, brinda herramientas para intervenir en esa dinámica financiera perturbadora de la estabilidad y el crecimiento de la economía. Puede hacerlo controlando y regulando las tasas de interés a través de normas monetarias y contables o puede invitar a los bancos a reducirlas voluntariamente, dado que existen experiencias pasadas de ese tipo de acuerdo de buena convivencia. No necesariamente el Central debe reducir las tasas de las Letras o los bancos la de los depósitos a plazo, sino que el objetivo es bajar las tasas abusivas que afectan el consumo y el giro de negocios de la producción. Esas tasas están reportando ganancias extraordinarias a la banca. La reducción de la tasa de interés no debería estar condicionada a la evolución de los precios (la ortodoxa política de metas de inflación), sino al objetivo de recuperar el dinamismo de la economía, puesto que la retribución financiera esperada del dinero en pesos está vinculada con la expectativa de devaluación más que con la inflación.

El sistema financiero ha contabilizado una ganancia espectacular por la devaluación de fin de enero (9738 millones de pesos), con apenas una leve pérdida (526 millones de pesos) provocada por la posterior obligación del Banco Central de desdolarizar la cartera de las entidades. También han empezado a sumar utilidades con la suba de la tasa de interés como se mencionó, incluyendo en ese rubro el alza de la tasa de las Letras y Notas del BC, stock de activos que aumentó 42,9 por ciento en el primer bimestre del año, al pasar de 89.641 millones de pesos (diciembre 2013) a 128.128 millones de pesos (febrero 2014). Con normas facilitadas por la Carta Orgánica para fijar la magnitud del spread o con diálogo con los banqueros recordándoles sus abultadas y recientes utilidades contabilizadas, la conducción del Central, autoridades bien consideradas por el establishment y el sistema financiero, tiene la posibilidad de inducir a un descenso de las tasas de interés.

Esa eventualidad es resistida por la banca. La reducción de un punto en la tasa de las Letras del Central no provocó movimientos especulativos en el mercado, pero cuando reiteró en el mismo mes esa baja la reacción fue un alza de la cotización del dólar blue. Ante un incipiente descenso de tasas de interés impulsado por el Banco Central reaparecieron presiones especulativas en un mercado marginal para reinstalar expectativas de devaluación. La estrategia es conocida porque ya fue desplegada: marcar precios altos del dólar en el mercado negro, ampliando la brecha con la cotización oficial, generando un escenario de devaluación futura que hace retener la liquidación de dólares por parte de los exportadores y adelantar pagos de los importadores, además de inducir a la dolarización de excedentes en pesos.

Si antes con un estricto régimen de control de acceso a la moneda extranjera y tasas bajas, la ampliación de la brecha cambiaria era la vía de presión sobre la política económica; ahora, con un leve relajamiento del sistema cambiario (autorización con límites para la compra de dólares para trabajadores, para viajar al exterior y para la remisión de utilidades), la amenaza especulativa se manifiesta con la resistencia a operar con tasas de interés en descenso. En uno y en otro escenario, con el mercado financiero y cambiario como protagonista, se afecta negativamente el nivel de actividad económica.

El desafío para el equipo económico es neutralizar esos movimientos especulativos, empezando para alterar el comportamiento procíclico del sistema financiero de operar con tasas de interés altas con estancamiento o caída de la producción según los sectores. Analistas y economistas amantes del ajuste ortodoxo están proponiendo el ajuste fiscal para salir de ese círculo vicioso que, como se sabe, sólo profundizaría la caída de la actividad. Además del componente ideológico, esa propuesta tiene un transparente objetivo político de deteriorar el recorrido económico con vistas a las elecciones presidenciales del año próximo. Para enfrentar esas fuerzas especulativas con el dólar y las tasas se requiere fortalecer la capacidad de intervención del Banco Central, mediante la aplicación de normativas a disposición y también aumentando el stock de reservas. De esa manera el equipo económico puede avanzar en reducir las tasas de interés con espaldas financieras para neutralizar las presiones especulativas por otra vuelta de devaluación.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Riqueza y desigualdad

25-05-14. Con Capital en el siglo XXI, el francés Thomas Piketty se convirtió en el nuevo gurú mundial. Su obra, considerada en Estados Unidos y Europa como uno de los mejores libros de la década, sostiene que la crisis es producto del “capitalismo patrimonial”, que se evidencia cuando la tasa de acumulación crece más rápido que la economía. Propone un impuesto a la riqueza. Adelanto del ensayo que aún no se publicó en la Argentina.

Por Thomas Piketty

La distribución de la riqueza es uno de los temas más discutidos y controvertidos de la actualidad. Pero, ¿qué es lo que realmente sabemos acerca de su evolución en el largo plazo? ¿Es la dinámica de la acumulación de capital la que conduce inevitablemente a la concentración de la riqueza en cada vez menos manos, como Karl Marx creía en el siglo XIX? ¿O es que las fuerzas del equilibrio de crecimiento, la competencia y el progreso tecnológico en las etapas posteriores del desarrollo contribuyen a la reducción de la desigualdad y una mayor armonía entre las clases, como Simon Kuznets pensaba en el siglo XX? ¿Qué sabemos realmente acerca de cómo la riqueza y los ingresos han evolucionado desde el siglo XVIII, y qué lecciones podemos obtener de ese conocimiento para el siglo en curso?

Estas son las preguntas que intentará responder este libro. Permítanme decir a la vez que las respuestas contenidas en el presente documento son imperfectas e incompletas. Pero se basan en la gran cantidad de datos históricos y comparativos que no estaban disponibles para los investigadores anteriores; los datos abarcan tres siglos y más de una veintena de países, así como un nuevo marco teórico que permite una mejor comprensión de los mecanismos subyacentes. El crecimiento económico moderno y la difusión del conocimiento han permitido evitar el apocalipsis marxista, pero no han modificado las estructuras profundas del capital y la desigualdad, o en todo caso no tanto como uno podría haber imaginado en las optimistas décadas siguientes a la Segunda Guerra Mundial. Cuando la tasa de rendimiento del capital supera la tasa de crecimiento de la producción y los ingresos, como lo hizo en el siglo XIX y parece muy probable que lo haga de nuevo en el siglo XXI, el capitalismo genera automáticamente las desigualdades arbitrarias e insostenibles que socavan radicalmente los valores meritocráticos en que se basan las sociedades democráticas. No obstante, hay maneras democráticas para recuperar el control sobre el capitalismo y garantizar que el interés general prevalezca sobre el interés privado, preservando al mismo tiempo la apertura económica y evitando reacciones proteccionistas y nacionalistas. (...)

¿Un debate sin datos?

El debate intelectual y político sobre la distribución de la riqueza siempre se ha mantenido sobre la base de una gran cantidad de prejuicios y una escasez de datos. (...)

Sin embargo, la cuestión de la distribución de la riqueza también merece ser estudiada de manera sistemática y metódica. Algunas personas creen que la desigualdad es siempre creciente y que el mundo es, por definición, siempre cada vez más injusto. Otros creen que la desigualdad está disminuyendo de forma natural, o que la armonía viene de forma automática, y que en cualquier caso no debe hacerse nada que pudiera correr el riesgo de molestar este feliz equilibrio. Ante este diálogo de sordos, en el que cada campo justifica su propia pereza intelectual señalando la pereza de la otra, hay un papel para la investigación que es, al menos, sistemática y metódica, si no totalmente científica. Los análisis de expertos nunca pondrán fin al conflicto político violento que la desigualdad instiga inevitablemente. La investigación científica social es y será siempre provisional e imperfecta. No pretende transformar la economía, la sociología ni la historia en las ciencias exactas. Pero con paciencia en la búsqueda de hechos y patrones y analizando con calma los mecanismos económicos, sociales y políticos que podrían ser explicados, puede contribuir al debate democrático y centrar la atención en las preguntas correctas. Puede ayudar a redefinir los términos de la discusión, desenmascarar ciertas nociones preconcebidas o fraudulentas, y someter todas las posiciones a un constante escrutinio crítico. En mi opinión, éste es el papel que los intelectuales, incluidos los científicos sociales, deben desempeñar, como cualquier ciudadano, pero con la suerte de tener más tiempo que otros para dedicarse a estudiar (e incluso a cobrar por ello: una señal de privilegio).

Es claro, sin embargo, que la investigación en ciencias sociales sobre la distribución de la riqueza partió durante mucho tiempo de la base de un conjunto relativamente limitado de hechos firmemente establecidos, junto con una amplia variedad de especulaciones puramente teóricas. (...)

Malthus, Young y la Revolución Francesa.

Para Thomas Malthus, quien en 1798 publicó su Ensayo sobre el principio de la población, no podía haber duda alguna: la principal amenaza era la superpoblación. Aunque sus fuentes eran simples, hizo lo mejor que pudo con ellas. Una influencia particularmente importante fue el diario de viaje publicado por Arthur Young, un agrónomo inglés que viajó extensamente en Francia, de Calais a los Pirineos y desde Bretaña hasta Franche-Comté, en 1787-1788, en vísperas de la Revolución. Young describió la pobreza de la campiña francesa. (...)

Cuando el reverendo Malthus publicó su famoso Ensayo en 1798, llegó a conclusiones aún más radicales que Young. Al igual que su compatriota, él tenía mucho miedo de las nuevas ideas políticas que emanaban de Francia, y para tranquilizarse a sí mismo de que no habría ninguna conmoción comparable en Gran Bretaña sostuvo que toda la asistencia social a los pobres debía ser detenida de inmediato y que la reproducción de los pobres debía ser reducida severamente para que el mundo no sucumbiera a la sobrepoblación que conducía al caos y la miseria. Es imposible entender las predicciones exageradamente sombrías de Malthus sin reconocer el camino del miedo que se apoderó de gran parte de la élite europea en la década de 1790.

Ricardo: el principio de la escasez

En retrospectiva, es obviamente fácil burlarse de estas profecías de fatalidad. Es importante tener en cuenta, sin embargo, que las transformaciones económicas y sociales de finales del siglo XVIII y principios del XIX eran objetivamente impresionantes, por no decir traumáticas, para los que fueron testigos de ellas. De hecho, la mayoría de los observadores tenían opiniones relativamente oscuras o incluso apocalípticas de la evolución a largo plazo de la distribución de la riqueza y la estructura de clases de la sociedad. Este fue el caso, en particular, de David Ricardo y Karl Marx, que eran sin duda los dos economistas más influyentes del siglo XIX y que creían que un grupo pequeño –propietarios sociales para Ricardo y capitalistas industriales para Marx– iba a reclamar una parte cada vez mayor de la producción y la riqueza.

Para Ricardo, que publicó sus Principios de economía política y tributación en 1817, la principal preocupación era la evolución a largo plazo de los precios y la renta de la tierra. Al igual que Malthus, no tenía prácticamente ninguna estadística genuina a su disposición. Ricardo, sin embargo, tenía un conocimiento íntimo del capitalismo de su época. Nacido en una familia de financieros judíos con raíces portuguesas, también parece haber tenido menos prejuicios políticos que Malthus, Young o Smith. Fue influenciado por el modelo de Malthus, pero empujó el argumento más lejos. Ricardo estaba por encima de todos los interesados en la siguiente paradoja lógica. Una vez que la población y la producción comienzan a crecer de manera constante, la tierra tiende a ser cada vez más escasa en relación con otros bienes. La ley de la oferta y la demanda implica entonces que el precio de la tierra se elevará de forma continua, como también las rentas pagadas a los propietarios. Por tanto, los propietarios reclamarán una parte creciente de la renta nacional, ya que la parte disponible para el resto de la población disminuye, alterando así el equilibrio social. Para Ricardo, la respuesta sólo lógica y políticamente aceptable era imponer un impuesto cada vez mayor en la renta de la tierra.

Esta predicción sombría se equivocó: la renta de la tierra permaneció alta durante un período prolongado, pero al final el valor de la tierra agrícola inexorablemente disminuyó en relación con otras formas de riqueza, como la participación de la agricultura en el ingreso nacional. Escribiendo en la década de 1810, Ricardo no tenía manera de anticipar la importancia del progreso tecnológico o el crecimiento industrial en los próximos años. (...)

Marx : el principio de la acumulación  infinita

En el momento en que Marx publicó el primer volumen de El capital en 1867, exactamente un siglo y medio después de la publicación de los Principios de Ricardo, las realidades económicas y sociales habían cambiado profundamente: la cuestión ya no era si los agricultores podían alimentar a una población en crecimiento o el precio del suelo se elevaría a las nubes, sino más bien la manera de entender la dinámica del capitalismo industrial, entonces en plena explosión.

El hecho más sorprendente fue la miseria del proletariado industrial. A pesar del crecimiento de la economía, o tal vez en parte a causa de ello, y porque, además del gran éxodo rural, debido tanto al crecimiento de la población y al aumento de la productividad agrícola, los trabajadores se encontraban hacinados en tugurios urbanos. La jornada de trabajo era larga, y los salarios eran muy bajos. Una nueva miseria urbana surgió, más visible, más impactante, y en algunos aspectos incluso más extrema que la miseria rural del Antiguo Régimen. Germinal, Oliver Twist y Les misérables no surgieron de la imaginación de sus autores, como tampoco lo hicieron las leyes que limitaron el trabajo infantil en las fábricas a los niños mayores de 8 años (en Francia en 1841) o de 10 en las minas (en Gran Bretaña en 1842). El trabajo del doctor Villermé Cuadro del estado físico y moral de los obreros, publicado en Francia en 1840 (que conduce a la aprobación de una nueva ley de trabajo infantil, tímida en 1841) describe la misma realidad sórdida de La condición del trabajo de clase en Inglaterra, que Friedrich Engels publicó en 1845. (…)

Al igual que Ricardo, Marx basó su trabajo en el análisis de las contradicciones lógicas internas del sistema capitalista. Por lo tanto, trató de distinguirse de ambos economistas burgueses (que veían el mercado como un sistema autorregulado, es decir, un sistema capaz de lograr el equilibrio por sí solo sin desviaciones importantes, según la imagen de “la mano invisible” de Adam Smith) y de los socialistas utópicos, que en opinión de Marx denunciaban la miseria de la clase obrera sin proponer un análisis verdaderamente científico de los procesos económicos responsables de la misma.

En resumen, Marx tomó el modelo ricardiano del precio del capital y el principio de la escasez como la base de un análisis más profundo de la dinámica del capitalismo en un mundo donde el capital era principalmente industrial (maquinaria, instalaciones, etc.) en lugar de propiedad de la tierra, de modo que, en principio, no había límite a la cantidad de capital que podría ser acumulado. De hecho, su principal conclusión fue lo que podríamos llamar el “principio de la acumulación infinita”, es decir, la tendencia inexorable del capital para acumular y concentrar en cada vez menos manos, sin límite natural para el proceso. Esta es la base de la predicción de Marx de un fin apocalíptico del capitalismo: o bien la tasa de rendimiento del capital disminuiría de manera constante (matando con ello el motor de la acumulación que conduce a un conflicto violento entre los capitalistas) o la parte del capital de la renta nacional aumentaría indefinidamente (que tarde o temprano sería unir a los trabajadores en la rebelión). En cualquier caso, no hay equilibrio socioeconómico ni sistema político estable. (…)

Poniendo la distribución en el corazón del análisis económico

La pregunta es importante, y no sólo por razones históricas. Desde la década de 1970, la desigualdad de ingresos ha aumentado significativamente en los países ricos, especialmente Estados Unidos, donde la concentración del ingreso en la primera década del siglo XXI de hecho superó ligeramente el nivel alcanzado en la segunda década del siglo anterior. Por lo tanto, es crucial entender claramente por qué y cómo la desigualdad se redujo en el ínterin. Sin duda, el rápido crecimiento de los países pobres y emergentes, en especial China, bien podría llegar a ser una fuerza poderosa para la reducción de las desigualdades a nivel mundial, así como el crecimiento de los países ricos hizo durante el período 1945-1975. Pero este proceso ha generado profunda ansiedad en los países emergentes y una ansiedad aún más profunda en los países ricos.

Por otra parte, los desequilibrios impresionantes observados en las últimas décadas en el aceite y en los bienes raíces, naturalmente han despertado dudas en los mercados financieros acerca de la inevitabilidad de la “senda de crecimiento equilibrado”, descripta por Solow y Kuznets, según la cual se supone que todas las variables económicas clave se mueven al mismo ritmo. ¿El mundo en 2050 o 2100 será propiedad de los comerciantes, los altos directivos y los súper ricos, o va a pertenecer a los países productores de petróleo o el Banco de China? ¿O tal vez será propiedad de los paraísos fiscales en los que muchos de estos actores han buscado refugio? Sería absurdo no plantear la cuestión de quién será el dueño de qué y simplemente asumir desde el principio que el crecimiento es, naturalmente, “equilibrado” en el largo plazo.

En cierto modo, al comienzo del siglo XXI estamos en la misma posición en que nuestros antepasados estaban a principios del siglo XIX: estamos asistiendo a cambios impresionantes en las economías de todo el mundo, y es muy difícil saber qué tan extensa será la distribución global de la riqueza, tanto dentro de los países como entre ellos. Los economistas del siglo XIX merecen inmenso crédito por colocar la cuestión distributiva en el centro del análisis económico y por tratar de estudiar las tendencias a largo plazo. Sus respuestas no siempre fueron satisfactorias, pero al menos estaban haciendo las preguntas correctas. No hay ninguna razón fundamental por la que debamos creer que el crecimiento es automáticamente equilibrado. Hace mucho que pasó el tiempo en que deberíamos haber puesto el tema de la desigualdad de vuelta en el centro del análisis económico y comenzado a hacer preguntas planteadas por primera vez en el siglo XIX. Durante demasiado tiempo, los economistas han dejado de lado la distribución de la riqueza, en parte debido a conclusiones optimistas de Kuznets y en parte por el entusiasmo indebido de la profesión para los modelos matemáticos simplistas. Si la cuestión de la desigualdad llega de nuevo para convertirse en el centro del análisis, tenemos que empezar por reunir un conjunto de datos históricos con el fin de comprender el pasado y las tendencias actuales. Porque es mediante el establecimiento de los hechos que podemos comparar países diferentes, y podemos aspirar a identificar los mecanismos en el trabajo y obtener una idea más clara del futuro.


 

Con pala

Por Alfredo Zaiat

Domingo 18 de mayo de 2014

El Instituto Argentino de Mercado de Capitales estudió los balances anuales 2013 de empresas que cotizan en la Bolsa. Analizó los de 89 firmas que abarcan a todos los sectores relevantes de la economía.  El resultado neto consolidado de esas compañías líderes fue de un incremento del 80 por ciento respecto de 2012. Variación por encima de cualquier índice de precios, lo que significa que el saldo final hubiera sido igual muy positivo con el “ajuste por inflación” que reclaman las corporaciones empresarias. En un año con un crecimiento de la economía por debajo del promedio de los últimos diez años, y en un estado de tensión permanente en el frente cambiario y externo, más empresas ganaron más y menos perdieron menos.

El rosario de lamentos que cotidianamente siembra el establishment, con analistas que saben amplificarlos con exaltada fe, colisiona con cifras de signo positivo de lo que debiera ser lo más importante: el resultado de sus balances económicos. Además de una mayor o menor eficiencia en la gestión de la compañía, el saldo que aparece en el último renglón del ejercicio contable exhibe cuál ha sido el impacto en la actividad de una determinada política económica. Voceros del mundo empresario y hombres de negocios dedicados a la comercialización de información económica participan en el turno mañana, tarde y noche de los medios con la misión de convocar fantasmas y alentar temores. Para quien quiera saber qué está pasando en la economía y, en particular, en el capítulo de la rentabilidad empresaria, los balances anuales ofrecen valiosa información más cercana a la realidad que al juego de intereses económicos y políticos desplegado en el espacio público.

La investigación del IAMC, dependencia vinculada con la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, es tan demostrativa como sorprendente, teniendo en cuenta el estado de ánimo que manifiesta el establishment: las ganancias de esas compañías crecieron 48,5 por ciento en 2013 respecto del año anterior (ver cuadros). En ese grupo de 89 empresas cotizantes están incluidas Siderar (Techint), YPF, los bancos Macro, Francés, Galicia, Patagonia, Hipotecario, Telecom, Aluar, Grupo Clarín, las eléctricas, gasíferas, Mirgor, Bolt, Grimoldi, Ledesma, Molinos, Irsa, Cresud, Indupa, Shopping Alto Palermo, Juan Minetti, Longvie, Colorín, entre otras. Es un lote lo suficientemente amplio y variado que contiene a casi todos los sectores de la actividad económica. Los balances de esas grandes compañías del país sumaron en total utilidades por 29.757 millones de pesos, mientras que las pérdidas fueron por 1880 millones de pesos, cuando un año antes habían anotado 4554 millones, una reducción de 58,7 por ciento en los quebrantos.

Los principales sectores con ganancias en 2013 fueron

–bancos, con resultados por un total de 12.069 millones de pesos, 41 por ciento más que en 2012;

–petroleras, 5654 millones de pesos, 26 por ciento más;

–telecomunicaciones, 3202 millones, 19 por ciento más; y

–siderúrgicas, 2364 millones de pesos, un extraordinario 244 por ciento más que en el ejercicio anterior.

El comportamiento de Siderar del Grupo Techint, de la familia Rocca, sobresalió al pasar de una utilidad de 540 a 2107 millones de pesos, creciendo 290 por ciento, de un año a otro. Otra firma destacada fue la petrolera estatal YPF, que aumentó sus ganancias de 3900 a 5125 millones de pesos, 31,3 por ciento más. Los bancos reiteraron la performance de años anteriores con ganancias crecientes originadas en un aumento de las operaciones por intermediación financiera, en especial por las elevadas tasas que cobraron por préstamos al consumo, por mayores ingresos por comisiones y por el alza de las cotizaciones de los títulos públicos que tienen en cartera.

El cuadro de resultado global del año pasado estuvo influido por los balances de las dos distribuidoras de electricidad del área metropolitana (Edesur y Edenor). Pasaron de fuertes quebrantos a importantes ganancias contables. Edenor registró una pérdida de 1061 millones de pesos en 2012 y anotó una ganancia de 772 millones de pesos el año pasado, mientras que los números de Edesur fueron negativos por 802 y positivos por 1176 millones, de un año a otro. El pase del rojo al azul se debió a un cambio en la forma de contabilizar ingresos que las compañías reciben por la aplicación del Programa de Uso Racional de Energía Eléctrica (Puree), además de otras medidas oficiales de salvataje contable.

En el último año, que tuvo como característica mayores tensiones macroeconómicas, ha sido notable el registro de ganancias de las empresas, con la previsible disparidad sectorial y de tamaño, pero con mayoría con signo positivo. Hubo más empresas con utilidades (54); hubo otras que perdieron menos (9); más sectores económicos tuvieron resultado positivo (21); y los cuatro que empeoraron fueron

–Papel (Celulosa Argentina).

–Editoriales e imprenta (Angel Estrada).

–Alimentos y bebidas (Molinos, Ledesma).

–Transporte de Gas (TGS, TGN).

La mejora del desempeño de las empresas se tradujo en beneficios para los accionistas vía dividendos en efectivos: el año pasado sumaron 35.693 millones de pesos, lejos del record de 105.182 millones de pesos de 2011. Este último monto coincidió con el año de mayor intensidad en la fuga de capitales, especulación sobre el tipo de cambio e incertidumbre construida por usinas de la city acerca de las perspectivas económicas. Las grandes empresas optaron entonces por repartir utilidades en cantidad en lugar de capitalizarlas o de invertir en ampliación de plantas o nuevos proyectos. Este comportamiento fue uno de los impulsores de restricciones a la compra de dólares y de trabas a la remisión de utilidades, teniendo en cuenta que las compañías extranjeras contabilizan el mayor porcentaje del reparto de dividendos en efectivo. Por lo pronto, en el primer cuatrimestre de este año, esas firmas ya distribuyeron más utilidades (33.157 millones de pesos) que en todo 2013.

Analizar los ejercicios económicos de las principales empresas que operan en el país, con sus respectivos cuadros de resultados, es una tarea fértil para encontrar respuestas a muchas dudas sobre el actual proceso económico. Es habitual leer y escuchar que la rentabilidad de las empresas se redujo fuertemente en los últimos años advirtiendo entonces sobre las consecuencias que este deterioro podría traer sobre el de-sempeño de las inversiones. Nada más lejano de la realidad, dicen las cifras de los balances de 89 empresas líderes. Ocultarlas detrás de tradicionales lamentos que bien saben actuar dirigentes empresarios conservadores, ahora reunidos en un foro de lobby, es la forma para confundir y de ese modo preserva  superganancias, con la aspiración última de clausurar la etapa de puja por mejorar la redistribución del ingreso.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

 

 

 

 


 

Dólares para ahorrar

Por Alfredo Zaiat

Domingo 11 de mayo de 2014

El 27 de enero pasado fue el primer día de apertura del sistema de compra de dólares para atesoramiento con 239 casos efectivizados por el equivalente a 109.506 dólares. Fue el comienzo de la flexibilización de un régimen de control de acceso a la moneda extranjera que despierta resistencia en grupos sociales acomodados hasta asimilarlo a un instrumento de tortura. Desde entonces, trabajadores con excedentes pudieron adquirir dólares con restricciones en el canal oficial sin necesidad de recurrir al circuito ilegal. Hoy ya suman 577 millones de dólares. Esa ventanilla está autorizada para los trabajadores registrados (en relación de dependencia, autónomos y monotributistas) con un salario de al menos 7200 pesos mensuales. La AFIP valida la operación según la capacidad contributiva del comprador, autorizando hasta un máximo de 2000 dólares por mes para los trabajadores que cobran por encima de 80 mil pesos. Desde esa primera jornada de un enero caliente, en un mercado cambiario convulsionado por la devaluación, hasta el miércoles pasado hubo 68 jornadas hábiles para saciar un poco la sed de dólares. Todos los días la AFIP distribuye el informe diario y el acumulado sobre esta operatoria. La poca atención recibida por quienes no dejan de repiquetear con el dólar blue forma parte del paulatino abandono de los datos duros para analizar el mercado cambiario, privilegiando las subjetividades de protagonistas especializados en convocar crisis. Poco más de tres meses es un período suficiente para hacer una evaluación sobre el funcionamiento del sistema, la efectividad para aliviar las presiones especulativas, cuáles son los bancos más activos y quiénes son los principales compradores por actividad y empresa.

La flexibilización del régimen cambiario, al permitir la compra de dólares para atesoramiento, integró la batería de medidas dispuesta por el gobierno de CFK para enfrentar una fuerte corrida especulativa contra el peso. La devaluación y esa iniciativa estuvieron acompañadas además por la suba de la tasa de interés y un acuerdo de liquidación de divisas del complejo exportador de cereales y oleaginosas. El equipo económico frenó de ese modo el ataque contra las reservas logrando que la cotización del dólar blue comenzara a desteñirse. Esta variable es un potente generador de expectativas económicas y quienes alentaban la profundización de la crisis cambiaria pronosticaban el salto por encima de los 14 pesos. El viernes último cerró a 10,70.

Al 7 de mayo pasado la AFIP había efectivizado 971.133 operaciones de compra de dólares por 4585 millones de pesos, equivalentes a 577 millones de dólares. El record diario de transacciones fue el 29 de enero con 53.845 operaciones. El análisis del ciclo mensual refleja un aumento en la cantidad de pedidos en los primeros días del mes, coincidiendo con el cobro del salario, con tendencia decreciente en el transcurrir del nuevo sistema:

- En los primeros tres días hábiles de febrero el promedio de operaciones fue de 37.893 por un total de 62 millones de dólares;

- en ese mismo lapso en marzo sumaron 25.076 (46 millones);

- en abril, 18.215 (38 millones); y

- 15.760 (33 millones de dólares) en las tres primeras jornadas hábiles de mayo.

Esa tendencia refleja que disminuyó casi 60 por ciento el número de operaciones en los días pico de demanda. Este comportamiento se explicaría por tres motivos: estabilidad en la cotización del dólar, tasas de interés más atractivas y un menor ingreso disponible de los trabajadores provocado por la inflación cuando todavía no empezaron a impactar en los salarios los recientes acuerdos paritarios con alzas cercanas al 30 por ciento.

Las siguientes cifras son una radiografía de un sistema administrado con fluidez por la AFIP:

- De las operaciones efectivizadas, el 90,3 por ciento corresponde a trabajadores en relación de dependencia; autónomos, 5,6; y monotributistas el 4,1 por ciento restante.

- Del primer grupo, 66,2 por ciento son del sector privado, y el 33,8 por ciento del sector público.

- El promedio de compra de dólares de los trabajadores estatales es de 572 dólares, mientras que el de los privado es 619, un 8,2 por ciento más.

- La distribución por distrito de los empleados estatales es 52,6 por ciento nacional; 43,4 por ciento provinciales y 4,0 por ciento municipales.

- El monto promedio de compra, o sea el excedente para ahorrar, es un indicador de los niveles salariales de cada una de esas jurisdicciones estatales: el trabajador estatal nacional compró en promedio 613 dólares, suma similar al privado, el provincial 534 dólares y el municipal 520 dólares.

- El 90,1 por ciento de los trabajadores (públicos y privados) optó por retirar los dólares cuya última cotización fue 9,624 pesos por unidad, mientras que el 9,9 por ciento realizó el depósito en el banco que le permitirá a fin de año recuperar el adicional del 20 por ciento sobre el tipo de cambio oficial (8,01 pesos).

- Los tres bancos que más vendieron dólares para ahorrar fueron el Santander Río (19,7 por ciento), Galicia (14,0) y BBVA Francés (12,6).

- La cotización oficial de venta es 8,01 pesos más el 20 por ciento a cuenta del pago de Ganancias y Bienes Personales, pero las entidades fijan un valor superior al momento de concretar la transacción. La que cobró más alto fue la casa de cambio Platinum, al vender a 8,38 pesos, seguida por el banco ICBC, a 8,30, y el Banco Industrial, a 8,25. Las entidades que vendieron billetes verdes más cerca de la cotización oficial fueron el Nación y el Neuquén, a 8,03 pesos.

- Distribuidos por rangos salariales de los compradores el resultado fue el siguiente: 554.997 empleados (64,2 por ciento del total) con sueldos desde 7200 hasta 25.000 pesos efectuaron compras por 211,5 millones de dólares (40,6 por ciento del total con una compra promedio de 381 dólares).

- El nivel correspondiente a salarios de 25.001 a 50.000 pesos, que representa el 25,9 por ciento del total, compró 802 dólares cada uno en promedio.

- El de 50.001 a más de 80.000 pesos abarca al 9,9 por ciento con una compra de 1517 dólares promedio.

Los dos cuadros adjuntos muestran que los bancarios y los agremiados en “Agencias de informes-consultorías/estudios” son los trabajadores que más dólares compraron por cantidad de operaciones. Los primeros totalizaron 72.933 bancarios por un monto de 45,1 millones de dólares, mientras que los otros anotaron 64.389 por 35,5 millones de dólares. En tanto, por razón social el ranking es liderado por los empleados del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y los maestros de la provincia de Bueno Aires, con 13.592 y 8551, respectivamente.

Después del cimbronazo de fines de enero, una serie de medidas cambiarias y monetarias lograron estabilizar el mercado del dólar. Una de ellas fue la posibilidad de comprar un cupo de dólares por parte de los trabajadores ubicados en las franjas superiores de la pirámide salarial. Esa habilitación descomprimió el negocio en el segmento ilegal y el clima de insatisfacción financiera de un sector social acostumbrado a ahorrar en dólares. También disminuyó la expectativa de devaluación futura, lo que tranquilizó la plaza cambiaria. Sobre esa piel sensible han empezado a cepillar en la city para reanimar temores acerca de la cotización del dólar en la última mitad del año, y de ese modo incentivar la compra de dólares y alterar la estabilidad cambiaria.


 

Guía Piketty

Por Alfredo Zaiat

Sábado 10 de mayo de 2014

Thomas Piketty es un economista francés que publicó El capital en el siglo XXI el año pasado, traducido al inglés este año. El libro está provocando conmoción en el mundo de la academia y en el espacio de debate de divulgación económica. Los conceptos centrales de la obra son:

- La concentración de la riqueza aumentó en todos los países desarrollados.

- Se mantiene la tendencia a la no intervención impositiva sobre esas fortunas (una muestra es la resistencia a la Tasa Tobin en Europa).

- Si no hay cambios en esa situación, la economía del siglo XXI se parecerá a las del siglo XIX, cuando las elites económicas heredaban la riqueza en lugar de obtenerla del trabajo. Será una sociedad neovictoriana clasista, dominada por la riqueza no ganada de una elite hereditaria.

- La propuesta de Piketty, que admite “utópica”, para evitar ese retorno a un mundo oligárquico es un esfuerzo coordinado a nivel mundial para aplicar impuestos a esa inmensa masa de riqueza concentrada en pocos. Concluye que si no se toman medidas drásticas, el funcionamiento de la economía estará condicionada por las personas que simplemente posean la riqueza heredada de sus padres.

El argumento principal de El capital en el siglo XXI es que el capitalismo, en su forma neoliberal (de mercado) o intervencionista (Estado de bienestar), conduce a una economía dominada por quienes tienen la suerte de nacer en una posición de riqueza heredada. Si bien realizó el análisis sobre países desarrollados (Estados Unidos, Francia, Alemania, Italia, Canadá, Japón y el Reino Unido), en la Argentina también está teniendo ese reflejo y es interesante observar cómo los hijos de familias de gran fortuna y visibilidad pública comenzaron a reunirse en un grupo de afinidad (revistas de la farándula, deportiva y de negocios los están mostrando).

Piketty explica que de ese modo funcionaba la economía de Europa a principios del siglo pasado, y que la prepotencia de la riqueza heredada sólo fue destruida por la devastación de dos guerras mundiales, con una profunda depresión en ese intervalo. Después de esos traumáticos eventos, se desplegó un período de rápido crecimiento asociado a los estímulos de la posguerra, a la reconstrucción europea y a la recomposición del consumo. En los últimos 30 años, esa dinámica subyacente del poder económico heredado se ha revitalizado y reafirmado.

¿Cuál es la definición de capital de Piketty? Quienes lo acusan de marxista es porque no conocen el concepto marxista de capital, pero los sectores conservadores consideran marxista a cualquiera que estudia o tiene una posición crítica sobre la desigualdad y la concentración de la riqueza. Piketty utiliza una definición amplia al considerar que “el capital” es igual a “la riqueza”. O sea, todo el patrimonio (propiedades, activos en efectivo, inversiones en acciones y bonos) constituye el capital o riqueza. Piketty no sólo señala que la distribución del ingreso (dinero obtenido por las personas que trabajan) es desigual sino que la riqueza (el stock de activos) se reparte en forma mucho más desigual. Esto significa que no sólo la brecha es inmensa en la retribución por el trabajo sino que esa diferencia es abismal en la tenencia de la riqueza global.

El esquema analítico de Piketty es el siguiente: a partir de definir la tasa de retorno sobre el capital (r) y la tasa de crecimiento económico nominal (g), utiliza una larga serie de tiempo de 200 años de datos sobre pobreza, ingresos y riqueza para países desarrollados. Con esa inmensa cantidad de información determina un comportamiento económico sencillo de entender. Calculó que r se ha ubicado en el 5 por ciento promedio, mientras que g ha sido inferior a ese porcentaje en ese extenso lapso. Esto significa que la tasa de crecimiento económico global ha sido menor al incremento de la riqueza de las grandes fortunas. Piketty denomina “ley fundamental” a la fórmula r > g, o sea que los ricos se hacen más ricos en forma permanente. De otro modo, en el capitalismo, si la tasa de retorno de la riqueza privada es superior a la tasa de crecimiento de la economía, la participación de las rentas del capital en el producto neto se incrementará. Piketty afirma que en el largo plazo la desigualdad económica no será solamente por la brecha entre las personas que ganan altos salarios y los que reciben ingresos bajos sino que será entre las personas que heredan grandes fortunas en propiedades y efectivo, y quienes no.

Es un resultado que se ha verificado en estos años de crisis global en las potencias mundiales, según el World Ultra Wealth Report, informe mundial de la ultra riqueza de Wealth-X y el banco suizo UBS: con una caída o estancamiento de las economías centrales que se extiende ya por siete años, desde 2009 hasta 2013 la población ultra rica del mundo incrementó su riqueza (sin ajustar por inflación) un 44,1 por ciento.

En la muy completa reseña publicada en el medio electrónico estadounidense Vox, Matthew Yglesias resume que “cuando r es mayor que g, la piscina de la riqueza de los ricos crece más rápido que el conjunto de los ingresos percibidos por los trabajadores”. Señala que esto no significa necesariamente que los pobres sean más pobres sino que cada vez es más grande la brecha entre las ganancias de las personas que poseen una gran cantidad de propiedades e inversiones financieras y las de las personas que reciben un ingreso de su trabajo para vivir.

Hasta el conservador The Economist en una crítica al libro de Piketty se rindió ante la formidable “base de datos sobre la que se construye el libro, siendo difícil de disputar su llamado a una nueva perspectiva de la era económica moderna, estemos o no de acuerdo con sus recomendaciones de política”. En el artículo “Capital in the Long Run”, publicado en la edición del 9 de enero pasado, The Economist afirma que políticamente no puede sostenerse una concentración de la riqueza creciente, y “aquellos que quieran preservar la economía de mercado tienen que lidiar con esa dinámica en un contexto preocupante con las cifras sobre la desigualdad que presenta Piketty”.

También fue criticado por el economista de la Universidad de Texas en Austin, James K. Galbraith (hijo del célebre economista del siglo pasado, John Kenneth Galbraith), en un artículo publicado en la revista trimestral Dissent “Kapital for the Twenty First Century?”. Dice que el libro de Piketty sobre el capital no es ni sobre el capital en el sentido utilizado por Marx, ni sobre el capital físico como factor de producción en el modelo neoclásico de crecimiento económico. Galbraith concluye que “es un libro principalmente sobre la ‘valoración’ de activos materiales y financieros, la ‘distribución’ de los activos a través del tiempo, y la ‘herencia’ de la riqueza de una generación a otra”.

Más allá de controversias por derecha (The Economist) y por izquierda (James K. Galbraith), el libro tiene el mérito de instalar en el corazón del capitalismo el debate sobre la desigualdad, y no sólo de ingresos sino la que emerge del reparto del stock de riqueza global. Es lo que afirma Paul Krugman en “The Piketty Panic”, publicado en The New York Times, cuando elogia la obra del economista francés porque “es la manera en que echa por tierra el más preciado de los mitos conservadores: que vivimos en una meritocracia en la que las grandes fortunas se ganan y son merecidas”. Menciona que lo realmente sorprendente del debate es que la derecha parece incapaz de organizar ninguna clase de contraataque significativo a la tesis de Piketty.

El capitalismo no está generando una mejor distribución de la riqueza y de los ingresos sino que su concentración es el estado natural del capitalismo más que una excepción, como postula el pensamiento económico convencional con su expresión política en el conservadurismo. Piketty afirma entonces que se está transitando hacia una economía dominada por el “capitalismo patrimonial”, donde la lista Forbes 400 (los más ricos del mundo) estará dominada no por los fundadores de las empresas líderes sino por hijos y nietos de la súper elite de hoy.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.


 

 

La Banca

Por Alfredo Zaiat

Sábado 5 de abril de 2014

El efecto inmediato de una devaluación brusca es un aumento acelerado de precios y una transferencia de ingresos a grandes atesoradores de dólares y exportadores. El shock del primer trimestre del año es una prueba contundente de que el mercado cambiario es una de las principales fuentes de las tensiones inflacionarias en la economía argentina. El sonoro silencio en estos meses del nutrido grupo de economistas ortodoxos y heterodoxos conservadores es sugestivo. Dejaron de mencionar a la emisión y al gasto público como responsables de la inflación. ¿No será que esos dos motivos no han impulsado el alza de precios en estos años? La respuesta negativa no la pueden considerar porque se les derrumbaría su línea teórica argumental. Se enfrentarían a un conflicto existencial. Nunca dejarán que la realidad los distraiga de sus certezas.

Además del fuerte aumento de precios que provoca una pérdida del poder adquisitivo de los sectores con ingresos fijos hasta que pueden recuperarlo con aumentos posteriores (paritarias, aumento de jubilaciones y asignación universal), algunos sectores económicos obtienen una ganancia extraordinaria por la devaluación. El beneficio a los exportadores del complejo agrario es conocido porque con una paridad cambiaria más elevada reciben más pesos por los mismos despachos al exterior. La retención de cosecha sin vender equivalente a 4000 millones de dólares tuvo una valoración adicional de 8000 millones de pesos por el salto que describió el tipo de cambio. Este es el cálculo conservador porque si se considera que la cosecha 2013 fue casi 15 por ciento superior a la anterior, el sector no ingresó por lo menos 8000 millones de dólares, que eleva a 16 mil millones de pesos la renta extraordinaria por la devaluación. Pese a esa ganancia sus voceros mediáticos ya están adelantando que quieren una segunda vuelta devaluatoria en el segundo semestre. Si bien no hay inmunidad, existe un antídoto fresco por los costos socioeconómicos de la última devaluación.

Esa sustancial mejora patrimonial obtenida por una medida cambiaria es la cuantificación de lo que se menciona como transferencia de ingreso regresiva debido a una devaluación. Otro sector que ha contabilizado una renta adicional es el integrado por los grandes atesoradores de dólares, que no son pocos. Aumentaron el poder adquisitivo medido en pesos de sus ahorros en dólares, obteniendo un importante efecto riqueza. Existe otra actividad que ha registrado una ganancia extraordinaria por la última devaluación: el sistema financiero.

La utilidad de enero pasado es abrumadora: 10.149 millones de pesos. La de un mes ha sido un tercio de la contabilizada en el último año y casi igual a la de todo 2010.

La sobrevida de la banca es asombrosa, como queda en evidencia a nivel internacional luego de la debacle de 2008. En Argentina, luego del corralito que generó un repudio social masivo hacia los bancos, el sistema ha tenido una recuperación notable. El recorrido de la evolución de las ganancias anuales después del pago del Impuesto a las Ganancias revela el desempeño extraordinario que ha tenido la banca. Después de tres años con quebrantos (2002-2004), anotaron los siguientes saldos positivos, en millones de pesos:

Como se mencionó, en enero de este año la ganancia contable fue de 10.149 millones de pesos.

Para alcanzar semejante resultado en apenas un mes los bancos tuvieron que acumular sumas importantes de dólares y activos dolarizados, cuando el grueso del flujo de negocios habitual de depósitos y préstamos lo tienen pesificado. Los bancos fueron acumulando activos dolarizados y la estrategia para valorizarlos fue especular con una devaluación. Fue lo que hicieron hasta conseguirla. La resistencia del Gobierno fue vencida de ese modo luego de 78 meses de corrida permanente, y el logro relativo del equipo económico en ese escenario desfavorable fue poder clavar la paridad en 8 pesos, cuando la presión de un grupo de bancos era subirlo primero a 10 pesos y luego a 14 pesos. En un par de dependencias de la administración central observaron en esos días turbulentos una participación muy entusiasta de los bancos Macro, Citi, HSBC y BBVA Francés para obligar a esa megadevaluación. Luego de evitarla, pero sin poder eludir un fuerte ajuste cambiario, recién a comienzos de febrero el Banco Central obligó a desdolarizar la cartera de las entidades, al restablecer el límite para la Posición Global Neta (PGN) positiva de moneda extranjera que deben verificar las entidades (Comunicación “A” 5536), en un monto equivalente a 30 por ciento de la Responsabilidad Patrimonial Computable (RPC) del mes anterior o los recursos propios líquidos de dicho mes, lo que fuere menor. Introdujo también un nuevo límite para la posición a término positiva de moneda extranjera de los bancos en un nivel igual al menor valor entre 10 por ciento de la RPC y de los recursos propios líquidos del mes anterior.

En esta misma columna (“Datos duros”, 15 de marzo pasado) se detalló el comportamiento de un sector productivo clave en la provisión de divisas: los exportadores de soja y cereales. Este fue un sector que motorizó la devaluación con la desaceleración de la liquidación de dólares. Mientras, los bancos fueron acumulando activos dolarizados para desplegar sus herramientas especulativas para forzar el ajuste cambiario. Esa conducta quedó ahora reflejada en sus balances que difunde en forma consolidada el Banco Central.

El shock inflacionario junto a las rentas extraordinarias de bancos y del complejo exportador agrario debería inducir a una mayor prudencia a promotores de la devaluación, que tienen el privilegio de ser la voz dominante en el debate económico.

El Informe sobre Bancos de enero pasado es un aporte esclarecedor para corroborar en términos cuantitativos el fabuloso beneficio que significó para las entidades financieras la devaluación. En la categoría “Diferencia de cotización” en el cuadro de resultado se anota una ganancia de 9737 millones de pesos, cuando en enero de 2013 había sido de 427 millones de pesos. La aceleración del ajuste de la paridad en los meses anteriores ya había elevado la utilidad en ese renglón del balance, al contabilizar en noviembre 1492 millones de pesos y en diciembre 2538 millones. O sea, en el período noviembre-enero la ganancia total de los bancos ascendió a 13.767 millones de pesos por la devaluación.

En la presentación del Informe sobre Bancos, el BCRA no hace mención al impacto de la devaluación en el balance de las entidades. Señala en su primer párrafo que “la actividad bancaria tuvo un desempeño moderado en el inicio de 2014, en línea con los factores estacionales que caracterizan al período estival”, indulgente definición para un enero que tuvo un evento cambiario perturbador de la estabilidad económica.

El ciclo político del kirchnerismo ha avanzado en varios frentes en materia de regulación, control e incluso desplazamiento de operadores privados por el Estado en áreas clave de la economía, como en el petrolero con la estatización de YPF. En el financiero se destacó la modificación de la Carta Orgánica del Banco Central, que fue un cambio sustancial en el ordenamiento del sistema y para la recuperación de manos de los privados de un organismo clave de la gestión económica. Está pendiente una regulación y control más intenso sobre la banca para, si bien es imposible anular los movimientos especulativos, minimizar el factor perturbador de su accionar en el mercado.


 

Datos duros

Por Alfredo Zaiat

Sábado 15 de marzo de 2014

Con la intensidad que ha tenido la corrida cambiaria en los años de gestión de Cristina Fernández de Kirchner, lo sorprendente no fue finalmente su decisión de aceptar la resistida devaluación, sino los varios años que pudo desafiarla. Las presiones en el mercado cambiario fueron permanentes y desde corrientes supuestamente opuestas, como la ortodoxia y la heterodoxia conservadora, reclamaban la devaluación. El maquillaje de los argumentos era distinto, pero el objetivo era el mismo: el ajuste cambiario serviría para bajar el costo laboral en dólares y así supuestamente mejorar la competitividad de la economía. En otras palabras, mejorar la rentabilidad empresaria, industrial y agraria, bajando los salarios medidos en dólares, y además regalar una renta extraordinaria a los grandes atesoradores de dólares, que no son pocos. Para lograrlo se requería convencer a propios y extraños de la existencia de atraso cambiario. Lo consiguieron. La idea de un dólar barato fue instalada con fuerza, eligiendo la actividad del turismo como vía para construir el consenso social de la necesidad de aplicar una fuerte modificación de la paridad. Para ello han confundido con que Buenos Aires era una de las ciudades más caras del mundo, cuando los rankings internacionales lo desmentían, y han destacado el crecimiento del flujo de turismo al exterior sin considerar que ese movimiento era posible en gran parte por el aumento del ingreso disponible fruto de un ciclo prolongado de crecimiento económico.

Las tensiones cambiarias tenían un origen financiero; no provenían de la economía real. No había un atraso cambiario que justificara una fuerte devaluación. La existencia de dificultades puntuales de competitividad en algunas economías regionales, como en la vitivinicultura o en la producción del Alto Valle de Río Negro, demandaba iniciativas específicas para cada sector más que una devaluación, a lo que debería agregarse el impacto negativo de la crisis internacional que redujo los precios de esos productos en el mercado mundial.

La cuestión financiera en la conducta de agentes económicos fue minimizada en el Gobierno respecto del impacto en el mercado cambiario. Las presiones fueron incrementándose al persistir tasas de interés negativas en relación con la inflación y, en especial, con la devaluación esperada. También por un generoso relajamiento en la regulación sobre tenencia de activos dolarizados por parte de los bancos. Y por el temor a aplicar una mínima flexibilidad para el acceso a dólares para turistas y ahorro, como la que hoy existe.

El atraso cambiario y la irrupción de la restricción externa son postulados que brindan sosiego analítico al mundo de economistas. Pero son insuficientes para comprender la dimensión de los hechos económicos. Teoría y modelos son valiosos aportes para la interpretación y la posterior sugerencia de medidas. Pero son herramientas incompletas. Economistas de diferentes vertientes ideológicas están atrapados en ese acotado saber colaborando al mar de confusiones debido al desproporcionado lugar que tienen sus opiniones en el debate público. Derivan en evaluaciones superficiales puesto que no incorporan un componente esencial: la existencia de una constante disputa de poder en el espacio económico. O sea, la intervención de actores económicos que buscan maximizar ganancias, comportamiento normal en el funcionamiento del sistema económico. Estudiar esas conductas facilita la comprensión de situaciones críticas, como la última devaluación, y ubicar en su justa dimensión la restricción externa –la escasez de divisas– por las características de la estructura productiva.

En ese sentido, hasta ahora la evaluación sobre el porqué de la devaluación era cualitativa, apuntando a la retención de dólares por exportadores del complejo agrario y el adelantamiento de importaciones, ambos por la expectativa –o para forzar– una devaluación. Es momento de corroborar en términos cuantitativos esa evaluación y, por lo tanto, las razones que determinaron la devaluación. Para esa tarea resulta un aporte fundamental el balance cambiario 2013 difundido por el Banco Central. Brinda datos duros para confirmar que, además de las antes mencionadas deficiencias oficiales en el manejo financiero, la devaluación fue el resultado del comportamiento de un sector productivo clave en la provisión de divisas: los exportadores de soja y cereales.

Será un poco fastidiosa la sucesión de cifras, pero llegó el turno de conocerlas si el objetivo es entender lo que pasó, y de ese modo incorporar una enseñanza para un futuro cercano cuando regrese la corriente que levante la bandera del atraso cambiario demandando una segunda vuelta devaluatoria.

Las ventas al exterior del complejo agrario tuvieron este recorrido, en millones de dólares:

2010

27.066

2011

32.389

2012

30.927

2013

26.979

La desaceleración de la liquidación de dólares es evidente a partir de que se intensifica la campaña del atraso cambiario y se interrumpe la posibilidad de dolarizar excedentes en un contexto de tasas de interés reales bajas. La brecha en los dos últimos años fue de 4248 millones de dólares, pero que debería duplicarse porque la cosecha 2013 fue casi 15 por ciento superior a la anterior, lo que implica que el sector no ingresó por lo menos 8000 millones de dólares.

Ese monto es casi idéntico a la variación negativa de reservas en la comparación de los dos últimos años: 8520 millones de dólares. Mientras que en 2012, la caída de reservas fue de 3305 millones de dólares; el año pasado fue de 11.825 millones.

Los dólares comerciales provenientes de las exportaciones de oleaginosas y cereales son claves del stock de reservas y, por lo tanto, de la estabilidad cambiaria. Esas divisas equivalen del 35 al 41 por ciento del total de los ingresos de dólares en los últimos años.

Al reducirse ese flujo, como ha sucedido, aparecieron los análisis sobre atraso cambiario, restricción externa y las presiones para modificar la paridad. La devaluación del 26 por ciento en noviembre-enero es el trofeo obtenido por ese sector, mejorando aún más la rentabilidad de su producción, en especial la sojera. Esta ganancia extraordinaria no implica que no vayan a intentar repetir el juego.

En caso de no haberse desacelerado el ingreso de esos dólares no sería tan urgente la cuestión de la restricción externa, que está presente y se reconoce en la estructura productiva desequilibrada de la economía argentina. El balance de mercancías de la cuenta corriente cambiaria del Banco Central muestra la evolución de los pagos por importaciones, en millones de dólares:

2010

49.608

2011

64.126

2012

66.099

2013

73.505

El recorrido de estas cifras muestra cómo el fuerte crecimiento del Producto Interno Bruto requiere un flujo creciente de importaciones (energía, químicos, autos y componentes para el complejo Tierra del Fuego), agudizado por el aumento de la compra de combustibles por la pérdida del autoabastecimiento, y en el último año además por la estrategia de importadores de adelantar operaciones por la expectativa de una devaluación.

La diferencia de 7406 millones de dólares de más importaciones de 2012 a 2013 se explica por el déficit cambiario en la industria automotriz: 8178 millones de dólares.

El saldo de transferencia cambiario por el comercio internacional de mercancías (cobro por exportaciones y pago por importaciones de bienes) fue, en millones de dólares:

2010

17.837

2011

15.041

2012

14.673

2013

1.745

La caída de 12.928 millones de dólares entre el año pasado y el anterior es un monto casi idéntico a la suma de las dos siguientes cifras, en millones de dólares:

- Retención de liquidación de exportaciones de oleaginosa y cereales: 4248

+

- Déficit de divisas de la industria automotriz: 8178.

El resultado: 12.426.

Monto también similar a la variación de reservas del BCRA en 2013:

-11.825 millones de dólares.

En lugar de sorprenderse de una devaluación forzada, que mostró una vez más cómo el mercado cambiario es un destacado impulsor inflacionario, generador de inestabilidad sociolaboral y de ser injusta socialmente en términos económicos y financieros, los datos duros del balance cambiario del Banco Central precisan dónde están las claves para no caer nuevamente en la trampa.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

.